+Los personajes son propiedad de Dc comics.
Disfruten.
Petricor
[Es el nombre que recibe el olor que produce la lluvia al caer sobre suelos secos]
Tim fue de visita a la mansión Wayne. Alfred lo invito a cenar y simplemente no se pudo negar, pese a estar inmerso en medio de una ajetreada investigación. A Alfred no se le puede decir no. Así que empezó a prepararse con un día de anticipación. Primero la ropa: Tim usaba la misma playera y jeans hace dos semanas, porque el resto de su ropa estaba hecha un asco y esas prendas eran las que tenían un olor meramente aceptable, además no encontraba razonable el hecho de cambiarse diariamente cuando ni siquiera salía a comprar; lo único que hacía era llegar de los patrullajes y plantarse frente al computadora.
Tuvo que hacer su primer viaje a la lavandería en semanas.
Después su apariencia: Tim durmió una siesta de dos horas, pensando estúpidamente que con ese descanso las ojeras de semanas durmiendo menos de una hora diarias desaparecerían. Claramente no lo hicieron. Así que tuvo que hacer otro viaje: esta vez en busca de una base de maquillaje lo suficientemente potente para cubrir ojeras, moretones, y heridas mal suturadas a medio cicatrizar. De paso un jabón y loción que quitaran el olor a sudor y sangre; y el de la pólvora que dejan las balas atoradas en su armadura de kevlar.
Teniendo eso listo volvió a dormir un par de horas, y luego pidió varias cajas de pizza. No quería que cuando llegara el momento, el antojo le ganara y devorara con precipitación lo que sea que Alfred le sirviera; revelando que tampoco ha comido bien en mucho tiempo. Así que trato de llenar su estómago todo lo que pudiera con anticipación.
Y faltando cuatro horas para el encuentro comenzó a arreglarse, sabiendo que durante las duchas tenía la costumbre de perder tiempo contando las heridas. Secarse, vestirse, aplicar el maquillaje en todas las partes de su piel expuesta que estaban moreteadas. Luego salir del edificio en que vivía, y caminar hasta aquella bodega abandonada de Wayne Tech que cumple las mismas funciones de una Bat-cueva.
Desde ese lugar salió disparado sobre su moto. Sabiendo que aquella velocidad no le duraría mucho considerando de que era la hora en que se formaba atochamiento en el tráfico, por suerte conocía varias rutas alternativas, y por suerte, llegaría a la mansión antes de que se largara a llover.
Es que el clima en Gotham ha estado muy volátil. Puede haber un calor de los mil demonios y al instante llueve. Varias veces el agua ha tomado a Red Robin por sorpresa, y varias veces ha tropezado del tejado, por lo resbaloso que este se vuelve.
Y claro que duele, pero más que nada humilla: un vigilante con experiencia, trastabillando.
Tim siente las mejillas arder, cuando algún criminal no puede resistir la risa.
Pero Tim ha aprendido que a cualquiera se le puede hacer callar a través de un puñetazo, y que ningún golpe es tan potente ante un maquillaje de buena cobertura.
…¡Mierda, la lluvia!
Tim no había pensado en eso; ningún maquillaje es tan potente ante una lluvia de Gotham. Si se presenta en la mansión todo amoratado, Alfred sufrirá un infarto.
Y justo en ese preciso momento, pequeñas gotitas comienzan a caer.
Tim no sabe si acelerar para llegar antes de mojarse, o parar para evitar un accidente.
Decide ignorar a la voz del sentido común, y acelera por las calles resbalosas.
Y siente una moto ajena acelerar por las calles resbalosas. Y no puede evitar mirar por el rabillo del ojo una moto tan potente como la suya, negro mate, fácilmente disimulable en la oscuridad. Y un casco rojo, y una mirada verde que lo escrudiña a través de la visera.
Es difícil saber que motor es más ruidoso.
Entonces Tim hace más evidente la mirada, y sonríe de lado, al confirmar que Jasón se dirige igualmente a la mansión.
Acelerar más, ciertamente parece imposible, pero ambos lo hacen. Y Tim nota como el vehículo de Hood deja un rastro negro detrás de él. No tarda en identificarlo como el líquido de los frenos.
Alguien le averió los frenos.
¿Alguien quiere matar a Red Hood? Eso no sería una sorpresa.
Tim quiere gritarle a Todd que se frene. Pero eso sería estúpido.
Sin embargo es Tim quien debería frenar. Estuvo tan absorto en Jasón, que no notó que debe doblar en la próxima salida. Y la acera esta tan resbalosa que no hay tracción, y la moto trastabilla, y se estrella directamente contra un faro. Jasón y su propia moto lo siguen luego.
Y para Tim todo se vuelve negro durante un instante, y luego rojo antes de que Jasón se saque el casco. Y nota que ambos están envueltos en medio de una cortina borrosa por la lluvia, sentados entre ambas motos negras. El farol apenas en pie, apenas alumbrándolos.
Jasón se lleva una mano a la frente, cierra los ojos mientras frunce el ceño por el dolor. Y sonríe.
—El imbécil de Roy, corto mis frenos. Le gusta tomar prestadas piezas de mis motos—comienza Todd—, también le gusta probar sus armas mortales en mí. Pero Alfred llamo, dijo que abría una cena familiar. Que tú estarías allí. Y me dije ¿Por qué no? Así que monte la moto con los frenos cortados, y aquí estoy…, Baby Bird…
Tim frunce el ceño, mientras asimila la información. Y luego sonríe igualmente como lo hace Todd.
—Maldito suicida—dice. Y la mirada verde de Jasón atraviesa la borrosa lluvia.
Y Tim se pregunta si llegaran a tiempo para el postre.
[···]
El timbre suena, y es Alfred quien corre a atender. En la sala, el resto de la familia murciélago espera de muy mal humor y con hambre. Pero Bruce insiste en esperar a que lleguen todos.
Entonces aparece Alfred con la mano sobre el corazón, como si estuviera a punto de darle un ataque cardiaco. Y detrás de él, Tim y Jasón, sonrientes y amoratados.
Ambos avanzan y sin querer manchan la alfombra con lodo. Jasón pasa un brazo por sobre los hombros de Tim, y Tim sin darse cuenta escarba entre el olor a tabaco, alcohol y pólvora, que están siempre impregnados en la chaqueta de cuero, e identifica un olor curioso, que ha sentido antes pero al que jamás le pudo otorgar un nombre, o sentir algo similar en alguna fragancia embotellada.
¿Sera la lluvia, o será Jasón?
Sin querer Tim ladea un poco el rostro hacia Todd, para sentir más de aquel olor.
Y Jasón aumenta el agarre, y estrecha al menor contra sí mismo.
—Papá, para navidad quiero una moto. Baby Bird también quiere una. Si, además debes pagar una multa por daños a la propiedad pública y mandar una grúa a la quinta avenida, en busca de lo que queda de nuestras motos.
Bruce frunció el ceño, mientras hacia una mueca de desapruebo.
Tim decidió que aquel olor no era ni la lluvia ni Jasón. Si no una mezcla de ambas, y era el olor de la serenidad.
