23 de Junio

Justicia Divina. Verano(Sh)

No recuerdo nada de los días siguientes. Solía pensar que esa era la forma en que la Diosa me decía que había obrado bien, que era justo: permitiéndome olvidar.

Justicia Divina. Verano(DM)

¿Qué habría hecho Shión?

Alguna vez he perdido la paciencia con estos hijos de perra. Los de morado y los de dorado, en este asunto son iguales. ¿Qué habría pasado si no hubiéramos cubierto a Saga? ¿Qué habría quedado siqueira cuando Athena despertó? ¿Cuánto habría tardado el primer imbécil inmortal con algo de tiempo libre en invadirnos, sin un líder, o diosa, y en una lucha interna, en el mejor de los casos? Ninguno de esos imbéciles ha dado una respuesta coherente. Menos aún tras la última sucesión de ataques divinos desde que la orden se escindió.

Entonces había impotencia, confusión, la misma conversación circular una y otra vez, y la lucha interna por no subir a zancadas las últimas escaleras y saltarle a Saga encima, que me estaba volviendo loco. El calor del verano nos robaba el aire. Recuerdo a Afrodita sentado al borde de la fuente de los dos peces, escuchando a sus flores con la cabeza escondida entre las rodillas, y los ojos asomando a ratos tras ellas; y me recuerdo a mí, tratando de juntar opuestos, preocupado por él, y a punto de perder la cabeza. ¿Qué habría hecho Shión? Ser sabio, no decir una mierda, y morir demasiado pronto, esa parecía la respuesta.

"-¿Y uno de los caballeros de Plata mayores?

-Nadie lo seguiría Mask. Lo sabes. Ni siquiera tú

-¿Y seguir a un loco es mejor?-le grité a él, porque Zeus no estaba cerca; Afro volvió a apretar los ojos contra las rodillas"

¿Qué habría hecho Shión?Si un rayo hubiera partido a uno de nosotros mientras discutíamos qué hacer, nos habría hecho un favor. Eso al menos habría sido una pista. Recuerdo barajar todas las posibilidades, volver sobre los mismos argumentos una y otra vez por una eternidad borrosa que pudo ser o semanas o un par de días. Recuerdo echar de menos al viejo con pasión. Entonces Saga llamó con las palabras que usaba Shion cuando había un peligro en la Tierra. Afro y yo nos miramos, desesperados y helados en el sitio. Lo que me partió el cerebro fue un chispazo de genio, una epifanía, o la idea que terminó enviándonos al infierno, no lo se. Solo se que tuvo sentido en su momento. Pensé que Shion habría estado orgulloso.

-Afro.Tú mataste a tu maestro, ¿Verdad? Y a varios santos de Plata, antes de convertirte en Santo.

-¿Qué tiene eso que ver con nada?

-Es lo que ha hecho Saga ¿Qué hizo Shion contigo?

-Me pidió que llamara a mi armadura. Dijo que si Piscis me admitía, significaba que debí tener ...un buen motivo, y que era inocente.

-¿Solo eso?

-Y me castigó, pero poco. Es todo…- hubo un silencio tenso mientras la respuesta tomaba forma dolorosamente en nuestra cabeza, con el cosmo de Saga martilleando con urgencia para que fuéramos al salón papal. Veíamos la respuesta emerger con miedo y suspicacia, tratando de encontrar fallos que no lográbamos ver. Fue liberador para mí, aunque, para él, no estoy tan seguro.

-...

-Cuando encontramos a Saga...Tenía su armadura puesta ¿verdad?- Él asintió, despacio, y quedamos pensando en silencio.

-…¿Crees que hizo bien, Afro? Tú eras inocente, ¿No?

-No lo se. Creo que si lo era. Un poco, al menos- Cerró los ojos de nuevo- ¿Tú crees que hizo bien?

Ahí, justo ahí, fue cuando logré respirar de nuevo, por primera vez en días. La pregunta acababa de colocar de un martillazo una pieza que andaba suelta. La pregunta y la carita de mi amigo, que era la respuesta. Demasiado feliz de poder volver a respirar, agarré esa respuesta con desesperación. Los cabos se ataban, unos con otros, y el mundo tomaba uns sentido claro y bendito por los maestros que habíamos conocido. Sonreí a Dido y le tiré del pelo. Lo odia, le hizo reaccionar incluso en esas condiciones.

-Vamos arriba Dido, puede ser importante.

-Pero…

-Estaremos atentos. Tendremos cuidado. Solo es esta vez

Saga nos llamó poco antes de que el sol se pusiera, cuando nos decidimos a subir, la noche había caído. Santuario era una masa seca y siniestra a nuestros pies. Afro me agarró la mano mientras subíamos, aterrado; nos habían enseñado a ignorar el miedo al dolor y a la muerte, no el miedo a estar equivocados. Yo le devolví el apretón, extrañamente calmado. Seguramente alucinaba por exceso de tensión, pero según yo me sentía calmado porque sentía la aprobación del maestro caminando con nosotros. Y si tenía dudas sobre si un trozo de metal podía hablar por los dioses, pensaba en Afro defendiendo críos de mí, o sacándome del agua, y las dudas se pasaban.

Solo quedaba el castigo. Mis estrellas lo exigían, la impunidad de un culpable me molestaba más que ser despellejado. Afro negó con la cabeza, y señaló la vista de Santuario, y las montañas, y la tierra más allá de todo aquello...y me juró que tener que encargarse de todo eso era un castigo suficientemente severo.

Justicia Divina. Verano (Afro)

Nadie preguntó por qué Capricornio llegó junto a Saga primero. Nadie en Santuario me lo reprochó jamás, pero yo sabía que no debió haber sido así, y nunca pude dejar de pensar en ello.

Si esa noche hubiera estado en mi templo en vez de en Cáncer, habría llegado junto a Shion a tiempo de evitar su muerte, o al menos la de Sagitario. Recordaba, días después de que todo estallara, la obsesión de Saga con que durmiera en mi templo, su negativa por años a escuchar que Mask tenía pesadillas y no quería estar solo, y me preguntaba si tras cada pelea por ello no estaría el miedo de Géminis a perder la cabeza, a perderla y a que nadie llegara a tiempo. Fue lo que pasó, por supuesto. Intentar ahorrar un poco de dolor a una persona había significado crear toneladas de dolor para muchas otras. Siempre sucede.

Pasé la noche siguiente a la muerte del Patriarca sin salir de Piscis, y el día siguiente, y el siguiente a ese, sentado de piernas cruzadas, escuchando los murmullos de las plantas. No pensé que hacerlo pudiera cansar tanto hasta que tuve que mantenerlo por días. No recuerdo dormir, no recuerdo comer hasta que Mask se empeñó en ello, y no recuerdo moverme de la fuente. No podíamos permitírselo; aún cuando hablaba con Mask parte de mi cerebro tenía que estar entre las raíces y los tallos. Era como estar partido en dos.

Había, y hay, plantas creciendo en cada grieta del templo papal, aún si nadie las ve. Me dicen todo lo que ocurre allí dentro, si así lo deseo. Si Saga hacía algo extraño, algo cruel, algo peligroso, yo lo sabría, luego lo sabrían Mask y Shura y el Santuario entero, y luego él estaría muerto. Mientras pensábamos qué hacer esa bestia no iba a escapar a ningún lado ni a hacer daño a nadie más. Estaba viva pero encerrada. Pensaba asegurarme de ello.

Saga ni siquiera trató de salir, apenas dejaba el salón del trono. Pagó algunas facturas, encargó algunas provisiones, dió órdenes rutinarias a los criados, y paseó sobre el mármol agarrando su armadura con las manos. "Clink clinck clink", sus botas sobre el mármol y el mármol sobre mis raíces. Ojalá hubiera hecho algo sospechoso entonces, algo horrible, algo que forzara nuestra mano y señalara la dirección correcta. ¡Se lo rogaba cada día! ¡Lo estaba deseando! Pero Géminis solo miraba papeles y se acurrucaba en el salón del trono, más confundido y aterrado que todos nosotros juntos.

Cada día, Mask venía a Piscis, yo abría las rosas del jardín, y los dos, seguros y a solas, tratábamos de encontrar una solución que no existía. Conversaciones circulares buscando cómo admitir que Ella había muerto y Saga nos había traicionado, sin destruir todo lo que Shion nos había enseñado que permitía existir a la Tierra, que era la última línea de defensa de toda la humanidad. Cómo no traicionar, ni traicionarnos, ni firmar la sentencia de muerte de nadie. No había respuesta. Habíamos visto los monstruos, habíamos oído las historias, no eran ocasionales, no podíamos jugar a los dados. No había respuesta. Recuerdo a Mask en el jardín, apretando las manos contra la cabeza, y deslizándolas hacia arriba hasta agarrarse el pelo. Creo que empezó a canear por entonces. Él se tiraba del pelo, con los ojos hundidos. Yo me acurrucaba a su lado, con al excusa de consolarlo, para consolarme a mí mismo. Había intentado ahorrarle algo de dolor durmiendo en su templo en vez de en el mío...y no había salido nada, nada bien.

"-Nosotros podríamos hacerlo..Podría hacerlo yo

-Tienes once años. No entiendes...nada de lo que Shion hacía, y Shura tampoco sabe qué se supone que...

-Tu podrias ayudarme!. Ayudarnos. Eres muy listo, Dido, y..

-No podemos manejar esto-protestaba, señalando la extensión inmensa que era Santuario

-podríamos llevarlo con ayuda, y después…

-Mask. NI SIQUIERA SÉ LEER."

-¡Pero no podemos dejar que salga impune! Joder, Dido! No podemos! YO NO PUEDO!
-¡Ya lo se!

-¿¡Entonces qué demonios estamos discutiendo?! ¡No podemos...no podemos confiar en alguien así!"

Pero no hacía nada, solo se tiraba del pelo, porque sabíamos que Hades vendría en esta generación, en muy muy poco tiempo. Era una sombra que no podíamos ignorar, era lo que Shion había dedicado su vida a evitar y no podíamos, simplemente, enfrentarlo sin un líder en Santuario. Fantaseaba con volver a Suecia, andando si hacía falta, con Mask dentro de la maleta, olvidarme de todo y volver a ese mundo maravilloso donde proteger a mi manada, comer, y no ser comido, eran mis únicas preocupaciones, y donde la vida y la muerte tenían sentido. Pero no podíamos hacer eso, ni él ni yo. Éramos dos de los cuatro humanos más fuertes que quedaban vivos en el planeta. Teníamos que proteger al resto. Digamos que mi manada se había vuelto demasiado grande.

Llegué a acostumbrarme a esa paz tensa, día tras día. Si Saga no nos forzaba a actuar, al menos deseaba que ese interludio de reflexión durara para siempre, que el tiempo dejara de pasar. Pero eso tampoco funcionó. Saga nos llamó al cuarto día, y nosotros tuvimos que decidir si acudiríamos o no.

No consigo arrepentirme. Ni siquiera tras conocerla a Ella y a su energía llena de paz, ni siquiera estando aquí. Quiero hacerlo, pero no puedo, no sinceramente, porque sigo sin saber qué otra cosa podríamos haber hecho, siendo solo tres, sin un Dios de nuestro lado, y sin condenar a la humanidad por entero. No se me ocurre una idea mejor, y sigo tratando de dar con ella. No se me ocurrió entonces, con diez años, y no se me ocurre ahora, con casi una eternidad. Solo se me ocurre que si Mask no hubiera juntando coraje por ambos y me hubiera hecho subir hasta Saga la Tierra no habría durado suficiente como para que Ella hubiera despertado, o lo habría hecho sin una orden que pudiera reclamar, y con muchos habitantes menos.

O quizás solo soy demasiado orgulloso. No lo se. No puedo recordar qué sería demasiado. Dios, llevamos aquí abajo demasiado tiempo...