Capítulo 7: No todo está terminado

Antes de salir se habían reunido a su casa. Sus padres no se molestaron al ver a los Digimons, al contrario, se veían felices e incluso quisieron ayudarlos a preparar pan de Guilmon. Ese día cerraron la panadería para contar con espacio y tiempo.

Terminaron cubiertos de harina, huevos, polvo de hornear y otros ingredientes necesarios para la preparación del pan pero felices y con el estómago lleno pero poco pan a pesar de que prepararon una gran cantidad.

Takato había llevado varias piezas en su bolso, todas ellas reservadas para sus amigos. No sabía cuándo los volvería a ver y aunque esperaba que fuera en poco tiempo no quería les faltara el pan favorito a su mejor amigo.

Takato vio a Culumon antes de que el pequeño Digimon saltara a sus brazos y lo abrazara. No necesitó preguntarle si estaba bien, bastaba con verlo para comprobarlo. Poco después vieron llegar a otras personas, no tenían compañeros digimon pero sí digivices o al menos eso era lo que él pensaba.

—Eres un tonto —le dijo Impmon cruzado de brazos —. Solo tenías que seguirnos, mira dónde terminaste.

—También te extrañé, Impmon —respondió Culumon mientras lo abrazaba. Takato sabía que ambos eran buenos amigos a pesar de lo orgulloso que podía ser el digimon demonio.

—Solo admite que estabas preocupado —comentó Terriermon provocando que Impmon le dedicara una mirada molesta —. Todos somos amigos, no tienes por qué ser tan orgulloso.

—¿De dónde sacaron esos? —Ichigo señaló los digivices de los tamers, había expresado en voz alta lo que muchos pensaban.

—Cuando nos convertimos en tamers —respondió Ruki —. Veo que ustedes también tienen pero no los veo acompañados por un digimon, eso es más extraño.

—Nos los dio Urahara.

—¿Es parte de Hypnos?

—No.

—Entonces podemos ser camaradas —interrumpió Juri —. Nos queda poco tiempo y debemos encontrar el portal y cerrarlo.

Takato quería alargar el tiempo pero también sabía que sería egoísta de su parte poner sus propios deseos antes que el bien mayor. Lo había hecho antes y fue su deseo lo que desencadenó todo lo que estaba ocurriendo.

No se arrepentía de lo sucedido, ver a Guilmon lo había hecho muy feliz. Fue poco tiempo pero disfrutó el reunirse nuevamente con los digimons y aunque sabía que terminaría pronto tenía la certeza de que lo volvería a hacer. Takato tenía las esperanzas de que llegara el día en que humanos y digimons pudieran convivir sin que esto representara una amenaza para alguno de los dos mundos.

—Pero antes debemos encontrar a los otros digimons —comentó Uryuu devolviéndolo a la realidad. No tenían tiempo para conocerse.

Partieron en busca de las dos señales. Ellos le habían dicho que uno de ellos era una Lotosmon por lo que decidió tener preparadas algunas cartas. Notó que Ruki hizo lo mismo pero estaba seguro de que ella tenía una estrategia.

Encontrar el origen de una de las señales no fue difícil. Cerca de donde se encontraban estaba un pequeño Digimon rosado de grandes orejas. Sado y Rukia fueron los primeros en acercarse pero fue la shinigami quien le habló primero.

—¿Estás perdido? —Rukia se había agachado quedando a la altura del pequeño Digimon.

Cutemon asintió con lágrimas en sus ojos antes de abrazar a Rukia. El sonido del estómago del Digimon provocó que todas las miradas se posaran en él. La shinigami buscó en su bolso un poco del pan que Orihime le había regalado poco antes. No puede evitar enternecerse cuando lo vio comer.

—Te llevaremos a casa —prometió Rukia, aquellas palabras hicieron a Cutemon sonreír.

Dos hombres se acercaron a ellos, Rukia supo que los tamers lo conocían pues sus reacciones los delataban. Se veían nerviosos por lo que supuso que debía tratarse de un enemigo pero ese pensamiento desapareció en cuanto Jenrya habló t se refirió a uno de ellos como papá.

—Creía haber sido claro cuando les dije que no se involucraran —les dijo Yamaki con expresión seria para luego relajar su expresión —. Pero me alegra que lo hicieran, pudimos controlar las otras áreas pero esta quedó fuera de nuestro control.

Rukia sabía de qué incidentes hablaba Yamaki. Uno de ellos debía ser el Kuwagamon que ella venció y el otro el Ghoulmon y la Lotosmon que se enfrentaron. Sabía que todos sus amigos estaban informados pero prefirieron callar.

Cuando Janyuu le pidió ver su dispositivo aceptó sin dudar. Tenía el presentimiento de que podría ser una forma de conservar a Cutemon. Ella cumpliría su promesa, lo llevaría a su hogar pero deseaba poder verlo otra vez.

—Si pudiéramos ver a quien hizo esto quizás logremos borrar lo que hace a los digimons involucionar —comentó Janyuu sin disimular la emoción que sentía.

Después de enviar un mensaje a Urahara decidieron llevarlos con él. A pesar de que fueron ellos quienes le propusieron a Urahara Sado se sorprendió al recibir una respuesta positiva, no fue el único. Sado supuso que sentía curiosidad por el Digimundo, él la sentía.

—Uno de nosotros debería llevarlos a la tienda —sugirió Rukia. Ella se encontraba abrazando al pequeño Cutemon.

—Yo puedo hacerlo —se ofreció Sado. Aunque le hubiera gustado pasar más tiempo con los digimons sentía curiosidad por lo que el grupo pudiera ofrecer.

Su curiosidad fue el motivo por el que decidió hacerlo. Si bien era cierto que quedarse junto al grupo le permitiría conocer a los digimons también lo eran que al guiarlos podría preguntarles más sobre el mundo digital o Digimundo como escuchó que lo llamaban.

De camino le contaron sobre el origen del digimundo y también lo que ocurrió con el D-Reaper. Él no lo había visto en las noticias pero había escuchado rumores sobre el asunto incluso antes de que pudiera conocer a un digimon personalmente.

Sado les mostró la parte de la tienda que estaba abierta a la gente aunque generalmente esta se encontraba cerrada. Urahara estaba frente ellos abanicándose, supo que los estaba esperando y que tenía una idea, él siempre la tenía.

Sado escuchó nuevamente la explicación de Yamaki y Janyuu de principio a fin al igual que Urahara aunque sospechaba que no lo necesitaba. Él había creado el dispositivo que llevaba y por lo que sabía de él, que era poco, se trataba de alguien que siempre estaba un paso por delante.

—No veo descabellado el borrar lo que les impide estar en este lugar.

Lotosmon fue quien los encontró a ellos. Se veía molesto y eso lo demostró en el momento en que atacó a Rukia. La shinigami logró esquivar el primer ataque, el segundo también pero en ese tuvo dificultades.

Cutemon fue el primero en defenderla a pesar de que no era el único dispuesto a protegerla. Usó su cuerpo como escudo a pesar de que era poco lo que podía hacer. Aquello pareció detener a Lotosmon.

—¿Qué estás haciendo? —le preguntó la digimon hada sin disimular lo sorprendida que estaba pero sin perder la compostura.

—Porque ella es mi camarada —fueron las palabras de Cutemon, estaba determinado a proteger a Rukia.

En cuanto terminó de hablar un brillo comenzó a surgir del dispositivo de Rukia. Este se elevó por unos instantes, cuando Rukia lo tomó entre sus manos este tenía otra forma, era igual al de los tamers, de color blanco.

—No es necesario —respondió Lotosmon con seriedad—. Prometí protegerte pero has encontrado a un tamer que lo haga, ya no me necesitas.

Lotosmon intentó desaparecer nuevamente pero en esa ocasión fue detenida por Renamon, Terriermon y Guilmon. Los tres se habían colocado en su camino impidiéndole el paso y cuando la digimon intentó atacarlos, Jenrya, Takato y Ruki usaron una carta tipo escudo para protegerlos.

Jenrya sabía que no tenían motivos para atacar a la digimon pero sabía que no podía permitir que se marchara aunque no era algo que quisiera hacer. Si dependiera de él no habría barreras entre ambos mundos pero sabía que era algo que no podía cambiar.

Ver a los digimons involucionar confirmó lo que temía. Cutemon y MarineAngemon fueron los únicos que conservaron su etapa. El tiempo se había acabado por lo que debían darse prisa. Jenrya no podía tener la certeza de que su padre, Yamaki y Urahara hubieran logrado deshacer lo que alejaba a los digimons de ese sitio pero sabía lo que debía hacer.

Todos se dirigieron al lugar donde se encontraba el último de los portales al digimundo. Estaba cerca por lo que no se demoraron en llegar. Llevar a Lalamon fue lo más complicado, no era tan fuerte como en su fase de Lotosmon pero se negaba a acompañarlos.

Orihime fue la encargada de cargarla. Lalamon se resistió con ella menos pues se sentía en deuda con ella al ser quien la había curado. No tenía motivos para quedarse en ese mundo, había cumplido con su deber al cuidar de Cutemon pero su orgullo se negaba a retirarse sin oponer resistencia.

—¿Por qué me ayudaste? —le preguntó Lalamon.

—Porque estabas herida y necesitas ayuda.

—¿Eso es todo? —preguntó Lalamon incrédula —. Te hice daño pero sigues insistiendo conmigo.

—Quedarte aquí puede ser peligroso para ti —agregó Orihime con naturalidad a pesar de que Lalamon comenzó a moverse violentamente entre sus brazos.

—¡Eso no fue lo que pregunté! Puedo cuidarme sola.

—No digo que seas débil pero todos llegamos a necesitar de ayuda en algunas ocasiones.

—Cutemon diría algo parecido —comentó Lalamon sin poner resistencia, no quería admitirlo pero le era difícil desconfiar de la humana que lo cargaba.

No tardaron en llegar al portal, estaba cerca y no había gente cerca por lo que no fue necesario que se ocultaran. Jenrya fue el primero notarlo, era el momento de la despedida.

Quería ser tan optimista como Takato y Juri pero no podía, una parte de ella no quería ilusionarse para luego ver sus sueños frustrados. Muchas veces la dejaron esperando y no quería que eso se repitiera incluso cuando las esperanzas aún existieran.

Los digimons comenzaron a elevarse del mismo modo en que lo hicieron la vez que regresaron al digimundo pero en esa ocasión algo fue diferente. Antes de que llegaran a desaparecer en el aire o de que llegaran al Digimundo comenzaron a evolucionar y descender.

—Parece que llegamos a tiempo —comentó Urahara mientras se abanicaba de forma despreocupada.

—Hablando de ese modo parece como si te quedaras con todo el crédito —agregó Mayuri notablemente molesto.

—No te preocupes, Jenrya —le dijo su padre —. Tal vez tengamos que lidiar con algunos digimons problemáticos pero tus amigos digitales pueden permanecer en este mundo todo el tiempo que lo deseen, ya no existe el peligro de que se conviertan en una nueva versión del D-Reaper.

—Ustedes se encargaran de esta zona —les indicó Yamaki —. Hemos visto que pueden lidiar con los digimons, además Hypnos tiene muchas zonas que monitorear.

Ninguno notó la presencia de Lalamon hasta el momento en que el dispositivo de Orihime se convirtió en un digivice. Uryuu no estaba sorprendido, él conocía a Orihime, había visto cómo logró influenciar en Ulquiorra, el espada que representaba el vacío.

—Si las puertas no serán de todo cerradas será mejor que me quede, podrían necesitarme —fue todo lo que dijo Lalamon.