Verano. 6 Julio

Piel y Hueso (DM)

El condenado pez volvía hoy del fin del mundo, y yo no podía dejar de andar templo arriba y templo abajo. Era una mierda echarle de menos, era una mierda estar así, y, sobre todo, era una mierda tener que reconocerlo, peor había sido casi un año y me había quedado sin excusas hacía mucho tiempo. Si, Shura era aburrido, Si, el Santaurio era horrible y los problemas que Saga nos echaba encima, demasiados. Pero al final eran excusas y todo se resumía en que yo quería que Piscis estuviera conmigo, en vez de vegetando en una placa de hielo envenenado. Podíamos hablar vía cosmos, pero a él mi cosmos no le gustaba, y además, no era lo mismo. Seamos honestos. Aquello no era "normal" ni siquiera cuando eramos críos los dos. Le echaba de menos demasiado, le buscaba demasiado, me alegraba demasiado verle contento, y necesitaba demasiado tenerle cerca cuando estaba triste, pero al menos era algo inofensivo, que no pedía más que compañía y que ver a mi amigo feliz. Hasta entonces.

Shura entró trotando en mi templo. Fuimos juntos hasta el puerto, donde un barco pequeño de velas blancas estaba atracando. Un desfile interminable de marineros que no me interesaban en absoluto empezó a salir del barco. Una fila eterna. Yo me daba golpecitos en el brazo, cada vez más nervioso, hasta que por fin le vimos bajar. Era imposible reconocerle, y, a la vez, era imposible no hacerlo.

Shura sonrió y se acercó andando. Afrodita salió corriendo y le dio un abrazo con placaje que casi le tira al suelo.

-¡Vaya!¡Nada de saludos a distancia!¡Por fín hemos conseguido civilizarte! ¡Ya eres todo un mediterráneo!

-¡Vete al demonio!

-Nos has echado de menos¿Eh, rubito?

-Meh, No te lo creas mucho!

Los dos se abrazaban, y empujaban, y peleaban amistosamente, encantados de volver a verse, pero yo seguía petrificado, buscando al crío que recordaba.

-¡Hey!¡Mask!, ¡Creo que Afro se ha vuelto más alto que tú!

-¡No digas estupideces! ¡Es tan canijo como siempre!

Dios, ojalá fuera cierto. Afrodita había crecido. Mucho. Ese era el problema. Estaba confundido. Y molesto. La misteriosa alquimia que había ocurrido en Groenlandia en esos diez meses no podía ser calificado más que de alta traición. Yo había enviado allí una pequeña bola de pelo blancuzco, todo mofletes y ojos, que estaba siempre comiendo, se quedaba en nada cuando la mojabas y tenía que pasar dos veces por el mismo sitio para hacer sombra. Adorable, si, pero de adorabilidad inofensiva. La criatura que me habían devuelto despuntaba una belleza que no era inofensiva en absoluto. Todo ojos y piernas, y pómulos. Pómulos que pronto podrían cortar cristal. Piernas que no se acababan nunca, que eran infinitas, que tenían un "continuará" y un "etcétera" escrito a medio muslo porque no había forma de mirarlas enteras de un tirón. Traía unos hombros que eran dos veces los que se había llevado, y su carita redonda había sido afilada por las puntas, sin avisarme ni pedirme opinión ninguna. Su voz aún era infantil, pero desafinada, y tenía notas graves que salían de la nada cada vez que se reía, y me generaban un cruce entre ansiedad, fiebre terminal, y curiosidad exploratoria, que no había sentido nunca. Esperaba alegrarme al verle, sentir calidez y ese tipo de cosas vergonzosas y agradables, pero no esperaba...hambre.

-¡Pobre! ¡Me ha echado tanto que no puede ni mover el culo para acercarse a saludar! Jodido vago…!¡Ven aquí!

Se río. Las notas graves saltaban en medio de la risa cantarina y me abrasaron el cerebro. Pegó un par de zancadas, subido en sus piernas de siete leguas, y me plantó un abrazo; uno cálido y estrecho y sin empujones como el que se había llevado Shura. Yo le agarré de los hombros en cuanto noté los brazos entorno a mi cuello, le lancé hacia atrás varios metros, y salí corriendo de allí. Shura paró el disparo con un brazo y evitó que el pez acabará en el polvo. Yo me largué de allí casi corriendo.

Mi mente no había tenido tiempo de procesar la metamorfosis de mi "hermanito", pero el resto de mis sistemas la había procesado perfectamente y estaban entusiasmados con ella. Esto nunca me había pasado. Es decir, si, me había pasado, de noche especialmente, peor nunca me había pasado con alguien. Era confuso, y terrorífico, y vergonzoso, y que Afro me estrujara y se chocara con ello estaba era el pináculo de lo que no iba a pasar mientras yo pudiera evitarlo.

No asociaba bien causa o efecto, o si lo hacía pero no quería pensarlo. Era confuso, era inesperado, y tenía un punto agradable, que era lo más aterrador de todo. Al parecer, uno puede enfrentarse a los titanes, a los fantasmas del averno, y al fin del mundo sin parpadear, pero la pubertad, y esa especie de...hambre, slaida de la nada, crea pavor en el más valiente. En especial si no tienes ni idea de lo que debes esperar, porque vives en un monasterio y tu único referente adulto es un sacerdote enmascarado esquizofrénico.

-¿Pero qué rayos le pasa?!

-No...tengo ni idea. ¿Estás bien?

-Cabreado. Pero bien.

Piel y Hueso (Afro)

-¡Hey!¿Se puede hablar contigo ya?

En ese tiempo evitaba mirar las máscaras de la pared. Era hipócrita, lo se, como se que no estaban ahí por gusto, pero no era fácil de digerir. Cancer era una bola de odio y energía hueca en los templos interiores.

-Tú habrás estado de vacaciones, florecita! ¡Pero el resto hemos tenido mucho trabajo que hacer, y mucha mierda que tragar! ¡No estamos del mejor humor!- Me rasqué la cabeza. Solía ver venir a Cáncer sin problemas, cuando éramos críos, pero, según crecíamos, se iba haciendo más complicado.

Lo normal habría sido decir que lo sentía, era lo socialmente aceptado, tres años vividos en la "civilización" me habían enseñado eso, pero la verdad era que no lo sentía. No veía ni qué sentir. No había ido a Groenlandia por capricho, era necesario, en especial hasta que el veneno en mí se asentara bien.

-Podrías haberme dicho algo con tu Cosmos, si necesitabas hablar. Te habría echado una mano.

-Pensé que no te gustaba mi Cosmos-reprochó, arrugando la nariz y moviendo la cabeza. Ahora si me sentía un poco culpable.

-Puedo tolerarlo, si es importante.

-¡Oh! ¡Qué magnánimo detalle!-el sarcasmo se le pegaba a los dientes. Su cara se había vuelto toda ángulos y tenía un maxilar que podría partir huesos. Todos habíamos crecido en el tiempo que pasé entrenando, al menos, por fuera- ¿Has contado las máscaras al entrar? ¡No, por supuesto que no!, Habrás ido mirando al suelo! ¡Hay unas cuantas más!¡Hay varios tipos que ni siquiera se que demonios habían hecho, y no consigo sacarlas de ahí!, ¡y…!

La situación se volvía familiar. Era mala para Mask, pero un alivio para mí. Al menos, ya sabía como actuar. Sonerí, y me senté prácticamente encima de él, ignorando sus manoteos, y empujándolo con el hombro para que el tambaleo le callara un instante. Forcejeé contrarreloj con mi bolsillo y saqué la pequeña escultura de hueso de ballena y se la encajé.

-Toma. Un chamán me debía un favor. Le pedí que la hiciera para tí- La curiosidad le calló la boca y volvió a sentarle. Cogió la figurita, porosa y sin pulir, y se sentó a mi lado, para examinar mejor. Era un conglomerado de animales con una cara en medio, y por un momento no tuvo muy claro cómo tomárselo- Por allí arriba creen que todo tiene alma, y que si te comes a un animal, te comes su alma también. No creen que el alma de una foca sea peor que la de un humano- Me encogí de hombros- pero cazan igualmente. No hay otra opción por allí, y tienen que comer.

Se quedó mirando la estatuilla largo rato, girándola entre los dedos. Sabría que le gustaría. La crudeza del material, sobre todo. No la pulían, era la parte interior del hueso, podías ver que aquellos cavernáculos, aquellos poros y laberintos habían estado llenos de sangre y vida en algún momento. Parecía que aún pudieran resucitar, con la chispa adecuada, y un poco de agua de mar. Se le escapó una sonrisilla, triste, que convirtió en sardónica cuando pudo, y me miró de nuevo.

-¿Estás intentando comprarme?

-¿Está funcionando?-me dió un empujón con el hombro, me reí bajo, y él se rió conmigo.

-Imbécil…

-¡No se la enseñes a Shura! Intentará quemarte vivo por hereje.

-Si yo ardo, tú vienes conmigo.

Piel y Hueso (Sh)

DeathMask se unió a nosotros a media tarde, frente a los campos de entrenamiento de los caballeros de plata. Estábamos hablando del temible palacio submarino de la diosa Sedna, y de cómo Piscis había tenido que bajar, asaltarlo, y liberar a los animales marinos, pero ni él ni yo estábamos tan interesados en la historia como en el espectáculo de abajo.

Afro llevaba de vuelta más de tres semanas, pero no había llegado a terminar la historia nunca. Siempre había...distracciones. No me había atrevido a hablar de el asunto que me atormentaba con DeathMask, pero algunos desvíos de vista en Afro me daban más esperanzas.

-¡Echate a un lado!

-¡No ocupes tanto!

-¡Recoge las piernas, enano! ¡Pareces una jodida cigüeña!

-Eso explicaría la debilidad por las serpientes y los sapos- Respondió Afrodita, riendo. Esta era la mía.

-¿Lo dices por Cobra?- Los ojos de mi amigo se iluminaron, en un relámpago de comprensión. Es indigno de un santo decir estas cosas, pero la maestra de Shaina era un espectáculo a admirar, aunque nos sacara más de quince años.

Piscis se puso rojo, y se rascó la cabeza, dándome esperanza sobre no ser la única persona de la creación sufriendo la misma demencia. Si estaba desesperado por algo en esa época, era por saber si esto era normal. Hubo algo de silencio, hasta que logré sacar el tema de nuevo. Casualmente.

-Oye...no os pasa...a veces...que...ehm….Entrenando. ¿Que os quedáis mirando a las amazonas?No deberían entrenar cerca, distraen demasiado- Afro subió las cejas, y asintió. Mask me miró como si estuviera loco- Y, eh…¿No os pasa a veces que...eh…? ¿Qué os quedáis mirando?

-El culo- soltó Afro, con honestidad, y apoyó la frente contra las rodillas, hablando en las pausas de una risilla nerviosa- Se que es horrible- se justificó de buen humor, rojo como un tomate- ¡Pero no puedo evitarlo!

-¿Verdad?-estallé, sintiéndome al fin comprendido, y recuperando la temperatura normal en las mejillas-¡Es como hipnosis!

-¡Si!- Afro se seguía riendo, de sí mismo y de mí, pero también parecía aliviado.

-¡Hey!, ¿Y no os pasa que…? Es decir...las estás mirando, ¿no?, y entonces...

La conversación, basada en el "y no os pasa qué", siguió toda la tarde, tirándonos de la lengua el uno al otro para sacar cosas cada vez más embarazosas, que nos estábamos muriendo por preguntar. Afro era un crío aún, no tenía ni la mitad de problemas que yo, pero al menos se reía y relajaba el ambiente. Mask se negó a participar, pero no perdía palabra y, al final, las risas y la necesidad de saber si era normal le acabaron animando.

-¿...Y no os pasa...- preguntó, fingiendo no darle importancia-...que cuando estáis entrenando, os quedáis mirando el culo de un compañero también?

Se hizo el silencio. Absoluto silencio. Afrodita y yo nos miramos, preguntando en silencio, leyendo la confusión en los ojos del otro. Contestamos casi a la vez, igual de extrañados.

-Eh...No.

-Nunca

-¿Por?

Juraría que se puso rojo, pero era muy moreno y no siempre era fácil notarlo. Miró a otro lado, nervioso. Yo le taladraba con la mirada, convencido de que el muy maldito se estaba riendo de mi. A Afro eso le daba igual, y se dejó caer hacia atrás, mirando las nubes.

- ¡Hey! ¿Y no os pasa que..?

La charla siguió, pero Cáncer no volvió a abrir la boca, y se marchó pronto.