N/A: Muchas gracias a todos por leer y comentar...
CAPÍTULO 5: ACERCARSE UN POCO MÁS
Al día siguiente, Sam llegó a casa de Blaine después de comer. Cuando Anne le abrió la puerta y le dejó pasar, se sorprendió cuando vio que ella y Charlie estaban solos.
– ¿Dónde están Lily y Blaine? – El mayor preguntó.
– Lily está en la siesta y papá aun no ha llegado de trabajar. Aunque en el restaurante suele hacer el turno entre semana para cubrir los días libres de los demás camareros, de vez en cuando tiene que ir los fines de semana si alguien llama porque está enfermo. Al ser el último que entra, se dedica a cubrir los huecos que dejan los demás y todos prefieren trabajar en fin de semana porque las propinas son mayores. – La chica explicó.
– Ha cubierto el turno de desayunos y comidas, por lo que no tardará en llegar. – El adolescente añadió porque consideraba que su hermana había dejado la información incompleta.
– Ayer se lo debió pasar muy bien, creo que nunca lo había visto así. – La menor comentó entusiasmada.
– La verdad es que fue una gran noche. Incluso me hice amigo de Lily. – Evans presumió antes de sentarse en el sofá.
– Me alegra que poco a poco empiece a hacer vida normal... Ella debería ser la que menos secuelas tenga de todos nosotros. – Charlie comentó con seriedad.
– ¿A vuestro padre no le importaba pegar a su marido delante de su bebé? – Sam preguntó intrigado, él jamás pensó que podría existir una persona así.
– Una vez tiró a papá mientras tenía a Lily en brazos. Se dio un golpe y pasó horas llorando hasta que papá pudo salir de casa a escondidas para llevarla al hospital. Cuando volvieron nuestro padre estaba esperándolo... Sobra decir que la cosa se puso fea, aunque le dejó que llevara a Lily a la cuna antes de hacer nada. – Anne respondió con tristeza.
– Tuvo que ser muy duro para vosotros también. – El profesor se puso serio.
– Por eso insistí tanto en que papá se divorciara. Durante estos meses e intentado recordar un sólo día en el que lo haya visto sonreír de verdad y no... – El joven desvió la mirada. Para él era muy duro, no sólo porque había presenciado agresiones y violaciones hacia la persona a la que más quería en ese mundo. Él sabía, porque Matt se lo había recordado en numerosas ocasiones, que él era el culpable de que sus padres se hubieran casado. Sabía que Blaine quería seguir estudiando y quería ser cantante o actor de teatro.
– El pasado no se puede cambiar, pero sí podemos cambiar el futuro. Estáis haciendo lo que es correcto y estoy seguro que poco a poco las cosas cambiarán para vosotros. Sólo tenéis que tener un poco de paciencia. – Evans explicó.
– Lo que nos preocupa es que dentro de cuatro años Charlie y yo estaremos en la universidad, probablemente en otro Estado, y él se quedará sólo con una niña de cinco años.
Sam no sabía qué decir pero tampoco tuvo oportunidad porque Lily comenzó a llorar y ellos la escucharon a través del monitor de bebés. La joven iba a levantarse para ir a buscarla pero el mayor negó con la cabeza y fue él quién acudió a por ella.
Cuando entró en la habitación, la niña abrió los ojos sorprendida y pronto estiró los brazos, pidiendo que la sacara de la cuna y la cogiera en brazos. Él no se pudo negar y la apoyó en su costado para volver al salón.
Cuando llegó, Charlie seguía ahí pero Anne no estaba, lo que le extrañó. Su sorpresa debió verse reflejada en su rostro porque el joven sonrió antes de hablar.
– Ha ido a prepararle la merienda. Ve a la cocina. – El menor indicó.
Sam estaba a punto de entrar a la cocina cuando escuchó el ruido de la batidora. Al entrar vio como la chica ponía el puré de frutas en un pequeño cuenco de plástico. Lo puso en la mesa junto a una cuchara pequeña.
– Se las doy yo, no te preocupes. – El profesor se sentó en la silla con la niña en su regazo y le puso el babero antes de comenzar a darle el puré. Anne lo observó durante unos segundos, complacida por lo que veía. Ella creía que ese era el hombre que necesitaba su padre en su vida. Tal vez podría parecer pronto, pero sabía que su padre merecía rehacer su vida y no conocía a nadie más bueno, dulce y cariñoso que la persona que estaba frente a él.
Lily estaba comiendo su merienda sin problemas, algo que sorprendía a la joven dado que no era muy apasionada de la fruta. Sin embargo, parecía que estar con Evans hacía que se olvidara de todo. El adulto la distraía con juegos para que comiera y lo único que conseguía eran risas.
La chica notó una mano en su hombro y se volvió para ver a su padre, que acababa de llegar del trabajo. Ella le sonrió sabiendo que lo mejor era no molestar a los otros dos, al menos hasta que la menor acabara de merendar.
Blaine no podía creer lo que estaba viendo. Su pequeña, la tímida y callada Lily, estaba intentando contarle cosas a Sam, aunque realmente no se le entendía nada porque apenas sabía decir alguna palabra. El rubio la miraba fascinado, como si le estuviera contando la historia más apasionante del mundo. Evans tenía muy buena mano con los niños y eso sólo conseguía aumentar esa conexión que Anderson tenía con él.
La noche anterior había soñado con Evans y podía decir que parte de ese sueño no era apto para menores. Por una parte estaba aterrado, sabía lo que sentía a pesar de que hacía muchos años que no se sentía así y no creía estar preparado para hacer algo al respecto. Por otra parte, sabía que debía seguir con su vida y Sam sería el mejor candidato para estar a su lado.
Anne agarró a su padre para volver al salón, temía que Lily viera a Blaine y olvidara su merienda, les costaba mucho que comiera fruta o verdura. Charlie se extrañó al verlos entrar solos pero no preguntó, si su hermanita estaba con Sam no había nada de lo que preocuparse.
Cuando el profesor y la menor se reunieron con ellos, la pequeña corrió hasta los brazos de su padre, olvidándose por un momento de los demás. Estaba claro que tenía cierta relación de dependencia con el mayor, pero era normal.
– No te he escuchado llegar. – Sam comentó mientras se sentaba junto a Blaine.
– He visto que Lily estaba comiendo sus frutas sin quejarse y no he querido interrumpir. – El moreno explicó.
– ¿Qué tal el trabajo? – El rubio se interesó.
– Bien, había muchos clientes. ¿Llevas mucho esperándome? – Anderson quiso saber.
– No, he hablado un poco con los chicos antes de que Lily se despertara y le diera la merienda. – Evans lo tranquilizó.
– ¿Qué os apetece hacer? – Blaine preguntó y sus hijos comenzaron a dar ideas.
Sam sonrió ya que le recordaba al caos que Stevie y Stacey formaban cada vez que les preguntaba qué querían hacer cuando eran pequeños. No sabía lo que extrañaba tener una familia numerosa y ruidosa, pero esos pequeños momentos le demostraban que podía disfrutar de la familia de su amigo. Eso era más de lo que podía pedir en ese momento.
