SEGUNDA OPORTUNIDAD

V: LA PETICIÓN DE ATHENA

Bloque de Celdas C, Prisión, Santuario de Athena

Satu abrió los ojos de nuevo después de un rato. Al parecer, el hombre de ojos verdes se había ido. Ahora estaba con ella una mujer pelirroja que Satu no había visto en las fotografías que le había dado Henry. Tuvo el impulso de levantarse, pero ya mujer sonrió con un gesto tranquilizador, y Satu se quedó quieta. La mujer estaba aplicando una pomada en sus muñecas lastimadas con cuidado.

-Hola, veo que despertaste- dijo la chica pelirroja delante de ella, mirándola a los ojos por un momento, para volverse a concentrar en sus heridas- espero que te sientas mejor-

Satu se irguió, sentándose sobre la cama.

-¿Quién eres tú?- dijo la rubia.

-Soy la novia de uno de los caballeros dorados- dijo Sofía, recordando bien que Kanon le había advertido que no debía decirle su nombre- me pidieron que viniera aquí a curar tus heridas-

Aioros había dado su permiso de que Sofía fuera, aunque estaba muy renuente a permitir que su chica se pusiera en peligro para tratar las heridas de la atacante del Santuario. Cuando Kanon le aseguró de que él la vigilaría en todo momento, y no dejaría que nada malo le pase, finalmente Aioros aceptó. De hecho, el gemelo menor estaba de pie en las sombras, observándolos atentamente.

-¿El chico de cabello azul y ojos verdes?- preguntó Satu, pensando en el chico que había visto antes- ¿el gemelo?-

-Tuvo que ir a dejar un reporte con el Patriarca- le dijo Sofi, sin mirarla a los ojos- no tardará mucho en regresar. Se quedó un poco preocupado por ti. Ahora no te muevas, estarás bien-

Satu sonrió levemente. Sofía terminó de curarla en silencio, y cubrió ambas muñecas con vendas para evitar infección o que le dolieran. Puso una pastilla en las manos de la chica.

-Tómala- dijo Sofi- te va a quitar el dolor. Veo que él te dejó un poco de agua aquí dentro-

Satu asintió, y observó como la mujer tomó la maleta que llevaba y salía de la celda, cerrando la puerta tras de sí y dejándola sola. La chica suspiró. No sabía exactamente donde estaba, solo que estaba dentro del Santuario, no sabía si su sombra estaba a salvo, y no sabía como iba a salir de ésta, para cumplir con su misión y darle a Henry lo que quería para que la dejara en paz. Se levantó y se pudo de pie sobre la cama. Se asomó por la ventana de su celda. Tiró la pastilla que Sofi le había dado por la ventana, pero pronto se dio cuenta de que era demasiado alto para escapar por ahí, incluso si lograba romper los barrotes.

-¿Qué buscas, mujer?- le preguntó una voz tosca. Sobresaltada, Satu se volvió hacia él, y vio que era Kanon de nuevo- fue muy grosero de tu parte tirar la medicina que te dieron-

-Sigues siendo el mismo gemelo, ¿verdad?- dijo Satu. Kanon sonrió y se sentó en el suelo de la celda, junto a los barrotes- ¿a dónde fuiste?-

-A atender algunos asuntos- dijo Kanon, bajando la vista para observar sus muñecas vendadas- ella hizo un buen trabajo-

Satu frunció el entrecejo con una leve expresión culpable, y se sentó en el suelo también, junto a los barrotes, del lado contrario a Kanon, mirándolo fijamente de frente.

-¿Qué quieren ustedes conmigo?- preguntó Satu-¿porque estás aquí?-

-Necesito hacerte algunas preguntas- dijo el gemelo.

-¿Quieres saber como funciona mi poder, si?- dijo Satu de pronto- aunque sepa tu nombre, sin un libro en mis manos no puedo usarlo para atraparte-

-¿Cómo funciona?- dijo Kanon

-Lengua de oro- dijo Satu, y Kanon alzó las cejas- así se llama la maldición que tengo. Con ella, puedo extraer cualquier objeto de un libro, y encerrar a alguien dentro del libro a cambio-

-¿Puedes sacar a alguien del libro cuando lo encerraste?- preguntó Kanon, y Satu asintió- ¿cómo?-

-Te lo diré si nos dejas ir- dijo Satu, haciendo que Kanon sonriera incrédulamente- los sacaré yo misma si me dejas ir y me devuelves el libro-

Kanon sacudió la cabeza sin dejar de sonreír.

-No soy tan ingenuo, Satu- dijo Kanon, levantándose y abriendo la puerta de la celda para entrar con ella. La ayudó a levantarse del suelo y a sentare en el borde de la cama, y él mismo se sentó junto a ella- y además, eres muy mala mintiendo-

La chica parpadeó, mirándolo a los ojos.

-¿Cómo supiste que mentía?- preguntó ella.

-Porque yo soy un experto mintiendo- dijo Kanon, sonriendo con un poco de malicia- soy tan buen mentiroso, que logré engañar a un dios. Tú nunca antes habías mentido en tu vida, ¿verdad?-

Satu miró a Kanon con una expresión preocupada. Si era cierto lo que el santo decía, de verdad estaba perdida. Y sabía lo que le pasaría, a ella y a su sombra, si fracasaba en su misión.

-¿Qué te está preocupando, mujer?- dijo Kanon de pronto. Satu dio un respingo de sorpresa.

-Nada- dijo Satu, y se ruborizó. La chica maldijo mentalmente. ¿Porqué siempre tenía que ser tan transparente? ¿O era que ese hombre era más perceptivo de lo normal? Quizá las dos cosas- me preocupo por Christoffer… por mi sombra, quiero decir-

Kanon la evaluó por un segundo. La chica decía la verdad, pero no era completamente honesta con él. No solo estaba preocupada, estaba asustada, y mucho. El gemelo podía comprenderlo, y recordó lo que había dicho antes.

-Dijiste algo de un estanque- dijo Kanon, e inmediatamente el rostro de Satu perdió el escaso color que le quedaba. El gemelo notó que en ese momento, ella lo miró con una expresión de terror y dejó de buscar pretextos.

-No… no quiero hablar de eso…-dijo la chica, tan pálida como una hoja de papel, y temblando- por favor, no me hagas hablar de eso… por favor…-

Kanon vio que temblaba furiosamente, y respiraba agitadamente. Le dio pena. Kanon se giró hacia ella, que estaba sentada junto con a él. La tomó por los hombros con suavidad, y los sacudió un poco.

-Shhh… tranquila- le dijo el gemelo, temiendo que algo malo le sucediera por estar tan agitada, pero ella había vuelto a echarse a llorar- shhh… no llores, mujer, no está pasando nada malo…-

Satu siguió llorando desconsolada y temblando violentamente. Kanon no sabía que hacer.

-Satu, escúchame. Aquí estás a salvo- dijo el gemelo menor- nadie te va a tocar mientras estés aquí, te lo aseguro-

Satu siguió llorando, y Kanon intentaba torpemente consolarla. El gemelo suspiró frustrado. Esto en definitiva no era lo suyo. Quizá sería mejor pedirle al maestro Shion que asigne a alguien más en su lugar. Se hizo a la idea de que, tan pronto como se durmiera, iría directo con el Patriarca a darle el informe y pedir que envíe a otra persona. No tenía la más mínima idea de como consolar a alguien.

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Bloque de Celdas A, Prisión, Santuario de Athena

Mientras eso ocurría, del otro lado de la prisión, Aioria también se encontraba a punto de perder la paciencia. El adolescente, Christoffer, desde que había hablado para evitar que Kanon asfixiara a Satu, se había mantenido en silencio obstinado. Habían decidido encerrarlo en un bloque diferente al de la chica, e interrogarlo aparte.

Aioria estaba muy preocupado por Marín, como Lydia estaba preocupada por Mu. Ambos tenían el mismo carácter malhumorado y explosivo cuando les tocaban esa fibra sensible. El chico rubio no parecía para nada dispuesto a decir una sola palabra. Miraba atento a Aioria mientras éste caminaba como león enjaulado, en círculos alrededor de la celda.

El santo de Leo recibió entonces, por medio de su cosmo, la escasa información que Kanon había podido recabar de la chica. Suspiró. No era mucho, pero por algo podía empezar. Aioria miró al chico, y recordó lo mucho que se había preocupado por la chica.

-Otro de los santos está interrogando a tu amiga, que parece un poco más comunicativa que tú- le dijo Aioria, como no queriendo la cosa. Por primera vez, el chico levantó la vista y miró al santo. Éste sonrió- te llamas Christoffer, y ella se llama Satu. Dijo algo sobre su maldición. Y sobre un estanque-

Había captado la atención de Christoffer.

-Sabes que podemos protegerlos- continuó Aioria, intentando sonar lo más empático posible- no se ve que sean malas personas-

El adolescente lo miró fijamente, evaluando lo que había dicho.

-¿Qué es lo que quiere saber?- dijo el chico rubio, hablando por primera vez. Él también estaba preocupado por ese estanque. Recordaba muy bien lo que le había pasado a Satu aquella vez.

-Lo que hizo tu amiga, ¿es reversible?¿Pueden liberar a las personas atrapadas?- dijo Aioria con dificultad, como si temiera hacer la pregunta o escuchar la respuesta. Christoffer dudó un poco antes de contestar.

-Sí, solo ella lo puede deshacer- dijo Christoffer simplemente. Aioria respiró, aliviado.

-¿Puedes convencerla de que los libere?- dijo Aioria.

El joven rubio lo miró con curiosidad.

-Esa chica pelirroja- dijo el chico, con un tono dudoso- el joven que Satu atrapó primero… ella es importante para ti, ¿verdad?-

Como respuesta a esto último, Aioria encendió su cosmo lleno de furia, y tomó al chico de la solapa de la camisa, empujándolo contra la pared. El joven se arrepintió inmediatamente de lo que dijo, y le dirigió una mirada asustada.

-Si algo malo le pasó a Marín…- comenzó Aioria.

-Lo lamento- dijo el chico rubio, y bajó la mirada con una expresión desolada- lo siento, solo ella puede hacerlo. Mi papel era solo protegerla, y fallé. Y voy a pagar el precio-

Aioria lo miró, interrogante y preocupado. No sabía si las personas que estaban detrás de ese ataque eran las mismas que los anteriores. No tenía el mismo estilo que los anteriores ataques de sus enemigos. Ahora que Greta y Bellini habían muerto, solo quedaba Henry. Aioria volvió a encender su cosmo lleno de furia. Si el antiguo pretendiente de Lydia tenía algo que ver en esto, lo dejaría rebanado en trocitos.

Levantó la mirada, y vio los ojos tristes del chico.

-Dime todo lo que me puedas decir, Christoffer- dijo Aioria- tienes mi palabra que haré lo que esté a mi alcance para ayudarlos. A los dos-

Christoffer lo miró, pero sacudió la cabeza y volvió a su previo mutismo.

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Giudecca, Inframundo

Hypnos notó, con desesperación, que el humor de su hermano no había mejorado ni un poco a pesar de lo que habían hecho. Ambos dioses gemelos esperaban que Agatha se mostrara feliz y agradecida de haber sido resucitada. Pero a diferencia de ello, estaba cada vez más triste y sin sonreír, y el dios de la muerte parecía igual de triste que ella.

Hades se dio cuenta también de lo que sucedía, y Perséfone lo había convencido de invitar a Thanatos y a Agatha a tomar el té en la tarde. Hypnos y Pandora también asistieron, junto con los tres jueces.

Cuando llegaron a la mesa, Agatha se quedó de pie. Thanatos también, y miró a la chica. Con un gesto delicado para el dios de la muerte, éste le acomodó la silla a Agatha antes de tomar asiento él mismo, junto a ella.

-Gracias- susurró ella, mirandolo dudosa. Thanatos solo sonrió levemente, pero sin ninguna alegría en sus ojos.

Pandora y Elizabeth se miraron, encogiéndose de hombros, mientras un cabizbajo Thanatos no quitaba su vista de su taza de té. Hypnos, que estaba pensando en que quizá sería buena idea devolver a Agatha a su prisión en el mundo de los sueños, y Hades no estaba muy seguro de que eso mejorara el humor del dios de la muerte.

-Agatha- dijo Elizabeth de pronto, llamando la atención de la chica y haciendo que Thanatos tuviera un muy bien disimulado respingo de sorpresa- me dijeron que tú ayudaste a mi amiga Cathy a devolverme mi divinidad. Quiero decirte que estoy muy agradecida por ello-

-Yo también- dijo Hades, abrazando a su esposa, y sonriendo sinceramente a la chica griega- de todo corazón te lo agradezco-

Agatha sonrió, y se sonrojó levemente al darse cuenta de que era el centro de atención. Sentía la mirada del dios de la muerte sobre ella. Volvió sus ojos a Thanatos, y se miró reflejada en sus hermosos ojos. Con dificultad, se volvió hacia el frente, para mirar de nuevo a Hades y a Perséfone.

-Agradezco a sus majestades- dijo Agatha, inclinando su cabeza- estoy a su servicio-

Hades iba a decir algo, pero Elizabeth le puso una mano sobre la suya para que guardara silencio, y se volvió a la chica.

-Pandora y yo estamos muy solas aquí en el Inframundo, pues excepto por nosotras, Violate y Chris, no hay más espectros mujeres- dijo Elizabeth- me gustaría que pasaras tiempo con nosotras, solo si eso te parece agradable-

-Señora Perséfone- dijo Agatha, sorprendida y sonriente- me honra con su consideración. Estaré aquí cuando su majestad guste invitarme-

Elizabeth sonrió, y se volvió a Pandora, quien le sonrió también. Ambas estaban planeando, en sus retorcidas mentes, hacer algo para ayudar a juntar a esos dos.

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Templo del Patriarca, Santuario de Athena

Tan pronto como Satu se quedó dormida, al oscurecer, Kanon la dejó sola en la celda y se apresuró a ir a ver al Patriarca. No podía con esta misión. Saga lo miraba mal de tanto en tanto, como si él fuera quien hacía llorar a la chica a propósito. Y no era así. Satu parecía estar tranquila en ocasiones, pero había algo que la llenaba de miedo y le impedía hablar. Lo poco que había logrado averiguar era que Satu y su compañero no estaban ahí por convicción: habían sido amenazados o extorsionados para hacerlo, aunque ataque no parecía el estilo de Henry y los otros.

Suspiró. Esperaba que el maestro Shion lo dejara zafarse de esa. No podía seguir con esa misión. Simplemente no podía. Alegaría que sentía unas ansias asesinas cada vez que la veía, y Saga probablemente estaría de acuerdo en que él era demasiado peligroso para estar alrededor de Satu.

Pero estaba destinado a ser decepcionado. Una vez que le contó a Shion lo que tenía que decirle, el Patriarca se cruzó de brazos y sacudió la cabeza.

-No creo que sea buena idea asignar esta tarea para ningún otro de los santos dorados, Kanon- dijo Shion- según lo que dijiste temprano, ella conoce los nombres de la mayoría de los santos, por alguna razón no conoce el tuyo. Eso nos da una ventaja-

-Pero maestro, no puedo hacer que pare de llorar, y yo…- comenzó Kanon.

-Maestro, yo estoy preocupado por Kanon, porque…- comenzó a decir Saga al mismo tiempo que su hermano, tanto que las voces de ambos se confundieron.

-No- dijo Shion con firmeza, haciéndolos callar a ambos- la señorita Athena ha expresado sus deseos. Ella me ha pedido específicamente que seas tú, Kanon, el responsable de ella-

-Pero maestro…- comenzó el gemelo menor.

-Es cierto lo que dijo Shion- dijo Saori, quien estaba escuchando atentamente- es más, no creo que deba pasar la noche en la prisión del Santuario. Creo que deberías sacarla de ahí y…-

-¡Señorita Athena!- dijeron Saga y Kanon al mismo tiempo.

-¿No estará sugiriendo que Kanon la lleve a donde se encuentra mi familia?- dijo Saga, con un tic en el ojo. Saori sacudió la cabeza. Por supuesto, si Casandra y Kostas estaban en el templo de Géminis, ese lugar estaba fuera de discusión.

-No, por supuesto que no- dijo Saori, y se volvió a Shion.

-Creo que hay un templo para visitantes en el ala norte del Santuario- dijo Shion, tras pensarlo un poco, para completo pánico de Kanon- la llevarás ahí, y cumplirás la misión que se te asignó-

-Pero maestro…- comenzó Kanon, mientras que Saga lo miraba, idénticamente aterrado.

-Nada de peros- dijo Saori a su vez- ¡pobre chica! Seguramente ella querrá tomar un baño, y cambiarse de ropa. Y dormir en un sitio donde no se vaya a congelar con el fresco de la noche. Sí, Kanon, ve y sácala de ahí inmediatamente-

-Pero señorita Athena- dijo Kanon por fin- ¿y si trata de escapar?-

-Puedes crear un laberinto en el templo al que te enviemos, así como ambos hacen en Géminis- dijo Shion- una chica sin cosmo no podrá escapar-

Kanon hizo una mueca. No se le ocurría otra manera de zafarse de esta. Sabía que no tenía otra opción, mucho menos cuando la misma Athena se lo pidió. Se inclinó para despedirse de ellos, y se sorprendió mucho de ver que Saori le ofreció su mano. Kanon la besó con respeto.

-Te pido de todo corazón que le ayudes, Kanon- le dijo Saori en voz baja, sin que Saga o Shion escucharan. Kanon sintió un vuelco al escucharla. Esas fueron las mismas palabras que Athena le había dicho, un año antes, cuando acudió a pedirle perdón por sus ofensas antes de la guerra contra Hades. Sonrió levemente. Una decisión se formó en su mente y en su corazón.

-Lo haré, señorita Athena- dijo Kanon, y salió del templo del Patriarca, decidido a cumplir con su misión. Saga miró al maestro Shion con una expresión preocupada. No le gustaba nada esta situación.

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Templo de Leo

No pudiendo obtener absolutamente nada de el chico rubio, Aioria se rindió y regresó a su templo, casi arrastrando los pies. Extrañaba horriblemente a su adorada Marín. Al llegar, se encontró con Lydia, quien se había quedado sentada en los escalones, en la entrada de su templo, y lo estaba esperando con impaciencia.

-¡Aioria!- dijo la chica.

-Lydia, ¿qué estás haciendo aquí?- dijo el santo de Leo.

-Te estaba esperando- dijo Lydia- ¿pudiste averiguar algo?-

-Nada, absolutamente nada- dijo Aioria- ese chico no dirá una sola palabra. Espero que Kanon haya tenido mejor suerte que yo-

Lydia apretó sus puños, y bajó la mirada haciendo un serio esfuerzo para no llorar. Estaba muerta de preocupación por Mu y por Marín, tanto que no podía creer lo que había pasado. Aioria, por su parte, no estaba de humor tras haber pasado todo el día interrogando al chico, pero sabía muy bien y comprendía como se sentía ella. Se sentó en el suelo, en el escalón junto a ella, y el pasó uno de sus brazos por la espalda.

-Paciencia, hermanita- dijo Aioria, tal vez más para él mismo que para su hermana- Kanon lo logrará. Los veremos pronto-

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Templo norte

Kanon había obedecido al pie de la letra las órdenes del Patriarca. El templo norte, más pequeño que los Doce Templos, pero similar a ellos, estaba completamente limpio y preparado. A diferencia de los otros templos, éste solamente tenía una planta, con dos recámaras contiguas, cada una con su propio baño, una cocina y una salita de estar.

Fatigada por el viaje de la noche anterior y por sus largas horas de llanto, Satu había permanecido dormida durante el traslado. Cuando el gemelo menor la puso en su habitación, la chica abrió los ojos y miró a su alrededor, asustada. Kanon le explicó que hacía ahí, y que se le pedía que no intentara escapar.

-Deberías tomar un baño caliente, niña- observó Kanon, señalando con un dedo el pequeño baño de su habitación- las… eh… chicas, mis amigas, te dejaron algo de ropa y algunas toallas. Yo estaré todo el tiempo en la habitación de al lado, si es que necesitas algo. Y te traje algo de cenar, sé que no has probado bocado el día de hoy- añadió dejándole un plato con algo de sopa caliente.

Satu se sorprendió de su actitud. ¿Porqué era tan amable ahora?

-¿Sigues siendo el mismo gemelo?- preguntó Satu, y Kanon alzó las cejas. La chica parecía muy asustada al hacer la pregunta- ¿o eres… el otro, Saga?-

-Sí, soy yo, el mismo desde el principio- dijo a su vez él. Algo en la mirada de Satu se relajó.

"Vaya", Kanon pensó para sí mismo, "es la primera vez que alguien se alivia de que sea yo y no Saga".

-Oh… de acuerdo- dijo la chica, mirando la sopa con curiosidad. En la prisión del Santuario ella se había negado a comer, y para esta hora de la noche realmente estaba muy hambrienta. Incluso sus tripas hicieron un ruido traicionero, que la hizo ruborizarse.

-Come, mujer, mientras aún está caliente- dijo Kanon, sonriendo levemente, para así animarla a comer. Satu tomó la cuchara con sus manos temblorosas, y probó la sopa.

-Gracias, gemelo- dijo ella, sintiendo como su cuerpo se calentaba gracias al alimento.

Kanon volvió a mostrar su expresión seria, mientras la observaba comiendo. La chica levantaba los ojos hacia él de tanto en tanto, para sonrojarse de nuevo al verse aún observada por el santo.

-¿No me dirás tu nombre, gemelo?- preguntó Satu de pronto, haciendo que Kanon torciera su boca en una media sonrisa, pero ésta no llegó a sus ojos. El chico peliazul sacudió la cabeza con firmeza. La chica suspiró- ¿crees que, si sé tu nombre, podré atraparte igual que a los otros? Te dije que sin un libro no puedo-

Todo rastro de una casi sonrisa se borró del rostro de Kanon.

-Aunque confiara en ti- dijo el joven en un tono firme- son órdenes del Patriarca, no puedo decirte mi nombre-

Satu se encogió de hombros.

-Realmente me gustaría saber tu nombre- dijo Satu, moviendo los fideos alrededor del plato con la cuchara- un hombre como tú debe tener un nombre… fuerte-

Kanon bajó la mirada, recordaba muy bien cuando, hacía muchos años, su padre había relatado a él y a Saga las circunstancias de su nacimiento. Como su padre se había mostrado renuente a nombrarlo, culpándolo de la muerte de su madre. El nombre que le dio fue el primero que se le vino a la mente, a fuerzas, cuando a Saga le había dado un nombre que había planeado durante mucho tiempo. Dejó escapar un largo suspiro.

-¿Dije algo malo?- dijo Satu, regresándolo a la realidad.

-No, Satu- dijo Kanon, reponiéndose- mi nombre no tiene ninguna importancia. Fue un nombre que se me dio al azar, porque nadie me esperaba cuando nací-

-Oh…- dijo la chica, mirando nuevamente hacia abajo- lo siento mucho, gemelo-

Kanon la miró, observando que ya había terminado la sopa, y tenía el plato vacío en sus manos, y pasaba sus pulgares sobre la orilla con suavidad. Se levantó e hizo el gesto de tomar el plato y salir de la habitación. Como un reflejo, Kanon la detuvo mientras salía, extendiendo su mano. Satu dio un respingo de sorpresa y miró al joven, entre asustada y sorprendida.

-Solo voy a dejarlo en la cocina- dijo Satu. Kanon se relajó y la soltó, saliendo de la habitación tras ella.

Una vez fuera, en el pasillo principal del templo, Kanon tomó el plato de manos de Satu y lo dejó en su sitio. Sirvió un vaso de agua y se lo entregó.

-Gracias, gemelo- dijo ella, tomando el vaso, antes de regresar a su habitación- aunque supiera tu nombre, no puedo hacerte daño de ninguna manera. Aunque quisiera. Ya te expliqué como es que funciona- sonrió levemente- y realmente no… no quiero lastimarte-

Kanon volvió a torcer su boca en una media sonrisa.

-Después hablaremos de eso, mujer- dijo el gemelo menor- ve a tomar un baño-

Satu sonrió, y regresó a su habitación. Antes de que la chica cerrara la puerta, se volvió de regreso a ella y sonrió.

-Gracias por tu amabilidad, gemelo- dijo Satu, sorprendiendo a Kanon- buenas noches-

Kanon se quedó unos minutos mirando la puerta cerrada, confundido. Una sonrisa se formó en un sus labios, completa, la cual subió a sus ojos. Sacudió la cabeza y se dirigió a la cocina, a lavar los trastes, procurando no pensar mucho en ello.

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CONTINUARÁ…

¡Hola a todos! Espero que les esté gustando esta historia. Si dije alguna tontería, discúlpenme, ando enferma y la fiebre no me ha querido dejar en paz. Lo bueno es que ya está cediendo. La historia se vuelve un poco más complicada más delante. Muchas gracias por seguir leyendo. Les mando un abrazo.

Abby L.