Guerra de Primavera(DM)
16 de Abril.
Guerra de Primavera Declaración
La boca de la bestia se abría ante nosotros, con litros de saliva espumosa fluyendo entre sus dientes de roca y percebe. Estaba atrapada en su guardia al pie de los acantilados, rugiendo de hambre y frustración, y Afrodita pretendía que saltáramos dentro de ella. Se podía ir al demonio, no me pensaba meter en el agua, en ningún agua, mucho menos en el mar! ¿Estaba loco?
-Ni hablar- Protesté, horrorizado, por enésima vez. El enano insistió con un gesto de cabeza, y se me quedó mirando.
-¡Que no!
Siguió manteniendo la mirada, como si quisiera desgastarme el cráneo con ella
-¡He dicho que no!
Mirada
-¡Que no quiero!¡Eres un plasta!
Traté de largarme, pero me cortó el paso y me siguió clavando la mirada, todo ojos. Traté de esquivar en otra dirección y volví a encontrármelo en medio, siemrpe un segundo más rápido que yo, mirando como un fantasma acusador. No me llegaba ni a la barbilla, peor era tan asquerosamente testarudo!Le empujé a un lado. Le dio igual, recobró pie y saltó como un conejo, cortándome el paso otra vez
-No importa que no sepas nadar. Yo te ayudaré.
-¡Se nadar!¡Se nadar perfectamente!¡Se nadar mejor que tú y que todos!¡pero no me gusta el agua!¡Es asquerosa y salada y sabe a sudor y está llena de algas!
Levantó una ceja, su equivalente habitual para reirse en tu cara. Le empujé a un lado, a dos manos, furioso y avergonzado, y me empecé a alejar de allí tan rápido como podía hacerlo sin llegar a correr. Cuando estaba al fin libre, o eso creía, de los setos del camino hacia los que había tirado al mocoso se sacudió mientras le brotaba una cabeza.
-No puedes conseguir una armadura de Plata si tienes miedo al agua
-¡NO LE TENGO MIEDO AL AGUA!-Hice mi socmo explotar, para ayudarle a captar la idea, y me di la vuelta. Tras un par de metros marchando con total dignidad giré la cabeza para comprobar que Afrodita me seguía, o temblaba aterrado, o algo así, peor no. Ni me persiguió, ni gritó insultos de vuelta, ni se sintió herido ni me atacó, como todo rival decente debería haber hecho. Menos de treinta segundos después de mi exhibición de poder el enano había encontrado un gusano, que le pareció de lo más fascinante, bajo una de las piedras que mi energía había hecho volar, y estaba a cuatro patas en el suelo, con medio cuerpo fuera del seto y el otro medio dentro, observando el espécimen con cara de felicidad, sin recordar que yo existía.
17 de Abril
Guerra de Primavera. Mantén a tus Aliados Cerca
Me escurrí entre las sombras de la aldea, como si cada adoquín, cada aldeano, cada perro abandonado supiera mi humillante secreto. Me las ingenié para arrastrarme, invisible y sigiloso, hasta la plaza mayor. Allí, a la puerta de una sastrería, un grupo de mujeres en sillas de paja se deleitaba cepillando y emperifollando el cabello de Afrodita, que se dejaba hacer con paciencia.
-Pstch!-le llamé, peor no hubo respuesta
-Pstch!
-Psssstttthchhhhhhhhhhhhhhhhh!- Media plaza se acabó girando a mirarme como si fuera verde, antes de que a mi amigo se le ocurriera mover la cabeza, toda coronada con margaritas y cintas y no se cuantas cosas, y notar que le llamaban. Soporté con estoicismo las miradas curiosas de media población local según pasaba a mi lado, sin abandonar mi posición de espía, rojo como un tomate tratando de volverme invisible a base de fuerza de voluntad mientras movía la mano muy discretamente hacia Afro.
El pequeño santo cambió la sonrisa falsa por un gesto animado, y descruzó las piernas al verme. Se despidió de las señoras con amabilidad, arrancando cumplidos y carantoñas y suspiros de todos y todas, y se retiró de su trabajo como muñeca común a tiempo parcial para venir trotando hacia mí.
Respetuoso con mi delirio de anonimidad, no me miró hasta haber cruzado la esquina en la que me escondía (de hecho,creo que fue la única persona que no estaba mirando hacia mi esquina) y, cuando me pasó, se pegó a la pared a mi lado, con mirada interrogativa y una exageración intencional en sus gestos de camuflaje que me estaba fastidiando. Ignoré su broma, igual que había ignorado el hecho de no ser invisible y de estar como un tomate, y dirigí nuestra retirada común por el mismo camino de sombra spor el que había venido.
Más alejados del gentío, en las callejas exteriores, y sintiendo que mi cara debía estar más marrón que roja de nuevo, me giré hacia él. Afro ladeó la cabeza, que había perdido la mayoría de las cintas y ornamentación floral por el camino, a la espera de una explicación. Me aclaré la garganta
-¿Por qué les dejas hacer eso?- rodee. Él se encogió de hombros.
-Bueno. No es que me importe, ¿sabes?Pero he estado pensando...Sobre esa cosa de nadar y todo lo demás...Creo que te dejo ayudarme, si aún quieres. No es que lo necesite, pero, bueno, se ve que te hace ilusión- y ahí iba el rojo de nuevo. Maldición. ¿Sabéis que es peor que ponerse rojo de vergüenza? Ponerse rojo de vergüenza en frente de alguien que tiene una corona de flores en la cabeza.
Afrodita hizo lo que pudo por contener su sonrisa en pos de mi orgullo, pero falló, dejando oir una risita alegre tras los labios cerrados
17 de Abril
Guerra de Primavera. Un Buen Día Para Morir
De entre todas las formas que hay de morir, y mis gustos mórbiodos me habían llevado a desarrollar un extenso catálogo de ellas, ordenado cuidadosamente según lo horribles que eran, morir ahogado se llevaba la palma. Morir ahogado en el mar, específicamente. Si, digamos, te inmobilizaran el cuerpo entero y te sumergieran la cara en agua hasta que te ahogaras,o te encerraran en una caja metálica y la llenaran de agua (como he dicho, era un catálogo muy completo) solo sería moderadamente malo, porque es una progresión directa hacia la muerte, sin esperanzas falsas, pero el mar era otra cosa. La muerte por agua estaba de base en lo alto de mi ranking de horribilidad, posiblemente porque era la única de la que había estado realmente cerca por entonces, pero me parecía la materia de las pesadillas. Nada estaba mal, anda estaba herido, anda estaba roto, y aún así todo dolía, y te seguías moviendo, patéticamente, desesperado, y no ibas a ningún lado. Miré a Afrodita mientras pensaba en eso, para descansar la vista de la boca del monstruo rugiente que pretendía meterme su saliva salada hasta el cerebro en cuanto pusiera un pie allí, y él me sonrió, tranquilo. Quise devolver la sonrisa, pero me temblaban las piernas cada vez que veía el mar moverse bajo nosotros, y el corazón estaba a punto de salirme por la boca. Tuve algo de tiempo para sentir como mi sangre se coagulaba en las arterias antes de decidir que aquello no era para mí.
-Yo te sacaré-dijo el niño junto a mí, con su vocecilla llena de gruñidos extraños, al verme dar un paso atrás. Estallé de pánico, es decir, estallé de rabia. Lance las manos al cielo y le empujé, haciéndole caer de culo al suelo, cosa que tampoco hizo por resistir, como de costumbre.
-¡¿CÓMO VAS A SACARME DE NINGÚN SITIO, SI ERES MÁS PEQUEÑO QUE YO, Y TIENES FLORES EN EL PELO?!
Me aseguré de gritar tan cerca de su cara que si cerraba los sientes pillaría si nariz entre ellos. Muchos niños se habrían meado de miedo. Por supuesto, no funcionó con él. Afrodita se rascó la cabeza un momento. Después retiró los restos de la corona de flores que las aldeanas habían trenzado con sus rizos, y me la puso a mí. Después sonrió, y se me quedó mirando fijamente, mirando justo en el fondo de mis ojos, y forzándola sutilmente a mirarle a él a los suyos.
No recuerdo que vi en esa cara redonda. Quizás su autoconfianza, o una energía dorad,a o...ni idea. Recuerdo que la tensión se desvaneció. Lancé un bufido molesto y aterrado, mientras él se levantaba del suelo.
-¿No es una trampa?¿Seguro?-Murmuré, al borde del agua. Él me sostuvo la mirada, y sonrió de nuevo, y por alguna extraña magia me encontré saltando al agua.
25 de Abril
Victoria (DM)
Victoria(DM)Estábamos persiguiéndonos entre las olas, hundiéndonos el uno al otro y tratando de empujarnos contra las rocas con pequeñas explosiones cósmicas mientras yo me reía a carcajadas, cuando alguna extraña combinación cósmica con la que no habíamos contado salió en la dirección equivocada y se estrelló contra la pared del acantilado. La pared de roca, debilitada por la erosión, se rajó de arriba a abajo con un "crack" y un "crick" y un "barrabúmbumbumbumbum!" que se extendió en bumbs infinitos mientras la pared de roca se derrumbaba, extendiendo la destrucción y la caída de árboles y rocas por toda la línea de acantilados. Hubo pájaros volando aterrados y árboles flotando en la mar salada desde la que nosotros, petrificábamos, observábamos lo que habíamos hecho para tratar de estimar cómo de grande era el lío en que nos habíamos metido, mientras la cadena de destrucción extenderse por la costa como un castillo de cartas que cae a cámara lenta, con clara vocación de seguir hasta el fin del mundo. El ruido paró cuando los derrumbes ya se habían perdido de vista hacía mucho tiempo. La parálisis tardó varios segundos en abandonarnos, nos giramos hacia el otro fuimos capaces de tal logro, con los ojos como platos, como conejos flasheados, como conejos flasheados por las luces largas de una nave espacial. El veredicto era claro: en un lío enorme
-Uh...Yo no he visto nada. Tú no has visto nada. Nadie ha visto nada. Esto ya estaba roto cuando vinimos aquí-informé, con la voz aguda de más. Afrodita asintió con entusiasmo
Nadamos hacia la orilla, tratando de vernos tan parecidos a un alga como era humanamente posible, con los ojos aún clavados en la destrucción que habíamos causado. Parecía una de esas cosas de las que uno no sale vivo, pero teníamos un plan, y eso me calmaba..hasta que Afrodita abrió los ojos de golpe, como si acabara de recordar algo. El maldito faro.
Negué con la cabeza efusivamente cuando me miró, y traté de hacerle entrar en razón cuando saltó al agua de nuevo, dispuesto a ir hacia allí, pero fue inútil. Al final, me descubrí yendo con él, y metiéndome en problemas con él, como un imbécil. Pero fue agradable tener un plan juntos, aunque fuera un malísimo
Postguerra(DM)Entre toda la gente que no quería que me mirara reprobatoriamente, aquella enorme montaña de energía, coronada con un casco rojo y puntiagudo que parecía el cadáver de un erizo draconiano, era la primera de ellas. Mi héroe del pasado, Capricornio, estaba de pie junto a la figura, y nos echaba la charla en su nombre. Reprochó a Afrodita como si fuera una rutina diaria para él, parecía que incluso se sabía la bronca de memoria y símplemente la repetía una y otra vez, en bucle de reproducción eterno, salpicándola con algunos golpes bajos y exageraciones e insultos discretos que me estaban poniendo de los nervios. Era injusto, el era excesivo, y sorbe todo era siete veces más largo de lo que me había soltado a mí. Afro mantenía la cabeza baja y las manos atrás mientras escuchaba, no parecía estarle importando mucho todo aquello, aunque en su caso eso siempre fue difícil de adivinar, pero yo me iba desencantando de él a marchas forzadas, y sintiendo cada vez más preparado para sacarle el casco de un puñetazo a ese cretino ándolo tan de cerca, y a través de la indignación, la cabra no parecía mucho más alta que yo si le sacabas los cuernos, y estaría encantado de sacárselos de un puñetazo. Le venían tan grandes que hasta un soplido habría valido.
Me contuve y mantuve la cabeza baja, porque estaba el patriarca, y porque no quería meternos a ambos en más problemas, pero cuando capricornio volvió a lanzar un golpe bajo contra Afro todo se volvió rojo
-¡Oye, Cretino! Baja el tono ¿Quieres? Ya te hemos dicho que fue un accidente, y si nos has pillado es solo porque ÉL-señalé con el pulgar al pez- insistió en ir a buscar víctimas. Así que vete calmando.
Si, me estaba encarando a un santo de oro siendo yo un santo de nada, y en ese momento me importaba tres cuernos. Capricornio me miró, sorprendido al recordar que yo existía. Por supuesto, el gran Dorado no me había dirigido la palabra directamente desde que había llegado, lo que, sorprendentemente, no me cabreó ni la mitad de lo que me cabreaba oirle llamar a Afrodita egoísta, entre otras lindezas del estilo. Juro que no me habría molestado si la cabra hubiera dicho una sola cosa cierta, peor no lo hizo. Si nos iban a castigar por derribar media costa griega, de acuerdo, tenía sentido, pero no pensaba tolerar una sola de las otras acusaciones falsas que defecaba por la boca el tipo. Le miré a los ojos y él me miró a mí como si fuera estiercol. El tipo era tan poderoso como es posible para un humano, lo sentía en mis huesos, pero por algún motivo misterioso, no me sentí intimidado en ningún momento.
-Tú...la verdad, estoy sorprendido de que hayas admitido esto voluntariamente.
-Bueno...A mí me sorprende que sepas quien soy, así que ¡Sorpresa!
Eventualmente se retiró de la competición de miradas, y volvió a dirigirse a Afrodita, con la intención de fingir que yo no existía
-Te dije que si jugabas con basura acabarías manchándote. Ahora nos has comprometido a tod-Le agarré del brazo para obligarle a mirarme
-¡Estabas hablando conmigo!- No había ni empezado a girarle el brazo. Lo demás fue demasiado rápido. Sentí el cosmo de Capricornio alzarse y estallar contra otro, o algo. Recuerdo luz en todas direcciones y todo yendo demasiado rápido. Para cuando yo había elevado mi energía todo había acabado. Noté un toque cálido en el brazo. Los dedos de Afro me sacaron del modo lucha más rápido de lo que ningún puñetazo habría podido hacerlo. Estaba entre nosotros dos, por algún motivo misterioso, y sujetaba a Capricornio con la otra mano(aunque, para él, estaba usando la mano entera, por las dudas) Ví un pétalo de algo negro por el suelo, epor asumí que había caído del pelo de Afrodita, que señalaba con la cabeza a la figura gigantesca, y sorprendentemente pasiva, que seguía a nuestro lado. Esa visión me hizo recuperar los modales a toda velocidad.
-No eres digno de estar entre nosotros si no sabes elegir mejor tus compañías.
-Lo ha admitido, Shura, igual que yo, y buscó supervivientes y se ha ofrecido a reparar los daños, igual que yo. ¿Cual es la diferencia?- Shura se sacudió la mano de Afrodita del brazo, y me miró con la misma cara de asco que ahce unos segundos me rogaba por un puñetazo
-No lo se. Pero sé que hay una.
La gente a la que habíamos dejado sin casa y a la que , técnicamente, casi habíamos matado, fueron los designados por el Patriarca para decidir qué castigo tendríamos. Fueron sorprendentemente magnánimos con Afrodita, y, por extensión, conmigo. No me cabe duda de que ese fue el orden exacto en que tomaron las decisiones.
