28 Marzo. Primavera

Un Placer Conocerte (Sh)

Santuario entero se extendía a nuestros pies. Afrodita estaba subido a la barandilla, como un mono, mientras yo me mantenía erguido y serio, dando un buen ejemplo que él se empeñaba en ignorar.

-¿Qué es eso?

-El Coliseo

-¿Y eso?

-El puerto

-¿Y eso?

-Un árbol

-Pero, ¿Qué árbol?

-Yo que se! Un árbol!- Me miró decepcionado.

-¿Qué es eso?

-Los campos de entrenamiento de los aprendices de plata.

Él arrugó la nariz al oír eso, como si oliera algo podrido. Después, señaló otra vez.

-¿Quien es?

- El niño que sacaste del agua.

-Sacamos- puse mala cara. El intento de cumplido que me hacía sentir humillado más que ninguna otra cosa. No me sentía orgulloso de haber salvado, precisamente, a ese tipo de persona- Lo se, pero, ¿Quien es?

-Entrena para una armadura de plata. Es una desgracia. Apenas le conozco, y si fuera un aprendiz respetable, no debería conocerle en absoluto. No hace más que dar problemas. Ni siquiera debería estar aquí. No fue invitado a la orden, vino porque le dio la gana, y lleva aquí desde entonces. Quise echarle fuera la primera vez que dio problemas, peor Shion me dijo que le dejara entrenar aquí, si quería- Sacudí la cabeza, no entendía esa decisión aún- No tiene maestro, nadie le tolera ni le aceptaría como alumno, es demasiado irrespetuoso, por eso andará por el borde entrenando solo, pero no te fíes mucho. Si no hay nadie a quien golpear cerca, saldrá a buscarlo. He oído que incluso algunos Santos de Bronce le tienen miedo.

El niño me miraba, entre molesto y confuso, ahora a la nariz arrugada se unía la frente y el entrecejo.

-¿Por qué le vais a dar una armadura entonces?- Se me hinchó el pecho de felicidad con esa pregunta. Tenía la oportunidad de explicar un sagradísimo concepto!

-Si su alma no es pura, la armadura no le aceptará, así que no importa que siga intentándolo. Supongo que el Patriarca piensa que, estando aquí, mantiene a los otros aprendices en guardia. Eso es bueno para ellos

-Y para vosotros también ¿Verdad?

Apenas podía disimular el veneno que le goteaba de la lengua. Mi primer impulso fue violento, pero al final comprendí, y sonreí, indulgente. El pequeño santo era demasiado inmaduro aún para comprender los conceptos complicados como lo hacía yo.

-No entiendo Por qué vendría aquí?

-Para ser más fuerte y poder abusar de más gente, supongo. Por eso hacemos falta nosotros. Venga, baja de ahí, ya hemos descansado lo suficiente.

Afrodita ladeó la cabeza y volvió a arrugar la nariz, poco convencido con algún punto de la respuesta.

Un placer conocerte (DM)

El sonido metálico de la campana envió a todo el mundo con sus maestros, y el extranjero mudo por fin se quedó solo, sin compañeros ni admiradores que le sentaran en sus rodillas y le hicieran cucamonas, mordisqueando algún dulce con los que el resto ni soñábamos. Los aprendices mayores le adoraban, era el muñeco de todos, y los aprendices pequeños le adoraban aún más. Que se adorara de esa forma a un trozo de piel y huesos paliducho y débil me ponía de los nervios.

O quizás, solo estaba celoso.

Me acerqué cuando por fin nos quedamos solos. El niño blanco me sonrió, sentado en su tronco, mordisqueando algo dulce, como de costumbre. Pensé en quitarle la comida, pero ya sabía por experiencia que era demasiado rápido para eso. Me limité a acercar la cara hasta aplastar mi nariz contra la suya.

-No eres tan especial como crees.¿ Sabes? Solo eres un enano- me miró a los ojos, con un puntito de curiosidad, y siguió comiendo- Y eres como un cadáver. Parece que llevas muerto cuatro días.

No hubo reacción. Solo ladeó la cabeza un poco, como si no entendiera mi idioma. Hay quien creía que no entendía griego, o eso se decía por ahí, pero pensaba comprobarlo. Le agarré un poco de piel de la mano y la estiré. Él se dejó hacer, como el muñeco que era, simplemente torció la nariz un poco, y puso esa mirada, que te hacía sentir la criatura más imbécil del planeta

-Ves? Eres raro y feo. Tienes la piel igual que una larva de mosquito.

No hubo reacción. Solo esa mirada.

-Seguro que además eres débil. Podría saltarse los dientes ahora mismo, si quisiera. QUé te parecería eso, eh enano?

Le empujé el hombro, porque estaba empezando a cabrearme demasiado con su cara de palo. No se movió ni un milímetro con el empujón, y siguió sin reaccionar, solo mirándome con curiosidad, irradiando tanta indiferencia que llegué a preguntarme qué hacía ahí, por qué iba nadie a escucharme, y si yo existía siquiera. Seguí intentando molestarle un rato, peor al final tuve que marcharme,por pura auto conservación mental. Juro que, mientras me iba, oí una risilla.

Volví a intentar molestarle otros días, por principios, pero tuve que darme por vencido, y, como yo, todos los abusones profesionales del lugar. Al final, todos nos rendimos y nos olvidamos de él. El niño blanco y mudo pasó a ser parte del paisaje, y eso era para mí esa tarde.

Creo que había perdido una pelea con el maldito aprendiz de Cáncer, por enésima vez, y necesitaba descargar frustración en algo blando y estúpido. O quizás solo estaba aburrido. Recuerdo haber insultado a un grupo de mocosos, medio a posta medio por accidente. Se volvieron pequeños y escaparon como un grupo de conejos, y los mismos tipos que decían que yo era una bestia se murieron de risa por todo el campo, asi que decidí seguir con ello y decidí seguir a algunos conejitos. Finalmente, un santo de bronce, que debía tener algo más de sangre en las venas que el resto, decidió encararme. Lo mandé al suelo con el dorso de la mano, y el público enloqueció. Yo mismo encontraba aquello de lo más gracioso. Podíamos odiarnos entre nosotros, pero como aprendiz no hay nadie a quien odies más que a alguien que tiene ya una armadura, y este payaso estaba haciendo un ridículo delicioso. Le dí un poco de lo que se había estado buscando, aunque debía sacarme dos cabezas y unos cuantos años. El público coreaba, música para mis oídos, y todo iba tan bien como podía irme a mí una tarde, hasta que un niño pequeño, hermano de alguno de los capullos de bronce a los que estaba poniendo en su sitio, decidió meterse en la pelea.

La puta bola de mocos y lágrimas mal orientados se llevó una patada que lo lanzó al otro lado del campo. Recuerdo el comienzo de su vuelo. Recuerdo echar a correr para cazarlo antes de que llegara al suelo y hacer lo único que un hombre razonable puede hacer con una pelota de algo, patearla de nuevo hasta que vomite las tripas. Estaba preparando mi mejor pose maradoniana, peor el crío no llegó hasta mí, un destello lo agarró en el aire. Lo siguiente que recuerdo es un placage llegado de la nada, sabor a hierba, y al extranjero traslúcido sobre mi espalda, sujetándome los brazos con manitas diminutas. Juré por lo bajo que iba a pintar los campos con sus sesos, y sacudí las manos. Librarme de ese enano sería fácil, creía, pero las manos no eran humanas, eran de acero, por lo menos. Ni se movió. Traté de moverme, sacudirme, rodar, pero la presa era tan sólida que no se movió un milímetro. En algún punto el enano se hartó de mí, y comenzó a apretar con las manos en mis muñecas. Tuve que apretar los dientes para no gritar.

Cuando por fin me quedé quieto, tieso por el dolor, el niño aflojó la presa y se inclinó sobre mí, susurrándome muy bajito en la oreja. Fui el primero en Santuario que oyó a Piscis hablar, exceptuando a Capricornio. Su voz era suave, con palabras tan rizadas de erres y sonidos germánicos que parecían gruñidos de osezno.

-Vuelve a tocar a un niño pequeño...- susurraba, su aliento humedeciendo mi oído- ...y te arrancaré la piel a tiras. Palmo a palmo. ¿Me has entendido?

Asentí con entusiasmo, convencido de que iba a salir de allí con mucha menos sangre que con la que había entrado. Él se levantó y se marchó de allí con la cabeza baja, mordisqueando algo, como siempre. Que algo tan escuálido tuviera tanta fuerza fue solo la mitad de la sorpresa. La otra mitad de la sorpresa fue que, teniéndola, no me hubiera hecho mucho daño. Eso era nuevo.

Un Placer Conocerte (Aph)

Solo oí trozos sueltos de la discusión que se filtraban por el pasillo del templo central, pero fue suficiente para hacerme una idea. Los mayores se marcharon a un concilio secreto con el patriarca, y el pobre Shura se había quedado fuera, mirando la puerta como un perrito abandonado. Llevaba puesta su armadura al completo, a pesar de que el sol del maldito santuario podía cocer las piedras. Tenía la nariz muy alta, y se sujetaba el casco con la mano para que no se le cayera.

-Me dejaron para vigilar Santuario. Quieren asegurarse de que los demás estáis seguros mientras ellos están ocupados- Yo asentí, muy seriamente, mientras veía una lagrimilla rodar por la mejilla de Shura. Él también lo notó, y levantó la barbilla aún más alto, a riesgo de romperse el cuello por al menos ocho sitios.

-Shura…¿Estás bien?

-¡Claro que si! Estas cosas tan banales no me afectan. ¡No soy vanidoso!

No eramos amigos. Menos teniendo en cuenta que él no creía que fuera justo que yo estuviera vivo, y había sido muy claro al respecto. Pero...

-Vengo de la aldea. Me crucé con unos aprendices en los campos de entrenamiento. Estaban hablando de cuál es su santo de oro favorito...y decían que eres tú- Su cara se iluminó de inmediato

-¿En serio?

-¡Si!, ¡En serio!- Era mentira, por supuesto- ¡No hacían más que hablar de tí! ¡Todo el rato! Hablaban tanto de tí que tuve que marcharme, porque me estaba sintiendo dolido…-Su sonrisa crecía y crecía a pesar de sus esfuerzos, como un parásito invasor

-Debiste oir mal. Seguro que hablaban de Aiolos- Negué con la cabeza, convencidisimo

-Era el favorito de algunos, claro...pero la mayoría te preferían a tí

-¿Es broma?

-No

-¿Lo prometes?

-De verdad

-¿Lo jutas?

-Eh...Ssi. Si, claro!

-¡Júralo por Athena!

-Eh…

Vale, sabía que Athena no quería que fuéramos mintiendo en su nombre por ahí, pero, estaba seguro de que, si ella estuviera viendo la carita de Shura como la estaba viendo yo, habría hecho lo mismo. Capricornio salió, poniendo toda su voluntad en no ir pegando saltitos, y lo siguiente que supe de él era que andaba por los campos de entrenamiento, hablando con todo el mundo, y saludando a los grupos de aprendices con una mano, como si fuera la reina de Inglaterra.