Capítulo 2: Cartas

A Orihime le encantaba trabajar en la panadería, amaba el pan y hacer feliz a las personas a pesar de que en ocasiones solía ser agotador y no tenía permiso para hacer sus propias recetas. Cada vez que lo sugería el dueño de la tienda tenía una expresión extraña, similar a la de Tatsuki cuando le ofrecía parte de su almuerzo, Orihime estaba convencida que los panes rellenos de jalea de berenjena con chocolate y salsa de soya se venderían bien pero al parecer era la única que lo pensaba.

Había días en los que regresaba tan cansada que después de comer y estudiar se iba directamente a dormir pero no era algo que le hiciera desear én le gustaba sentirse independiente, hacer algo por sí misma. A veces se imaginaba lo que diría Sora si continuara con vida, le gustaba pensar que estaría orgulloso de ella y que podría deprimirse si renunciaba.

Ese día había estado especialmente ocupada por lo que no notó las cartas abandonadas hasta el momento en que acomodaba las mesas antes de irse a la casa. Guardó las cartas y el pan sobrante antes de retirarse a la casa.

Eso era otra de las cosas que amaba. El dueño de la panadería era muy bueno al permitirle quedarse con el pan que sobraba. Le había dicho que gracias a ella tenían más clientes y que prefería que ella lo tuviera antes que tirarlo a la basura.

Lo primero que hizo fue ir a la casa de Ichigo, era tarde pero Rukia regresaba a la sociedad de almas el día siguiente y ella deseaba regalarle algo de pan a antes de que regresara a la Sociedad de Almas.

Tocó la puerta y esperó, le fue imposible evitar el imaginar cómo estaría. En su mente se encontraba usando un elegante traje que contrastaba con su despeinado cabello y la invitaba a su habitación para que pudieran comer pan de frijoles con cubierta de chocolate y salsa de soya dentro de una tasa de té.

La realidad fue un poco diferente pero no la desmotivó, Ichigo le abrió pero estaba usando pijama y cuando le ofreció el pan Rukia tomó una de las piezas y la examinó cuidadosamente. Ella estaba demasiado ocupada pensando en lo atractivo que se veía Ichigo.

—Pruébalo, es seguro —le dijo Ichigo.

—No había visto de estos en la Sociedad de Almas —comentó Rukia antes de animarse a probar los panes de Orihime —. ¿De qué están hechos? Están buenos.

—Ese es un anpan, un bollo dulce relleno con anko.

—Le llevaré unos a Byakuya. Cuando regrese me traerás más, sí.

Cuando Orihime asintió, Rukia abrazó a su amiga. Hubiera deseado quedarse más tiempo pero ambas sabían que era tarde. Isshin la invitó a cenar y aunque hubiera deseado hacerlo no podía, no era solo por la hora, tenía tarea pendiente.

—Ichigo, compórtate como un caballero y lleva a Orihime hasta su casa, no es correcto que una señorita ande sola a estas horas.

—No es necesario, yo puedo cuidarme sola —se apresuró a responder Orihime de manera entrecortada mientras agitaba los brazos de manera frenética.

—Ichigo debe hacerlo —le dijo Isshin después de tomar a su hijo por sorpresa con una patada en el rostro.

—¿Qué te pasa, viejo? ¿No puedes comportarte como un padre normal? —Ichigo le devolvió el golpe a su padre.

—Masaki, mira a nuestro hijo, no me hace caso —gritó Isshin dramáticamente mientras se aferraba a la fotografía de su difunta esposa. Mientras tanto Orihime y Rukia comían los panes que la primera había llevado.

—Ya detente, viejo —Ichigo golpeó a su padre para que dejara de hablar con el poster te su difunta madre —. Iré a acompañar a Orihime hasta su departamento, vuelvo pronto.

—No es necesario —intentó decir Orihime notablemente nerviosa mientras movía las manos de manera frenética —. Puedo cuidarme sola.

—Aprovecha la oportunidad, podrías llevarlo a tu departamento y hacerle lo mismo que le hizo Shizuka a Haru en corazón de jade —le susurró Rukia mientras empujaba a Orihime hasta Ichigo.

Orihime no pudo evitar sonrojarse, su amiga le había hablado de ese manga la última vez que visitó el mundo humano. Recordaba que el pasado Tatsuki le había dicho algo similar solo que ella había dicho que lo hiciera suyo.

—¿Nos vamos, Inoue? —preguntó Ichigo desde la puerta.

—Sí, Kurosaki.

A pesar de que había anochecido se sentía segura caminando junto a Ichigo. Ella tenía plena confianza en su amigo, lo había visto pelear contra enemigos muy fuertes y vencer. Quería ser fuerte para poder pelear a su lado y protegerlo.

Durante todo el camino se mantuvieron en silencio pero no era nada incómodo, Orihime se sentía tan bien solo con estar a su lado. Era la primera vez que la acompañaba a su casa aunque en el pasado se había ofrecido a hacerlo. No pudo evitar preguntarse si debería hacer lo que Tatsuki le dijo. Agitó su cabeza para sacar esos pensamientos, la vez que había usado el traje que Urahara le había recomendado no tuvo el resultado esperado en Ichigo.

—¿Pasa algo? —preguntó Ichigo y no pudo evitar sonrojarse, él estaba demasiado cerca, probablemente se había extrañado al verla sacudir la cabeza.

—Solo estaba pensando.

Después de llegar a la casa se despidieron y en el momento en que cerró la puerta comenzó a bailar. Amaba a Ichigo, de eso estaba segura pero el confesarle lo que sentía era algo diferente, no se sentía con el valor para hacerlo.

Mientras bailaba las cartas de su bolsillo se cayeran. Detuvo su danza para recogerlas y le fue imposible observarlas. Muchas de las criaturas en las mismas le parecieron adorables, imaginó que si Rukia las viera pensaría lo mismo aunque seguiría prefiriendo a Chappy.

Su amiga le había dicho que regresaría pronto por lo que se procuró tener pan para esa ocasión. Su visita al mundo humano había sido breve, a ella le hubiera gustado el que entrenaran juntos y así demostrarle lo fuerte que se había hecho. Nunca olvidaría el que Rukia confiara en ella cuando había perdido las esperanzas y más inútil se sentía.

Al día siguiente los niños que perdieron las cartas regresaron por las mismas. No tuvo que buscarlos, ellos mismos preguntaron por las cartas. Cuando se las entregó notó lo aliviados que se sentían y eso la hizo feliz.

—Puedes quedarte con esta —le dijo el mayor del grupo, aquello la tomó por sorpresa.

—¿En serio? —preguntó sin disimular la emoción que sentía. Si bien era la primera vez que veía esas cartas habían llamado su atención.

—Es un Wormmon, no es uno de los más fuertes, además ya tengo dos —respondió aquel niño ligeramente avergonzado. Sus amigos parecían divertirse por la situación.

—Es muy lindo —agregó Orihime.

—Puedo enseñarte a jugar si quieres —agregó el niño.

—Que bien —respondió Orihime sin disimular su emoción —. Me llamó Orihime Inoue pero puedes llamarme Orihime, en unos minutos será mi descanso, si no le molesta esperar.

—Tomoki Hiragisawa, llámame Tomoki. Ellos son Ren Kurokawa y Hiroshi Akimichi.

La llegada de nuevos clientes obligó a Orihime a regresar a su puesto. Ese día no tuvo tanto trabajo como en los anteriores por lo que le Tomoki no tuvo que esperar demasiado aunque estaba dispuesto a hacerlo.

—¿Y tus amigos? —preguntó Orihime al ver a Tomoki solo.

—Tenían tarea —se apresuró a responder Tomoki, esperando que la panadera no notara que los habían dejado a solas a propósito.

Si ver las cartas le había generado curiosidad el conocer las reglas del juego hizo que aumentaran. Antes de que pudiera notarlo su descanso había terminado.

—Puedo venir mañana —le dijo Tomoki —. Es divertido enseñarle a alguien que aprende tan rápido.

Antes de que pudiera decir algo, Orihime vio como Tomoki se retiraba. Ella tomó su carta y regresó a su puesto.

—Parece que alguien tiene un nuevo admirador —le dijo Tatsuki que acababa de llegar, Orihime le dedicó una mirada confundida — . Pero no crees que es algo joven.

—Exageras, Tatsuki, solo me estaba enseñando este juego de cartas.

—Lo olvidaba, tú solo tienes cabeza para el distraído de Ichigo.

—Ichigo no es distraído.

—Orihime, él es el único que no sabe lo que sientes por él, eso para mí es ser alguien distraído.

Aquellas palabras provocaron que Orihime se sonrojara, no esperaba ser tan evidente con sus sentimientos. Parte de ella esperaba que así fuera pues no sabía si podría reunir el valor para confesarle sus sentimientos estando despierto pero sí que cinco vidas no le alcanzaban para amarlo.

—¿Cómo te fue en el torneo de karate?

—Pasa a las semifinales —respondió Tatsuki orgullosa —, pero no me cambies el tema.

—No te cambie de tema, solo quería saber cómo te había ido en el torneo. ¿Te duele algo?

—Nada, este año solo participaron novatos, fue muy aburrido.

Tatsuki no se quedó mucho tiempo, tenía que volver al entrenamiento y ella una panadería que atender. Ese día no le tocó cerrar por lo que salió temprano. Aprovechó para darle algo de pan a Sado, ese día había faltado a clases para visitar a unos parientes. Dejó una nota para que pudiera encontrar el pan cuando regresará.

Esa noche soñó con Digimons. En su sueño varios digimos salían de sus cartas para cantar karaoke junto a ella, Tatsuki, Rukia, Uryuu, Sado e Ichigo. También reunía el valor para declararse con una canción.

Un ruido la hizo despertar en el momento en que el Ichigo de su sueño la besaba. Algo adormilada se levantó y se dirigió a la puerta. Tatsuki la hubiera regañado por no abrir tan tranquilamente a esas horas de la noche pero tenía mucho sueño como para pensar en precauciones.

Cuando abrió creyó seguir soñando. Un digimon estaba en su puerta y parecía perdido.