SEGUNDA OPORTUNIDAD
VIII: EL ESTANQUE
Templo Norte, Santuario de Athena
Una vez que Aldebarán los dejó solos, Satu volvió a soplar sobre el libro, y las otras dos manchas de tinta dorada se desprendieron del libro y flotaron, para liberar a los santos de bronce, a Mu y a Death Mask. Ambos, tras caer al suelo, parecían desconcertados y molestos, sobre todo el santo de Cáncer estuvo a punto de mandar a Satu al Yomotsu Hirasaka, de no haber sido detenido por Kanon. Una vez que el gemelo menor les explicó lo sucedido, ambos santos dorados parecieron tranquilizarse. Satu, por su parte, puso su libro en manos de Kanon.
-¿Qué haces?- preguntó Kanon, alzando las cejas, mirando desconcertado el libro- ¿porqué me lo regresas?-
-Cumplo lo que prometí- dijo Satu, encogiéndose de hombros- no usaré mi poder contra ustedes, gemelo. No quiero siquiera ser tentada a traicionarlos con este libro-
Kanon asintió, con una media sonrisa, y tomó el libro de sus manos.
-Lo cuidaré bien por ti, y en su momento, te lo devolveré- dijo él, sin borrar su media sonrisa- sé que es importante para ti-
Canon estuvo seguro de que ella estuvo a punto de sonreír. De pronto, el gemelo sintió un fuerte cosmo llamando a los santos dorados. Era el de Afrodita de Piscis, avisándoles que hubo un nuevo ataque al Santuario, cerca de la entrada oeste del mismo. Kanon miró sospechosamente a Satu, quien tras entregar el libro se puso a trenzarse el cabello, no parecía haberse percatado de ningún detalle o problema. Finalmente se convenció de que ella no sabría nada, y se volvió a ella.
-Satu, al parecer hubo un problema- dijo Kanon en voz baja, llamando su atención- espera aquí, en tu habitación. Iré a ver que sucede. Pondré el laberinto. Estarás bien-
Satu asintió, y se apresuró a su habitación, no sin antes sonreír inocentemente a Kanon. Éste le devolvió su media sonrisa antes de que Satu cerrara la puerta. Suspirando, Kanon puso el laberinto en el pasillo del templo y salió, apresurándose hacia los Doce Templos.
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Templo del Patriarca
Un poco más tarde
Todos los santos dorados tenían una expresión muy grave cuando se reunieron esa tarde en el templo del Patriarca, por órdenes directas de Athena. Shion y Saori estaban reunidos con ellos, con idénticas expresiones preocupadas, mirándose entre ellos. Los últimos en llegar a la reunión fueron Mu, Death Mask y finalmente Kanon. Shion se alegró enormemente de ver a su antiguo estudiante, pero no sonrió: las malas noticias sobrepasaban a las buenas.
Mu miraba a su alrededor, con la sensación de que alguien faltaba: le extrañaba mucho que Lydia no estuviera ahí en la reunión, a pesar de que Kiki sí estaba presente.
-Hubo un ataque en el Santuario, hace apenas unos momentos- anunció Shion, mientras que algunos de los santos murmuraron entre sí, sorprendidos- quiero saber que fue lo que sucedió el día de hoy. Kanon-
Kanon se encogió de hombros antes de responder.
-Maestro Shion, Satu, la joven que me encomendó hizo lo que prometió: liberó a todos los santos que fueron encerrados en su libro- dijo Kanon, cruzado de brazos- aunque pidió a cambio…-
-¿Qué pidió a cambio?- preguntó Shion.
-Que liberáramos al chico que vino con ella- dijo Milo antes de que Kanon respondiera- yo me encargué de ello. Hablé con él, lo liberé de la prisión y le indiqué la salida-
Entonces fue cuando Afrodita, quien llevaba consigo una bolsa de tela en sus manos, dio un paso al frente, en frente de todos los santos dorados, dando una patada al suelo, y una expresión en su rostro realmente enfurecida.
-¡Entonces todo esto es obra de ella!- gritó Afrodita, sorprendiendo a los otros santos dorados. Nunca lo habían visto tan exasperado- ¡ella debió planearlo todo! ¡Esa chica es tan mentirosa como todos nuestros enemigos!-
Kanon frunció el entrecejo ante ese insulto a Satu, y de inmediato encendió su cosmo con furia. Afrodita le devolvió la mirada furibunda, e igualmente encendió su cosmo, retando con él a Kanon.
-¿De qué se trata todo esto, santos de Athena?- dijo Shion, sorprendido de la actitud de los dos santos dorados- ¿qué tienen ustedes dos? ¡Están en la presencia de la señorita Athena! ¡Apaguen sus cosmos en este mismo momento!-
-Si Afrodita quiere acusar a Satu de algo, más le vale que se explique- dijo Kanon en voz alta, sin apagar su cosmo, mirando al santo de Piscis como si estuviera seriamente considerando arrancarle la cabeza.
-Entonces me explicaré, Kanon. Mientras tu nueva amiga fingía hacer su parte del trato, ese adolescente, su sombra, preparó una emboscada en la entrada del Santuario- escupió Afrodita.
Kanon apagó su cosmo, sorprendido. Milo tampoco podía creer lo que decía Afrodita. Él mismo había ido a liberar a Christoffer, tampoco parecía ser capaz de traicionar a nadie. ¿O acaso sí lo eran ambos?¿Se habían equivocado al juzgarlos?
-¿De qué hablas?- preguntó Shion, cruzándose de brazos- Afrodita, explícate-
-Ese joven que Milo liberó fue supuestamente atacado en la entrada del Santuario, entre las ruinas- dijo el santo de Piscis. Milo iba a preguntar porqué decía supuestamente, pero un movimiento en la mano de Shion lo silenció- Lydia fue testigo de ello, y me lo reportó enseguida. Le ordené que saliera del Santuario e intentara ayudarlo mientras yo daba la alarma y llegaba a apoyarla. Al parecer fue traicionada por la misma persona a la que había intentado ayudar. El chico nunca estuvo en peligro, y todo fue una trampa para llegar a ella-
Mu palideció, de la misma manera que Aioros y Aioria.
-¿Y que pasó con Lydia, Afrodita?- dijo Shion, mientras que Saori juntó las manos nerviosamente.
Como respuesta, Afrodita vació la bolsa que tenía en sus manos en el suelo, revelando los trozos rotos de la máscara dorada de Lydia. Saori se llevó las manos a la boca, ahogando un pequeño grito de horror. Tanto Mu como los hermanos de Lydia lucharon en vano para mantener la expresión neutral en su rostro, y Kanon palideció. ¿Satu había sido capaz de planear todo eso? No, no podía ser posible. Ella estaba mucho más asustada que otra cosa, y había mantenido, igual que Christoffer, que ellos habían sido extorsionados para atacarlos.
Por un solo momento, Kanon dudó de ella. ¿Había estado fingiendo todo ese tiempo? La recordó en su mente. Era muy mala mintiendo, o intentando mentir. No pudo haberlo hecho ella.
-¿Y Lydia pudo decirte algo más por medio de su cosmo?- preguntó Shion, distrayendo los pensamientos de Kanon.
-Solo dijo una palabra más. Henry- dijo Afrodita.
Como respuesta, Aioria golpeó una columna con furia, y ésta se hizo trizas. Aioros se llevó las manos a la cabeza y apretó los ojos, y Mu apretó los puños y sacudió la cabeza de un lado a otro. No lo podían creer. ¿Lydia había caído en manos de Henry? No querían ni imaginarse que pasaría con ella. La última vez, Greta y Henry se mostraron dispuestos a terminar con ella.
Shion, por su parte, afligido por lo que había pasado con Lydia, se volvió al gemelo menor.
-Kanon, ¿tú crees que esa chica…?- comenzó el Patriarca.
-No, maestro Shion, estoy seguro de que ella no fue ni tuvo nada que ver al respecto- dijo Kanon con toda seguridad- apuesto que, en este momento, ni siquiera debe tener idea de lo que acaba de suceder. Confío en ella-
-Tu confianza provocó esto, Kanon- siseó Afrodita en un tono venenoso- ¿porqué confías en ella?-
-Yo también confío en ella- dijo Aioria de pronto, antes de que Kanon dijera algo- liberó a Marín, tal y como lo prometió. Tuvo la oportunidad de hacer daño a todos los que estuvieron encerrados, y no lo hizo-
-Yo también- dijo Milo por su parte- no había malicia en ella, ni en el otro chico. Debió haber sido una coincidencia, o una trampa planeada por Henry para aparentar eso-
Afrodita estaba realmente furioso, y preocupado, sospechaban los demás. Mu, quien estaba de igual manera preocupado, había conocido a Satu cuando los liberó, y no tenía nada de maldad en sus ojos. Se mantuvo en silencio, sintiéndose desolado por lo que había pasado. Muy apenas podía mantenerse de pie.
-Yo también confío en ella- dijo finalmente Saga, sorprendiendo a su hermano- si Kanon dice que ella es confiable, yo lo apoyo. Maestro- añadió el gemelo mayor, volviéndose a Shion- por favor, deje que Kanon continue con su averiguación sobre lo que sucedió-
Kanon se volvió, incrédulo, a mirar a su hermano. Éste le dirigió una mirada llena de confianza. El gemelo menor le agradeció con otra mirada.
-De acuerdo- dijo Shion- Kanon, ve con ella y averigua que es lo que sabe de lo que sucedió, y si nos puede decir donde están Henry y sus aliados. Recuerda que es urgente-
El gemelo menor se inclinó y regresó a toda prisa al templo norte. Afrodita comenzó a caminar hacia él e hizo el gesto de detenerlo, pero Saga lo detuvo a su vez con una expresión de pocos amigos y una mirada de advertencia. Shion se aclaró la garganta para aliviar la tensión, y el santo de Piscis bufó furioso, y se cruzó de brazos. Se acercó a Mu y a Aioria.
-No sé que les pasa a todos ustedes- dijo el santo de Piscis- ¡se trata de Lydia!-
-Y pelear con Kanon no la va a ayudar en nada. Él va a descubrir donde está Henry- dijo Aioros, preocupado pero con un tono seguro- yo confío en él-
-Yo también- dijo Mu con seguridad, aunque bajando la mirada.
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Templo norte
Kanon regresó al templo norte, preocupado por lo que acababa de suceder. No sabía si lo que había hecho estuvo bien o no. Pero estaba firme en lo que había dicho: confiaba en Satu, y sabía que ella no había tenido nada que ver con lo que sucedió con Lydia.
-¿Gemelo?- dijo Satu en voz baja, desde su habitación.
-No salgas de la habitación, por favor, Satu- dijo Kanon, tomando dos platos y preparando la cena en silencio. Después, tomó dos vasos, los llenó de agua, y se dirigió hacia donde se encontraba ella.
-¿Qué sucedió, gemelo?- dijo la chica, preocupada al ver la expresión del chico- ¿estás bien? Te ves… preocupado-
Kanon asintió levemente, y entró a la habitación. La chica lo siguió con la mirada cuando puso la cena de ambos sobre la mesita de noche, y le ofreció un plato con comida. Satu quiso insistir, pero una expresión de Kanon la silenció.
-Hoy sucedió algo malo- dijo Kanon- hace un rato, cuando liberaron a Christoffer, había unos hombres esperándolo en la entrada del Santuario…-
Kanon no sabía que la piel de Satu, tan blanca como era, podía palidecer más. La chica lo miró con una expresión de terror. Cerró los ojos, se llevó las manos a la cabeza, y comenzó a respirar agitadamente, como si se fuera a ahogar.
-Shhh, tranquila- dijo Kanon, haciendo a un lado los platos y tomándola por los hombros- tranquila, Satu, nadie te va a hacer daño…-
El gemelo esperó pacientemente mientras Satu intentaba tranquilizarse. La idea de que Henry hubiera atrapado de nuevo a Cristoffer y que fuera a vengarse de él. Una vez que ella comenzó a normalizar su respiración, Kanon tomó sus manos y comenzó a acariciarlas con suavidad.
-Creemos que no era a Christoffer a quien querían- continuó Kanon- y que atacarlo fue una trampa para una aprendiz-
Kanon casi pudo ver los engranes funcionando a toda velocidad en la mente de Satu.
-Para una chica llamada Lydia- dijo Satu finalmente, para sorpresa de Kanon. Dobló la falda de su vestido, y sacó de ella dos papelitos doblados con cuidado, los cuales habían sido cosidos en el dobladillo. Los desdobló y se los enseñó a Kanon- quien me envió, me ofreció una recompensa: mi libertad, a cambio de alguna de ellas dos. Athena, o Lydia-
Eran dos fotografías, una de Saori Kido y la otra de Lydia. Ambas tenían el nombre escrito abajo. El gemelo menor frunció el entrecejo.
-¿Sabes dónde están en este momento, Satu?- dijo Kanon, forzándose a retirar la vista de esas fotografías, y mirando a una asustada Satu- ¿a dónde se los llevó Henry?-
Satu palideció aún más al notar que Kanon sabía mucho más de lo que ella creía. Tragó saliva.
-Yo… yo no…-
-Satu- susurró Kanon, tomando el rostro de ella entre sus manos, para mirarla a los ojos- Henry no solo tiene a Lydia, también tiene a Christoffer, que es tu amigo. No dejarás que le haga daño, ¿o sí?-
La chica lo miró, sacudiendo la cabeza levemente, y el gemelo menor podía detectar el terror en su expresión. Tomó sus manos otra vez para intentar calmarla, y trató de mostrarle una expresión llena de simpatía.
-Está bien, gemelo, te lo diré- dijo Satu finalmente- si te digo todo lo que sé, ¿podrán salvar también a Christoffer?-
-Tienes mi palabra, Satu, de que los santos no solo irán por Lydia, sino también por tu amigo, si nos dices donde encontrarlos- dijo Kanon.
La chica volvió a tragar saliva, y suspiró. Tenía que hacerlo. Tenía que decirle donde estaba Henry, sin importar las consecuencias.
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Puerta del Inframundo
Violate de Behemoth se encontraba buscando a la chica perdida, por órdenes de Aiacos. La misión no parecía ser difícil: encontrar a una persona viva entre miles y miles de almas en el Inframundo. ¿Qué tan malo podía ser? Quizá la chica había intentado escapar al mundo humano, y estúpidamente se habría dirigido a la entrada del reino de Hades.
Cuando cruzó la puerta del Inframundo hacia afuera, donde las almas recién llegadas cruzan y se dirigen hacia el río Aqueronte, la espectro se encontró con un bulto blanco tumbado en el suelo. Sintiendo una corazonada, la joven espectro se acercó, y se dio cuenta de que se trataba de la chica que todos estaban buscando.
Violate la miró fijamente. Estaba inconsciente, tumbada boca abajo, su cabello desecho y muy despeinado, su vestido blanco lleno de manchas y barro, además hecho casi jirones. Además, la chica había perdido sus sandalias, y una de sus manos, la izquierda, estaba muy inflamada, y casi seguramente rota, con una huella de un zapato aún marcada sobre ella.
-¿Pero que te paso a ti…?- comenzó a decir Violate, sabiendo que a los ciento ocho espectros se les había instruido que no la lastimaran si llegaban a encontrarla y, por su aspecto, claramente había sido atacada. ¿Pero por quién? La chica espectro no se quedó con las dudas. Se inclinó hacia ella, arrodillándose en el piso, y la forzó a darse la vuelta y a acostarse sobre su espalda.
-…- Violate escuchó un gruñido como respuesta.
-Despierta, mocosa- dijo Violate, moviéndola para hacerla despertar- ¡todo el mundo te está buscando aquí en el Inframundo!-
Agatha se volvió a Violate, y la miró confundida y un poco asustada.
-Si tan fea no soy, quita esa cara de susto- dijo Violate, levantando la nariz, fingiendo estar ofendida, pero sin dejar de sonreír- me llamo Violate. Tú eres la chica que está buscando el señor Thanatos, ¿no es así? ¡El pobre ha estado muy preocupado por ti!-
Al escuchar nombrar a Thanatos, Agatha bajó la mirada tristemente.
-Oye, oye, ¿qué dije? No, no te pongas así- dijo Violate, intentando consolarla, ignorante de lo que había pasado- ya estás a salvo, vamos a que te arreglen esa mano en un tris, y ya no habrá más…-
-Lo sellaron- dijo Agatha por fin con un - lo sellaron, Violate…-
-¿De qué estás hablando?- preguntó la joven espectro.
-Un hombre llamado Erebus- dijo Agatha- afuera, en el mundo humano. El señor Thanatos fue a ayudarme, y ese hombre lo selló en un cofre…-
Violate iba a decir algo, pero se contuvo. Lo que Agatha decía sonaba grave. Mejor la llevaba con Hypnos y con Hades, y ellos averiguarían que hacer. Violate tomó un jirón del vestido blanco de Agatha y, tras vendarle la mano herida lo mejor que pudo, la ayudó a ponerse de pie. Mejor se apresuraba a llevarla de regreso a Giudecca.
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FLASHBACK
Año 12 del nacimiento de Athena
Estanque, Complejo junto al Río, Esparta
-¡No, signor Bellini!- gritó Satu, intentando librarse de los dos hombres que la sostenían y la obligaban a mirar ese horrible espectáculo- ¡solo fue un error! ¡Christoffer no lo hizo a propósito!-
Greta esbozó una sonrisa torcida, mientras veía a Christoffer siendo arrastrado por dos hombres hacia el estanque que estaba en el centro del complejo. El delgado chico, unos diez centímetros menos alto de lo que era ahora, se retorcía y luchaba, aunque en vano. Su pie desnudo tocó la orilla del agua, cuando por fin la chica rubia levantó uno de sus brazos.
-Espera, Emmanuele- dijo Greta, mirando con malicia a Satu y a Christoffer alternadamente- creo que tengo una mejor manera de animar a Christoffer a usar bien su cosmo- se volvió hacia los dos hombres que detenían a Satu y asintió. Éstos comenzaron a arrastrarla hacia el estanque.
-¿Que?¡No!- gritó Christoffer, horrorizado al darse cuenta de lo que iba a pasar- ella no, por favor, ella no tiene nada que ver con mi falta de…-
-¡Calla!- dijo Greta, mientras la pequeña Satu era fácilmente arrastrada por los dos hombres. Cuando llegaron a la orilla del estanque, los hombres la tomaron de los hombros, balanceándola en el aire, con sus pies desnudos apenas a unos centímetros del agua- ahora pon atención, Christoffer. O la proteges bien con tu cosmo, o tu querida amiga va a perder uno de sus pies-
Satu dejó de gritar y de moverse, y se quedó muy quieta tan pronto como la suspendieron sobre el estanque. Sabía lo que pasaría si caía al agua. La punta de uno de sus pies tocó la superficie del agua, y en menos de dos segundos, ésta comenzó a agitarse.
-Por favor- pidió Satu, mirando nerviosamente el agua bajo sus pies- por favor, no me haga esto, fraülein Greta-
-Todo depende de Christoffer, querida- dijo Greta en un tono frío.
Christoffer intentó encender su cosmo y cubrir a Satu con él, pero la fuerza necesaria para hacerlo hizo que se le escapara un chispazo de cosmo y lo venció, y el chico cayó al suelo, agotado. Greta entonces hizo una señal a los dos hombres, y éstos bajaron a Satu, lo suficiente para que uno de sus pies se hundiera en el estanque, justo hasta la rodilla. Las aguas se agitaron aún más, y de pronto Satu dejó escapar un horrendo grito de dolor, intentando sacar su pie del agua, sin éxito. Los hombres que la sostenían tuvieron algo de compasión de ella y, tras unos segundos, la sacaron del agua, dejándola caer sobre el suelo a la orilla del estanque. Había un horrible animal alargado, como si fuera una serpiente, enroscado alrededor de su pierna izquierda. Una fea herida apareció en su pantorrilla, de la cual brotaba sangre abundantemente, y la chica lloraba y temblaba de dolor.
Ignorando a Satu y dirigiéndose a Christoffer, Henry lo tomó del cuello de la camisa para forzarlo a levantarse.
-Tienen suerte de que necesitemos a Satu para esto, Christoffer- dijo Greta- pero si vuelves a fallar, te echaremos por completo en el estanque-
FIN DEL FLASHBACK
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Año 14 del nacimiento de Athena
Templo Norte, Santuario de Athena
Kanon estaba tumbado en su cama, en su propia habitación. Suspiró. Satu le había informado donde se encontraba la base de operaciones del grupo de seguidores de Phobos y Deimos. Al parecer se encontraba en Esparta, en un gran edificio cuadrado, junto a un caudaloso río. Kanon inmediatamente avisó al maestro Shion, quien esa misma noche arregló que un pequeño grupo de santos de plata fueran a hacer un reconocimiento.
El menor de los gemelos estaba a punto de caer en el más suave de los sueños, cuando un grito proveniente de la habitación de Satu lo alertó. Confundido, sobre todo porque todo parecía estar en orden, todo tranquilo, su laberinto puesto, se levantó y fue a ver de que se trataba. Usando solo los pantalones de su pijama, y con el tórax descubierto, se apresuró al cuarto de Satu.
Al abrir la puerta de la habitación de la chica, se dio cuenta de que Satu estaba gritando en medio de una pesadilla. La joven se retorcía y gritaba, pateando las sábanas que la cubrían, tal y como si éstas fueran serpientes venenosas.
-¿Satu?¡Satu!- dijo Kanon, moviéndola para hacerla despertar. Incluso tuvo que esquivar un par de golpes que la chica dio dormida, hasta que tuvo que contenerla, deteniéndola de los hombros- Satu, por todos los dioses, despierta…-
Satu despertó y abrió los ojos de golpe, para encontrarse con los de Kanon, temblando violentamente. El gemelo menor la miró y susurró algo que la chica no logró entender de tan asustada que estaba. Ese sueño suyo era recurrente, y la atormentaba cada vez que se proponía exponer a Henry o huir de él. Había sido un sueño, solo un sueño. Estaba en el Santuario de Athena, lejos de Henry, con el gemelo que le proporcionaba un alivio inmediato al verlo. ¿Qué estaba pensando?
Satu se incorporó en la cama, y miró a Kanon, quien estaba sentado junto a ella sobre su cama.
-¿Qué te pasó, pequeña?- dijo Kanon, volviendo a poner sus manos sobre sus brazos, acariciándolos con sus pulgares. Satu parecía tranquilizarse un poco con esa caricia- ¿estabas teniendo un mal sueño?-
-Solo un recuerdo, gemelo, un feo recuerdo- dijo Satu, cerrando los ojos y tomando la mano del gemelo contra su mejilla. Eso la hacía sentir mejor- realmente… espero que… que Christoffer esté bien-
-¿A que le tienes tanto miedo, Satu?- preguntó Kanon, soltando sus brazos y colocándose detrás de ella. La tomó de los brazos de nuevo y la atrajo hacia sí, haciendo que la chica recargara su espalda sobre el pecho desnudo de Kanon, y éste se recargó en la pared. El gemelo le acarició los cabellos con cariño- cuéntame, por favor, para poder protegerte-
Satu comenzaba a tranquilizarse gracias a Kanon, pero el recuerdo de lo sucedido en Esparta le impedía normalizar su respiración.
-¿Recuerdas lo que te dije sobre… sobre Esparta, donde están Henry y los otros?- dijo ella, y el gemelo menor asintió- en medio de la estructura, existe un estanque… ese estanque está lleno de…- lo miró a los ojos, para tomar valor para hacer lo que tenía que decir- de lampreas-
-¿Lampreas?- dijo Kanon en voz baja, recordando que una vez Satu había mencionado un estanque. Ella asintió con una expresión aterrada- ¿que son las lampreas?-
-Peces. Son… como anguilas- dijo Satu, inclinándose hacia delante, alejándose de Kanon y mirando su pierna izquierda, la cual estaba cubierta con una pequeña venda. Se giró sobre sí misma, para quedar frene a él- pero no son anguilas normales-
Kanon esperó pacientemente a que la chica se tranquilizara y explicara mejor. Satu se inclinó hacia delante, y se quitó el calcetín de su pie izquierdo, bajo el cual tenía una venda, la cual también retiró, y le mostró su tobillo. Para horror del joven santo, en él había una horrible cicatriz de unos quince centímetros, que más que una cicatriz parecía un hueco. Una mordida. No sabía que le había causado esa herida, pero parecía como si un animal salvaje le hubiera arrancado una parte de su piel.
-¿Qué te hizo eso?- dijo Kanon, frunciendo el entrecejo, sorprendido y furioso en partes iguales.
-Una lamprea- dijo Satu en voz baja- solo una de ellas me hizo esto. Son anguilas carnívoras. Si te sumergen en ese estanque, las lampreas comen tu piel de pedazo en pedazo. Ellos sumergieron mi pierna por solo medio minuto-
-¿Porqué te harían eso?- dijo Kanon.
-Querían… querían torturarme- dijo Satu, cerrando los ojos, como si así fuera menos temible decir lo que tenía que decir- para presionar a Christoffer a usar su cosmo. Christoffer no volvió a fallar después de que me hicieron esto-
Kanon pasó sus ojos de la horrible herida a la mirada asustada de Satu. El joven santo pareció comprender los horrores que había pasado Satu, la facilidad con la que la habían extorsionado y su renuencia a traicionar a Henry y a los otros. Y la entendía a la perfección. Una chica pequeña y frágil así como ella, ¿qué podía hacer en contra de tanta maldad?
Kanon estiró los brazos hacia ella, y la envolvió con ellos. Satu se acercó a él, sintiéndose segura por un momento. El gemelo olía curioso, tenía un aroma fresco y delicioso, como una brisa de mar. El cabello de la chica olía lindo también, o eso pensó Kanon. El joven la tomó del mentón, y la hizo levantar la mirada hacia él. Esos hermosos ojos verdes le encantaban. Y Satu amaba esa sonrisa torcida del gemelo. De su gemelo, había pensado. Los rostros de ambos estaban demasiado cerca, sus labios estuvieron a punto de juntarse…
Satu de pronto puso una mano sobre el pecho descubierto de Kanon, a la altura de la cicatriz que le había dejado el tridente de Poseidón, y lo apartó de pronto. Bajó la mirada, apartando su rostro del embriagante olor del gemelo. Kanon también se sintió un poco incómodo por lo que estuvo a punto de pasar. Le dio un rápido beso en la frente y se levantó.
-Deberías volver a dormir, Satu- dijo Kanon, sacudiendo la cabeza, para ver si podía olvidar un poco el aroma de la chica. Se dio la vuelta para salir, pero las pequeñas manos de la chica se aferraron a su brazo. Kanon se volvió de nuevo hacia ella.
-Por favor- le pidió Satu con un tono que le apretó el corazón- por favor, no me dejes sola, gemelo-
Kanon se volvió a mirarla, y se sentó de nuevo sobre la cama.
-¿Confías en mi?- dijo Kanon, y Satu asintió- sabes que nadie puede hacerte daño aquí, mientras tenga activado el laberinto, ¿verdad?- y la chica asintió de nuevo, aún mirándolo con ojos enormes, pidiéndole con ellos que no la dejara sola.
Kanon suspiró resignado, y la empujó suavemente por los hombros para hacerla volver a acostarse. Él se acostó junto a ella, con una expresión neutral en su rostro. Su corazón, sin embargo, se encontraba dando golpes acelerados. Satu lo miró a los ojos y sonrió.
-De verdad… me gustaría mucho saber tu nombre, gemelo- susurró Satu, somnolienta, apoyando su cabeza en el pecho de Kanon con suavidad. Éste apoyó su mentón en su cabello, sonriendo.
-Duerme tranquila, Satu- dijo Kanon- no te dejaré sola. Tienes mi palabra-
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CONTINUARÁ…
¡Hola a todos! Espero que les haya gustado este capítulo. El pasado de Satu y de Cristoffer no es nada bonito, pero el futuro puede que no sea tan malo. Muchas gracias por todos sus reviews, y por seguir leyendo. Les mando un abrazo enorme. Nos leemos pronto.
Abby L.
