Primavera. 2 de Abril
Cosas de Críos (Aph)
- Asi que, pones la mano aquí, y haces que las tabas boten, así, y entonces…
-¡Vale, vale!, ¡Lo he entendido!¡Déjame probar!
Fue la primera vez que conseguí que jugara conmigo,y la recuerdo como una gloriosa victoria por guerra de desgaste. Sus ojos se encendían, la mariposilla verde volvió a brillar en ellos, y por primera vez desde que le conocía sonrió como el niño que era. Ojalá hubiera llegado a conocerle algo más, antes de...bueno, de acabar aquí.
Recuerdo a Aiolia, acercándose a cuatro patas como un gato, atraído por el ruido de huesos rebotando contra el mármol. Shura le miró con cara de asesino y yo me apresure a agarrar al crío y sentarlo sobre mis rodillas, antes de que metiera la mano en las trabajosas acrobacias de Shura y la cosa se pusiera sangrienta. Los huesos saltarines, por supuesto, tenían más atractivo que yo, porque estaban prohibidos, pero me las ingenié para sobornarle con unos terrones de azúcar y algunos juegos de manos para que se quedara sentado a mi lado. Era adorable de pequeño. Solía jugar con él cuando Shura tenía uno de sus ataques de dignidad terminal, y cuando Aiolos estaba de viaje, me lo solía encontrar escondido debajo de mi cama, agarrado a algún oso de peluche que, claramente, no era suyo, porque estaba de una pieza. En privado, y creo que nunca le reconocí esto a nadie, se solía imaginar que era mi hermano pequeño. La idea me hacía tanta ilusión que casi me daba vergüenza. Quizás se había perdido hacía mucho tiempo, secuestrado por un monstruo marino, o por un asqueroso santo de plata que lo había traído aquí; lo descubriremos por casualidad a causa de alguna carta escrita por nuestra madre que estaría oculta en...Creo que aún me da vergüenza solo pensarlo. Tenía un universo entero de explicaciones y aventuras al respecto.
Cosas de Críos (Sh)
-Y, por eso, debemos luchar por salvar a Athena! Seguidme, y no conoceréis lo que es la derrota!Juntos quebraremos las torres del cielo, y haremos temblar el mismo infierno!
Mi discurso duró minutos, durante los cuales puse el alma en cada palabra. Era apasionado! Era una inspiración! Era fuerte y valiente! Era el mejor capitán del universo! Cuando terminé, las filas de ositos de peluche que formaban frente a mí estaban claramente impresionadas. Un oso marrón, que Aiolos me había regalado mi primer año en Santuario, levantó el puño en el aire y coreo mis palabras, seguido por todos los demás!
Cosas de Críos (DM)
No tenían huevos de meterse conmigo. Ninguno. Un año atrás podrían llegar a intentarlo, si estaban en grupos, pero, tras unos cuantos huesos rotos, se les habían quitado las ganas.
Aún así, cotorrean, siempre al abrigo de sus maestros, como el atajo de cobardes que eran. Decían que no tenía maestro, que no debía estar allí...Yo, mientras, leía. Me hacía sentir acompañado. Me tiraba debajo de un árbol y me convertía en un gran conquistador, cruzando los alpes en elefante, o en un chiflado salvaje en taparrabos que descuartizaba invasores, o en el Cesar de roma, compuesto y digno a pesar de ser apuñalado veintitrés veces por un atajo de cobardes que no podían encajar que fuera mejor que ellos. Podía ser todos los hombres fuertes que habían existido en el mundo, sin que nadie me molestara ¡Eso era felicidad!
Primavera. 3 de Abril
Sonrisas Rodantes (Aph)
-Hey, ¡Afro! ¡Afro! ¡Afro!- Cubrí la herida de la que los rosales estaban bebiendo, instintivamente, al notar que alguien se acercaba. La imagen de Capricornio, derrapando sobre el sagradísimo mármol, con una sonrisa de niño en la cara, se me quedó grabada a fuego en la memoria, por lo imposible que parecía. Me agarró de la mano y me sacó a tirones al patio. Para jugar. Voluntariamente. Eso es una victoria, lo demás son naderías.
- ¿Te acuerdas de esas pelotas de cristal que viste en la aldea?, ¿Te acuerdas?¿Te acuerdas?¿Te acuerdas?
-¡Si!
Se me encendieron los ojos pensando en esas pelotitas brillantes de colores. Shura desplegó una sonrisa que no le cabía en la cara, y abrió una bolsa delante de mis narices. Yo pegué un brinco y aplaudí, y él se volvió medio metro más alto.
-¡Conseguí unas cuantas!, ¡Vamos a jugar!
-¿De dónde las sacaste?
-Me las dio un...eh...Santo de Plata¿Creo? No me acuerdo. ¡No importa!. ¡Venga! ¡Vamos a jugar!¡Puedes dar de comer a esas cosas más tarde!
Sonrisas Rodantes (Sh)
Me negaba a admitir que el juego me importara tanto. Yo era un caballero, serio y formal! Asi que, para no demostrarlo en público, entrenaba de noche, a escondidas, detrás de la estatua de Athena, donde nadie podía verme.
Ajusté con cuidado la posición de mis dedos, cerré un ojo, saqué la lengua, medí la distancia con precisión quirúrgica, y disparé. La bola de cristal rodó sobre el suelo hasta ir a meterse en un agujero negro y húmedo, lleno de dientes, que había salido de la nada
-¡Aiolia!- Grité, furioso. El chiquillo sonrió,mostró la canica atrapada entre sus dientes, y salió corriendo. Yo salí detrás, maldiciendo en todos los idiomas que sabía.
Aiolia era demasiado fuerte como para que los sirvientes pudieran controlarlo, y cuando Aiolos no estaba en el Santuario, su hermanito se volvía la peor pesadilla de todo el santuario y no había persona razonable que no fantaseara con degollarlo.
Lo atrapé sin problema, peor el enano no abría la boca, y no hay muchas formas no letales de solucionar ese problema.
Rolling Smiles (DM)
No se ni para qué había pedido canicas. Fue una estupidez. Mamá los había enviado en un paquetito adorable, cuidadosamente envuelto con papel marrón, pero, ¿Quien iba a querer jugar conmigo? Todos los niños allí estaban jugando con ellas, asi que, pensé que, tal vez...pero no, por supuesto. Ahora eran solo una bolsa llena de certificados de humillación. Me senté en la hierba, tratando de entretenerme yo solo con ellas, pero sin alguien con quien competir estas cosas no sirven de nada. .Además, era uno de esos días, tras una de esas noches, y estaba furioso y dolido y con ganas de llorar sin ningún motivo, cuando una figura embutida en armadura se acercó a mi. Era Shura de capricornio. El corazón me dio un vuelco. Era una visión imponente! Tenía mi edad, pero parecía mucho más alto, con todo y cuernos!
Mi héroe personal me miró, y me habló a mi! ¡A mi! Iba a ser la envidia de los aprendices, pero ni siquiera yo pensaba en eso en ese momento.¡ Mi mundo estaba patas arriba solo con pensar que Shura se acordaba de mí!
Hablamos un poco, me preguntó por mis canicas, y yo le di todas las que le gustaron. Cogió la mayoría, asegurando que volvería al día siguiente para jugar conmigo. Me sentí como el rey del mundo el resto del día. Por supuesto, no volví a saber de Shura en meses.
