SEGUNDA OPORTUNIDAD
IX: HEMANOS PERDIDOS
Quinto piso del Complejo, Esparta
Amanecía, y por fin Lydia sintió despertar del letargo en el que había sido sumida después del golpe que le acababan de dar. Se sentía con un horrible dolor de cabeza, como si tuviera una resaca particularmente desagradable. Recordaba muy bien que había pasado: la habían emboscado y llevado a ese lugar. Estaba tumbada boca abajo en el suelo, y se escuchaban murmullos cercanos.
Cuando Lydia intentó levantarse, un par de manos se lo impidieron. La chica trató de gritar, pero igual fue silenciada por una persona que cubrió su boca con una mano.
-Shhh- dijo una voz masculina, antes de que Lydia pudiera hacer algo más- no te muevas. No grites. Ahí vienen a vigilar que sigamos aquí…-
Lydia no entendió. Quería quitarse a quien fuera que estuviera detrás de ella y gritar con todas sus fuerzas, y quizá dar unas cuantas patadas. Pero los brazos del chico continuaron evitando que se levantara o gritara.
-No te levantes, chica- insistió el hombre entre dientes, usando un tono lleno de urgencia- ¿no lo entiendes? No sabes lo que esos sujetos planean hacerte cuando estés despierta. ¡Finge que sigues durmiendo!-
Lydia palideció, asustada, pero decidió obedecer al chico. Se mantuvo quieta por unos minutos, hasta que los murmullos desaparecieron por completo. Sintió los brazos del chico relajándose levemente.
-Ya se fueron- dijo el chico en un susurro y soltándola- disculpa mi brusquedad, no quería que te hicieran daño. Estas personas no son agradables-
La chica se incorporó, apoyada con sus brazos. Se dio cuenta de que estaban un un cuarto muy estrecho y oscuro. Por la puerta se colaba un poco de luz del exterior. Se volvió al chico que le había impedido levantarse. Lo reconoció. Era el chico que había atacado el Santuario junto con Satu. Cristoffer. No se veía nada bien. Tenía la mejilla moreteada, una herida horizontal en el cuello, una que otra mancha de sangre por varias partes de la camisa. Ella misma, a diferencia de el chico, salvo el golpe en la cabeza que le habían dado en las afueras del Santuario, estaba ilesa.
-Por todos los dioses…- dijo Lydia en voz baja, tocando con cuidado la mejilla del chico- ¿qué te hicieron esos malnacidos?-
-Satu y yo fallamos en nuestra misión- dijo el chico rubio, cerrando los ojos al contacto con los dedos de Lydia- lo que es más, Satu los traicionó cuando liberó a los santos que había atrapado. Y ellos planean castigarnos… severamente por ello-
-¿Quién te hizo eso?- dijo ella, recogiendo sus piernas para abrazarlas contra ella- ¿fue Henry?-
Christoffer se sorprendió de que Lydia supiera su nombre. Sabía que ella era un objetivo, pero no que se conocían.
-Sí, fue él- dijo él, encogiéndose de hombros- ¿lo conoces?-
-Desgraciadamente- dijo Lydia, mirando en el pequeño hueco de la puerta, para ver si venía alguien hacia ellos. Se volvió hacia Christoffer. Así que Kanon tenía razón en confiar en ellos. Los dos habían acudido al Santuario amenazados y extorsionados para atacarlos. Por eso lo hicieron. Por eso Satu y Christoffer obedecieron, por eso mantenían ese obstinado silencio- ¿dónde estamos?-
Antes de que Christoffer pudiera responder, la puerta del pequeño cuarto donde se encontraban se abrió de golpe, y tras ella apareció la persona que Lydia menos tenía ganas de ver. Antes de que pudiera decir algo, el hombre tomó a la chica por los hombros, obligándola a levantarse del suelo y a salir de la pequeña habitación, para después empujarla y tumbarla al suelo fuera de la misma, haciéndola caer sentada sobre el suelo. Había otro hombre con Henry, y tras propinar una horrible patada en el costado de Christoffer, con la que seguramente le rompió un par de costillas, cerró la puerta de golpe y se volvió a Lydia también.
-Cuanto tiempo sin verte, mi querida Lydia- dijo Henry con una sonrisa maligna, mirándola por encima del hombro. El otro hombre se echó a reír.
-No soy tu querida- dijo Lydia, frunciendo el entrecejo, levantándose y sacudiéndose la ropa con una mirada que, si las miradas pudieran matar, la suya ya habría fulminado a Henry- ¿qué rayos estoy haciendo aquí?-
-Eres la moneda de cambio para que Athena nos entregue lo que queremos- dijo Henry. Lydia puso los ojos en blanco.
-¿Todavía sigues con eso?- dijo la chica, cruzándose de brazos- después de todo lo que has hecho, a quien hayas lastimado, Saori nunca te ha entregado esa esfera. ¿Porqué sigues insistiendo?-
-No te has dado cuenta lo valiosa que eres, Lydia, para Athena y para los santos- dijo Henry.
-No más que Perséfone, y aún así no la obtuviste- dijo Lydia- Henry, deja esta ridiculez antes de que termines igual que Greta y Bellini. Déjame regresar al Santuario-
Henry volvió a sonreír.
-Esa no es la única razón por la que estás aquí- dijo Henry, acercando su mano hacia ella. Instintivamente Lydia dio un paso atrás, casi con su espalda contra la puerta del pequeño cuarto donde estaba Christoffer.
-Si quieres conservar esa mano, más vale que me sueltes- gruñó ella entre dientes.
Henry se acercó más a ella, sin dejar de sonreír, y Lydia dio otro paso atrás, ya que tuvo un mal presentimiento. El hombre que estaba con Henry encendió su cosmo, el cual Lydia jamás había sentido antes. Era tan fuerte y pesado que hizo que a la chica se le doblaran las rodillas y caía al suelo. Ella se apoyó con las manos para evitar que el peso del cosmo la hiciera caer completamente al suelo y, aunque fue difícil, se mantuvo firme. Incluso sentía que el aire se le cortaba, pero continuó con la mirada desafiante hacia Henry.
-Vaya, no pensé que fueras tan orgullosa, Lydia- dijo Henry, sonriendo, mientras ella volvía a levantarse con gran esfuerzo de su parte- pronto tendremos la esfera de Arquímedes en nuestro poder. Tu amado caballero morirá, al igual que tus inoportunos hermanos. Y cuando eso pase, ¿crees que vas a salir de ésta, querida?- la tomó de las manos, y ella las quitó con un gesto decidido- eres mía-
-¡No me toques!- dijo Lydia sin dejar de mirarlo con verdadero odio.
Henry asintió en dirección al otro hombre, y éste aumentó la intensidad con la que la presionaba. Lydia no se pudo sostener más, y cayó completamente de cara al suelo, como si el aire de pronto se hubiera vuelto pesado, como si fuertes brazos la presionaran para mantenerla en el suelo. Los dos hombres se echaron a reír.
-Veo que ya aprendiste tu lugar, mujer- dijo Henry, haciéndola levantar la mirada hacia él con la punta de su pie. Lydia le regresó una mirada llena de furia. El inglés se echó a reír, y se volvió al hombre que estaba con él- vamos, ya fue suficiente, Erebus, quiero escuchar el reporte de tu misión-
Los dos hombres la arrastraron, volviéndola a meter en el pequeño cuarto, y cerraron la puerta.
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Hospital de Atenas, Grecia
Sofía estaba en el cuarto de médicos, empacando sus cosas en su mochila. la guardia ya había terminado, y sabía que Aioros iba en camino para acompañarla a su departamento. La alarma de su bomba sonó y ella, con un gesto aburrido, abrió un paquete de manzanas deshidratadas y comenzó a comer. De pronto el ruido de la puerta la hizo dar un respingo de sorpresa. Oskar entró, arrastrando los pies, con un papel en la mano, un vaso desechable con café en la otra, y con una expresión sumamente fastidiada.
-¿Qué sucede, Oskar?- preguntó Sofía, alzando las cejas.
-¿Puedes creerlo?- dijo el joven, levantando el papel- el jefe me dio una lista de pendientes que hacer. ¡Una lista! Como si fuera una lista del supermercado- y tomó la mencionada lista y rasgó la hoja a la mitad, la hizo una bola de papel y la tiró al basurero con énfasis.
Sofi alzó las cejas.
-Creo que romperla a la mitad y tirarla al basurero no fue un gesto lo suficientemente enfático- dijo Sofía, mirándolo algo divertida- lo debiste tirar al suelo y pisotearlo-
Oskar la miró con cara de circunstancias, y Sofi se echó a reír. La chica miró su celular.
-Oh, Aioros ya esta aquí- dijo Sofi, sonriendo ampliamente y apresurándose a echarse su mochila al hombro y salir a su encuentro. Oskar sonrió y la siguió, acompañándola a la entrada del hospital. El santo de Sagitario estaba sentado en la sala de espera, con la cabeza gacha y una expresión apesadumbrada.
-Buenos días, Sofi- dijo Aioros en voz baja, mientras la chica sonreía y se apresuraba a abrazar a su chico. Ella notó algo extraño, y lo miró.
-¿Qué sucedió, Aioros?- preguntó ella, alzando las cejas- ¿pasó algo malo?-
-Hubo un ataque en el Santuario hace un rato- dijo Aioros en voz baja, y bajó los ojos, triste y preocupado- y Henry tiene a Lydia…-
-Oh- solo dijo Sofía en voz baja, y abrazó Aioros de nuevo. Una vez que se separaron, Sofi lo miró de nuevo- ¿y esa chica puede decirles donde está? Porque ella está trabajando para él, ¿no es así?-
Aioros asintió levemente, pero su expresión de tristeza no desapareció.
-Satu dio anoche a Kanon la ubicación de un complejo en Esparta- dijo Aioros, cabizbajo- algunos santos de plata fueron a investigar. Si su información es correcta, más tarde hoy iremos por Lydia-
Mientras Sofi escuchaba, Oskar, quien se había sentado a terminar su café antes de dirigirse a su casa, dejó caer el vaso al suelo, que afortunadamente ya estaba vacío. Miró a Sofi y a Aioros como si fueran cosa de otro mundo. El santo de Sagitario notó eso.
-¿Oskar?- dijo Aioros, alzando las cejas- ¿te encuentras bien?-
Oskar asintió torpemente, y Sofi se volvió hacia él. Estaba pálido.
-¿Qué sucede, Oskar?- dijo Sofi, poniéndole una mano en el hombro de su amigo- estás pálido. ¿Te sientes bien?-
-Satu- dijo Oskar, levantándose y caminando hacia Aioros- dijiste "Satu", Aioros, ¿no es así?-
-Sí, eso dije- dijo Aioros, alzando las cejas- es una chica que está en el Santuario, y…-
-Aioros- interrumpió Oskar, con una mirada ansiosa- ella puede hacer cosas extrañas con su voz, ¿no es así? Cuando lee en voz alta, pasan cosas extrañas-
-¿Cosas extrañas?¿a qué te refieres?- dijo Sofi, frunciendo el entrecejo, pero Aioros sabía muy bien a que se refería.
-¿Cómo lo sabes, Oskar?- dijo el santo, alzando las cejas, intrigado por lo que estaba pasado- ¿tú… tú la conoces?-
-Creo… creo que ella es…- dijo Oskar, mirando a Sofi significativamente.
-Oh…-dijo Sofi, entendiendo lo que quería decir su amigo, y se volvió a Aioros- amore mio, creo que tenemos que ir al Santuario de inmediato. Es urgente-
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Giudecca, Inframundo
-¿Qué es lo que estás diciendo?- exclamó el dios del sueño al escuchar a Agatha- ¿cómo que mi hermano fue sellado por un humano?-
Hypnos no era un dios feliz. Violate había llevado a Agatha a su presencia, y ella le había contado todo lo que acababa de ocurrir. No solo él, sino que Hades y Perséfone habían escuchado con creciente sorpresa y horror lo que Agatha había dicho, que Thanatos había sido sellado apenas hacía unas horas por un desconocido.
-¿Cómo fue que pasó eso, Agatha?- dijo Elizabeth, cubriéndose la boca con las manos- ¿porqué alguien querría sellar a Thanatos? No estamos en guerra santa ni nada parecido-
-Eso no importa, señora Perséfone- dijo Pandora, apretando su tridente con su mano con enojo- ¿qué vamos a hacer al respecto? ¡No podemos dejar esto así!-
-Ese hombre dijo algo más, señor Hades- dijo Agatha, recordando lo que había dicho el hombre- dijo que había un espía en el Inframundo, al igual que en el Santuario de Athena, que le informó que…- pero se interrumpió- que le dijo como llegar al señor Thanatos-
Elizabeth la miró, curiosa, y tomó la mano de Hades. Recordaba muy bien que Thanatos había peleado por ella en la ciudad subterránea, junto con su esposo. Y Agatha estaba muy preocupada por él también. Quizá ya había comenzado a ser consciente de sus sentimientos hacia el dios.
-Esposo- dijo Elizabeth en voz baja- ¿y si hablamos con Athena? Tengo la sospecha que ellos pueden saber un poco más lo que está ocurriendo. Ellos también están afectados por un espía-
-Mi señora tiene razón- dijo Pandora, pensativa- los santos de Athena podrían ayudarnos-
-Yo iré a hablar con Athena y con el maestro Shion- dijo Hypnos- espero que ella sepa algo sobre mi hermano-
Hypnos desapareció y, antes de que Agatha se retirara, Elizabeth soltó a Hades y se apresuró a detenerla, tomándola de su brazo sano.
-No te vayas, Agatha- dijo Elizabeth- estás herida. Además, tenemos que hacer que te cambies de ropa, la tuya está hecha pedazos. Pandora, ayúdame, por favor-
La otra mujer asintió, y las tres salieron hacia las habitaciones de Perséfone. Violate, por su parte, viendo que su presencia ya no era necesaria, se inclinó ante Hades y regresó a su puesto en Antenora, dejando solo al rey del Inframundo con sus pensamientos.
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Templo Norte, Santuario de Athena
-Ejem…-
El ruido de alguien aclarándose la garganta despertó a Kanon de golpe. Se había quedando dormido junto con Satu en su cama. Había planeado esperar a que se durmiera, y después retirarse a su propia habitación, pero el cansancio lo venció también y había pasando toda la noche con ella. Incluso se dio cuenta que había despertado abrazado de ella.
Y lo peor, Saga estaba ahí, y fue testigo de todo eso.
Su hermano había llegado más temprano de lo que había planeado, y llevaba un paquete en sus manos, el cual dejó en la mesita de noche.
-¡Saga!- susurró Kanon, levantándose sorprendido y, tan pronto como estuvo de pie, tomó a su hermano de los hombros, empujándolo fuera del cuarto de Satu. Una vez afuera, miró a su gemelo, que le devolvió una mirada extrañada-¿qué haces aquí?-
Saga no estaba muy seguro si debía burlarse de la situación en la que encontró a su gemelo o enojarse con él por su estupidez. Se esforzó por mantener una expresión neutral en su rostro. Kanon estaba cabizbajo, sonrojado y con una clara expresión de culpabilidad.
-Vine a avisarte que en un par de horas partiremos a Esparta- dijo Saga, alzando las cejas- y también le traje algo de ropa a la chica-
-De acuerdo, gracias…- dijo Kanon, y frunció el entrecejo al ver que su hermano no dejaba de mirado fijamente- por todos los dioses, Saga, deja de mirarme así. ¡No pasó nada!-
Saga lo miró sospechosamente, pero no dijo nada. Se encogió de hombros finalmente y suspiró.
-Entiendo, Kanon. Solo… ten cuidado- dijo Saga, lanzando una rápida mirada a la puerta del cuarto de Satu.
-Estaré bien- dijo Kanon- no necesitas preocuparte por nada-
Ambos gemelos escucharon ruidos en la habitación de Satu, que quería decir que la chica ya se había levantado. y se estaba vistiendo. Kanon se volvió hacia la puerta, y Saga volvió a levantar las cejas al ver a su hermano. Decidió guardar silencio. No pasó mucho tiempo cuando Satu, ya vestida, se asomó por la puerta de la habitación. Se sorprendió al ver a los gemelos. ¿Cuál era el que ya conocía?
-¿Gemelo?- dijo Satu al verlos, pero finalmente caminó hacia Kanon- eres tú, ¿verdad?-
-Correcto- dijo Kanon, volviendo a sonreír- éste es mi hermano gemelo, Saga, con quien me confundiste-
Saga gruñó en voz baja al ser nombrado e inclinó levemente su cabeza. El gemelo mayor iba a decir algo, cuando escuchó a alguien llegar. Se volvió, y se sorprendió a ver a Aioros.
-¿Qué haces aquí, Aioros?- dijo Saga en su tono serio.
-Vine a verla a ella- dijo Aioros, señalando a Satu, quien se sorprendió al ser señalada- creo que Sofi conoce a una persona a la que has estado buscando, Satu-
Satu miró con curiosidad cuando Aioros hizo un gesto para que Sofía, a quien ella reconoció como la chica que había curado sus heridas en la prisión, entrara junto con Oskar. Satu abrió los ojos desmesuradamente al ver al chico rubio con el que venía Sofi. A pesar de que estaba muy cambiado de como lo recordaba, ahora con su barba y sus lentes, no pudo dejar de reconocerlo. Había pensado en él desde que ella salió de su casa en Tampere hacía cuatro años. No, desde que él había dejado Tampere para viajar a Atenas.
-Oskar…- dijo Satu en voz baja, casi sin aliento- ¿realmente eres tú?-
-Satu…- dijo Oskar casi al mismo tiempo, reconociéndola al instante, ya que ella no había cambiado prácticamente nada desde la última vez que la vio.
-Perdón, pero, ¿qué está pasando aquí?- preguntó Saga. Kanon se encogió de hombros, tampoco entendía nada. La chica corrió hacia Oskar y lo abrazó, y éste le devolvió el abrazo. Jamás se había imaginado que encontraría a Satu en el Santuario de Athena.
-Ellos dos son hermanos- dijo Aioros rápidamente a los gemelos, quienes seguían atónitos- se han estado buscando entre ellos desde hace años-
Kanon miró a Satu mientras Oskar acariciaba su cabello y la besaba en la frente. Aioros sintió un nudo en el estómago al recordar a Lydia con ese gesto de los hermanos.
-¿Qué te pasó, Satu?- dijo Oskar, una vez que se separaron- el abuelo dijo que te escapaste de casa para venir a buscarme, pero nunca llegaste conmigo-
-Cuando venía para acá, con el anillo que saqué del libro aquella vez- dijo Satu, y Oskar asintió para indicar que recordaba- encontré a un chico, un niño de diez años a quien estaban golpeando horriblemente. Y rompí mi promesa de mantener el secreto. Leí en voz alta para salvarlo. Y fue cuando ellos dos me descubrieron. Greta Neuer, y Emmanuele Bellini. Me forzaron a hacer cosas horribles. Me prometieron que me devolverían el anillo que necesitaba para encontrarte si los obedecía-
-Shhh, no llores, querida Satu- dijo Oskar con cariño a su hermana, al ver sus ojos húmedos- ya no tienes ninguna razón para seguir trabajando para ellos. Eres libre, estás a salvo con los santos de Athena, y ya me encontraste-
Satu sonrió, y levantó los ojos, para mirar al gemelo que la había estado acompañando, cuyo nombre aún no conocía pero lo deseaba saber con toda su alma. Kanon se acercó a Satu y la besó en la frente, para dejarla con su hermano a recuperar el tiempo perdido. Saga, Aioros y Sofi hicieron lo mismo. Los dos santos se retiraron: tenían que prepararse para atacar el complejo en Esparta.
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Templo del Patriarca
Shion estaba escuchando los reportes de los santos de plata y planeando los últimos detalles del ataque contra el complejo de Esparta, cuando Hypnos apareció frente a él. Shion se sorprendió, pero rápidamente se relajó y le dio la bienvenida. El dios del sueño fue directo al grano.
-Ayer, antes de oscurecer, hubo un ataque a las afueras del Inframundo- le informó Hypnos rápidamente con un tono serio. Reprimió un gesto de preocupación: estaba mortificado por la idea de lo que le había pasado a su hermano- y en ese ataque, mi hermano Thanatos fue sellado-
Shion se sorprendió ante esta afirmación.
-¿Quién…?-comenzó a preguntar.
-La señorita Agatha nos informó que fue un hombre llamado Erebus- dijo Hypnos- dijo que tenía espías en el Inframundo y aquí en el Santuario-
Shion se quedó pensativo. Recordaba que, hacía unas semanas, cuando buscaban a posibles cómplices de Bellini y Greta, para encontrar a Shun y a los otros, había un hombre llamado Erebus Megalos, que había sido socio del primero.
-Creo que es la misma persona- dijo Shion, pensativo, una vez que le explicó a Hypnos sobre ese socio- nosotros también perdimos a alguien en un ataque el día de ayer. Y sabemos donde están los enemigos. Atacaremos después del mediodía-
Hypnos asintió.
-Con su permiso, maestro Shion- dijo Hypnos- enviaré a algunos espectros a ayudarlo. Mi gemelo está sellado en una cajita de oro y plata, con un cerrojo cuadrado-
-La encontraremos- prometió Shion. Hypnos desapareció.
El Patriarca llamó a Saga por medio de su cosmo, para que él dirigiera el ataque al complejo de Esparta, pues sabía que no podía confiar en Mu, en Aioros, Aioria o Afrodita para liderar el ataque. Los cuatro estaban muy afectados por lo que sucedió con Lydia, sobre todo el santo de Piscis. De hecho, ni siquiera les había informado hasta ahora lo que les había dicho Satu, porque temía que Mu los teletransportara inmediatamente hacia allá y pelearan estúpidamente.
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Templo de Aries
Mu estaba sentado en los primeros escalones del templo de Aries, luciendo un aspecto desolado. Shion había mandado a Kiki con los santos de bronce para evitar que lo molestara. El joven santo de Aries no quería saber lo que Henry era capaz de hacerle a Lydia. La última vez, Greta se había mostrado perfectamente capaz de intentar asesinarla, y no olvidaba que Henry siempre la había pretendido. Mu entrecerró los ojos. Si ese maldito le ponía las manos encima…
El santo de Aries sintió el cosmo de Saga acercándose a los Doce Templos, así que recuperó su compostura y se puso de pie.
-Mu- dijo Saga tan pronto como llegó- ¿te encuentras bien?-
Mu no respondió, solo lo miró con una expresión dolida. El santo de Géminis comprendió perfectamente lo que su compañero sentía. Si algo así le pasara a Casandra, no creía poder mantener la compostura que Mu tenía en esos momentos.
-Entiendo- dijo Saga, bajando un poco la mirada un poco. El gemelo mayor suspiró y, brevemente, le contó lo que sabían sobre la ubicación del enemigo.
-Kanon hizo un buen trabajo- dijo Mu en voz baja, volviendo a mirar a Saga- debes estar orgulloso de tu hermano-
-Lo estoy- dijo Saga. No admitiría que había estado preocupado por Kanon, pero tenía que admitir que su hermano gemelo lo había hecho bien. Se despidió de Mu y se apresuró a subir al templo del Patriarca.
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Afuera del Templo Norte
Kanon se encontraba sentado fuera del templo, donde estaban Satu y su hermano. Estaba muy complacido por que Satu estaba mejor, ahora que había encontrado lo que buscaba, y que Henry y los otros no tuvieran nada para extorsionarla. No, aún tenían a su querido amigo. Y esa tarde, cuando atacaran, haría pagar a esos desgraciados los cuatro años de maltratos que había sufrido Satu con ellos.
De pronto y sin ningún aviso previo, la tierra se oscureció por completo, como si fuera de noche. El gemelo menor se puso de pie de golpe y en guardia, encendiendo su cosmo. Ya se imaginaba quienes eran los atacantes y que era lo que querían. Eso era obra de los dos dioses, Phobos y Deimos, hijos de Ares y Afrodita. Por medio de su cosmo, advirtió a los santos dorados del ataque y se puso en guardia al sentir varios cosmos acercándose hacia el templo norte.
Kanon entró al templo a toda prisa, y corrió a buscar a Satu.
-¿Gemelo?- dijo Satu, sorprendida al verlo con una expresión peligrosa en su rostro- ¿qué es lo que sucede?-
-Nos están atacando, pequeña- dijo Kanon, señalando su habitación- vayan los dos ahí. Activaré el laberinto para detener a los enemigos. Así nadie les podrá hacer daño-
Oskar no entendió lo que dijo Kanon, pero Satu lo tomó del brazo y lo condujo a su propio cuarto, seguidos del menor de los gemelos. Éste encendió su cosmo, formando el laberinto de nuevo en el exterior. Además, creó una copia de sí mismo para dar la cara a los enemigos. Satu lo miró, impresionada del poder del gemelo.
-No tengas miedo, Satu- dijo Kanon, aún con sus ojos cerrados, muy concentrado en su laberinto- esos malditos tendrán que pasar sobre mi cadáver antes de acercarse a ti-
Satu sonrió levemente, aunque aún estaba asustada. Oskar, por su parte, los miró alternadamente con curiosidad, entendiendo mucho más de los que ellos dos creían.
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Templo del Patriarca
Shion estaba hablando con Saga en su despacho cuando sintieron los cosmos de los enemigos muy cerca del templo norte y también sintieron la advertencia de Kanon. El santo de Géminis frunció el entrecejo.
-Esos malditos insisten en entrar al Santuario y…- siseó Saga y encendiendo su cosmo.
-Es una distracción- lo interrumpió Shion, volviéndose a Saga- si sospechan que estamos preparándonos para ir por Lydia, esto debe ser una distracción para que nos retrasemos- entrecerró los ojos- quizá tengamos que darnos prisa-
-Pensaba llevar conmigo a Kanon, Milo, Camus y Shura- dijo Saga- pero Kanon estará ocupado repeliendo esta agresión-
El Patriarca se quedó pensativo. Caminó de un lado a otro de su despacho.
-Quizá deberías llevar a Milo, a Camus y a Shura- dijo Shion, pensativo- llevarás también a Argol y a Shaina, que son algunos de los santos de plata más fuertes-
Saga asintió.
-¿Mu y los otros…?- comenzó a decir el santo de Géminis.
-Ellos están fuera de discusión, Saga- dijo Shion en un tono severo- les pediré que estén preparados, en caso de que sea necesario que te acompañen. Irán contigo algunos espectros de Hades. Hypnos vino a verme, dijo que Thanatos fue sellado por uno de los sirvientes de Phobos y Deimos. Ellos…-
Pero se interrumpió. Un terrible y enorme cosmo, el de un dios, se manifestó demasiado cerca del templo norte. Saga sintió un escalofrío. Kanon estaba defendiéndolo solo. Y algo malo estaba a punto de pasarle a su gemelo.
-Enviaré a Aioria y a Mu a ayudar a tu hermano- dijo Shion, adivinando sus pensamientos- reúnete con Milo, Camus y Shura, y prepárense a ayudarlos también. Apresúrate-
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Giudecca, Inframundo
Hypnos regresó a Giudecca y, tras explicar a Hades lo que había hablando con Shion en el Santuario, el rey del Inframundo aceptó inmediatamente enviar a Minos y a un grupo de espectros bajo sus órdenes a ayudar a los santos a atacar y, de ser posible, liberar a Thanatos.
-Señor Hades- dijo Agatha de pronto, quien había estado escuchando el reporte de pie junto a la reina Perséfone. Su mano había sido curada por la misma Perséfone, y le habían prestado uno de sus vestidos- por favor, permítame ir también-
-No, señorita, ni hablar- dijo Hypnos antes de que Hades hablara- mi hermano se dejó sellar por ti, así que entenderás que yo jamás te dejaría ponerte en peligro. Thanatos sin dudar me tiraría de cabeza a lo más profundo del tártaro si lo permito-
Agatha sintió una punzada de culpa al escuchar a Hypnos hablar sobre su gemelo. Elizabeth, al ver esto, sonrió levemente y se inclinó a Hades.
-Quizá deberían dejarla ir- dijo Elizabeth en voz alta- si mi señor Hades estuviera en el mismo predicamento que Thanatos, yo también querría ir-
-Mi señora, yo…- comenzó Hypnos.
-Quizá puedo ayudar- dijo Agatha, interrumpiendo a Hypnos de manera insistente- cuando vivía, estudié mucho tiempo sobre la geografía de Grecia gracias a mi maestro, Arquímedes. Aunque sé que la estructura metálica que se encuentra en los bancos del río Eurotas es nueva, conozco bien el cauce de ese río y sus afluentes. Les puedo decir que ángulo de la estructura es más frágil para romper-
Hypnos miró de Agatha a Hades con una expresión que no quería que la chica se moviera del Inframundo, y éste miró de regreso al dios del sueño, y luego a su esposa. El rey del Inframundo suspiró, derrotado, y tomó la mano de su reina entre las suyas.
-Muy bien. Agatha puede ir con Minos y los otros espectros- dijo Hades por fin, para total desesperación de Hypnos, que no quería desperdiciar el sacrificio que su gemelo había hecho por ella- pero…- hizo una pausa- con una sola condición: Violate debe acompañar a Agatha todo el tiempo y protegerla-
Agatha sonrió ampliamente y asintió, aceptando las condiciones.
-Vayan entonces- dijo Hades por fin- los santos de Athena ya deben estar en camino-
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Ruinas del templo norte
Kanon había defendido el templo con todo su poder y su cosmo contra los hombres que lo atacaban. No cejó en ningún momento, y ya había vencido a casi todos los enemigos cuando de pronto lo sintió. El cosmo de un dios. No sabía si era Phobos o Deimos, pero sabía que era uno de esos dos.
-Oh, rayos…- dijo Kanon entre dientes. Nada de eso le gustaba ni un poco.
Lo que siguió fue una gran sacudida que se sintió horrible. Como un terremoto. Las paredes y el techo, toda la estructura del templo, comenzaron a resquebrajarse. Kanon se mantuvo firme intentando proteger el templo, pero no pudo detener a un dios. El templo cayó en pedazos sobre ellos, y el gemelo por fin rompió su concentración.
Kanon sintió los escombros caer sobre él y tumbarlo al suelo. Algunos trozos cayeron sobre su cabeza, causándole un corte en la frente, y sus ojos se nublaron al caer su propia sangre sobre ellos. Finalmente intentó abrir un portal a otra dimensión para salvar a Satu y a su hermano, pero el malvado dios se lo impidió, golpeando con fuerza de nuevo el sitio donde se encontraba él. Cuando estaba ahí tumbado, incapaz siquiera de abrir los ojos ante la sangre y el dolor causado por el divino ataque, su cuerpo lleno de golpes y heridas, Kanon sintió una pequeña mano aferrándose a la suya.
-Satu…- susurró Kanon, aún sin poder abrir los ojos, pero sintiendo el olor de la chica muy cerca de él. Estiró sus brazos y la encontró, ovillada cerca de él, y sintió un trozo de escombro sobre su espalda. Se arrastró hacia ella con los codos y rodillas, quitó los escombros que la cubrían y la atrajo hacia sí mismo, cubriéndola con su cuerpo.
-Gemelo…- escuchó la voz de Satu cerca de él. Se escuchaba débil y dolida.
-Kanon, Satu- dijo el gemelo menor en un tono cansado. No sabía porqué, pero en ese momento le pareció importante decírselo- me llamo Kanon…-
-Kanon…- escuchó la voz de la chica pronunciar su nombre con cariño, mientras sentía sus pequeñas manos aferrándose a su camisa mugrienta.
Se arrepentía de no habérselo dicho antes. ¿Porqué no se lo había dicho? Si él confiaba en ella. Pero ahora tenían cosas más urgentes en que pensar. Sintió su cabeza dando vueltas, y la conciencia era cada vez más difícil de mantener. Se acercó a la chica, hundió sus labios en los cabellos rubios con ternura, y ya no supo de sí.
Cuando Mu y Aioria llegaron a ayudarlo a los restos del templo, solo encontraron las ruinas del templo. Encontraron a Oskar herido entre los escombros, pero Kanon y Satu habían desaparecido.
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CONTINUARÁ…
¡Hola a todos! Espero que les esté gustando esta historia. Me esconderé en un búnker para que no me maten. Ah, y a Misao-CG, le dejé unas aspirinas junto con este capítulo, las vas a necesitar! En otras noticias, buenas esta vez, ya terminé el fic de Poseidón. Yei. Les mando un abrazo a todos.
Abby L.
