Claim: Byakuran/Shōichi — 10051
Número de palabras: 696
Universo: Los Juegos del Hambre (The Hunger Games)
Advertencias: Aunque dije que sólo iba a estar dividido en dos partes, la inspiración me la ha vuelto a jugar y tengo problemas con los últimos días. Lo siento ( )': ) Lo siento mucho, de verdad.
Notas: estoy revisando viejas historias y editándolas: el contenido es el mismo.
Parte II
Día 3
Byakuran le alcanza el desayuno; pan del distrito cuatro y un zumo muy popular del distrito uno. Es azul brillante, y el tributo se ríe de la cara que pone cuando lo prueba —demasiado empalagoso para su gusto.
En el cielo, el sol brilla y unos pájaros tropicales cantan en los árboles. Casi parecen unas vacaciones.
La comida nunca falta: Byakuran es, de lejos, el favorito de los patrocinadores, y las comidas y bebidas de todos los distritos (junto con medicinas, armas y utensilios) van llegando sin parar.
No es que le extrañe. Es divertido, inteligente, sagaz. Por eso no puede evitar preguntarle.
—¿Por qué me salvaste?
El tributo ríe.
—Me das conversación.
»Además, tampoco es como si pudieses llegar a matarme, ¿no?
Le palmea la espalda a la vez que vuelve a reír y Shōichi no pregunta más.
Cuando, a la noche, los pájaros cantarines de convierten en mutos asesinos y Byakuran acaba con todos ellos, ballesta en mano, todas las flechas al corazón, le encuentra un poco de sentido a lo que dijo antes.
Día 7
Es una idea bastante simple.
El grupo de tributos está en lago, que parece tener propiedades curativas, puesto que las heridas infectadas que tienen van curándose lentamente. Llevan ya allí un día entero y no es probable que esta noche vayan a cambiar su plan.
Byakuran accede, mirándole fijamente, curioso, quizás, y ayuda con todo lo que hace falta al caer la noche.
Nadie lo espera.
Un momento están disfrutando de las propiedades calmantes del agua y al siguiente la descarga del cable auto-energético les recorre todo el cuerpo.
—No es lo bastante potente para matarlos —comenta Byakuran.
—No, pero sí para paralizarlos. El agua hará el resto.
Día 9
Byakuran le besa.
Así, de improviso, de la nada, unos minutos antes están hablando del éxito de las trampas para los tributos solitarios, y al siguiente Byakuran le está besando.
No va a mentir diciendo que le sorprende. Ha estado intrínseco desde el principio. Estaba latente en las miradas, las sonrisas, la manera en la que siempre estaba demasiado cerca, la forma en la que sus manos siempre encontraban una razón para tocarle.
No, no le sorprende que le bese. Lo que sí le sorprende son las ganas con las que él se lo devuelve.
Cuando se separan, un par de cascos con algún tipo de visión por ultrasonido aparece sobre las mochilas. Encuentran una cueva con ellos.
Día 15
Le observa tensar la ballesta, ambos escondidos en la copa del árbol.
Apunta, y ninguna de las dos tributos se ha dado cuenta de nada.
La flecha es rápida en su camino a la garganta de la chica. Está muerta antes de que se de cuenta de que la atacan. La otra le sigue rápidamente.
Byakuran sonríe y le muerde la oreja.
Dos menos.
Día 18
Al principio, intentaba negarse.
¿Qué sentido tiene empezar una relación con alguien que probablemente acabe matándote?
Pero la gente del Capitolio está no está en su sano juicio, y cuanto más demandantes se vuelven las caricias, mejores regalos reciben. Abundan en comida cuando la mayoría de los tributos restantes se muere de hambre, y ni las municiones ni las medicinas se acaban nunca.
Además, para qué negarlo, la sensación es fantástica.
No, ya no ve ninguna razón para parar esto—sea lo que sea.
Día 23
Empieza a llover. Es una lluvia fina pero densa, que no para. La idea aparece en su cabeza tan rápida como el rayo con el que intentará matar a todos los demás.
Byakuran le da la razón.
—El problema es encontrar un cable que pueda producir tal cantidad de energía sin fundirse.
El joven de pelo blanco medita un momento, pero en vez de contestarle, le besa, un solo roce de de labios al principio que va profundizando lentamente. Beso a beso, va guiándolo hacia el montón de mantas que tienen por cama. No para de besarle mientras le quita la camisa y juega con los bordes de su pantalón. Cuando saca un bote de vaselina, Shōichi le rodea con las piernas y lo empuja hacia él.
—Acércate más.
Cuando se despierta, ya caída la noche, metros y metros del cable que necesitan les rodea. Parece ser que forman un corazón. Intenta levantarse, pero Byakuran le agarra y le vuelve a tirar entre las sábanas.
—Quiero otra ronda.
Estoy cansaaaada.
Por eso es posible que haya algún que otro error pululando por arriba.
En fin, ¡nos leemos!
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