Capítulo 3: Mundos entrecruzados

Cuando Takato encontró una enorme caja supo que había encontrado la solución a su problema. No era la mejor idea pero con una carreta y marcadores pudo llevar a Guilmon hasta su casa sin que nadie lo notara. Solo tuvo que escribir harina en la caja y nadie le preguntó lo que haría con la misma.

Llevarlo a su habitación fue complicado, ese día había sido especialmente ocupado, sus padres estaban atendiendo a los clientes cuando lo vieron subiendo las escaleras creyó que lo habían descubierto pero solo le estaban pidiendo ayuda. Se sintió aliviado al ver que no notaron la caja que caminaba frente a él, no hicieron más preguntas después de que les dijo que pensaba llevar sus cosas a su habitación primero.

—Quédate aquí, Guilmon, cuando regrese te traeré pan de Guilmon.

Aunque Takato se sentía tan emocionado como Guilmon tuvo que contenerlo, no quería llamar la atención de más. Si bien planeaba decirle a sus padres sobre el regreso de Guilmon quería esperar un poco de tiempo.

Lo último que Takato vio de Guilmon fue como se sentaba y movía sus orejas a modo de despedida. Hubiera querido pasar más tiempo con él pero tenía trabajo pendiente.

En cuanto la panadería cerró se excusó con sus padres diciendo que tenía tarea por hacer. Tomó el pan de Guilmon que había preparado para su amigo y corrió hasta su habitación impaciente por ver a su camarada.

En cuanto abrió la puerta Guilmon salió a su encuentro y lo abrazó. Ambos terminaron en el suelo pero a ninguno parecía importarle. Todo aquello era demasiado hermoso como si fuera un sueño.

Al día siguiente le fue difícil mantenerse despierto, había pasado toda la noche hablando con Guilmon y comiendo pan, ambos tenían mucho de qué hablar. La mayor parte del tiempo estuvo cabeceando hasta que finalmente se quedó dormido.

—¡Guilmon se comió mi tarea! —gritó Takato cuando la maestra lo despertó.

Todas las miradas se posaron sobre él y la maestra que no se veía especialmente contenta por lo que había hecho lo mandó al patio como castigo.

A pesar de que a Takato le molestaba estar castigado no podía dejar de pensar en Juri y en la razón por la que no lo había despertado. Su amiga acostumbraba llamarle la atención con su títere de perro pero ese día ni siquiera le había hablado.

Y la respuesta llegó a él. Recordó lo que la había dicho y se sintió culpable. Estaba demasiado ocupado pensando en lo mucho que extraña a su amigo que no pensó en ella. Para Juri el tema de Leomon era delicado. Había perdonado a Impmon y logrado sobrellevar la muerte de su camarada pero la herida seguía allí.

No quería que Juri estuviera enojada, se odiaría a sí mismo por haberla lastimado. Se propuso hacer algo para compensarla. En cuanto las clases terminaran iría a buscarla para pedirle e invitarle a un helado.

Sabía que Guilmon lo estaría esperando pero aunque odiara hacerlo esperar no quería dejar pasar más tiempo antes de arreglar las cosas con Juri. Sabía que su camarada lo entendería y que de no hacerlo podría regañarlo aunque eso sería algo extraño en su camarada.

Esperó a que las clases terminaran para buscar a Juri. La llamó varias veces pero ella se negaba a hablarle. Y Takato se sintió más culpable que nunca, Juri había sufrido tanto y realmente odiaba la idea de ser una de las razones por las que ella llorara.

—Lo siento —gritó Takato y aquello bastó para obtener la atención de Juri.

—No es nada —respondió Juri con una sonrisa triste —. Entiendo cómo te sientes, es difícil perder a un amigo.

—Te invitó a un helado —se apresuró a decir Takato, cuando Juri sintió como la alegría regresaba a él, quería hacerla feliz aunque gastara todos sus ahorros en el proceso.

Ambos se dirigieron a la heladería más cercana. La discusión que habían tenido quedó olvidada. Pidieron un helado y ambos se sentaron a comerlo. Juri le contó sobre algunas de las anécdotas que había tenido en el trabajo.

La estaban pasando bien hasta que Yamaki llegó. Aquello puso nervioso a Takato, trató de pasar desapercibido pero comenzó a toser y atragantarse con el helado.

—¿Han visto algo extraño? —les preguntó Yamaki mientras se acomodaba los lentes.

—Nada —respondió Juri algo confundida.

—No he regresado a la guarida de Guilmon respondió Takato con dificultad, cruzando los dedos para que le creyeran.

—Permanezcan atentos —les dijo Yamaki antes de retirarse.

Takato no estaba seguro de que le creyeran pero en ese momento no le importaba. Yamaki se había ido y no le había hecho confesar. Solo esperaba que Guilmon no hubiera llamado la atención de más.

—¿Sabes de que hablaba Yamaki?

—Te lo diré después.

Cuando Juri vio a Guilmon corrió hasta él para abrazarlo. Takato se apresuró a ordenar su cuarto, si bien él no era precisamente el más ordenado gran parte del desorden era responsabilidad de Guilmon quien se había aburrido al estar todo el día solo.

—¿Cómo pasó? —preguntó Juri.

Takato le contó a Juri todo lo que había pasado desde el momento en que discutió con ella hasta que se encontró con Guilmon.

—¿Crees que se abrieron otros portales? —preguntó Juri —. Tal vez era eso lo que buscaba Yamaki.

—No estoy seguro —respondió Takato pensando en lo que Juri había dicho. No había regresado a la guarida de Guilmon después de regresar con su camarada ni pensado especialmente en la razón por la que Hypnos insistía en mantener esas puertas cerradas.

—Deberíamos hablar con los otros —agregó Juri —, quizás ellos hayan visto algo.

Jenrya fue el último en presentarse pues había estado ocupado estudiando informática y ayudando a su padre a abrir una puerta entre ambos mundos. Fue a la semana siguiente cuando pudieron coincidir sus horarios y esconder a Guilmon en un lote baldío cerca de la casa de Juri. Allí fue la reunión.

Lo primero que hizo fue mostrarles a Guilmon. Todos parecían sorprendidos en el momento en que lo vieron. La última vez que tuvieron un contacto con los digimons parecía imposible que ellos volvieran y sin embargo la prueba de que no era así estaba frente a ellos.

Las preguntas a Guilmon no se tardaron. Ellos querían creer que si Guilmon había encontrado un camino al mundo humano sus camaradas también lo harían. No obtuvieron las respuestas esperadas.

—Cuando Guilmon se separó de Takatomon también se separó de sus amigos.

—¿Crees que puedas encontrarlos, Jenrya? —preguntó Ruki.

—Tendría que preguntarle a mi padre, de momento solo sé seudocódigo y lo más básico de java —respondió Jenrya ligeramente avergonzado. La informática era más complicada de lo que había imaginado.

—Ellos no pueden saberlo —respondió Takato algo molesto —. Cerraran las puertas nuevamente y nunca los volveremos a ver.

—Papá no me ha dicho nada pero lo noto preocupado. Se ha estado reuniendo con más frecuencia con los de Hypnos, ellos sospechan.

—Es obvio que pasa algo y que no nos quieren en esto —se quejó Ruki —. De lo contrario no nos estarían haciendo preguntas.

—Lo mismo pensé —agregó Jenrya pensativo —. Le están dando demasiada importancia y la presencia de Guilmon lo confirma. No ha involucionado y eso es una buena señal.

—Será mejor regresar a la guarida de Guilmon —comentó Ryo quien hasta ese momento había permanecido en una esquina sin decir nada —. O utilizar los digivices, con ellos podemos rastrear cualquier tipo de señal.

—¿Y qué haremos? ¿Recorrer toda la ciudad?

—No pero sí podríamos monitorear cualquier tipo de señal, por más pequeña que sea —respondió Ryo de manera indiferente para luego dirigirse a Jenrya —. ¿Crees poder sacarle información a tu padre?

—No estoy seguro pero podría intentarlo.

—Será como en los viejos tiempos —comentó Hirokazu emocionado ante la idea pero más ante la posibilidad de reencontrarse con Guardromon, Kenta lo secundó.

Días después volvieron a reunirse pero en esa ocasión tenían diferentes noticias. De todos ellos el único en encontrar una señal fue Kenta. Al seguirla encontró al camarada de Shiuchon quien se había ocultado en el parque.

—Varios digimons han estado viajando al mundo humano —les había dicho Lopmon, en su voz se notaba la preocupación —, no todos tienen buenas intenciones.

—Pero solo los hemos visto a ustedes —comentó Hirokazu algo inseguro.

—Deben estar en otro sitio —comentó Ruki —, si no tienen buenas intenciones no tardaran en hacer algo que los delate.