SEGUNDA OPORTUNIDAD

XII: EPILOGO

Giudecca, Inframundo

Después de la batalla

Violate regresó al Inframundo siguiendo a Minos y a los otros espectros que habían ido a pelear. Thanatos, por su parte, no había pronunciado media palabra y se había llevado a Agatha, quien aún estaba inconsciente por sus heridas, a su palacio en Elysion. Violate se encogió de hombros. Le había caído bien esa chica. Demasiado frágil para su gusto, pero tenía en sus ojos la misma chispa que muchos espectros de Hades.

Cuando llegaron a la sala del trono, Violate se detuvo en seco. Hades estaba en su trono, esperándolos, y de pie junto a él estaba Pandora. Perséfone no estaba a la vista, pero eso no fue lo que hizo a Violate hacer un gesto de perrito arrepentido. Radamanthys estaba de pie junto a Hades, con los brazos cruzados y una expresión aburrida, como si le diera envidia que Minos haya ido en esa misión. Aiacos también estaba ahí, de pie junto a Radamanthys, brazos cruzados y una expresión dividida entre la preocupación y el enojo.

-Bienvenidos de regreso, espectros- dijo Hades de buen humor, mientras que Aiacos mantenía la expresión sombría- ¿qué pasó?¿cómo les fue?-

Minos tomó la palabra, y relató a detalle todo lo que había ocurrido. Le explicó como habían atacado el complejo y como Agatha había abierto el cofre donde estaba Thanatos. También le contó como los santos de Athena habían llevado a cabo su propia misión, y como al final, entre todos habían destruido ese complejo, incluido ese horrible estanque de lampreas. Cuando Minos les contó lo que había pasado con Agatha, como el hombre la había golpeado con tanta saña para evitar que liberara a Thanatos, Hades dejó escapar una mala palabra, Radamanthys frunció (más) el entrecejo y Aiacos gruñó en voz alta.

-Con razón la señora Perséfone se fue con tanta prisa- dijo Pandora pensativa.

-Pero la señorita Agatha estará bien- dijo Violate, intentando calmar la situación- la señora Perséfone la curará, y después ella y el señor Thanatos…-

-Violate…- la reprendió Aiacos.

-Bueno, menos mal- dijo Hades tras aclararse la garganta, sintiendo la tensión entre Aiacos y Violate- gracias por dirigir el ataque, Minos-

Minos se inclinó y salió. Radamanthys lo siguió, no sin antes dedicarle una mirada burlona al juez de Garuda. Hades y Pandora se dirigieron hacia el muro de los lamentos, para llegar al palacio de Thanatos y preguntar como seguía Agatha. Finalmente, Violate y Aiacos se quedaron solos en la sala del trono.

-Eh… creo que mejor regreso a mis deberes- dijo Violate, mirando hacia el suelo para evitar sonrojarse- con su permiso señor A…-

-¡Medio momento!- dijo Aiacos en voz alta, que casi hizo que Violate diera un respingo de sorpresa. Casi- no tienes mi permiso. ¿A donde crees que vas? ¡Tenemos que hablar!-

Violate dejó escapar un largo suspiro, mientras que el juez se acercaba a ella. La chica no se movió de su sitio.

-Pero Aiacos, yo…- comenzó la espectro.

-Señor Aiacos para ti, Violate, sigo siendo tu superior- dijo el juez de Garuda, deteniéndose a escasos centímetros de ella- primero me debes una explicación. ¿Cómo te fuiste sin avisarme?-

-Yo…- comenzó ella. Se mordió el labio inferior. Vaya que le gustaba mucho Aiacos cuando se ponía todo autoritario y mandón, pero estaba vez no: sabía que estaba en problemas con su chico- el señor Hades me ordenó que fuera escondida en la sombra de Agatha. Fueron sus órdenes directas-

-Pudiste haberme avisado- dijo Aiacos con un tono molesto que intentaba ocultar más bien que estaba dolido. Dio un paso más al frente. Violate podía sentir la respiración de su chico sobre su rostro.

-Lo siento mucho- dijo Violate, bajando la mirada tanto que pudo ver sus pies y los de él- debí haberlo hecho. Todo fue tan rápido que…- se interrumpió- lo lamento, señor Aiacos-

El espectro de Garuda la evaluó con la mirada por unos segundos. Finalmente, Aiacos relajó su mirada. Extendió sus brazos hacia ella y la envolvió con un abrazo. Violate se ruborizó furiosamente, pero acomodó la cabeza sobre el pecho de él de muy buena gana. Cuando el juez la estrechó, la chica hizo una muy bien disimulada expresión de dolor. Pero Aiacos la conocía muy bien. La observó con cuidado, y notó la herida en su hombro.

-Mira nada más lo que encontré- dijo Aiacos, alzando las cejas, pero mostrando una sonrisa traviesa- ¿una cicatriz más para tu colección?-

Violate sonrió también y asintió.

-¿Perdón?- dijo la chica espectro.

Aiacos la evaluó con la mirada.

-Te perdono, solo por esta vez- dijo Aiacos. La tomó de las manos y se acercó a ella. La besó con cariño.

Palacio de Thanatos, Elysion, Inframundo

Dos días después

Thanatos suspiró con algo de impaciencia. Extendió su mano, y tomó la de Agatha con cariño y con cuidado. No quería volver a perderla. Ya la había visto morir una vez, de hecho la había sacado de su cuerpo para ahorrarle el sufrimiento que pudiera. Y ahora la encontraba golpeada, con un brazo y un par de costillas quebradas, así como varios golpes, y todo por intentar sacarlo de la caja donde estaba encerrado. Niña tonta.

Perséfone la había curado lo mejor que pudo. Había reparado su brazo roto, vendado su pecho para inmovilizar sus costillas, entre otras cosas, y la había sumido en un profundo sueño para ayudarla a sanar. Thanatos estaba impaciente. ¡Se moría por que despertara, por hablar con ella, decirle lo mucho que la quería! Agradecerle lo que hizo por él…

Violate pasó una o dos veces a verla. Después del semiregaño que había recibido, había curado su herida, y había ido a Elysion acompañada de Aiacos. Thanatos no lo soportaba: parecía que iban a su palacio como si Agatha fuera a morir.

-No tienes que ser tan gruñón, Thanatos- dijo Hypnos de pronto, haciendo que su gemelo levantara la vista, mirándolo con desdén.

-Vete- gruñó Thanatos.

-No te enojes- dijo el dios del sueño- tenías razón. Me equivoqué-

Thanatos alzó las cejas. Primera vez desde los tiempos mitológicos, su orgulloso hermano aceptaba que se había equivocado con algo.

-¿De qué hablas?- dijo el dios de la muerte.

-De ella- dijo Hypnos, señalando a la chica- tenías razón sobre Agatha. Ella es única. Y te ama, a pesar de lo gruñón y desagradable que eres-

-Gracias, hermano- gruñó Thanatos, poniendo los ojos en blanco. Hypnos sonrió y puso su mano en el hombro de su hermano.

-Estará bien, Thanatos- dijo Hypnos- solo ten paciencia-

El dios de la muerte asintió, y su gemelo lo dejó solo. Thanatos suspiró al ver a su hermano salir de su habitación, y volviendo su mirada entristecida a Agatha. Cerró los ojos y se dejó caer hacia atrás, apoyando la espalda en el respaldo de su cilla, rogando a los dioses por que eso acabara pronto y que la chica despertara.

Sintió de pronto una mano tomando la suya. Thanatos abrió los ojos de golpe, y vio la mano de Agatha sobre la suya, cerrándose sobre la muñeca del dios. Éste alzó las cejas, con miedo a sonreír en caso de estar equivocado. Tomó la mano de la chica con sus dos manos, y ésta giró su cabeza hacia él. Agatha parpadeó un par de veces, y abrió los ojos. Volvió a parpadear, y entrecerró los ojos para enfocar.

-¿Thanatos?- dijo la chica en voz baja, como si no pudiera creer lo que veía- aquí estas… ¿lo… lo logramos?-

El dios de la muerte sonrió ampliamente, aliviado y agradeciendo mentalmente a los dioses que la chica hubiera despertado.

-Sí, Agatha, lo lograste- dijo Thantos, levantando una de sus manos y acariciando su rostro- aunque la verdad tuve miedo de que te dejaran en pedazos, no quería perderte otra vez…-

-No, no es así- dijo Agatha, y se dio cuenta de lo que había dicho- espera, ¿que dijiste?-

-No quería perderte otra vez- repitió Thanatos, sin dejar de sonreír. Agatha se sonrojó por completo, haciendo que el dios acentuara su sonrisa, levantara su mano y la besara con cariño- hubiera preferido pasar toda una eternidad en esa caja que haber permitido que te lastimaran otra vez-

Agatha le dedicó una sonrisa cansada, pero sincera. El corazón de Thanatos dio un vuelco de contento. El dios se inclinó hacia ella y la besó en la frente. La chica dejó escapar el aire que aún tenía en sus pulmones y volvió a enfocar su vista en él.

-Gracias- susurró Thanatos, bajando la mirada, con una expresión seria y triste- no era bonito dentro de esa caja. Gracias por sacarme-

-No tienes nada que agradecer- dijo Agatha, volviendo a cerrar los ojos. ¡Vaya que estaba cansada y dolida!- tú te sacrificaste por mí…-

Thanatos sonrió de nuevo, y tomó otra vez sus manos. La chica griega volvió a abrir los ojos y mirarlo.

-Fue por ti, Agatha- dijo el dios- seguramente lo sabes: lo hice por ti. No podía dejar que ningún cayera sobre ti. Yo… te quiero. Te amo, Agatha. Entiendo que quizá tu no sientas lo mismo- continuó rápidamente Thanatos, interrumpiendo el intento de Agatha de responderle- pero quiero pedirte una oportunidad…-

-Señor Thanatos…- comenzó Agatha.

-No… no seas formal, me puedes llamar por mi nombre- dijo el dios, interrumpiéndola de nuevo.

Agatha dejó escapar un suspiro cansado.

-Thanatos, ¿quieres dejar de interrumpirme?- dijo la chica, entre exasperada y sonriente. El dios se sonrojó ligeramente, asintió y la miró atento- yo… no estaba muy segura de mis sentimientos. ¡No me interrumpas!- dijo de nuevo, cuando Thanatos parecía que iba a decir algo- Thanatos, no estaba segura. Pero cuando Perséfone y Pandora dijeron… no sé, insinuaron que sentías algo por mí. Y me di cuenta que yo no son indiferente a ti. Cuando ese sujeto te encerró… me di cuenta. Yo también te…-

Pero no alcanzó a completar su frase, porque Thanatos se inclinó de nuevo sobre ella, y la besó en los labios. Agatha se asustó: nunca, en ninguna de sus cortas vidas, había sentido eso. Las caricias del dios la tranquilizaron y la hicieron cerrar los ojos y disfrutar el momento.

-Eres muy impulsivo, dios de la muerte- dijo Agatha, sonriendo, una vez que se separaron- y cómo te gusta interrumpir…-

-Y tu eres una mortal insolente- dijo Thanatos sin dejar de sonreír. Se levantó de su silla y se sentó en la orilla de la cama. Acarició con cariño el brazo descubierto de la chica, justo arriba de sus vendas- estarás bien. Nadie nunca me va a separar de ti-

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Enfermería del Santuario

Oskar se levantó pesadamente con ayuda de Sofi y de Aioros. Ya estaba mejor, y no podía esperar por ver a Satu. Aunque estuvo inconsciente la mayor parte del tiempo en que Saga y los otros fueron a pelear a Esparta, supo lo que había pasado y quería asegurarse de que su hermanita estuviera bien. No era necesario, pues Satu había aprovechado que Kanon se había quedado dormido por fin para salir a ver como estaba Oskar.

-Satu- dijo el chico en voz baja- menos mal que estás bien-

-Y tú- dijo Satu, alzando las cejas al verlo. Miró a Aioros y a Sofi, y se sonrojó- gracias por haber cuidado a mi hermano-

Sofi y Aioros se miraron y se sonrieron entre ellos.

-No es nada, Satu- dijo Sofi- bienvenida-

Satu se ruborizó.

-Yo… ¿de que hablas?- dijo Satu.

Aioros y Sofi, se echaron a reír en voz baja. Satu miró hacia abajo, y Oskar los miró, confundido. Sofi decidió que era mejor no seguir molestando a la chica rubia, solo le guiño el ojo y, tomando la mano de Aioros, tiró de él para dejar solos a los hermanos.

-¿Qué vas a hacer a partir de hoy, Satu?- preguntó Oskar tras abrazar de nuevo a su hermana. Había estado muy preocupado por ella- quiero decir, yo tengo un departamento aquí en Atenas. Puedes quedarte conmigo, si quieres-

Satu solo sonrió levemente, sin responderle. ¿Cómo le explicaba lo que estaba sucediendo con Kanon? Ni ella misma sabía que era lo que estaba pasando. Solo sabía que quería estar con él, y sabía que lo amaba. Le dio una palmada en el brazo a su hermano, y regresó al templo de Géminis, dejando a Oskar confundido.

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Templo de Virgo

Shaka sintió una gruesa gota de sudor en la parte trasera de su cabeza. Se puso de pie y caminó en círculos alrededor del chico de cabellos rizados que tenía frente de él. Suspiró resignado. El pobre adolescente estaba todo golpeado y parchado. Y su cuerpo no era lo único que estaba dañado. Su corazón estaba lleno de sufrimiento y de miedo. Lydia le había contado lo que sabía sobre su vida previa con Henry y los otros, y lo entendía perfectamente.

El santo de Virgo suspiró de nuevo, resignado. Mientras tanto, Christoffer lo miraba con curiosidad y espanto. No le quitaba la vista al santo, como si de pronto fuera a atacarlo de pronto. Cada movimiento súbito que hacía Shaka, Christoffer daba respingos.

-Deja de hacer eso- dijo Shaka de pronto, haciendo que el chico diera otro respingo de sorpresa- dije que dejaras de hacer eso-

Christoffer no respondió, solo le dirigió una mirada llena de vergüenza. Shaka suspiró una tercera vez. Eso iba a tomar tiempo. Se sentó frente a Christoffer en posición de flor de loto.

-Vamos a empezar a hacer esto- dijo Shaka, armándose de paciencia. Sonrió levemente. Sabía que iba a ser difícil para un chico como Christoffer. Pero sabía que ese chico no era el único que habría tenido dificultades para dejar ir la tristeza de su pasado.

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Templo de Piscis

Mu acompañó a Lydia a su templo. Sabía que Afrodita estaría muy preocupado. Justo antes de entrar al templo, la chica se volvió al santo de Aries.

-Por cierto, Mu- dijo ella, tomando sus manos- gracias, por haberme… ya sabes-

Mu sonrió, y la abrazó con cariño. Una vez más había tenido miedo de perderla, y ella de perderlo a él. No fue el único que se preocupó. Aioros y Aioria estaban devastados, y Mu sabía como se había puesto Afrodita, incluso a punto de pelear con Kanon. El santo de Aries sacudió la cabeza y la besó en la mejilla.

-No lo menciones, Lydi- dijo el santo de Aries con una enorme sonrisa- pero se te está haciendo hábito eso de meterte en problemas. Quizá será mejor que no te juntes tanto con la señorita Athena…-

-Oye…- dijo ella, frunciendo el entrecejo y haciendo reír a Mu. Lydia sonrió también y lo besó.

-Casi es tu cumpleaños- observó Mu, intentando distraer sus pensamientos, pero Lydia sacudió la cabeza.

-Es lo mismo todos los años- dijo la chica, sin dejar de sonreír y poniendo los ojos en blanco- este año no es bisiesto, no tendré cumpleaños otra vez-

-Puedes celebrarlo el último día de febrero o el primer día de marzo- dijo Mu, encogiéndose de hombros.

Lydia sonrió pensativa. Ese iba a ser su primer cumpleaños en el Santuario de Athena. Con sus hermanos, con Mu. Con su maestro Afro. Y con sus nuevos amigos. Hacía poco menos de un año que había llegado al Santuario y su vida había cambiado mucho.

-Supongo que sí- sonrió ella- creo que mis hermanos no saben lo mucho que me gusta el pastel de manzana. No me enojaré si me sorprenden con uno-

-Creo que el pastel de manzana es una muy mala idea, Lydi- le dijo Mu- ya sabes que Milo tiene problemas con las manzanas. Aioros ha tenido que espantarlo de su cocina varias veces, porque se roba las manzanas que son para Sofi. Y sabes lo difícil que es que Aioros se moleste-

Lydia se echó a reír, y se puso de puntitas para besarlo en la mejilla.

-Vamos, será mejor que veas a tu maestro pronto- dijo Mu en voz baja cuando estaban ya en la entrada del templo de Piscis- cuando supo lo que había pasado cuando te atacaron y vio tu máscara, se preocupó casi tanto como yo. Casi pelea con Kanon por ello-

-Oh…-comenzó a decir Lydia, y se apresuró a entrar al templo, sin soltar la mano de Mu.

El santo de Piscis estaba en el jardín de rosas, tratando de animar un grupo de rosas que estaban muy marchitas. Lydia soltó a Mu y se lanzó a abrazar a Afrodita, quien no se esperaba que su joven alumna estuviera detrás de él. Cuando se volvió, una enorme sonrisa apareció en el rostro del santo.

-¡Lydia!- dijo Afrodita, tomando su rostro entre sus manos, muy aliviado de verla ilesa- ¿estás bien? Que bueno que estas de regreso…-

-Afro, estoy bien- dijo Lydia- no te preocupes por mi-

-Vi tu máscara hecha pedazos- dijo Afrodita, aún mirándola aliviado- y pensé… pensé que…-

-Estoy bien- dijo Lydia en voz baja- todos estamos bien…-

Afrodita volvió a abrazarla, aliviado. Mu sonrió, apoyado en la puerta, mientras miraba a Lydia con su maestro. Suspiró con una sonrisa. Todo iba a estar bien a partir de ahora.

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Templo de Géminis Santuario de Athena

Saori sonrió cuando Saga le avisó a ella y a Shion que Kanon ya había despertado, y que Satu se quedaría a cuidar de él. Saori no dijo nada, solo sonrió de manera muy peculiar, que hizo que tanto el Patriarca como Saga alzaran las cejas.

Saga regresó a su templo, y se encontró a Casandra preparando a Kostas para irse a dormir.

-Pero mamá- dijo el pequeño- ¿porqué no puedo ir con tío Kanon?-

-Porque tu tío está descansando- dijo Casandra- más vale que lo dejes dormir-

-¿Y porqué está una chica?- preguntó el niño.

-Porque ella lo está cuidando- dijo Casandra.

-¿Y porqué lo cuida ella?- preguntó Kostas otra vez.

Casandra puso cara de circunstancias. La etapa de los porqué. Saga sonrió y se sentó junto a él.

-Vamos a dejar a tío Kanon porque está cansado- dijo Saga- y vamos a irnos a dormir, porque ya es muy tarde. Mañana le puedes hacer esas preguntas a tu tío-

Kostas pareció satisfecho y se apresuró a la habitación de aprendices de Géminis, que había sido preparada como su habitación. Saga tomó de la mano a Casandra, y ambos entraron a la habitación del santo.

-Vaya que a Kanon le pegó duro- dijo Casandra casualmente, sonriendo.

-Vaya que sí- dijo Saga a su vez- Satu es buena chica, y tiene un buen corazón. Solo hay que recordarle a Kanon que no debe hacerla enojar…-

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Templo del Patriarca, Santuario de Athena

Saori tomó las hojas de papel que Satu les había entregado tan pronto como había regresado del complejo de Esparta junto con los otros. Mientras que la chica había estado muy alarmada por la condición en la que había regresado Kanon, Saori había entrado en modo Athena y lo había curado lo mejor que pudo de las heridas provocadas por el dios del miedo. Tras asegurarle que Kanon estaría bien, Saori se había dado la vuelta lentamente para dirigirse de regreso a su templo. Satu la había detenido y le había ofrecido las páginas de su libro donde estaban atrapados el dios Phobos y varios de los guerreros que servían a Henry, diciéndole que sabía que Saori sabría que hacer con las páginas.

La verdad era que Saori no sabía que hacer con ella más que poner un sello con su propio nombre, para evitar que el dios se escapara.

-Quizá podríamos devolverla a su madre- le había sugerido Shion.

-Afrodita quizá lo liberará- dijo Saori, pensativa- y su venganza será horrible. No, no debemos permitir que salga de ahí-

-Podemos esconderlo, igual que la esfera que nos entregó Lydia- dijo Shion.

-Quizá tengas razón, pero ambos objetos tienen que estar en sitios separados- dijo Saori- no me gustaría que encontrara una manera de salir y se apropiara de ese objeto-

Shion sonrió. Saori iba mejorando muchísimo.

-Estoy de acuerdo, señorita- dijo Shion.

Saori sonrió también y subió a sus habitaciones a descansar. Cuando estaba a punto de irse a dormir, leyó un mensaje que le había llegado a su teléfono. Tras leerlo, volvió a sonreír. Puso el teléfono junto a su mesita de noche.

-Julián, tú solo te metiste en este lío. No diré que no te lo mereces, pero realmente deseo que las cosas se resuelvan para ti- dijo Saori para sí misma antes de apagar la luz.

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Templo de Géminis

Después de varios días, Kanon estaba ya mucho más recuperado. Se había levantado y salido a la cocina. Satu lo siguió: no quería alejarse de él por mucho tiempo. El joven quiso preparar algo para comer, pero de nuevo el dolor lo hizo doblarse por un momento y sentarse en una de las sillas del desayunador. Satu le quitó las cosas de la mano con suavidad.

-Yo lo haré, Kanon- dijo la chica, sonriendo y acariciando los cabellos del gemelo- tienes que descansar…-

Kanon sonrió, pero su rostro también tenía una expresión de dolor. Satu lo besó en la mejilla y se volvió a la cocina. El gemelo menor la observó en silencio, con una leve sonrisa mientras preparaba algo de comer. Una vez que terminó, Satu sirvió dos platos y puso uno frente a Kanon. Tomó el otro plato y se sentó junto al chico.

-Gracias- dijo Kanon.

-No lo menciones- dijo Satu sonriendo.

Kanon deslizó su mano debajo de la mesa y tomó la de la chica. Ella se volvió hacia él y sonrió con cariño y adoración hacia él. El gemelo menor estaba fuera de sí de felicidad.

-Gracias, Kanon- dijo Satu en voz baja mientras comía. Kanon alzó las cejas- gracias por… decidir ver el bien en mí-

Kanon sonrió de nuevo, y se giró hacia ella con cariño, y la besó en la mejilla.

-Igual que tú viste el bien en mí, Satu- dijo Kanon, y apretó la mano de la chica. Bajó la mirada.

-¿Qué pasa?- dijo la chica, borrando su sonrisa y mirándolo preocupada- ¿te sientes mal?-

-Quiero…- comenzó Kanon, dudoso- quiero que te quedes conmigo. Quédate conmigo siempre, Satu-

Satu sonrió de nuevo y asintió. Se abrazó de él con cuidado de no lastimarlo, apoyando su mejilla en la cabeza del gemelo. Kanon la abrazó por la cintura y la atrajo hacia sí mismo. Estaba tan feliz, que no podía creer que algo pudiera destruir su felicidad.

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FIN

¡Hola a todos! Ya se terminó esta historia. El lunes comenzará la nueva historia, que será de Poseidón y Anfitrite. En el fic pasado, me porté muy mal con Julián Solo y con Sorrento, así que me voy a reivindicar.

Espero que les haya gustado. La escena entre Aiacos y Violate fue inspirada por Misao-CG. Muchas gracias a todos por sus reviews y comentarios. Nos leemos pronto.

Abby L.