Los padres de Ushijima Wakatoshi habían fallecido cuando tenía ocho años, quedando al cuidado de su abuelo. A los trece su cuidador murió dejándolo solo junto con una fortuna millonaria. Ahora a sus casi dieciocho, vivía solo en la casa antigua de su abuelo. Podía comprarse la casa más lujosa de la ciudad pero lo consideraba un desperdicio de tiempo y dinero. Su hogar era grande y acogedor, una casa antigua con un gran jardín. Los cuidadores de la casa le daban todo lo que necesitaba sin meterse en sus asuntos.
Tenía el suficiente dinero para vivir bien durante diez vidas. Era bueno en los estudios y el deporte. Su equipo practicaba con profesionales y las universidades se peleaban por tenerlo. Su forma poco particular de jugar y su potente fuerza le habían dado varios apodos pero su favorito era el de Leviatan, la bestia marina que arrasaba con todo a su paso.
Tenía todo lo que una persona de su edad deseaba. Entonces ¿Por qué se sentía tan vacío? Algo le faltaba y sabía que era ese algo. Más bien, ese alguien.
—Iwa-chan~ Espera, no camines tan rápido.
—Si te apuraras —Habló enojado sin desacelerar el paso.
—¿No ves que estoy cansado? Vamos, no sean tan cru… —Se detuvo y su mirada infantil se endureció al verlo —Qué haces aquí, Ushiwaka.
—Necesito hablar contigo.
Intentó acercársele pero Iwaizumi se interpuso y Oikawa sonrió ante la reacción de su amigo.
—Necesito hablar contigo —Volvió a repetir —A solas.
—Si crees que voy a dejar a Oikawa conti…
—Está bien —Oikawa le dio una palmada en el hombro a su amigo y se puso a su lado —No será una larga charla.
—¡Mas te vale no tardar, idiota! —Tomó su mochila.
—Waa, que cruel Iwa-chan~
Iwaizumi le dijo que lo esperaría en el parque y comenzó a caminar. Una vez solos, Oikawa habló.
—Sí que tienes agallas para haber venido a verme en la entrada de la escuela —Habló mientras se cruzaba de brazos.
—Me disculpo por eso.
—Dime de una vez que quieres. Mi tiempo es demasiado valioso como para desperdiciarlo contigo.
—Debiste haber ido a Shiratorizawa.
—¿Otra vez con eso? Supéralo ¿Quieres?
—Todavía puedes ir a Shiratorizawa.
—¿Acaso eres tonto? —Rio — Estamos en el último año ¿Y todavía quieres que vaya a tu escuela? —Observó su cara indiferente y suspiró —Digamos que me convences y voy. Ya es muy tarde para entrar al club y aún si lo hiciera, serían por unos meses. Sólo iría a perder mi tiempo.
Oikawa tenía razón. Ambos se encontraban en su último año. Tiempo insuficiente para que sacara lo mejor de su equipo o para ser más exactos, lo mejor de él.
—Entonces sal conmigo —Soltó sin más.
—¿Qué? —Preguntó ofendido.
—Tienes razón, sólo estaríamos juntos el resto del año, pero si sales conmigo entonces me aseguraré de ir a la misma universidad que tú. Estaríamos en el mismo equipo y seríamos invencibles.
A pesar de que Oikawa era una persona expresiva, en ese momento no sabía en que estaba pensando. Se acercó e intento acariciar su mejilla pero su voz cortante lo detuvo.
—Qué crees que estás haciendo —Su mirada se volvió fría y el castaño apartó su brazo —¿Crees que me rebajaría para salir con alguien como tú? —Rio —Entonces eres más idiota de lo que pensé —Comenzó a caminar —Ah, y para que lo sepas. El único que reconozco como mi igual es a Iwa-chan, por lo tanto —Detuvo sus pasos, volteó y sonrió con cinismo —Él es el único que puede tocarme.
Oikawa tenía el potencial de relucir las cualidades de su equipo, por eso lo deseaba más que nada en Shiratorizawa. Sin embargo, poco a poco ese argumento dejó de ser suficiente. El jugador de Aoba ocupaba sus pensamientos cada vez más y cuando lo veía por la calle, no podía evitar sentir envidia al ver que siempre iba acompañado de Iwaizumi.
Los días pasaban y los deseos por tenerlo aumentaban. ¿Podía vivir sin él a su lado? Ya no. Su limité llegó cuando una noche lo encontró en el parque. Lo malo era que no estaba solo. Iwaizumi lo acompañaba. Sus manos recorrían la piel blanca de Oikawa mientras sus labios se deleitaban de su cuerpo. Un cuerpo que debía ser suyo y de nadie más. Ya no lo deseaba para Shiratorizawa. No. Lo deseaba para él y lo obtendría de una u otra forma.
—
Ushijima se encontraba sentado mientras observaba el comienzo de un partido. No era común de él ver los juegos cuando se encontraban en pleno torneo pero le prometió a su entrenador hacerlo. Al fin y al cabo uno de ellos sería con los que jugaría dentro de unos días.
Sus ojos observaban el partido pero su mente divagaba en otro lado: Oikawa Tooru. Los carteles con su rostro se encontraban por toda la ciudad. La policía buscaba incansablemente y una vez encontró a Iwaizumi buscarlo por su cuenta.
Sonrió al recordar recordar que él era el único en saber dónde estaba.
—Suéltame — Ordenó con voz cortante.
—Podría hacerlo —Se acercó a escasos milímetros de él —Si me dejas poseerte.
—¿Acaso te crees lo suficiente para mí? —Le escupió en la cara y rio —Pobre imbécil.
—En ese caso —Se limpió el rostro —No me dejas alternativa.
Él lo tenía, en la parte más oculta de su gran casa. Un lugar donde nadie pasaba y de difícil acceso. Podía poseerlo cuando quisiera y le daba todas las atenciones que necesitaba. A pesar de todo, no se sentía como debería. Oikawa estaba en sus manos y debía estar satisfecho con eso pero no era así. El sentimiento de vacío que Oikawa llenó volvía poco a poco. Sabía que algo le faltaba.
El sonido del silbato lo distrajo de sus pensamientos. El equipo de Karasuno había anotado otro punto. Sus ojos se enfocaron en uno de los jugadores: Alto, piel clara y cabello rubio. Una y otra vez frustraba los ataques del equipo contrario y a pesar de la distancia, podía distinguir la cínica sonrisa que le daba a los del otro equipo.
En poco tiempo lograrían la victoria. El entrenador del equipo contrario pidió tiempo. En ese momento uno de sus compañeros se le acercó. Era bajo, de cabello oscuro y el único con pecas adornando su rostro. Cuando le habló, el mayor de estatura le sonrió con ternura. De nuevo, algo que no tenía, algo que ya era de alguien más… pero que se volvería suyo.
Era un jugador poderoso, un gran defensa que impedía el paso de cualquier balón. Cada que lo veía jugar sentía ese vacío llenarse. Él, al igual que Oikawa era perfecto. Una sonrisa se dibujó en su rostro. Sin duda alguna, le gustara o no, él iría a Shiratorizawa.
