SEGUNDA OPORTUNIDAD
VI: UN TRATO
Estancias de Thatanos, Elysion, Inframundo
Thanatos se tumbó boca arriba en la cama de su habitación. Sonrió levemente. Agatha se veía más feliz, ahora que sabía que podía charlar con la reina Perséfone o con Pandora. Eso tenía un sabor agridulce para el dios de la muerte. Sabía que le gustaba muchísimo verla sonreír, pero le causaba pena que la chica no sonriera cuando estaba con él.
No era tonto, sabía que ella se sentía desconfiada con él, pues sabía muy bien las maquinaciones de los dioses. Ella no era ingenua: recordaba muy bien como los dioses trataban a las mujeres mortales: las seducían y las abandonaban después. Y por su trato en su juicio. Y también estaba molesta por haberla devuelto a la vida como "recompensa" por su anterior servicio, cuando ella misma manifestó su desagrado a ser recompensada por algo que hizo simplemente por buena voluntad. Vaya que Thanatos no podía entender a esa mujer. Pero eso lo atraía mucho más hacia ella.
-¿Thanatos?- dijo Hypnos desde la puerta, interrumpiendo de pronto sus pensamientos- ¿puedo pasar?-
Su dios gemelo asintió. La habitación de Thanatos era muy grande. La enorme cama abarcaba gran parte de ella, junto con un gran closet. Había un escritorio frente a una ventana que miraba hacia la parte más hermosa de los Campos Elíseos, y una pequeña puerta que daba a la escalera de servicio. Thanatos nunca había usado esta última, ni siquiera para ir a ver a Agatha, pues la escalera trasera comunicaba su habitación con la de ella. Hypnos había llegado por la puerta principal.
-Tengo que hablar un asunto contigo, hermano- dijo el dios del sueño en tono muy serio.
-¿Sobre qué?- dijo Thanatos, aburrido
-Sobre esa mujer mortal que reviví para ti- dijo Hypnos.
Thanatos frunció el entrecejo, pero no respondió.
-Creo que esa mujer no te conviene, Thanatos- dijo Hypnos en voz baja- ¿no te has dado cuenta? te odia, se le nota, y además no ha parado de despreciarte en público, delante del señor Hades. Los jueces lo notaron de inmediato, y también las señoras Perséfone y Pandora-
El dios de la muerte permaneció mudo, pero frunció el entrecejo.
-Y creo que cometí un error en revivirla- continuó Hypnos, al ver que su gemelo no decía nada al respecto- con tu permiso, la regresaré al mundo de los sueños, de donde nunca debió salir-
Thanatos frunció el entrecejo aún más que antes.
-Agatha prestó un gran servicio al señor Hades y a la señora Perséfone- dijo Thanatos- estoy seguro de que no es correcto acabar con su vida después del buen servicio que nos brindó. A todos nosotros-
-¡Pero te desprecia, Thanatos!- exclamó Hypnos, alzando la voz- ¿no lo ves?-
-Claro que sé que no me tiene aprecio, Hypnos- dijo Thanatos- y me lo merezco, la traté como basura cuando la juzgamos hace dos mil años. Aún ahora, la traté como si no tuviera sentimientos, deseando saciar mis propios deseos. No espero que me perdone por lo que hice. Pero haré lo posible para que me perdone-
Hypnos frunció el entrecejo. ¡Suficiente! Su hermano no estaba pensando bien.
-¡Por todos los dioses, Thanatos, solo mírate!- exclamó el dios del sueño- ¡eres un dios! No tienes que rogar por el afecto de ninguna mortal. Solo tómala si la deseas, y la devolveré después a su sueño…-
-No- dijo Thanatos con firmeza- así no-
-¿Porqué no?- dijo Hypnos- creo que ya aguantaste suficiente desprecio de su parte-
-Porque no solo la deseo, Hypnos- dijo Thanatos en un tono exasperado- no lo entenderías…-
-¿No entendería que cosa?- dijo el dios del sueño- entiendo mejor de lo que crees. ¡Explícate!-
Thanatos se había levantado de su cama, y se había erguido con una expresión peligrosa en su rostro. Estaba furioso con su hermano gemelo por el maltrato verbal que había tenido hacia Agatha. No solo era agradecimiento hacia ella. No era deseo. Era admiración, era…
-¡La amo, Hypnos!- dijo Thanatos por fin, haciendo palidecer a su gemelo ante tal declaración. Los ojos del dios de la muerte brillaban suavemente por un par de lágrimas que querían surgir de cada uno de sus ojos- la amo, y no deseo que la lastimes. Por favor, hermano-
-Thanatos…- dijo el dios del sueño- ella es una mortal, y tu eres un dios…-
-No me digas…- lo interrumpió Thanatos con sarcasmo.
Hypnos miró a su hermano. No lo podía creer. ¿Dónde había dejado su cabeza? ¿Su cerebro se había ido de vacaciones? No podía ser. ¿Enamorado de una mujer mortal? Si no era Zeus, era solo Thanatos, el mismo Thanatos de siempre, a quien nadie quería por ser la muerte en persona. ¿Cómo podía su hermano rebajarse a enamorarse de una mortal?
-La amo, Hypnos. Yo amo a Agatha- dijo Thanatos de nuevo, bajando la mirada con tristeza- por favor, no la destruyas. Déjala en paz-
Tras un par de minutos de incómodo silencio, Hypnos salió de la sala apresuradamente y cerró la puerta de golpe. Estaba furioso. Después de todo lo que se había preocupado por su hermano, ¿y le salía con esa tontería?
Thanatos miró el punto donde su hermano había desaparecido, y suspiró tristemente. Se volvió a tumbar en la cama. No se dio cuenta que un par de ojos lo miraba, con una expresión sorprendida, desde la puertita que llevaba a la escalera de servicio.
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Templo de Géminis, Santuario de Athena
-¿Qué te tiene tan preocupado, Saga?- dijo Casandra, sentándose en el borde de su cama. El santo de Géminis estaba tumbado boca arriba en la cama, con la mirada en el techo, suspirando con aprensión y estrés. Casandra ya tenía puesta su pijama, y usaba una bata sobre ella. Kostas estaba dormido en la habitación de Kanon mientras éste estaba en su el templo norte, cumpliendo con su misión- no me digas que aún estás preocupado por Kanon…-
Saga asintió levemente. La verdad era que su hermano le tenía muy preocupado. No porque no confiara en Kanon. Era, si eso era posible, tan poderoso como él. Y había notado el cambio de actitud de su hermano menor. Ya no miraba a la joven prisionera con fastidio o desprecio, como a un enemigo. La miraba con compasión, como a alguien que necesitaba perdón. Igual que él mismo, Kanon, cuando había ido con Athena a pedir perdón por sus ofensas previas. No sabía que iba a pasar.
-¿Les llevaste la sopa que te di?- dijo Casandra.
-Lo hice- dijo Saga con un suspiro- Kanon se la dio toda a ella, y dijo que estaba preocupado porque no había comido en todo el día-
Casandra sonrió levemente. Eso era un buena señal, y no entendió porqué su chico estaba tan preocupado. Se inclinó hacia su costado, y pasó sus dedos en la frente del santo. Saga cerró los ojos, disfrutando la caricia que le propició Casandra, y sonrió.
-Intenta dormir, Saga- dijo Casandra- necesitas tener tus fuerzas en caso de que haya una pelea- sonrió y se inclinó más hacia él, besándolo en la frente. La chica le sonrió cuando Saga abrió los ojos- buenas noches-
Casandra se iba a levantar, pero Saga la tomó de la mano.
-No te vayas- le dijo él en voz baja, con ojos suplicantes- por favor, Casy-
La chica sonrió suavemente y asintió. Se quitó la bata y se deslizó suavemente bajo las sábanas de la cama de Saga. Éste la atrajo hacia sí mismo y la abrazó con cariño. Le dio un beso en la frente, y apoyó su mejilla en la cabeza de ella. Casandra, por su parte, apoyó su cabeza sobre el pecho de su chico, y sonrió. Esperaba que Saga se consolara pronto y dejara de preocuparse. Ella estaba segura de que Kanon estaría bien.
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Templo Norte
Satu despertó a la mitad de la noche con una sed abrasante. Quizá la sopa, la que el gemelo le había ofrecido, había estado muy salada, no lo sabía, pero su cuerpo le pedía agua a gritos. La chica rubia, que había estado durmiendo, se quitó el sudor de la frente con el dorso de su mano y dejó escapar un suspiro. Se levantó de su cama y salió de la habitación, con la firme idea de ir a la cocina por un vaso con agua fresca.
Cuando salió de la habitación, apenas hubo puesto sus dos pies en el pasillo, una increíble fuerza opresiva cayó de pronto sobre ella. No hubo apenas soltado el marco de la puerta, Satu cayó de rodillas ante la horrible presión. Quiso gritar, pero no salió de ella sonido alguno. Era como si una fuerza externa, un par de fuertes brazos en sus hombros, obligándola a mantenerse en el suelo. No podía respirar, esa fuerza estaba apresando su pecho con fuerza. Satu se llevó una mano sobre su pecho. El aire se le estaba acabando.
Satu no pudo más y se dejó caer al suelo por completo, boca abajo, emitiendo un grito ahogado mientras caía. Pudo ver, de un lado y otro del amplio pasillo, que éste se había vuelto larguísimo, casi infinito. La pobre chica no sabía que ese era el poder de los santos de Géminis: colocar un laberinto donde se encontraran. Y una chica sin cosmo no era rival para ese poder, ni siquiera para ponerse de pie o respirar.
Durante algunos segundos, que a Satu le parecieron largas horas, se mantuvo quieta, en el suelo, sintiendo la terrible presión sobre ella. Después, sintió un brazo sobre su hombro, y la presión desapareció por completo. Había sido terrible, y la chica sintió un alivio inmediato. Su cuerpo se relajó, y Satu se volvió a ver al joven peliazul.
-Gemelo…- dijo la chica casi sin aliento- ¿que fue…?-
Kanon se inclinó hacia ella, y la ayudó a volverse sobre su espalda, extendiendo sus brazos hacia ella y levantándola en sus brazos. Satu no protestó: estaba muy ocupada intentando recuperar su aliento.
-¿Intentabas escapar, mujer?- dijo Kanon con un tono neutral, aunque en el fondo se sentía un poco traicionado.
-Agua… quería agua…- dijo Satu, recuperando su aliento- gemelo…no trataba de escapar, lo juro-
Kanon comprendió y suavizó un poco su mirada al escuchar eso, aunque seguía frunciendo el entrecejo. La ayudó a regresar a su habitación, y la colocó, sentada, sobre su cama. Kanon salió y regresó con un vaso con agua, el cual Satu apuró con vehemencia, sedienta como estaba. Su sed había sido aumentada por su respiración agitada. Kanon la observó mientras bebía. Una vez que terminó, la chica le devolvió el vaso, y el joven lo puso en la mesita de noche y se sentó junto a ella.
-¿Qué fue eso ahí afuera?- dijo Satu, ya aliviada, pero aún asustada por lo que había pasado- se sintió horrible-
-El laberinto- dijo Kanon en voz baja- lo lamento, debí advertirte. Fueron órdenes de Athena-
Satu lo miró, sorprendida por la fuerza que tenía.
-¿Fue… un cosmo lo que sentí?- dijo Satu, y Kanon asintió.
-Sí, el mío- dijo el gemelo menor en voz baja.
-Eres… muy poderoso, gemelo- dijo la chica. Kanon sonrió levemente- ¿porqué eres tan amable conmigo?- el santo alzó las cejas- soy tu enemigo. Lastimé a tus camaradas. ¿Porqué eres amable?-
Kanon siguió sonriendo.
-Hubo un tiempo en que yo era enemigo de Athena, Satu. Fue hace muchos años. Pero me arrepentí de ello y pedí perdón, y me fue concedido- dijo Kanon en voz baja- sé que es estar en el sitio donde tú estas-
Satu lo miró, asombrada, mientras Kanon se ponía de pie y, tras inclinarse levemente, se dirigió a la puerta para salir. Satu se puso de pie.
-Gemelo, espera- dijo la chica, haciendo que Kanon se detuviera en la puerta, y se volviera hacia ella- trae el libro aquí mañana. Liberaré a la chica pelirroja y a los santos atrapados, sin hacerles ningún daño. Lo prometo-
Kanon la miró, sorprendido, pero volvió a mostrar su media sonrisa. Tras desearle buena noche, el joven peliazul se retiró y volvió a encender su cosmo para crear el laberinto, antes de dormir.
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Habitación de aprendices, templo de Piscis
Lydia se levantó esa mañana tras una larga noche sin poder dormir. Había llorado una vez que se quedó sola, pero lo hizo en silencio, apretando su rostro contra la mullida almohada para ahogar sus sollozos, y que su maestro no la escuchara. Pero estaba muerta de preocupación por Mu.
No sabía que tenía que hacer para ayudar a Mu. Tenía que esperar a que Kanon convenciera a la chica de que lo liberara. El adolescente rubio le había dicho a Aioria que lo que había sucedido era reversible, que esa chica podía liberarlos si quería. ¿Porqué Kanon no la obligaba? Y hablando del diablo.
Kanon había vuelto a subir al templo del Patriarca, manteniendo su cosmo encendido para evitar que la chica escapara del templo norte, ya que el gemelo menor podía mantener el laberinto a la distancia. Lydia se levantó de golpe y bajó hacia el piso inferior, donde Afrodita recibía a Kanon y lo dejaba pasar a través de su templo, hacia el del Patriarca. Lydia observó al gemelo decir unas rápidas palabras a Afrodita, y apresurarse a seguir adelante. El santo de Piscis reparó en Lydia, quien lo observaba.
-Afro, ¿qué fue lo que sucedió?- preguntó la chica en un tono esperanzado- ¿que te dijo Kanon?-
-Dijo que ella le había dicho que revertiría lo que hizo en la mañana- dijo Afrodita.
Lydia sonrió por primera vez desde el día anterior. Las cosas se iban a resolver, y además, ¡iba a volver a ver a Mu!
-¿Es cierto eso, Afro?- dijo ella con una sonrisa. Afrodita asintió.
-Solo esperemos que lo que dijo ella sea cierto, hija- dijo Afrodita. Lydia se quedó pensativa.
-Con tu permiso, Afro, quisiera acompañar a Kanon cuando regrese con ella- dijo Lydia- por favor-
Afrodita la evaluó con la mirada. Seguramente estaría ansiosa por ver a Mu, después de haber estado sufriendo por saber lo que había ocurrido. Además, creía que Afrodita no se había dado cuenta de que pasó la noche llorando, pero el santo de Piscis no se había perdido detalle. Estuvo tentado a decir que sí, pero Afrodita sabía mejor. Cabía la posibilidad de que ésta fuera una trampa, así que el santo de Piscis sacudió la cabeza.
-No es sensato, Lydia- dijo Afrodita por fin- no, no puedes ir. Tienes permiso de bajar al templo de Aries y esperar ahí a Mu. Nada más que eso-
Lydia le lanzó una mirada triste.
-Entiéndelo, hija- dijo Afrodita- si es una trampa, estarás a salvo. Si no lo es, esperarás a Mu en su templo y todo estará bien-
Lydia asintió obedientemente y, tras despedirse, bajó al templo de Aries. Afrodita la miró alejarse. No sabía porqué, pero tenía un mal presentimiento con respecto a su alumna. Se encogió de hombros. Quizá eran ideas suyas.
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Habitaciones de Perséfone, Giudecca, Inframundo
Elizabeth había invitado a Agatha a tomar el té en sus habitaciones de nuevo. La joven reina del Inframundo se había habituado rápidamente al mismo, y era muy feliz. Disfrutaba todas las atenciones de su esposo, y todos, dioses gemelos, jueces y espectros la adoraban. Pero uno de los dioses gemelos no estaba feliz, y ella quería arreglarlo.
Esa mañana, Elizabeth había invitado a Agatha a tomar el té y a charlar con ella. Pandora también había sido invitada, pero con la condición de que se mantuviera en silencio y la dejara hablar. La mano derecha de Hades se encontraba bordando, un poco separada de las dos chicas, mientras que Elizabeth sonreía y miraba a Agatha concentrada en su libro.
-Te gusta mucho leer, ¿no es así?- dijo Elizabeth, sonriendo amistosamente- a mi amiga Lydia también-
-Lo sé- dijo Agatha, sin sonreír, pero suavizando sus facciones- por eso le envié tantos sueños y señales a ella desde mi prisión. Sabía que ella lo iba a entender todo. Aunque hice enojar un poco al señor Hypnos-
Agatha sonrió levemente al recordar lo mucho que se había enojado Hypnos y, con un escalofrío, recordó la sonrisa de Thanatos al ver lo mucho que sus ocurrencias habían molestado a su divino gemelo. Su rostro casi se quedó congelado en la sonrisa. Thanatos.
-¿Dije algo malo?- dijo Elizabeth con cuidado, tras unos momentos de silencio.
-No, para nada, señora- dijo la chica en voz baja, sacudiendo su cabeza y mirando hacia abajo.
Elizabeth se volvió a Pandora, y le guiñó un ojo.
-Recuerdo como hiciste rabiar a Hypnos hace poco, Agatha- dijo Pandora en un tono discreto, sin apartar su vista de su bordado- y como hiciste sonreír a Thanatos. Muchísimo-
-Sí, yo no lo presencié, pero varios espectros lo hicieron- dijo Elizabeth- y dijeron que pusiste una sonrisa en el rostro de Thanatos con tu gesto insolente-
-Me dan demasiado crédito- dijo Agatha, bajando la mirada- pero no quiero hablar de ellos dos, por favor-
-¿Qué sucede?- dijo Elizabeth, tras quedarse en silencio por unos momentos.
Agatha sacudió la cabeza.
-No es nada- dijo la chica, cerrando su libro y pasando sus dedos por su cubierta. Elizabeth esperó pacientemente- es solo que… le dije al señor Thanatos que no quería esto-
-¿No querías revivir?- preguntó Pandora en un tono incrédulo que era incluso un poco insolente- ¡todo el mundo se quiere librar de aquí!-
-Señora Perséfone- dijo Agatha- yo no quería ninguna recompensa por lo que hice. Y se lo dije al señor Thanatos, no debió haber hecho eso-
Elizabeth y Pandora se miraron cómplices. La primera tomó las manos de la chica castaña.
-Agatha, hay algo que tienes que saber- dijo Elizabeth- no te liberaron de tu prisión como premio por lo que hiciste por mí-
-Entonces, ¿porqué?- dijo ella, parpadeando confundida- yo no pedí…-
-El señor Hypnos te liberó, porque el señor Thanatos estuvo varios días terriblemente afligido desde te perdió. Y ahora está sufriendo porque no le haces caso- dijo Pandora de pronto, y Elizabeth la reprendió con la mirada. No había querido decirle eso, no era su lugar.
Agatha la miró, incrédula. ¿Qué era eso? ¿Era cierto eso que Thanatos había estado afligido por ella? Pues sí, lo había visto muy triste y furioso cuando tomó su alma la última vez que había muerto. Lo recordaba muy bien, entre el dolor de sus heridas y el repentino alivio que había sentido cuando el dios la separó de su cuerpo. Esos hermosos ojos que la miraban llenos de tristeza mientras le brindaba el alivio de la muerte.
Sintió de pronto como si le hubiera caído encima un balde de agua helada. Entonces, ¿Thanatos sentía algo por ella? ¿Qué había estado haciendo ella, sino lastimarlo constantemente con su desprecio?
Era cierto, Thanatos había estado intentando decírselo, demostrárselo. Mostrándole toda la ternura de la que era capaz el dios de la muerte. Un escalofrío la recorrió. ¡Thanatos estaría sufriendo por su culpa!
Agatha se puso de pie de golpe.
-Dis… discúlpenme, por favor, señoras- dijo ella- yo…tengo que…-
Pero no pudo terminar. La chica salió precipitadamente de la habitación de Perséfone, con la intención de cruzar hacia Elysion, al palacio de Thanatos, y hablar con él. Pedirle perdón. Sin embargo, como no conocía el sitio, se internó en el Inframundo, alejándose de Giudecca y de Elysion, y perdiéndose en él. Cruzó con gran rapidez las otras esferas del Inframundo.
Poco después de pasar por Caína, se dio cuenta de que estaba perdida. Muy cerca del río helado de Cocytus, Agatha pateó el suelo, frustrada. ¡Tenía que regresar con Thanatos! La chica resbaló y cayó al fondo del mismo, golpeándose la cabeza al caer. Intentó pronunciar el nombre de Thanatos, llamarlo hacia ella, pero no pudo. Todo se volvió completamente negro.
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Templo del Patriarca
Saori se alegró con las noticias que Kanon le traía. La joven diosa ni siquiera intentó contenerse, y abrazó al gemelo menor tan pronto como lo dijeron. Shion ni siquiera se molestó en corregir a la joven ni regañarla.
-¡Esas son excelentes noticias, Kanon!- dijo Saori- sabía que ella se arrepentiría del mal que ha hecho, y decidiría hacer lo correcto-
Kanon sonrió y asintió, pero Shion no parecía muy convencido
-Señorita Athena- dijo el Patriarca- ¿podemos confiar en ella? Porque te pedirá que le des el libro. ¿Y si quiere encerrarte?-
-Satu no sabe mi nombre, maestro- dijo Kanon, encogiéndose de hombros- y sí… creo… que confío en ella-
Saori y Shion se miraron entre ellos, confundidos, la primera sonriendo levemente. El Patriarca suspiró y le entregó el libro.
-Ten cuidado, Kanon- dijo Shion.
-Sí, lo tendré, maestro- dijo el gemelo, tomando el libro y apresurándose al templo norte. Ya había amanecido hacía un rato, y quería liberar a sus compañeros lo más pronto posible.
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Giudecca, Inframundo
Thanatos suspiró al ver la hora. Había acordado con Elizabeth, es decir, Perséfone, que iría por Agatha a Giudecca para llevarla de regreso a su palacio en Elysion. No sabía porqué hacía eso, si evidentemente ella no quería estar con él, no sabía porqué seguía intentándolo. Quizá Hypnos tenía razón, quizá sería buena idea regresarla a su sueño, parecía estar más feliz ahí. Pero Thanatos se resistía: no quería perderla.
Thanatos llegó a las habitaciones de Perséfone, quien estaba riendo y charlando alegremente con Hades. Ambos se volvieron al recién llegado, sorprendidos.
-Thanatos- dijo Hades, sorprendido de verlo, alzando las cejas- ¿a qué debemos el placer de tu visita?-
-Lamento molestarlo, mi señor Hades- dijo Thanatos en un tono apenado- vine por Agatha, que esta mañana estuvo con su señora esposa tomando té-
Ahora fue el turno de Perséfone de levantar las cejas.
-Thanatos, hace un par de horas que salió de aquí, creí que se había ido contigo- dijo Elizabeth, un poco angustiado- oh, Thanatos…- añadió ella, llevándose las manos a la boca- ¿se habrá perdido?¿habrá pasado algo malo?-
Thanatos palideció y, tras hacer una rápida inclinación, salió corriendo de Giudecca y rumbo a Ptolomea, buscando con su cosmo la presencia de la chica. Tenía un mal presentimiento. Hades, por su parte, se levantó y, tras besar la mano de su hermosa esposa, salió tras él, llamando a Hypnos y a los jueces. Necesitaba su ayuda para encontrarla.
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Templo Norte, Santuario de Athena
Kanon se apresuró a regresar al templo norte, con Satu. Fue seguido por Aioria. El santo de Leo estaba muy preocupado por Marín, y quería ser el primero en volver a abrazarla, y de Milo, una vez que dejó a Cathy a salvo junto con Sofía en el templo de Sagitario.
Cuando los tres llegaron, Kanon llevando el libro de historias que habían tomado el primer día, Satu ya estaba despierta, se había bañado y vestido.
-Buenos días, gemelo- dijo Satu sin sonreír.
-Buenos días, Satu- dijo Kanon, mostrándole el libro, y vio que el rostro de la chica se iluminó al verlo- espero que no te moleste, fui por el libro para que cumplas la promesa que me hiciste en la noche-
-La cumpliré, gemelo- dijo Satu, mirando dudosa a los otros dos santos que lo acompañaban. Ella sabía bien sus nombres: Aioria de Leo y Milo de Escorpión. ¿Porqué estaban ahí?¿Porqué el gemelo no le había dicho su nombre? ¿Eso significaba que no confiaba en ella aún?- pero… quiero que hagas algo por mi a cambio-
Kanon frunció el entrecejo. Aioria iba a decir algo, pero un gesto del gemelo menor lo silenció.
-¿Qué quieres a cambio?- preguntó Kanon.
-Que liberen a mi sombra. A Christoffer- dijo Satu en voz baja- yo pagaré el precio del ataque a su diosa, pero lo pagaré sola. Christoffer no tiene la culpa de nada, él solo intentaba protegerme de ustedes. Por favor-
Kanon la evaluó con la mirada, mientras Aioria y Milo se miraban, el primero de ellos dos con una gran impaciencia. Finalmente, y al ver que no se decidía a responder, Satu habló.
-Les demostraré que no miento, observen- dijo Satu, tomando una página del libro de manos de Kanon: tomó la página donde estaba encerrada Marín.
-¡Marín!- dijo Aioria, tratando de dar un paso adelante, pero Milo lo detuvo y sacudió da cabeza.
-No temas, Aioria de Leo- dijo Satu, tomando la página con sus dedos, con extrema delicadeza, y sonriendo levemente- no le haré daño a tu chica. Lo juro-
Satu miró a Kanon a los ojos, y sonrió. Sopló sobre la página, y la tinta salió flotando en el aire. Tinta color rojo, negro y azul. Y la tinta se desvaneció, y en vez de ella apareció Marín. La joven amazona se dejó caer al suelo de rodillas, como si estuviera muy agotada. Aioria se acercó a ella y le quitó la máscara, para comprobar que estuviera bien. La chica les daba la espalda, así que Aioria sabía que no había riesgo de que ellos vieran su rostro. Marín abrió los ojos, y éstos brillaron al verse en brazos de su león dorado.
-Aioria…- dijo en voz baja la amazona.
-Oh, Marín- dijo éste, abrazándola con fuerza- que bueno que estás bien…-
Una vez que los tres santos salieron de su sorpresa, Satu se volvió a Kanon, devolviéndole la hoja de papel, sobre la cual habían aparecido nuevamente las letras que habían desaparecido cuando Marín había quedado atrapada.
-¿Ves, gemelo? Pueden confiar en mí- dijo Satu, entregándole la hoja- por favor, libera a mi amigo, y yo liberaré a tus otros camaradas. Tan pronto como él sea libre y lo vea dirigirse a la salida del Santuario, liberaré a los demás sin ninguna tardanza. Tienes mi palabra-
Kanon suspiró. Se volvió a Milo y asintió. El caballero de Escorpión entendió el mensaje, y salió rápidamente del templo norte, rumbo a la prisión del Santuario.
-Se hará como tu quieres, Satu- dijo Kanon- porque confiamos en tu palabra-
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CONTINUARÁ…
