¡Hola amigos! En esta ocasión, el drabble semanal debe tratar sobre la Patrulla Roja y escribí acerca de las memorias de A18 y cómo el Dr Maki Gero la hizo otra persona profanando su cuerpo. Espero que les guste.


Volví a sentir el terror en mi cuerpo, la respiración agitada y mis manos llenas de un frío sudor. Mis recuerdos de la infancia y adolescencia son difusos, pero en mi mente siguen muy nítidas las memorias desde que vi por primera vez el logotipo de la Patrulla Roja.

Fue un día soleado de verano cuando un anciano, aparentemente inofensivo, se acercó a mi hermano gemelo y a mí y con base en engaños, nos llevó a un laboratorio donde había más personas a las que no sabíamos qué les hacían, hasta que nos dimos cuenta que practicaban con sus cuerpos. Lo peor de todo es que las pruebas eran tan crueles, que casi todos morían.

Cuando nos dimos cuenta de la real situación, mi hermano y yo quisimos echarnos a correr pero no pudimos hacer nada. Un par de hombres fornidos, que más bien parecían robots, nos atrapó y con una sustancia nos hicieron dormir. Lo último que recuerdo es la voz de mi hermano gemelo diciendo mi nombre antes desmayarnos.

— Lázuli...

Cuando abrí mis ojos de nuevo, ya no era yo. Era otra. Más robot que humana, con mi conciencia dominada, con la mente sólo puesta en asesinar a un tipo llamado Gokú. Pero lo que yo quería en realidad, era asesinar con mis propias manos a ese maldito anciano que profanó mi cuerpo y el de mi hermano. Su voz y su presencia provocaban en mí los peores instintos asesinos, pues vivía un infierno por su culpa.

No sé cuántos meses o años pasaron hasta que ese anciano me despertó de nuevo. Mi hermano y yo lo matamos, pero no era suficiente. La vida me tenía preparadas muchas cosas. Luché contra varios guerreros y luego, un monstruo me hizo parte de él. No había forma de escapar de este destino que yo no escogí. Ya no era yo...

Desperté. Mi respiración era agitada pero se normalizó poco a poco. Miré a mi alrededor y vi que todo estaba en silencio, quieto. Él dormía plácidamente y acurrucada a su lado, ella, angelical y pequeñita, el fruto de nuestro amor. Su respiración armoniosa y sus rostros llenos de tranquilidad al dormir me dejaron en claro que ya estaba a salvo.

Todo estaba bien.