25 de Junio. Verano

Cerrar Filas (Afro)

Clavamos la rodilla en el suelo y agachamos la cabeza frente a la figura enmascarada, como si nadie sospechara nada, como si aquel sujeto fuera Shion, como si su Cosmo roto no gritara Géminis a los cuatro vientos, como si la mitad del tiempo no estuviéramos planenado cómo matarle más limpiamente. La familiaridad del protocolo lo hacía todo más macabro, más burlesco. La habitación entera gritaba que Shion había muerto. Estaba confundido, triste, y furioso con todo. Mask empezó la reverencia y yo me obligue a seguirle. El corazón me latía tan fuerte mientras me forzaba a arrodillarme ante Saga que temía que saliera a través del peto.

Ante nosotros no había un impostor ambicioso y enfermo, sino al chico de quince años hacia el que todos corríamos cuando teníamos verdadero miedo, junto al que habíamos caminado con tranquilidad entre campo de batalla, porque sabíamos que tenía todo controlado, el que protestaba pero sonreía de oreja a oreja cada vez que le abrazábamos. Saga no caía bien a nadie, pero todos confiábamos en él; era nuestra roca, inamovible y firme, y ahora estaba a punto de desplomarse. Acababa de perder a su padre y a su hermano, igual que nosotros, y luchaba por no llorar tras la máscara mal colocada, con restos de lágrimas escapándose cuello abajo a cada minuto. Era la persona que no se había atrevido a salir de la estancia, que paseaba y se abrazaba a su armadura y que había visto a través de mis plantas. Ahora tenía las yemas de los dedos clavadas en el asiento, y más que sentado en un trono parecía encerrado en una doncella de hierro. Busqué la mirada de Mask, desesperado y con mis estrellas ardiendo, él me esquivó con angustia y clavó los ojos en el suelo. Estábamos preparados para muchas cosas, pero no para esto.

Hubo segundos muertos, quizás minutos, en que Saga debió estar rezando porque alguno de nosotros dijera lo que era evidente, pero nos resistimos a hacerlo. Solo, y sin alternativa, se levantó imperiosamente, dispuesto a seguir adelante con su plan de suplantación a cualquier precio, y al hacerlo el broche que sujetaba su capa blanca se soltó, y media capa cayó al suelo. Mask y yo tomamos aire, apretamos más la barbilla contra el pecho, y fingimos no verlo. Saga se sacudió como una hoja. Trató de cerrar el broche a toda velocidad, pero se le escapó de los dedos y cayó rebotando por las baldosas de mármol hasta chocar con mi rodilla y quedarse allí, en el suelo, al alcance de mis dedos. Su aura vibraba con tanto dolor que me estaba cortando la respiración. Traté de buscar restos de la rabia que sentía antes a los que aferrarme para mantenerme callado, pero no la encontraba.

Quería estirar la mano, mis estrellas me exigían que lo hiciera. Estirar la mano, tomar el broche, ayudarle a colocárselo... Era un cierre complicado. Decirle que lo sabíamos todo, que la armadura decía que tenía que haber una explicación, que todo estaría bien porque íbamos a encontrar una solución entre todos. No quería hacerlo, tenía que hacerlo, de repente no podía pensar en otra cosa, y Cáncer lo sabía. Mask apoyó dos dedos sobre mi mano antes de que pudiera moverla hacia el broche, y me miró con la mandíbula tensa. Le miré suplicante, y él devolvió a la realidad con ojos gélidos. Eso era una locura, no sabíamos qué pasaba, no sabíamos nada, necesitábamos a Saga con la guardia baja. Él había estado luchando contra sus estrellas y la necesidad de vengarse por cuatro días, me decía con la mirada perforante enmarcada en ojeras, me tocaba a mí pelearme con las mías.

Me mordí los dos labios a la vez. Cerré la mano en un puño y la recogí tras la rodilla flexionada, lejos del broche. Escuché las órdenes lo mejor que pude, que fue muy poco, rogando en (literalmente) cuatro idiomas que Saga se creyera que de verdad no estábamos notando nada. Había algo de un monstruo, o monstruos. Algo de dientes afilados y alas de murciélago y cabellos de fuego que despertarían esta noche. Algo de ir junto a Cáncer; eso sí que logró retener mi atención.

-No puedo pelear junto a aliados, Santidad- Le informé, tan amable como pude-Mis técnicas afectan áreas amplias, y mi veneno se propaga por aire. Sirven para luchar solo. Además, mis heridas pueden dañar a otros. Sería más un riesgo que una ayuda para el Santo de Cáncer.

-Lo se.

-¿Tú?- Me salió del alma. Mask me asesinó con la mirada. Yo noté lo que había dicho y cerré los ojos, rezando con toda el alma a una diosa muerta para que volviera a Saga sordo y nos sacara de esta.

Si Saga notó algo, decidió ignorarlo. Bajó la cabeza, y se agarró a los bordes del asiento.

-Sí...Yo...Lo se. Pero no tenemos alternativa. Capricornio está...Capricornio no puede responder ahora, y necesitamos dos Santos para esta misión. Estaba asignada a... Géminis y... Sagitario, debían haber salido hace tres días, pero- La voz se le quebró, y esta vez fuimos Maks y yo los que bajamos la vista y fingimos no notar nada tan fuerte que nos dio dolor de cabeza. La cara de mi amigo se relajó un poco viendo a Géminis sufrir de esa manera, sus estrellas encontraban parte de la retribución que buscaban. Sentí asco hacia él en ese instante, y justo después asco de mí mismo por no comprender, y pánico a perderlo a él también.

-Pero debido a los...recientes acontecimientos-Repitió- Sagitario y...y Géminis están...ausentes. Y esto no puede esperar. Se ha retrasado demasiado. Nacerán esta noche. Preferiría mandar a Capricornio Y Cáncer, peor no e sposible. Sois los únicos santos disponibles ...Lo siento. Lo siento mucho, mucho...- La voz del "patriarca" se quebró, en trocitos de sinceridad y miedo. Un escalofrío de culpa nos heló los huesos-...Sé que será difícil, pero...tenéis que encontrar un modo…Tenéis que hacerlo. No puedo ir con vosotros.

Mask y yo cruzamos una mirada de tranquila resignación, buscando apoyo en el otro.

-Sí, Santidad.

-Podeis retiraros. La bestia renacerá al norte. O..las bestias. Su energía os guiará hasta ellas

Esas palabras enviaron toda tranquila resignación al infierno, y me aclararon por qué, si tan peligroso era, no venía él con nosotros. Lancé a Mask una mirada de desesperación, y él me devolvió una aún peor. Saga no podía dejar Santuario desprotegido ante un ataque, porque tenía ni la más remota idea de donde iban a nacer esas cosas, ni de cuántas cosas eran. Y nosotros teníamos menos de una noche para averiguarlo.

Cerrar Filas (DM)

Las Empusas se movían en círculos sobre nosotros, batiendo enormes alas de murciélago, sin intención de dejar un alma viva en kilómetros a la redonda. Sus cabelleras de fuego encendían la noche y, por lo que habíamos visto, tenían poderes extraños para conjurar hechizos y dominar fuegos fatuos. Ahí murió un trocito de mi ego, por suerte tengo más. Sus cuerpos retorcidos salían de las sombras de los acantilados, siguiendo las llamadas de sus hermanas ya libres. Las dudas de Afrodita sobre todo esto se habían disipado a base de encontrar huesos roídos y vísceras esparcidas durante todo el trayecto, y ahora ambos observábamos el baile aéreo de esos engendros salidos del infierno.

Eran demasiado rápidas para enviarlas al infierno de un golpe. Y, aunque no lo fueran, tenían toda la pinta de que el sitio iba a gustarles. Y, sin que Afro pudiera utilizar veneno ni acercarse a mí, éramos, a efectos, santo y medio. Era nuestra primera misión solos, y nos venía grande, pero no recuerdo sentir miedo. No recuerdo sentir nada en ningún punto del trayecto, desde que salimos del templo del falso patriarca hasta que Afro abrió la boca.

-Haré de cebo, y las esquivaré mientras concentras tu cosmo. Cuando estés listo, avísame y…-No recuerdo pensar nada, solo una explosión sorda en mi cerebro, un jodido cañonazo, y la imágen de mi mocoso favorito con el pecho abierto de lado a lado como el cadáver de Sagitario, eviscerado como los cuerpos del camino, con la boca llena de hormigas negras, me ardió como un hierro entre los ojos. Hubo un relámpago en algún punto de mi cerebro, estoy seguro, la ciencia lo estudiará en su momento, y tras él... solo sé es que me había olvidado de los monstruos y estaba zarandeando a Piscis con toda la furia del mundo

- Nononono, NO, tú no harás de nada.¿Me oyes? Tú te quedas atrás y les atraviesas el pecho en cuanto tengas ángulo. Yo las distraigo. Tú atrás ¿Está claro?

-¡No seas tonto!, ¡Son demasiad

-HE DICHO QUE NO!

-¡y eres más torp..!

-NO, vuelve a decir eso y te sacaré la lengua!- Piscis se sacudió mis manos de encima, tan furioso como yo. Me daba igual. No pensaba ceder. No PODÍA ceder; me pelearia con el renacuajo idiota y con los monstruos a la vez, si era necesario. No quería quedarme solo. No quería verlo morir, aún si no sabía que ese era el problema. Iba a ir yo delante y nada podría convencerme de lo contrario, o eso pensaba, hasta que fui golpeado en pleno pecho por la técnica más mortífera de la doceava casa, unos ojos enormes que me lanzaban, sin filtro, todo el miedo y el dolor que estaba sintiendo yo mismo.

-Por favor, Mask...Deja que vaya yo.

El mismo pánico a verme morir, el mismo pánico a quedarse solo. No sabía que algo puede calentar y helar el pecho a la vez, pero esa mirada lo hizo. Nada en el mundo podía convencerme para pasar por ese infierno, salvo, quizás, ahorrárselo a él. A fin de cuentas, yo era el mayor de los dos. Si alguien tenía que encajar algo así, tenía que ser yo.

-Está bien! ¡Solo por enano! ¡No nos pongas en ridículo o tendré que encargarme yo!¿Entendido?- Asintió, todo agradecimiento, y me besó en la mejilla antes de saltar hacia delante entre pétalos rojos, llamando la atención de toda criatura antropófaga en seis kilómetros a la redonda. Yo me afiancé en el suelo y concentré mi energía, con las imágenes del camino mezclándose con las del infierno y el templo del patriarca en quimeras imaginarias que se mezclaban con las reales.

Fue una victoria dura peor absoluta, perfecta para subirme al cielo, peor no sentí nada tras ella. No hubo climax, no hubo alivio, no hubo nada; solo un camino lacónico junto a Afrodita, que los dos nos esforzábamos en hacer lo más largo posible. Insistí en enterrar a los muertos de las Espusas antes de vovler. Una vieja costumbre que acabé perdiendo por falta de tiempo.

-¿Crees que hemos hecho bien?

-No lo se

- Sí lo sabes

-No lo se. Toma la pala

-Habrían muerto todos si no hubiéramos venido

-¿Entonces por qué preguntas?

-(suspiro) No lo se. Toma tú la pala. Tengo algo que hacer.

-Ya has buscado el alma de Shion. No está.

-La próxima vez iré yo primero.

-No.

-Eso no es justo

-Me da igual-Patee un poco de tierra en el agujero-Quizás la Diosa nos avise la próxima vez, de estas cosas. Quizás Saga no sea necesario.

-Eres un idiota, Afro

-Márchate

-La próxima vez iré yo primero y me da igual lo que digas

-No.

-¡HE DICHO QUE ME DA IGUAL LO QUE DIGAS!

-..No...

-¿Estás llorando?

-No

Cerrar Filas (Shu)

Juré no rechazar jamás una petición de ayuda justa, y sin embargo lo hice una y otra vez cuando los criados vinieron a rogarme ayuda. Los criados, o al gente del pueblo, o los santos menores. Cáncer se estaba volviendo cada vez más violento, más inestable, y piscis cada vez más indiferente a ello, encerrado en su templo con rosas abiertas que impedían que nadie pudiera acercarse, y sin preocuparse por mantener la violencia de DeathMask a raya como solía hacer. Y a mí nada me importaba. Por poco maté a mas de un inocente que cruzaron el umbral de mi templo. No me improtaba Cáncer, no me improtaba lo que pudiera hacer, y no me importaba que él y Afrodita trataran de sacarme del templo y hacerme entrenar para nada. Nada tenía sentido, nunca lo volvería a tener.

Al final me dejaron en paz, y cerraron filas el uno entorno al otro, en vez de buscar esperanza en la Diosa. Los veía hombro con hombro como crías de pájaro, las pocas veces que Piscis dejaba el doceavo templo, a los dos pegados en silencio viendo el sol ponerse desde las escaleras de Acuario, a salvo del perfume de las rosas que Piscis se negaba a cerrar, buscando consuelo en el lugar incorrecto, mientras yo rezaba. Cáncer me molestaba de regreso a su templo, cuando el sol se escondía y Piscis volvía a encerrarse en su jardín de nuevo. Sentí lástima al ver que estaba buscando en el lugar equivocado. Traté de invitarle a rezar conmigo, a buscar apoyo de la única persona que nunca iba a rechazarle ni a fallarle, peor no quiso escuchar.