N/A: Muchas gracias a todos por leer y comentar...


CAPÍTULO 3: NUEVAS SENSACIONES

A partir del encuentro en el supermercado, Blaine y Sam comenzaron a ir juntos todos los sábados a comprar para que el moreno no tuviera que hacer muchos viajes durante la semana. Charlie y Anne estaban encantados porque pensaban que su padre podría rehacer su vida con su profesor, algo que no les importaba. Sabían que en tres años ellos se irían a la universidad y no querían dejarlo solo cuidando a Lily.

Evans también pasaba algo de tiempo con ellos, deseando ayudarlos en todo lo que pudiera. Había conseguido que Anderson le contara toda su historia y debía reconocer que había despertado su instinto protector. Nadie merecía pasar por cosas así, mucho menos una persona tan dulce y buena como el moreno. Aunque tal vez, si lo pensaba bien, era a esas personas a las que era más fácil dañar.

Después de dos semanas de ir de compras, Sam decidió ofrecerse para ayudarle a reformar la casa. Cuando lo hizo, ya había pintado las paredes y había puesto el nuevo suelo de la cocina. Para terminar el interior le quedaba lijar y barnizar los suelos y arreglar los muebles. El rubio se sintió algo estúpido porque sabía que debía haber ofrecido su ayuda cuando se enteró, pero en ese momento estaba más centrado en llevar su compra y en que sus hijos no pensaran algo que no era.

Ese era el mayor temor del profesor. Sabía que, aunque los adolescentes habían sido los que habían sugerido el divorcio a su padre, no creía que apoyaran que comenzara a salir con otras personas. No es que fuera algo que a la larga no pudieran aceptar, pero Blaine estaba en pleno proceso de divorcio y su exmarido estaba luchando por cada aspecto del mismo y no quería que al final Charlie y Anne se dejaran llevar por un enfado si les preguntaban por el matrimonio de sus padres.

Una tarde que estaban los cinco en casa y que, a pesar de ser abril, hacía un día cálido y soleado, decidieron que debían empezar a limpiar el jardín. Tal vez era lo más costoso puesto que llevaba años descuidado y había malas hierbas y partes secas, suciedad... Era el mayor desastre de la casa.

Comenzaron a trabajar después de que Charlie pusiera música para que se les hiciera más ameno. Después de tres canciones Sam miró intrigado a Blaine, puesto que lo último que esperaba era que el adolescente eligiera canciones tan variadas y buenas. Beatles, El Fantasma de la Ópera y Billy Joel. Estaba seguro de que la influencia de su padre se notaba en esa selección. Suponía que, como no había cantado nada en solitario en el Glee Club se había adaptado a los gustos de sus compañeros.

– Tienes muy buen gusto en música. – El rubio decidió comentar mirando al joven.

– Gracias... La verdad es que me gustan todos los géneros. Mi padre me ha enseñado a apreciar la música. Su sueño siempre ha sido cantar en un escenario real sus propias canciones. – El menor respondió.

– ¿En serio? – La atención del profesor se centró en el otro adulto que allí había.

– Es cierto. Incluso fui admitido en una academia de artes escénicas en Nueva York. – Anderson comentó mientras los adolescentes se alejaban para darles algo de privacidad.

– ¿Qué pasó?

– Charlie.

Esa fue la única palabra que tuvo que decir Blaine para que Sam comprendiera que había renunciado a sus sueños para cuidar de su familia, algo que no debería haber sido así. Si él hubiera estado en el lugar de Matt, en cuanto Charlie nació le habría animado a que estudiara a tiempo parcial mientras él trabajaba o estudiaba y trabajaba. Habrían encontrado la manera para que ninguno de los dos renunciara a su futuro. Y, sobretodo, habrían esperado para tener un segundo hijo. Le parecía que eso había sido muy egoísta por parte del exmarido de su amigo. Otro ejemplo más de lo mala que había sido esa relación.


Llevaban dos horas limpiando y el calor hacía que se sofocaran. El sudor y el cansancio empezaba a hacer mella en ellos. Blaine decidió sacar unas cervezas para él y Sam, unos refrescos para los adolescentes y un zumo para la menor. Todavía iban a seguir limpiando, por lo que el rubio, se volvió para mirar a los demás.

– ¿Os importa que me quite la camiseta? Estoy teniendo mucho calor. – Anderson miró a sus hijos después de escuchar la pregunta del otro, pero Anne sonrió de manera cómplice a su padre.

– Si fuéramos a la piscina veríamos a muchos hombres sin camiseta, papá. No es nada importante... Te olvidas que, por mucho que padre estuviera con nosotros, el que nos ha educado eres tú. Nos parecemos más a ti de lo que crees. – La adolescente no tenía ningún problema, no sentía nada por su profesor y esperaba que verlo sin camiseta tuviera algún efecto en su padre.

– Puedes quitarte la camiseta.

Apenas sus palabras salieron de sus labios, Blaine pudo ver como Sam se quitaba la prenda, dejando ver unos perfectos y marcados abdominales. Alguna gota de sudor caía por su pecho y el sol iluminaba su piel de manera que parecía un Dios Griego esculpido por el mismísimo Miguel Ángel. Era la primera vez en años que sentía algo así, una atracción tan intensa que empezaba a sentir calor mientras su mente tenía pensamientos nada apropiados cuando estaba con sus hijos.

Durante su matrimonio había evitado todo eso porque Matt era muy celoso. Al principio le había costado muchas peleas y algún que otro golpe pero pronto entendió que debía olvidarse de ese aspecto de su vida. Si a eso se le añadía la insatisfactoria vida sexual que tenía, acumulaba años de frustración y deseo.

Ese hecho no pasó desapercibido para sus hijos, que jamás habían visto a su padre tan hipnotizado por un hombre, ni siquiera por su marido. Eso hizo que ambos desearan que esa fuera la persona que le mostrase a su padre una nueva forma de vivir y de tener una relación.

Sam también notó la mirada pero no estaba para nada incómodo. Sabía que tenía un gran cuerpo, había trabajado demasiado para tenerlo desde que tenía 15 años. Durante una época de su vida pensó que era lo único que tenía y se había obsesionado. Sin embargo, con el tiempo se relajó y, aunque no estaba tan obsesionado, seguía cuidándose.

– Creo que lo mejor será que sigamos limpiando, ¿no crees? – El rubio preguntó y notó que las mejillas de Blaine se teñían de rojo. Sonrió con suficiencia porque sabía que él era el causante de esas reacciones.

– Sí, claro. Creo que deberíamos arrancar las hierbas que hay ahí. – El moreno señaló una zona. – Tengo la intención de hacer una huerta ahí, así tendremos verduras frescas.

– Es muy buena idea. ¿Qué tienes pensado hacer con el resto? – El profesor quiso saber mientras comenzaba a ayudarle con la tarea de limpiar esa zona.

– Quiero poner una zona para cenar o tomar algo en verano y, si reúno dinero suficiente, un columpio para Lily. – El camarero explicó.

– Me parece un gran plan. – Evans estaba de acuerdo con Anderson.

Todos siguieron limpiando el jardín durante una hora más, aunque ni siquiera consiguieron despejar la mitad del jardín. Sin embargo, habían pasado un gran rato y eso era lo que realmente importaba.