SEGUNDA OPORTUNIDAD
XI: ULTIMAS LÍNEAS
Patio central
Lydia y Christoffer fueron arrastrados hacia el área descubierta en el centro del complejo. La chica palideció casi tanto como el adolescente. Henry sonrió al ver su expresión de horror de Lydia, pensando que así la pondría en su sitio y dejaría de resistirse a él.
Una vez que llegaron al patio del complejo, Henry ordenó a dos de los hombres que abrieran la celda donde estaban Kanon y Satu. Erebus no estaba ahí, pero aún se sentía el peso de su cosmo, impidiendo al gemelo menor usar el suyo. Kanon se colocó delante de Satu, impidiendo se que le acercaran al menos por unos momentos. Dos de los hombres, acompañados de una mujer enorme, los separaron y arrastraron a Kanon fuera de la celda. Otros dos hombres sacaron a Satu a rastras.
Kanon no pudo hacer nada mientras los dos hombres le ataban un par de correas de cuero en las muñecas. Le habían quitado su camisa, y le habían arrancado sin mayor cuidado los protectores de sus piernas y zapatos, incluso desgarrando partes de su ropa. Ya sabía lo que estaba a punto de pasar, Satu se lo había explicado a todo detalle. La chica estaba a unos pasos de él, detenida por dos hombres por los brazos, intentando soltarse.
-Gemelo…- dijo Satu en voz baja- por favor, Henry, detén esto-
Kanon comenzó a sentirse impaciente. No podía defenderse o atacar: el cosmo de Erebus cubría todo el patio desde algún punto el la estructura, bloqueando su propio cosmo. Henry había bajado, arrastrando con él a Lydia, y otros dos hombres llevaron a Christoffer contra su voluntad.
-Basta, no lo golpeen- dijo Satu, intentando alzar la voz y soltarse de sus enemigos para ir hacia Kanon. Comenzó a sollozar amargamente- gemelo…-
En ese momento, Kanon estaba demasiado lastimado como para pelear y defenderse. Aún así, le dedicó una leve sonrisa a Satu.
-Me llamo Kanon, niña- dijo el gemelo en voz baja, con animo de calmar los sollozos de Satu- no llores…-
-Por favor, Henry, por favor, deja ir a Kanon- pidió Satu entre sollozos, volviéndose a Henry- no lo lastimes, fui yo quien los traicionó, castígame a mí…-
Henry se echó a reír.
-Lo sé, Satu- dijo Henry en un tono infantil, como si le estuviera hablando a una niña pequeña- no lo estoy castigando a él, mocosa. Te estoy castigando a ti por tu fracaso y por tu traición. Espero que te hayas despedido de él-
Henry hizo una señal a sus hombres, y estos comenzaron a tirar de las poleas. El gemelo fue suspendido en el aire con las cuerdas, justo sobre el centro del estanque de las lampreas, para horror de Satu. El joven santo pendía inerte sobre el estanque gracias a las cuerdas, sin poder hacer ningún esfuerzo por moverse, librarse o encender su cosmo.
-¡Kanon!- gritaron Satu y Lydia al mismo tiempo. Henry se volvió de nuevo a la chica rubia y puso algo en sus manos. Su libro, el cual habían traído junto con ellos desde el Santuario de Athena.
-Tienes una sola oportunidad. Sabes lo que tienes que hacer para salvar su vida, Satu- dijo Henry, dejando el libro en manos de la chica. Satu miró alternadamente el libro y a Kanon.
-No, eso no… no puedo- sollozó Satu- no puedo encerrarlo, se lo prometí-
Henry sonrió maléficamente, e hizo una señal. Los hombres tiraron de las cuerdas, y el cuerpo de Kanon se hundió hasta las rodillas en el estanque. El gemelo menor cerró los ojos, esperando el ataque de esas anguilas.
-¡No!- gritó Satu, llorando- ¡sácalo! por favor, por favor-
-Lee en voz alta, Satu- insistió Henry- lee y enciérralo, o tendrás que observarlo morir-
Kanon abrió los ojos para mirarla, y sintió que se le encogía el corazón al ver a Satu así de asustada. Pero no pudo pensar mucho en eso, pues de pronto sintió un horrible dolor en su pantorrilla. Era terrible. Como si mil pequeños cuchillos se encajaran en su piel y lo quemaran por dentro. El gemelo apretó los ojos y se mordió la lengua para evitar gritar de dolor, pues sabía que Satu lo estaba mirando, y no quería asustarla más de lo que ya estaba. Los hombres lo sacaron del agua y volvieron a suspenderlo sobre el estanque, aún con una de esas anguilas adherida a su pantorrilla y enredada a su pierna. El horrible animal se desprendió y volvió a caer al estanque.
-Vamos, vamos, Satu- dijo Henry, mirándola de nuevo, sin dejar de sonreír- se te está acabando el tiempo…-
Satu miró a Kanon, y éste la miró de vuelta. El gemelo estaba lastimado, apretando los dientes de dolor, y le dirigió una sonrisa cansada a la chica, pero al final le guiñó un ojo. Satu parpadeó, intentando entender lo que Kanon quería decirle.
-Bien, ya que no vas a salvarlo…- comenzó Henry.
Satu entendió. La chica sacudió los hombros, librándose de los dos hombres que la sostenían, y abrió su libro. Tomó aire y volvió a mirar al gemelo.
"Kanon", el nombre del gemelo menor resonó en su mente.
-La bruja Suyettar convenció a Kerttu de ir a lavarse la cara en el río cercano- leyó Kerttu- una vez que estuvieron ahí, Suyettar ordenó a la joven que le ayudara a mojar su cara con agua, y cuando el agua tocó los ojos de la bruja, ésta comenzó a decir "tu linda cara será mía, y mi feo rostro será tu apariencia". Y así, Suyettar le robó a Kerttu su hermosa apariencia, dejándola con el feo rostro de la bruja-
Mientras leía la historia, Kanon desapareció de sobre el estanque, y quedó plasmado en una ilustración en el libro de Satu. La chica intentó en vano reprimir las lágrimas al verlo así y, tras pasar los dedos suavemente sobre la ilustración, arrancó la hoja y se la guardó en su pecho.
-Perdóname, Kanon- susurró Satu entre sollozos- perdóname…-
Henry, por su parte, seguía riendo.
-¿Viste eso, mi querida Lydia?- dijo Henry, quitando su vista de la chica rubia- más te vale obedecer, a menos de que quieras ser la siguiente-
Lydia frunció el entrecejo con una expresión de asco y se apartó de él.
-Prefiero morir- siseó Lydia.
Henry se enfureció, e hizo el gesto de golpearla, pero fue detenido por una mano. Henry se volvió de golpe, y vio que era el santo de Aries, con el cosmo encendido y un gesto enfurecido. Mu apretó su mano con fuerza hasta romperle la muñeca, haciéndolo dar un alarido, y lo observada con calmada furia.
-No volverás a levantarle a la mano a Lydia, o a acercarte a ella, pedazo de basura- dijo Mu con frialdad. Y con sus poderes de psicoquinesis, lo mandó a volar contra una de las paredes del complejo. Junto con Saga y Aioria, acababan de llegar al patio. Incluso alcanzaron a ver que sucedió con Kanon.
-Santos de Athena- gritó Henry, tras levantarse- ¡destrúyanlos!-
Los guardias con armaduras negras se prepararon a atacar, y los santos hicieron igual. Tras un abrazo a Mu, agradecida de que estuviera bien, Lydia se alejó de la pelea, junto con Satu y Christoffer, a quien los guardias soltaron para poder pelear. Satu se volvió hacia ellos dos, y luego miró a Henry, secando sus ojos de cualquier lágrima, y mirando al inglés con verdadero enojo.
-Voy a vengar a Kanon- dijo Satu en voz alta, plantando los pies en el suelo con fuerza- Henry se arrepentirá de haberle hecho daño-
-Tendrás que tomar un número y esperar tu turno, niña- le dijo Saga, con una sonrisa parecida a la de Kanon, pero no exactamente como la suya. Mu y Aioria asintieron de igual manera.
Satu sonrió, y abrió su libro. Estaba dispuesta a ayudar. Christoffer sonrió y encendió su cosmo, de igual manera que Lydia.
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Séptimo piso, complejo junto al río Eurotas
Minos y Agatha, tras pasar por varias peleas, llegaron al último piso del complejo. Sintieron los cosmos de los santos de Athena que ya habían comenzado a pelear en el patio, en el centro del complejo. Minos se volvió a Agatha y sonrió ampliamente. Entendía perfectamente que Thanatos había quedado completamente embelesado por ella, y se había dejado sellar.
En el pasillo había al menos cinco guardias con armaduras negras, algunos de los cuales eran los que habían vencido a Aiacos previamente en el Santuario de Athena hacía un par de meses, al caerle de sorpresa. Minos se tronó los nudillos y sonrió ampliamente.
-Adelántate, mujer- dijo Minos a Agatha, sin dejar de sonreír- libera al señor Thanatos mientras yo me encargo de estos gusanos-
Agatha asintió y, gracias a una ventana que abrió Minos, se apresuró a la habitación al final del pasillo. Abrió la puerta, y en su rostro se formó una gran sonrisa al ver la conocida cajita donde aquel hombre había sellado a Thanatos. Se ajustó el guante negro que Hypnos le había dado en su mano, y entró a la habitación, con su mirada fija en la cajita, que no se dio cuenta de que no estaba sola, y pronto un hombre la tomó de la mano con firmeza para evitar que llegara a la cajita. Para su sorpresa, era ese mismo hombre que la había atacado antes, Erebus.
-Vaya, vaya- dijo el hombre con una sonrisa torcida, empujándola contra una de las paredes- no pensaba volver a verte, Agatha. Supongo que viniste a que terminara lo que empezamos ayer…-
Agatha había sido sorprendida, pero ya no le temía a ese hombre. No estaba sola. Sabía lo que tenía que hacer.
-¡Violate!- dijo Agatha en voz alta, y la espectro de Behemoth salió de su sombra y, de un golpe, mandó a volar a Erebus, alejándolo de Agatha.
-¡Ya era hora!- dijo la espectro con una amplia sonrisa- vamos a dar patadas-
Violate comenzó a pelear contra Erebus, propiciándole una gran oportunidad, y Agatha vio su oportunidad. La chica castaña se levantó rápidamente y comenzó a correr hacia la cajita. Erebus, dándose cuenta, encendió su cosmo, y lo dirigió con fuerza hacia Violate. La chica espectro evadió su cosmo por un momento, dando un brinco y aterrizando detrás del enorme hombre. Le propició un puñetazo en la cara cuando Erebus se volvió hacia ella, pero éste volvió a encender su cosmo en dirección suya, haciéndola caer pesadamente de rodillas.
-¿Qué… qué está pasando?- dijo la espectro de Behemoth, sorprendida por el peso que sentía sobre su cuerpo que le impedía pelear o levantarse- maldición…-
-¡Violate!- gritó Agatha. Demasiado tarde. Erebus le dio un fuerte golpe en ese momento en que no podía moverse. Aprovechando que la espectro estaba fuera de combate momentáneamente, Erebus se lanzó hacia Agatha y la atrapó por una de sus piernas, haciéndola caer -¡suéltame, maldito!-
-Ni lo intentes, mujer- dijo Erebus, tirando de una de sus piernas, atrayéndola hacia él- Thanatos es mi prisionero, y ahora tú también vas a serlo. Ahora olvídate de esa caja y quédate quieta…-
Agatha lo pateó con fuerza, haciéndolo soltar su pierna. Erebus dio un alarido, y Agatha se levantó y tomó la cajita en sus manos. Sonrió. Thanatos estaba ahí dentro. Cuando la chica puso su mano enguantada sobre la tapa, a punto de abrirla, el hombre se lanzó sobre ella y la hizo caer al suelo de nuevo. Agatha se abrazó de la caja, negándose a soltarla o entregarla.
-Suéltala, estúpida mujer…¡suelta esa caja!- dijo Erebus, dándole un golpe en las costillas con su rodilla- eso no te pertenece-
-¡Déjala!- gritó Violate, intentando levantarse y sacudirse la presión del cosmo de Erebus. Dio un paso adelante con todas sus fuerzas, pero no fueron suficientes para encender su cosmo- ¡suéltala, cobarde!¡La estás lastimando!-
Violate, en su desesperación por ayudar a Agatha, se sacudió la presión y rompió el flujo de energía que estaba siendo lanzado contra ella. Violate sintió un horrible dolor en su hombro y sintió su propia sangre fluyendo cálidamente hacia su brazo. Sonrió traviesamente, y se volvió a lanzar contra Erebus. Logró golpearlo una vez. Cuando volvió a intentarlo, éste la detuvo a la mitad de su salto, haciéndola volver a caer el suelo.
-Quédate quieta, mujer espectro- dijo Erebus a Violate, concentrando la presión sobre ella, mientras volvía a golpear a tomar los brazos de Agatha para intentar hacerla soltar la caja- ya te tocará tu oportunidad. Espera tu turno- se volvió a Agatha, se puso de pie y la pateó de nuevo en las costillas- suéltalo, mocosa-
-¡No!¡Jamás!- gritó Agatha. Separó el cofre de su pecho e intentó abrir la caja, pero Erebus pisó su mano derecha, escuchándose un par de crujidos. Agatha abrió la boca para gritar, pero ningún sonido salió de su boca. Con su mano izquierda, la que estaba cubierta por el guante negro, quitó el seguro y abrió el cofre, justo antes de que Erebus la pateara en la cabeza, haciéndola perder la conciencia.
-¡Agatha!- gritó Violate, desesperada por ponerse de pie, y liberarse de esa presión sobre su cuerpo.
-¡No!- rugió Erebus a su vez, al ver que la caja había sido abierta- maldita… ¡mira lo que hiciste! Te voy a arrancar la cabeza-
Erebus formó un puño con su mano juntado los dedos, y listo para darle el golpe final, cuando una gran fuerza lo empujó contra la pared. Violate se vio libre de la presión, pero no se levantó. Inclinó su cabeza, aún con una de sus rodillas en el suelo.
-Señor Thanatos- dijo Violate en voz baja, cubriendo con una mano la herida en su hombro para evitar que se le escapara más sangre de la herida de su hombro.
El alma de Thanatos estaba ahí, expuesta frente a ellos. El dios de la muerte se arrodilló junto a Agatha con una expresión triste y preocupada. Tras respirar tranquilo al ver que la chica estaba viva, levantó su mirada y miró a Violate y al hombre.
-Violate de Behemoth- dijo Thanatos- gracias-
Violate asintió y se levantó. Thanatos se volvió a la chica y, con una sonrisa, introdujo su alma al cuerpo de Agatha. Una estrella negra apareció en la frente de la chica, y ésta volvió sus ojos de color marrón a Erebus.
-Te has atrevido a sellar a un dios- dijo la fantasmal voz de Thanatos desde el cuerpo de Agatha- y te has atrevido a romper la promesa que hiciste de no volver a lastimarla- comenzó a formar una enorme bola de energía en su dedo- espero que estés listo, porque vas a morir, y después de eso, me encargaré de que sufras eternamente en el fondo del Tártaro. TERRIBLE PROVIDENCE-
Erebus fue golpeado de lleno por la técnica de Thanatos, y desapareció por completo dando un horrible alarido.
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Entrada principal, junto al río Eurotas
Camus se sacudió las manos. Habían ganado fácilmente a los enemigos, creando la distracción necesaria para que sus compañeros terminaran la misión. Milo parecía divertirse, ya extrañaba dar golpes, con la tranquilidad de saber que su Cathy estaba a salvo en el Santuario de Athena.
-Deberíamos romper la puerta- dijo Shura, levantando el brazo- entrar a ayudar a los demás…-
-A como siento sus cosmos, Shura, creo que será mejor dejarlos solos- dijo Argol, a punto de echarse a reír- déjalos que se desquiten con ese tal Henry-
Shura lo miró. Sabía a que se refería, pues Argol había sido uno de los santos de plata heridos por las llamas azules de Henry en el pasado, y no estaba muy feliz con él que digamos. De hecho, se emocionó cuando fue elegido para ir a esa misión.
-Creo que todos tenemos buenas razones para querer masacrar a esos malnacidos- dijo Shaina, sonriendo ampliamente bajo su máscara- y creo que sería buena idea romper la puerta, aunque sea para abrirles una salida. Vamos-
Camus asintió, y Shura usó Excalibur para destruir la puerta principal.
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Patio Central
Todos lo sintieron, sobre todo Lydia. La horrible presión que no los dejaba usar su cosmo había desaparecido por completo, y la chica sintió un inmenso alivio al verse libre. Se volvió a Satu, quien con su libro abierto miró a Henry con una expresión amenazadora.
-Te haré pagar lo que hiciste- dijo Satu, y volvió su mirada al libro- no pasó mucho tiempo cuando Suyettar y Kerttu encontraron a los nueve hermanos. Con la apariencia de Kerttu sobre su rostro, Suyettar les convenció de que ella era su hermana, y que Kerttu no era más que su vieja sirviente. Todas las noches, la niña lloraba, pues estaba tan cerca de sus verdaderos hermanos pero no podía decirles lo mucho que había deseado conocerlos. Suyettar era cruel con ella, y la golpeaba de vez en cuando, cuando sus hermanos no la veían-
Satu levantó la vista, y miró complacida que los enemigos iban desapareciendo. Dos de ellos se lanzaron contra ella, intentando impedirle seguir leyendo. Para impedirlo, Christoffer volvió a protegerla con su cosmo, igual que como había hecho en el Santuario, y Lydia la rodeó con un perímetro de rosas y rosales con su propio cosmo.
Mientras tanto, los tres santos estaban concentrados en sacar de combate a Henry, quien lanzaba llamas de fuego azul hacia ellos. Mu estaba furioso por ese nuevo intento de lastimar a Lydia, y Aioria tenía varias cuentas pendientes con él también. Ahora también Saga estaba furioso con él por haberse metido con su hermano.
-Un día, uno de los hermanos encontró a Kerttu llorando, y se dio cuenta del engaño de la bruja- continuó leyendo Satu- entonces los nueve hermanos idearon un plan para librar a Kerttu de su hechizo. Le pidió a Suyettar, la bruja, que ayudara a limpiar los ojos de la pobre supuesta anciana. Renuentemente, Suyettar hizo lo indicado, y cuando el agua tocó los ojos de Kerttu, ésta comenzó a decir "tu linda cara será mía, y mi feo rostro será tu apariencia". Y así, Kerttu recuperó su rostro, y la bruja volvió a tener su horrible apariencia-
Mientras Satu leía, los enemigos de los santos iban desapareciendo uno por uno, hasta que solo quedaron dos o tres, y Henry. Tras recibir un STARLIGHT EXTINCTION del santo de Aries, Henry cayó al suelo, vencido y furioso.
-Espero que eso te enseñe a mantener tus manazas alejadas de Lydia- gruñó Mu. Eran contadas las veces en las que el santo de Aries había lucido tan furioso como en este momento. Y no era para menos.
Satu cerró su libro, se metió la mano al pecho, y sacó la hoja de papel en la que Kanon estaba atrapado. Sonrió al pasar sus dedos sobre la ilustración. Sopló suavemente sobre ella, y la tinta voló y se materializó en el gemelo menor, quien cayó de rodillas al suelo, sintiéndose inexplicablemente agotado. Satu sonrió y se arrojó a sus brazos.
-Satu…- le dijo Kanon en voz baja, sorprendido y confundido al verse libre- estás bien…-
-Kanon…- dijo Satu, hundiendo su rostro en los cabellos del gemelo. Kanon la abrazó con fuerza, con ganas de nunca soltarla. Satu miró la pierna herida del gemelo, y lo abrazó con más fuerza- Kanon, estaba muy preocupada…-
-Satu, yo…- comenzó Kanon, pero no alcanzó a terminar, pues escucharon un fuerte ruido.
En ese momento, todos sintieron una gran presión y, delante de ellos apareció Phobos, el dios gemelo del miedo. El dios no se veía nada feliz con sus soldados, especialmente Henry.
-Henry Northumberland, nos has fallado por última vez- dijo Phobos en un tono sombrío- es una falla que no se te perdonará más. Deimos está de acuerdo. Ahora yo mismo destruiré a los santos de Athena, y después te destruiré a ti-
El cosmo de Phobos comenzó a aumentar, y los santos se prepararon para recibir el golpe. Éste fue terrible. Rompió con facilidad el CRISTAL WALL de Mu, e hizo que todos los santos, Satu y Christoffer, cayeran al suelo con el peso del mismo cosmo. Satu, quien vuelto a abrir su libro, miró con odio al dios. Le había robado cuatro años de su vida, el tiempo perdido con su hermano, le había causado dolor a su amigo, y lastimó a su gemelo. No se lo iba a perdonar. La chica rubia volvió a mirar al dios, y después pasó sus ojos a las páginas de su libro-
"Phobos"
-Y entonces, los nueve hermanos de Kerttu empujaron a la bruja Suyettar al horno de su casa, y lo encendieron- continuó leyendo Satu en voz alta.
-¡No!- rugió Phobos, al ver lo que Satu estaba intentando hacer- ¡no te atrevas, humana insolente!-
Al ver la mirada decidida de la chica rubia hacia él, Phobos lanzó un fuerte ataque hacia ella. Mu hizo un CRISTAL WALL, y Cristoffer también intentó protegerla con su cosmo, pero ambos escudos fallaron. Finalmente Kanon la apartó del camino y recibió todo el golpe del ataque. Satu lo vio caer al suelo en cámara lenta. La chica sintió como si se le encogiera el corazón.
-¡No, Kanon!- gritó Satu.
La chica respiró hondo y volvió a mirar a Phobos. Esta vez lo haría. Se había metido con Kanon. Satu bajó sus ojos a las letras del libro- por fin, Kerttu encontró a sus nueve hermanos, y éstos lo acompañaron a casa, a reencontrarse con su madre, a la que no veían desde antes del nacimiento de su hermana. El fin-
La chica, y el resto de los presentes levantaron la vista. Phobos había desaparecido dando un alarido, preso entre las páginas del libro de Satu. Lydia sonrió y le puso una mano en el hombro, pero su sonrisa se borró al ver el estado en el que habían dejado a Kanon. Saga se acercó y miró con algo de preocupación a su hermano gemelo. Satu dejó caer el libro y se dejó caer junto a Kanon, tomándolo de la mano.
-Kanon… eso fue demasiado estúpido, no tenías que hacerlo- susurró Satu sin soltar la mano del gemelo.
-No te preocupes- le dijo Saga en voz baja- si Cabo Sunion, el tridente de Poseidón y las quince Agujas Escarlata de Milo no lo mataron, nada lo hará. Aún así, deberíamos regresar al Santuario-
Pronto fueron alcanzados por Camus y los otros. Thanatos, quien usando el cuerpo de Agatha, junto con Violate y Minos los alcanzaron pronto, aliviados de que ellos también hubieran completado su misión. Saga levantó a su gemelo por los hombros y abrió un portal a otra dimensión, por el que se introdujo, seguido de Satu y de los otros, quienes estaban ansiosos de regresar al Santuario. Los espectros volvieron rápidamente al Inframundo, pues Hades e Hypnos debían estar preocupados.
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Santuario de Athena
No pasó mucho tiempo cuando regresaron al Santuario de Athena. Mu estaba aliviado de que su chica estuviera bien, y de que Henry no la hubiera lastimado. Lamentablemente, el desagradable hombre había escapado de nuevo, y ya escucharían de él nuevamente.
En el momento les había preocupado Kanon, quien había recibido el golpe directo de uno de los dioses hijos de Ares. Al llegar, Saori en modo Athena lo había examinado, había encendido su cosmo sobre él y, tras unos minutos de cubrirlo con él, había decretado que el gemelo estaría bien. De hecho, había pedido que lo dejaran solo al cuidado de Satu mientras despertaba. El hermano mayor de Satu, Oskar, pasaba un par de veces al día a verlo, y repetía lo mismo que había dicho Saori: que estaría bien.
Aún quedaba el asunto del adolescente que estaba con Satu, Christoffer. Después de mucho meditarlo, finalmente Saori decidió que, al ser aún joven, podía ser alumno de Shaka de Virgo, ya que nació bajo ese signo, y habían visto que su técnica de defensa era más parecida a la que usaba Shaka. El santo del sexto templo sabía que tendría que trabajar mucho con él, pues tenía mucho miedo en su persona.
Shion miró a Saori, quien sonrió una vez que los santos regresaron a sus templos. La diosa hizo una mueca por un momento, que llamó la atención del Patriarca.
-¿Qué sucede, señorita Athena?- preguntó Shion.
-Oh, nada- dijo ella, cruzando sus brazos en un gesto un poco molesto- creo que hay un pequeño problema con Julián Solo. Mejor dicho, hay un problema con Poseidón y Anfitrite-
Shion alzó las cejas, pero Saori sonrió.
-Pero no diré que Julián no se lo merece- dijo Saori- solo espero que resuelvan sus diferencias. Por el bien de los dos-
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Templo de Géminis
Dos días después
¡Qué horrible dolor en todo su cuerpo! Era como una horrible gripe. Recordaba cuando, durante su infancia, había enfermado de influenza. Lo habían aislado del mundo, incluso de su hermano gemelo, y su padre lo había dado por muerto: de hecho, su padre le había dicho que lo mataría con sus propias manos si llegaba a contagiar a Saga. Había sido horrible. Era la primera vez que lo habían separado de su gemelo. Saga le había contado que él también había sentido la separación, y había sufrido por ello. Fue la primera vez que los dos dejaron de ser una entidad, los gemelos.
El dolor era terrible. Incluso el aire le causaba un horrible dolor en su piel. ¿Dónde estaba? Lo último que recordaba era el malvado dios atacando a Satu, mientras la chica intentaba aprisionarlo en las páginas de sus libros. ¡Satu! ¿Qué le había pasado?
Había recordado algo. Un suave roce en sus mejillas. Le recordaba una hermosa música, un lindo cuento de hadas, y el olor al perfume que usaba Satu.
Kanon abrió los ojos lentamente, y se dio cuenta de que estaba en su propia habitación, en el templo de Géminis. Todo estaba tan y como recordaba. Su torso estaba descubierto, y tenía un paño húmedo en la frente. Sintió una pequeña mano suavemente aferrada a su propia mano izquierda. El joven volvió su cabeza hacia la izquierda, y vio que Satu estaba ahí. La chica estaba sentada en una silla junto a él, durmiendo apoyando su cabeza y sus brazos en la cama, y su mano se encontraba gentilmente la suya. Quiso volver su cuerpo hacia ella, pero el dolor fue demasiado para él. Al escuchar su gemido de dolor, Satu despertó y se irguió. Kanon se dio cuenta de que tenía puesta un pijama y una bata sobre ella que le había visto previamente a Casandra, y el gemelo supuso que su cuñada se la había prestado.
-Oh, por fin- dijo la chica al verlo, con una amplia sonrisa- todos han estado tan preocupados. ¿Estás bien?-
-Y tú- dijo Kanon, levantando su brazo para acariciar la mejilla de la chica, cuyos lindos ojos de color verde lo observaban con un brillo lleno de alegría- me alivia que estés bien-
-¿Porqué recibiste el golpe que estaba destinado para mí?- dijo Satu, tomando su mano y, con cariño, poniéndola sobre su propia mejilla- fue estúpido, Kanon, no debiste hacerlo, ¿porqué lo hiciste?-
Kanon sonrió. La tiró suavemente de su hombro, indicándole que se acercara a él. Satu entendió y se acercó, recostándose junto a él. Kanon solo pudo rodearla con su brazo. Hizo una mueca de dolor cuando intentó girarse hacia ella.
-No te muevas, te va a doler, rakkaani- dijo la chica, besando los ojos cerrados del gemelo.
-¿Qué significa eso, κορίτσι μου?- dijo Kanon.
Satu sonrió. Apoyándose en sus manos, se levantó y se colocó sobre él con sumo cuidado de no lastimarlo. Se acercó suavemente a su rostro, con sus labios a escasos centímetros de los de él. Kanon no se contuvo, y puso sus manos en las caderas de la chica, e intentó levantar su rostro hacia ella, intentando acortar la distancia entre ellos. No lo logró, se sentía demasiado agotado. Satu entonces se inclinó hacia él y lo dejó besarla.
Ese beso fue realmente divino y delicioso, como Kanon nunca había sentido antes. El santo de Athena abrazó a su chica y la atrajo más hacia sí mismo, hasta que la chica apoyaba todo su cuerpo sobre él.
-¿Estás bien, Kanon?- dijo Satu, una vez que se separaron- no… no quiero que pases dolor o que estés incómodo-
-Shhhh- dijo Kanon, sonriendo y colocando su índice en los labios de la chica- en este momento estoy lo menos incómodo que he estado en toda mi vida-
Fuera de la habitación, Saga y Casandra solo escucharon las risas de ambos. De pronto, el mayor de los gemelos tomó uno de sus propios calcetines y lo colgó del pomo de la puerta del cuarto de Kanon.
-¿Saga?- dijo Casandra, alzando las cejas- ¿porqué…?-
Saga sonrió, y la alejó de la puerta del cuarto de su hermano, guiñando un ojo. Casandra sonrió también, y ambos se alejaron.
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CONTINUARÁ…
cosmo: muchas gracias por tu review, sí tengo planeado un fic para Afro, pero habrá otros dos primero.
¡Hola a todos! Espero que les esté gustando. El próximo capítulo es el epílogo. Pueden agradecer esta actualización temprana a Misao-CG, es un gran, gran, GRAN esfuerzo para evitar que se le reviente un aneurisma o le de un infarto y/o una embolia. Ya saben, más vale prevenir. Muchas gracias a todos por seguir leyendo y por sus reviews.
Abby L.
