N/A: Muchas gracias a todos por leer y comentar... Último capítulo... Dentro de poco subiré el epílogo... Muchas gracias por acompañarme en esta historia llena de esperanza... Espero que os guste lo que quede, gracias por vuestro apoyo... Y que sepáis que pronto vuelvo con más historias...


CAPÍTULO 15: VOLVER A LA NORMALIDAD

El cumpleaños de Blaine llegó al día siguiente de que le dieran el alta. Habían recibido la excelente noticia de que Matt estaría en la cárcel hasta el juicio y que todo apuntaba a que sería condenado por intento de asesinato. Los antecedentes, lo sucedido con Sam y la confesión del propio Anderson habían conseguido librar a Charlie, no había ninguna causa pendiente contra él.

A pesar de que el moreno todavía estaba algo convaleciente, decidieron hacer una barbacoa en el jardín con los amigos. Sam había llevado su guitarra y habían invitado a Brittany, Josh y Leo.

Los niños estaban jugando en los columpios, vigilados por el hermano mayor de Lily, que los empujaba suavemente porque eran muy pequeños. Sam y Anne se encargaban de hacer la comida y los invitados hablaban con Blaine, al que habían acomodado en una de las hamacas.

El jardín estaba precioso y como ya casi era verano, el buen tiempo facilitaba que pudieran disfrutar de él. Gracias al dinero que Matt le pasaba a su marido, había conseguido terminar de arreglar toda la casa y comprar algunos muebles para sacar el máximo partido al lugar. Habían instalado una zona de relax con hamacas y otra con sillones y una mesa para comer y charlar. Habían construido una barbacoa para celebrar fiestas como esa. Habían puesto dos columpios para Lily. Tenían una zona de césped y varias plantas y habían instalado una pequeña piscina desmontable para que la niña comenzara a familiarizarse con el agua para cuando tuviera edad para aprender a nadar. Era un pequeño paraíso para disfrutar del buen tiempo.

– ¿Cooper no ha podido venir? – Josh preguntó intrigado.

– Está rodando una película, pero me ha llamado y me ha mandado su regalo. Sam lo ha escondido porque dice que quiere que lo abra con los demás. – Blaine explicó relajado.

– ¡La cena ya está! – Sam anunció y Charlie bajó a los niños de los columpios para que fueran a la mesa mientras ayudaban a Anderson a pasar a uno de los sillones.

Lily se sentó sobre la rodilla de su hermano y Leo junto a su madre. Enseguida empezaron a servir las verduras y la carne que habían hecho en la barbacoa y se pusieron a comer. Estuvieron hablando de temas más tranquilos y se divirtieron bastante. Lo que había ocurrido parecía un recuerdo tan lejano que no estaba en la mente de ninguno de ellos, aunque aún había alguna marca en el rostro y cuerpo de Blaine.

Después de cenar, una emocionada Anne se levantó para traer todos los regalos. Había alguno muy grande, por lo que Charlie corrió a ayudar, aunque con menos entusiasmo.

– Primero abre el mío. – La chica pidió y le dio a su padre un paquete bastante pequeño envuelto con papel rosa. En cuanto el moreno lo cogió, supo que era algo de ropa. Al abrirlo, se sorprendió al ver dos bañadores. – ¿Te gustan?

– Claro, preciosa... Aunque no entiendo...

– Ya lo entenderás. – Ella le interrumpió.

Después abrió el regalo de Charlie, que eran unas gafas de sol y una toalla de playa. Sam le regaló una maleta aunque ya le había dado antes varios marcos con fotos de ellos solos o con los niños para poner en la casa y un corazón de plata para usar de llavero, ya que él normalmente no llevaba joyas, con el nombre de ambos y de los niños. Brittany y Josh le regalaron unas bermudas y unas sandalias.

– Y ahora es el turno de que abras el regalo de Cooper y comprendas estos regalos... – La joven dijo emocionada y le dio el sobre que había llegado por correo el día anterior. Al abrirlo, se quedó asombrado cuando vio cinco billetes de avión para que toda su familia fuera a Los Angeles. – Nos alojaremos en casa del tío... ¿No es maravilloso?


Esa noche, los chicos se fueron a pasar la noche en casa de amigos y Lily se fue con Brittany, por lo que la pareja se quedó a solas. Lo primero que hicieron fue dejarse llevar por la pasión, ambos lo necesitaban después de tantos problemas. Cuando acabaron, se quedaron desnudos, abrazados, tumbados en la cama.

– No he podido agradecerte todavía todo lo que has hecho por mis hijos y por mí. – Blaine lo besó con suavidad.

– No tienes que agradecerme nada, te amo y haría cualquier cosa por ti. – Sam fue el que inició el beso esa vez.

– No estoy acostumbrado a que me amen y me cuiden. – El moreno confesó.

– Ya va siendo hora de que te acostumbres.

El rubio lo volvió a besar pero esa vez fue de manera más intensa, demostrando que estaba listo para una segunda ronda. Por eso, cuando la mano de su amado bajó por su espalda hasta llegar a sus nalgas, confirmando que él también deseaba volver a amarse, no lo pensó más y comenzó a adorar ese cuerpo que tanto le atraía y que se había vuelto su adicción.


Anne y Charlie estaban haciendo un castillo de arena con Lily. La niña intentaba ayudar pero lo más normal era que derrumbara lo que sus hermanos habían hecho. Blaine, Sam y Cooper estaban tumbados tomando el sol muy cerca de ellos.

Las vacaciones en Los Angeles estaban siendo mejor de lo que habían imaginado. Lo más importante y lo que todos querían, era que el moreno olvidara todo lo que había vivido en las últimas semanas. Había sufrido la agresión y un juicio complicado, no porque tuvieran que luchar por conseguir pruebas y demostrar nada, más bien porque Matt, al saber que tenía el caso perdido, se había dedicado a utilizar cada segundo que tenía para insultar y menospreciar a su exmarido.

Esa tranquilidad fue interrumpida cuando unos chicos que jugaban con un balón cerca de ellos dejaron escapar la pelota. Uno de los chicos fue a recogerla, pidiendo perdón a todos, pero se entretuvo al ver a Anne y se pusieron a hablar.

Blaine se dio cuenta rápidamente de que Charlie quería interrumpir la conversación y eso no le gustó por lo que, con la excusa de coger a Lily para darle crema para el sol, se levantó y le pidió a su hijo que fuera con él.

– Tienes que dejar que tu hermana se relacione con chicos. – El padre explicó y era consciente de que tanto Cooper como Sam lo miraban con la ceja alzada.

– ¿Por qué? ¡No conocemos a ese chico! ¡¿Y si es como Matt?! – El joven quiso saber mientras se cruzaba de brazos.

– No lo conocemos y si no le damos una oportunidad, no lo conoceremos nunca. Tanto ella como tú tenéis que cometer errores. Saldréis con personas que luego os engañarán, os romperán el corazón... Eso es inevitable. Lo que tienes que hacer es confiar en que Anne es una chica inteligente y estar a su lado para apoyarla en todo momento. Cuando yo conocí a Matt... ¿Crees que Cooper o mis padres podrían haberme alejado de él? Lo único que habrían conseguido era que me distanciara aun más. Si la presionas, si no le dejas que hable con chicos, lo hará a tus espaldas y no podrás saber cuando necesita un abrazo o cuando va a necesitar un consejo. – Anderson explicó con serenidad.

– Pero... ¿Y si le hace daño? – Charlie preguntó resignado.

– La abrazaremos, comeremos helado y, cuando ella no se de cuenta, los cuatro hombres que más la quieren tendrán unas palabras con ese chico. – Blaine acarició el hombro de su hijo.

– ¡Muy bien dicho hermanito! ¡Me alegra que cuentes conmigo para esas cosas!

– ¡Charlie! – Anne llamó.

– ¿Qué quieres? – El chico preguntó.

– Él es Ian. Quiere que nos unamos a él y a sus amigos para jugar un rato... ¿Quieres venir? – Ella preguntó con una sonrisa que reflejaba que estaba encantada de que se le diera esa oportunidad. El adolescente se volvió para mirar a su padre.

– ¿Podemos?

– No os alejéis mucho, no conocéis Los Angeles y os podéis perder. Acordaros de llevar la crema para el sol con vosotros porque no quiero que os queméis y... Divertíos. – Anderson comentó. Vieron como los jóvenes cogieron sus cosas y se fueron con sus nuevos amigos.

– Ha sido un gran consejo. – Sam reconoció.

– Gracias... – Blaine besó a su novio antes de volverse. Cooper... Si mis hijos se hacen amigos de esos chicos, los vas a tener aquí todos los veranos.

– ¿Sólo a ellos? Yo pensaba que vendríais aquí cada vez que queráis playa... – El mayor se mostró triste.

– No lo digas dos veces. – El rubio bromeó.

Los tres rieron, eso era lo más cerca del paraíso que ellos podían estar y para ellos era suficiente. Blaine tenía frente a él un futuro lleno de felicidad y amor, como debería haber sido desde el principio.