SEGUNDA OPORTUNIDAD
VII: EN DOS FRENTES
Límites entre Cocytus y la Séptima Prisión
Tan pronto como Hades le había avisado lo que había sucedido, Hypnos había regreso a Elysion para ver si Agatha había regresado ahí. Hades, por su lado, había decidido dejar a Elizabeth en Giudecca y se había unido a la búsqueda, a pesar de que Thanatos había partido solo.
Los tres jueces reportaron que ni en Ptolomea, Antenora o Caína estaba la chica, asumiendo así que había pasado por el río helado de Cocytus. Hades se encontró a Thanatos buscando ahí.
-¿Has tenido algo de suerte en encontrarla, Thanatos?- dijo Hades, esperanzado- ¿alguna pista?-
-No, mi señor Hades- dijo Thanatos en un tono derrotado- no hay pistas. Es imposible encontrar a una chica tan blanca como ella, vestida toda de blanco, entre el hielo de Cocytus. Espero que no haya caído ahí. Está viva, o lo estaba cuando salió de Giudecca-
-Thanatos…- dijo Hades en un tono tranquilizante- ella estará bien. ¿Dónde está Valentine? Hoy tiene que patrullar Cocytus, quizá sabe donde…-
Hablando del diablo…
-¡Señar Hades! ¡Señor Thanatos!- dijo el espectro de Arpía, inclinándose- ¿a qué debo el honor de que visiten el río helado de Cocytus?-
-Thanatos perdió a una persona- dijo Hades- una chica castaña, cabello largo, con un vestido blanco y sandalias cafés-
-¿Vestida como una chica griega de la antigüedad?- dijo ella, y Thanatos lo miró, esperanzado- sí, no se ven chicas así desde hace mucho tiempo. Uno de mis espectros la encontró en el fondo, al parecer caminando se había resbalado y caído en el hielo. Se golpeó la cabeza. Por ahí- añadió, señalando una mancha roja en el blanco hielo- ella estaba bien, pero inconsciente, señor Thanatos- dijo al ver al dios de la muerte tan espantado- me sorprendió ver que estaba viva, y el espectro se la llevó, así como estaba, y la dejó en la entrada del Inframundo-
-¿La sacaron de nuestros dominios?- dijo Hades, frunciendo el entrecejo.
-Pues… sí, señor Hades- dijo Valentine- ella estaba viva, no tenía ningún asunto en el reino de la muerte, así que la regresamos al mundo de los vivos, según el protocolo que nos habían indicado. ¿Lo recuerda, después de la última guerra santa?-
Hades se volvió, alarmado, hacia donde estaba de pie Thanatos, excepto que él ya no estaba donde había estado hace unos momento. Se había apresurado hacia la salida del Inframundo y rumbo al mundo de los vivos. Hades sonrió levemente y suspiró. Thanatos estaría bien por su cuenta, ahora que ya sabía donde estaba. Comenzó a caminar de regreso a Giudecca para contarle lo sucedido a Perséfone, que seguramente estaría muy preocupada.
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Prisión del Santuario
Milo le había explicado la situación a Christoffer Müller, y al principio éste no parecía dispuesto a irse del Santuario sin Satu. El adolescente parecía estar en deuda con ella, y no quería dejarla a la merced de los santos de Athena. Una vez que Milo le explicó que ninguno de los santos iba a lastimarla, y que solo la querían retener en el Santuario para liberar a los santos atrapados, y para saber quien estaba tras ese ataque.
Christoffer bajó los ojos.
-De acuerdo, santo de Escorpión- dijo el chico- me iré del Santuario sin mi amiga. Pero por favor- añadió, juntando las manos- no la lastimen. Sé que ustedes son guerreros de honor. Ambos hemos sido extorsionados para hacer esto-
-Entiendo- dijo Milo- tienes mi palabra de que todos los santos de Athena somos hombres de honor, y que ella no será lastimada-
Christoffer asintió sin sonreír. Milo sentía pena por ese chico. No se imaginaba que había pasado para que ese chico, había sido llevado contra su voluntad y obligado a pelear por una causa en la que no creía.
Milo abrió la celda, y lo dejó salir.
-La salida más cercana del Santuario es al oeste, pasando un par de grandes árboles y una de las estatuas marcando la salida- dijo Milo.
-Gracias, santo de Athena- dijo Christoffer al salir y, dando una última mirada hacia atrás, se dirigió a la salida que Milo le había indicado previamente.
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Templo Norte
Mientras Milo estaba en la prisión, Aioria había llevado a Marín al templo de Leo. Milo había informado a Kanon que el chico rubio ya había sido liberado de la prisión del Santuario. El gemelo menor sonrió y se volvió a Satu con una media sonrisa.
-Bueno, Satu- dijo Kanon en un tono serio- tu amigo ya está fuera del Santuario. Creo que ya es hora de que cumplas con tu parte del trato-
Satu asintió, y tomó el libro de manos de Kanon. Lo abrió en la última página que había leído, donde estaba atrapado Aldebarán de Tauro. Suspiró y miró al gemelo menor.
-Éste me va a querer matar… el santo Aldebarán de Tauro- dijo Satu en voz baja. Kanon vio que sus pulgares temblaban mientras sostenía el libro y miraba la ilustración del enorme santo con las manos extendidas, haciendo su más famoso ataque.
-No lo dejaré. Ninguno de ellos te va a hacer daño, lo prometo- dijo Kanon, poniendo sus manos sobre las de ella. Satu lo miró a los ojos. Esos hermosos ojos verdes, esa media sonrisa que la intrigaba. Sintió sus manos. Eran fuertes y quizá un poco callosas, pero ese gesto era suave y le llenó el corazón en una sensación cálida. Sonrió levemente, suspirando aliviada. Kanon estaba muy cerca de ella, tanto que casi podía sentir su respiración sobre su rostro.
-¿Sabes? Cada vez deseo más conocer tu nombre, gemelo- dijo Satu, sonriendo levemente y, muy a pesar suyo, dando un paso atrás para soltarse de las manos del santo y darse media vuelta. Como hizo con Marín, Satu sopló suavemente sobre la página, y la tinta dorada se desprendió de la página y flotó en el aire, para tomar la forma del santo de Tauro.
El enorme Aldebarán cayó de rodillas, pero inmediatamente levantó la vista, y dirigió una mirada furiosa a la chica. Satu palideció, pero Kanon se interpuso entre los dos, ocultando a la menuda chica detrás de él.
-¿Qué crees que haces, Ka…?- comenzó Aldebarán, pero Kanon lo interrumpió antes de decir su nombre.
-¡Alde!- dijo Kanon levantando la voz- la señorita Satu te acaba de liberar… deberías agradecer su asistencia-
Aldeberán miró a Satu, quien asomaba su cabeza desde la espalda de Kanon, y parpadeó, sin saber exactamente que decir. La chica estaba muy asustada por su imponente presencia. Al ver la media sonrisa de Kanon, Aldebarán sonrió levemente.
-Muchas gracias por sus servicios, señorita- dijo Aldebarán finalmente, inclinándose. Satu seguía escondida detrás del gemelo, aferrada a la camisa azul del santo con sus pequeñas manos. Una vez que escuchó las palabras del santo de Tauro, la chica solo sonrió levemente como respuesta, y Alde se despidió, para regresar a su templo.
Kanon se volvió a Satu, quien abrazaba el libro contra su pecho.
-Gracias, Satu- dijo Kanon. Ella asintió y sonrió levemente.
-Bueno, faltan otros cinco- dijo ella, volviendo a abrir el libro.
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Explanada frente al templo de Aries
Minutos antes
Lydia había obedecido a Afrodita, y se había quedado sentada en las escaleras frente al templo de Aries, esperando a que Mu regresara. Suspiró. No quería perder la esperanza. Había visto pasar a Aioria con Marín hacia el templo de Leo, y sabía que su chico estaría ahí muy pronto. Sonrió levemente. Pero algo interrumpió sus pensamientos.
Había alguien que no era un santo saliendo por la puerta oeste del Santuario. Un chico alto, que tenía sus cabellos cortos, rubios y rizados, y caminaba cabizbajo a la salida. Lydia lo reconoció de inmediato: era el chico que había acompañado a la atacante del día anterior. ¿Estaba escapando? ¿O lo habían dejado libre?
Sin pensar mucho lo que hacía, comenzó a caminar hacia él, para asegurarse de que no estuviera escapando. No fue difícil: el chico caminaba a un ritmo lento, dejando escapar chispazos de cosmo, confundido como si fuera un animalito perdido y los enemigos lo estuvieran acechando. Lydia lo siguió, pero se detuvo en el límite del Santuario. Sabía muy bien que no podía salir. Lo observó desde ahí, sin moverse.
El chico iba bajando entre las rocas y las ruinas, y Lydia vio el pequeño auto estacionado detrás de una de las enormes columnas. Christoffer se acercó al auto y, cuando estuvo a punto de abrir la puerta del conductor, a su alrededor llegaron al menos cuatro hombres con armaduras negras, las mismas que pertenecían al grupo de Henry. Lydia se mordió el labio e inconscientemente dio un paso atrás, ocultándose en otra columna. El chico luchó con todas sus fuerzas e intentó protegerse, pero entre su inexperiencia en el combate, los escapes repentinos de su cosmo y la superioridad numérica de los enemigos, los hombres de negro lo sometieron fácilmente, sin siquiera tener que elevar su cosmo.
Lydia, quien observaba todo eso, parada literalmente en el límite del Santuario, miró hacia atrás rápidamente, y volvió a mirar al chico, quien estaba siendo brutalmente golpeado y arrastrado por esos hombres. Entonces tuvo que tomar su decisión. La aprendiz de Piscis encendió su cosmo y, por medio de él, avisó a Afrodita de lo que estaba sucediendo. Su maestro le dio permiso de salir del Santuario y pelear mientras él daba la alarma y la alcanzaba para ayudarla. Tan pronto como escuchó las órdenes de Afrodita, ella se puso de inmediato la máscara dorada y cruzó la frontera del Santuario y hacia donde se encontraba el chico y sus enemigos.
La chica castaña respiró hondo y creó una pequeña rosa negra, la cual sostuvo en sus manos. La lanzó contra el primero de los hombres, quien soltó a Christoffer dando un alarido. Los otros hombres notaron su presencia y la comenzaron a atacar, mientras dos aún sometían a Christoffer. El chico volvió su mirada hacia ella y la reconoció de las fotos que había estudiado Satu. Se dio cuenta que toda esa fiesta no era para él: era una trampa para atrapar a Lydia.
-Vete de aquí, chica, regresa al Santuario, es una…- comenzó a decir Christoffer, pero no alcanzó a terminar, pues uno de los hombres lo golpeó en la frente con fuerza, y luego cubrió su cabeza con un saco de tela, dejándolo tumbado en el suelo.
Lydia frunció el entrecejo, y conjuró un grupo de rosas rojas en su mano, y comenzó a defenderse de las embestidas de los enemigos, y a lanzar sus rosas contra ellos hasta que hubo golpeado y aturdido a la mayoría de los enemigos. Su veneno, que aún no era tan poderoso, pero fue lo suficiente para dejarlos momentáneamente fuera de combate. La chica sonrió, muy satisfecha de sí misma. Pero fue entonces cuando lo sintió.
Un fuerte cosmo detrás de ella, que no pertenecía a ninguno de los enemigos con los que había peleado, pero era extrañamente conocido. La sola fuerza del cosmo la hizo caer, de pronto, al suelo de rodillas y agachar la cabeza, haciendo que su máscara cayera de su rostro. Vio un par de piernas acercarse a ella. Desesperada, Lydia encendió su cosmo, intentó contactar a Afrodita, pero el santo de Piscis no estaba ni un poco cerca todavía. Puso sus manos en el suelo e intentó ponerse de pie. Levantó la mirada, y fue entonces cuando la sangre abandonó su piel por completo.
-No esperaba encontrarme contigo cuando vine a recoger este pedazo de basura- dijo el hombre frente a ella- haces las cosas realmente muy fáciles…-
Antes de que Lydia respondiera, una nueva fluctuación del enorme cosmo la hizo volver a agachar su cabeza, pero plantó bien sus piernas y no cayó de nuevo. Miró a su enemigo con una gesto desafiante. Encendió su cosmo una vez más, tenía que avisarle a Afrodita lo que estaba ocurriendo.
-Oh, nunca me gustó esa mirada tuya, querida- dijo el hombre- vamos a tener que arreglar eso-
Lydia intentó volver a levantar la cabeza, pero el enemigo había tenido suficiente. De un fuerte golpe en la sien, ella también cayó al suelo y perdió la conciencia. Para entonces, los otros enemigos se habían levantado de nuevo y rodearon a los dos caídos.
-Levántenlos- dijo el recién llegado, con una sonrisa satisfecha, mirando con una sonrisa lasciva a la chica inconsciente y dando un fuerte pisotón sobre la máscara dorada, quebrándola en pedazos- por fin tengo lo que he deseado por mucho tiempo-
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Entrada al Inframundo, Mundo Humano
Agatha por fin despertó con un fuerte dolor de cabeza. Recordaba haber pasado por las esferas del Inframundo y haber caído en el río helado de Cocytus. De ahí no recordaba nada más, pero sabía muy bien que no estaba en el Inframundo, sino en el mundo de los vivos. De pronto, se llevó las manos a la cabeza y abrió los ojos desmesuradamente.
Thanatos. Tenía que encontrar a Thanatos. Pedirle perdón. Lo había estado tratando horriblemente esos días, y ella no lo odiaba. Muy al contrario, le tenía un extraño cariño al dios, sobre todo después de su segunda muerte, cuando él mismo se había acercado a ella y tomado su alma para evitar que sufriera mucho. ¿En serio era cariño? Ahora que lo pensaba, le tenía más que cariño, ¿no? Le quería. Todas esas sonrisas, esas caricias y atenciones que había recibido de parte de Thanatos. ¡Todo lo que se había esforzado! ¿Cómo pudo estar tan ciega?
Se levantó precipitadamente, se limpió los restos de sangre de su mejilla con el dorso de su mano y se volvió a mirar a su alrededor. Estaba en unas ruinas, al parecer, que estaban profanadas y cubiertas de graffiti, cosa que ella jamás había visto, habiendo vivido más de dos mil años atrás. Además, en una de las paredes estaba grabada la inscripción que ella conocía muy bien, en su propio idioma, el griego antiguo: Aquel ser que entre deberá abandonar toda esperanza.
Agatha tocó la piedra debajo de la frase, pero no sucedió nada. La golpeó varias veces, sin tener éxito.
-Señor Thanatos…- murmuró en voz baja, apretando los puños con fuerza y golpeando la roca, sin que sucediera nada- por favor, ábrete, quiero volver con él…-
Nada. No pasó nada. La puerta hacia el Inframundo se quedó obstinadamente cerrada frente a sus ojos. Y no era el único problema que tenía.
-Vaya, mira que hay aquí- una voz masculina sonó detrás de ella. Agatha se volvió de pronto. Un grupo de tres chicos, altos y corpulentos, más o menos de diecisiete o dieciocho años, se acercó a ella entre las ruinas. Cada uno tenía en sus manos una lata de pintura para graffiti, pero la miraron como si ya hubieran encontrado algo mucho más interesante que hacer.
-¿Qué estás haciendo así vestida, chica?- dijo otro de los chicos, caminando hacia su derecha- ¿hay una fiesta de disfraces que me perdí?-
-Yo… yo solo…- comenzó a decir ella, apartándose de ellos lo más que pudo, caminando hacia atrás, hasta que quedó contra la pared de piedra bajo la inscripción- yo ya me iba…-
-Se ve muy… bien- dijo otro chico, el que estaba a su izquierda- demasiado bien. Chicos- añadió, volviéndose a los otros dos- creo que ya encontramos algo más divertido que graffitear las viejas ruinas-
Agatha palideció, pues conocía esa mirada lasciva en los hombres. Una vez su maestro la había salvado de un grupo de hombres con perversas intenciones. Esta vez era igual, pero su maestro estaba muerto. Y Kallias también. Y Thanatos seguramente ni siquiera sabía que estaba ahí. Estaba sola. Completamente sola.
Antes de que pudiera hacer algo, o gritar, uno de los hombres la tiró del cabello con una mano y de su brazo con otra, deshaciéndole su peinado y haciéndola caer de espaldas al suelo. Agatha gritó, desesperada, y trató en vano de levantarse, pero obviamente los chicos no tenían planeado dejarla ir. Sintió que entre dos la detuvieron por los brazos para inmovilizarla. Un tercero se colocó en sus pies, y ella vio la oportunidad. Se giró de lado lo más rápido que pudo y lo pateó con todas sus fuerzas. Los otros dos, sorprendidos al no esperarse eso, no supieron exactamente como se giró nuevamente y se vieron forzados a soltarla. Una vez libre, la chica se levantó y comenzó a correr entre las ruinas, alejándose de ellos y de la puerta la Inframundo.
-¡Que no se escape!- gritó uno de los hombres.
Agatha corrió entre las ruinas del templo, sorteando los escombros y ocultándose detrás de las columnas, pero los hombres las conocían mucho mejor que ella. No pasó mucho tiempo cuando uno de ellos le salió al paso y la atrapó por la cintura.
-¡Te tengo!- le dijo el hombre corpulento, dándole una bofetada que la habría tumbado al suelo, pero no ocurrió ya que la tenía bien sujeta de la cintura- que esto te enseñe a obedecer a tus superiores-
Agatha lo miró con su expresión insolente y retadora, y el hombre la empujó contra la pared, con sus manos en alto.
-¡Suéltame!- dijo ella entre dientes, separándose unos centímetros de la pared.
-Mmm- dijo el hombre, tocándole la cara con el dorso de su mano, para completo horror y desagrado de Agatha- ya veo lo que él ve en ti. No te preocupes, te devolveremos a él otra vez. Una vez que hayamos acabado de divertirnos contigo-
Ella palideció. ¿De qué estaba hablando?¿Sabía de Thanatos? No pudo pensarlo mucho, pues tenía un asunto algo más urgente en ese momento. Sintió un nuevo empujón que la arrojó otra vez contra la pared.
-Si no me sueltas en este momento vas a lamentarlo mucho- dijo ella en voz alta.
Los tres hombres rieron al mismo tiempo, burlándose de sus amenazas. Uno de ellos, el más corpulento de todos, que era quien la tenía contra la pared, levantó la mano en un claro gesto de estar a punto de golpearla. Agatha cerró los ojos, y los tres hombres rieron.
-No es justo, Erebus, yo quiero primero- otro de los hombres, y se volvió a la chica- ¡ya cállate!-
-Ya te tocará tu turno, amigo- respondió Erebus, sonriendo maléficamente- déjala que grite, me gusta oírlas gritar y suplicar-
-Suéltame, maldito- dijo Agatha con voz ahogada, retorciéndose para soltarse de él. Sabía que estaban jugando con ella. No quería averiguar de qué eran capaces. No quería. Hizo lo primero que se le ocurrió. Dio un rodillazo al hombre llamado Erebus en la entrepierna, quien la soltó dando un alarido. Quiso correr, pero el hombre la atrapó por la espalda y la hizo caer de boca al suelo, cayendo sobre ella y haciéndola gritar.
-¿Ves? Así me gusta, linda- dijo Erebus a su oído, haciendo que la chica se sintiera asqueada.
-Por favor, no…- pidió ella, desesperada, intentando quitárselo de encima, pero recibió como respuesta las risas de los chicos.
Agatha cerró los ojos, pero sintió que, de pronto, el peso de ese chico sobre ella desaparecía de pronto. Escuchó tres golpes sordos, y sintió un fuerte cosmo conocido. Abrió los ojos, y vio que era Thanatos, el mismo Thanatos, quien había salido al mundo humano en un cuerpo temporal favorito. Con una sola mano levantó bruscamente a Erebus, quitándolo de encima de Agatha, y lo lanzó contra una de las rocas. Agatha nunca lo había visto así: su fría cólera contra esos hombres era más que impresionante.
-¿Cómo te atreves a quitarnos nuestro premio?- gritó uno de los dos hombres, poniéndose de pie de manera amenazante, mientras el otro detenía a Agatha para que no se levantara del suelo- nosotros la vimos primero…-
Thanatos ni siquiera se dignó a responderles. Hizo una seña para que soltaran a Agatha. Uno de los chicos, el que estaba deteniéndola, dio un rápido pisotón en la muñeca de la chica. Se escuchó un golpe seco, y la chica gritó de dolor.
El dios de la muerte los volvió a mirar con fría cólera. Encendió su cosmo y, con su despiadado ataque, pulverizó a los otros dos chicos que habían atacado a Agatha con relativa facilidad, hasta que no quedó ni rastro de ellos. Una vez que fueron vencidos y muertos, Thanatos se volvió hacia la chica, quien estaba ovillada contra la pared, con un brazo lastimado y muy asustada por lo que había pasado. El dios de la muerte no supo que hacer. ¿Acercarse a ella?¿Abrazarla?
Antes de que Thanatos pudiera acercarse a Agatha, Erebus se había levantado y, aún con la nariz sangrante, tomó a la chica de los cabellos y la forzó a ponerse de pie. Ella apretó los ojos, aún asustada, cuando el hombre puso un cuchillo en su cuello. Thanatos iba a atacarlo, pero se detuvo.
-Vaya, no quería creer los reportes que recibimos- dijo Erebus, mirando a Thanatos con una sonrisa burlona- es cierto que el mismísimo dios de la muerte está enamorado de una mujer mortal. ¿No había sido ya suficiente con ser una de las mascotas de Hades, Thanatos?-
Thanatos no respondió. Volvió a fruncir el entrecejo y encendió su cosmo peligrosamente, lo que hizo que Erebus se echara a reír y apretara el cuchillo contra el cuello de Agatha.
-No me asustas, dios de la muerte- dijo Erebus- no puedes atacarme sin lastimarla, ¿verdad? Si acabas con su vida, no podrás revivirla de nuevo, y lo sabes- Thanatos sintió una sombra pasar por sus ojos- esta chica está viviendo por tercera vez. Y no hay cuarta. Esa fue la condición que te dio Hypnos, ¿no es así?-
Thanatos lo miró como si lo pudiera fulminar, pero sabía que tenía razón. Apagó su cosmo. Sabía que no podía atacarlo sin lastimar a Agatha.
-¿Cómo lo sabes?- dijo Thanatos, entrecerrando los ojos. ¿Había sido observado en el Inframundo?
-¿Crees que estamos ciegos, Thanatos?- dijo Erebus- tenemos espías en todos lados. Ahora, retrocede si no quieres ver a esta chica desangrarse frente a ti-
Agatha iba a decirle que no tenía porque obedecerlo, pero Thanatos obedeció inmediatamente, sin dejar de mirar a la chica a los ojos.
-Así me gusta- dijo Erebus, sin soltarla- nuestro espía en el Inframundo nos informó bien. Ahora que tengo toda tu atención, Thanatos, necesito que me acompañes-
-¿A dónde?- dijo Thanatos, hablando por única vez.
-No necesitas saberlo- dijo el hombre, revelando lo que llevaba en su otra mano. Una pequeña cajita de oro y plata, un cofre- supongo que recuerdas tu antiguo hogar. Greta Neuer encontró esto en Alemania-
Si Erebus esperaba que Thanatos palideciera al ver la cajita, seguro se llevó una gran decepción. El dios de la muerte solo miró la cajita con desdén unos segundos, y después se volvió brevemente a Agatha, como si quisiera decirle que todo iba a estar bien. Miró de nuevo a Erebus.
-¿Quieres sellarme?- dijo Thanatos con un tono neutral.
-¿Qué?- dijo Agatha, olvidando que tenía un cuchillo contra el cuello e intentó en vano soltarse del hombre- ¡no, señor Thanatos! No lo haga…-
-Agatha…- dijo Thanatos en voz baja, viendo que ella comenzaba a llorar ante la idea de lo que iba a hacer- Agatha, no llores. No te había dicho que adoro tu sonrisa, ¿verdad?-
-¡No, por favor, no puede…!- siguió sollozando Agatha, pero el hombre golpeó la mano herida de la chica y le arrancó un grito de dolor.
-Deja de lastimarla- dijo Thanatos con un tono firme, haciendo un gesto de su mano y abriendo un portal al Inframundo- déjala pasar por este portal al Inframundo, y yo me dejaré sellar por ti. No me resistiré-
-No, señor Thanatos- le pidió Agatha, dándose cuenta de que iba a sacrificarse por ella- no tiene que hacerlo…-
Erebus mostró una sonrisa torcida, y rápidamente empujó a la chica para que cayera en el portal al Inframundo, a su lado, y abrió el cofre justo frente al dios. Agatha apenas se detuvo justo en el umbral del mismo, y le dirigió a Thanatos una mirada desesperada.
Una fuerza terrible emergió con fuerza de la cajita envolvió a Thanatos, atrayéndolo hacia él. Tras sonreír levemente a Agatha y lanzar una última mirada desafiante al hombre, el dios de la muerte se dejó llevar por la misma fuerza del cofre, siendo absorbido por él. Thanatos mostró una horrible expresión de dolor al abandonar su alma el cuerpo temporal y entrar a la cajita. Una vez que el alma de Thanatos desapareció por completo, el cofre se cerró, y el cuerpo temporal que Thanatos usaba cayó inerte al suelo.
-No, no…- repetía Agatha, de rodillas en el suelo, cubriéndose el rostro con su mano sana.
Erebus la miró con desprecio. Sí, esa chica había sido muy útil para su cometido: sellar a uno de los dos dioses gemelos. Jamás pensó que hubiera sido tan fácil, sobre todo gracias a la estupidez de los espectros que había jugado a su favor. Recogió el cofre del suelo, y volvió a mirar a la mujer. Quizá aún podía serles de utilidad. Y no podían permitir que Hypnos o Hades se dieran cuenta de lo sucedido. No aún: tenía que silenciarla.
-No te preocupes, mocosa- dijo Erebus, guardándose el cofre en su cartera y extendiendo sus manos hacia ella con una sonrisa malvada- también vas a venir con nosotros-
Pero la chica no iba a desperdiciar el sacrificio de Thanatos. Agatha se dejó caer hacia atrás, y cayó dentro del portal del Inframundo, el cual se cerró de inmediato tras ella.
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CONTINUARÁ…
¡Hola a todos! Les traigo esta actualización tempranera por que estresé gente con las respuestas de sus reviews. ¡Lo siento! Como prometí, voy llegando a mi casa, aún no he comido y ya estoy actualizando. Espero que sea de su agrado. Les mando un abrazo a todos. Muchas gracias por sus reviews. Nos leemos pronto.
Abby L.
