- Parsel –

- Normal –

- Otro idioma

"Pensamiento"

# Sueño #

- Flashback -

Primeros años:

Harriett ya contaba con tres años de edad y ya hablaba correctamente y era capaz de hacerse cargo de sí misma para alegría de sus parientes que no querían gastar tiempo en ella. Seguía viviendo en el sótano, que desde que ella había llegado había cambiado mucho, seguía habiendo cosas tiradas, cajas y muebles en desuso llenos de polvo, cerca de la escalera se encontraba una cuna desvencijada con sábanas descoloridas y ásperas, una pequeña mesa con una lámpara de luz amarilla, un reloj despertador que Vernon había tirado hacía mucho tiempo y que Petunia había programado para despertar a la niña, a los pies de la cama se encontraba un baúl, era antiguo y se caía a pedazos, en ese lugar Harriett tenía su ropa, era ropa de segunda mano, algunas eran de Dudley otras habían sido compradas por Petunia en una tienda de ropa barata para que por lo menos cuando salieran la niña pareciera bien cuidada y la mayoría era de las que las vecinas le daban y que eran mucho más bonitas que las que su tía le compraba.

Harriett todos los días se levantaba a las seis, se cambiaba y subía las escaleras, buscaba el periódico, el correo y lo dejaba arlado del asiento de su tío. Corría las cortinas de la sala para que entrara la luz, regaba las plantas que estaban en masetas y para ese entonces su tía se había levantado, su tía la obligaba a ver como preparaba el desayuno y le explicaba como lo tenía que preparar para cada uno. Cerca de las ocho su tío y primo se habrían levantado y todos estarían desayunando, ellos un desayuno muy variado y ella tomaba leche y unas galletas. Su tío se iba, su tía se ponía a leer revistas, o ver por la ventana o salir al jardín o a conversar con sus vecinas durante un par de horas y entonces los niños bajaban al sótano y revisaban las cosas que allí había. Cuando los llamaban para comer ellos subían, Dudley que para ese entonces aun balbuceaba, pero estaba trabajando para poder hablar bien tal como hacia su prima, intentaba hablar con sus papas mientras Harriett se mantenía aparte, sabía que no era bien recibida pero no podía evitar querer agradarle a su familia. Sus tíos le hacían ver que ella no era bien recibida, al fin y al cabo que niño viviría en el sótano, se vestiría con ropa de segunda mano y comería pocas cosas mientras que su "familia" vivía en una hermosa casa, vestía y comía bien. Muchas veces su tío Vernon le decía cosas que ella no entendía y cuantas veces su tía le pellizcaba demasiado fuerte cuando las vecinas iban a la casa a charlar con su tía y con ella. Sus tíos intentaban apartarla de Dudley pero su primo se ponía histérico cuando los separaban, al final se dieron por vencidos y decidieron que él debía conocer a más chicos de su edad y que sean normales y no "monstruos" como ella.

Suspirando Harriett salió de sus pensamientos y juntó la mesa mientras su tía comentaba las últimas novedades de los famosos y su tío hablaba sobre un trato con la empresa, cuando ambos se fueron para ver el noticiero Harriett vio que su primo se había quedado, ella lo miró y él se bajó de la silla y la ayudó a juntar la mesa, en silencio ambos primos acordaron ayudarse, ella le ayudaría a hablar y él le ayudaría a hacer algunas cosas mientras su mamá no se diera cuenta.

A los cinco años Harry ya sabía calentar agua, cortar algunas frutas y verduras para cocinar, limpiar los muebles y el piso, plantar y trasplantar las plantas del jardín y estaba aprendiendo a lavar la ropa. Si bien no había conseguido esto sin hacerse daño, ella era feliz su familia aun la ignoraba pese a sus esfuerzos, excepto su primo que siempre jugaba con ella y la ayudaba en algunas actividades como ordenar su cuarto, juntar la mesa y ordenar la casa, eso sí, mientras Petunia no estuviera en la casa.

El sótano había cambiado bastante, los niños mientras investigaban en las tardes habían encontrado sillones mal tapizados, retratos y fotos viejas, aparadores y otros tantos muebles que están en buen estado, cajas llenas de telas que usaban para disfrazarse (Dudley de rey y Harriett era obligada a ser la princesa, cosa que a ella le daba vergüenza), un día encontraron un televisor que aun funcionaba, una lavadora que solo necesitaba cambiar el cable y otras tantas cosas viejas. En cuanto a la ropa Harriett vestía ropa barata, pero limpia y en buen estado, algunas remeras que su primo no usaba ella las usaba para trabajar en el jardín, ya que se ensuciaba mucho.

Un día cuando estaba en el jardín arreglando las rosas vio un pequeño gatito plateado que la miraba desde las plantas, ella se acercó y lo acarició, el gatito desde entonces siempre la buscaba, el gatito al que ella le puso Mau (por el Mau Egipcio que había visto un día en la televisión) se convirtió en su otro amigo, no se atrevía a tenerlo de mascota por temor a que le dijeran que no. Una tarde en que Petunia y Dudley se habían ido Harriett había aprovechado para ir al jardín y recostarse en el pasto, hacia unos minutos que se había acostado cuando Mau llegó y se subió a su estomago, mientras lo acariciaba una señora se asomó y la llamó, era la señora Figg tenía miles de gatos y ella tuvo miedo de que le diga que no se podía quedar el gatito con el cual se había encariñado.

- Vení, pasa querida… siéntate. ¿Quieres un té y unas galletas? – dijo todo esto mientras la hacía entrar a la casa y le señalaba un cómodo sillón. Ella asintió y sonrió. Mau no se había separado de ella en ningún momento. La señora Figg le trajo un té de menta y unas galletas de canela que sabían mal pero que la niña comió por educación.

- Disculpe, pero ¿porqué me invito a su casa? – dijo mientras la miraba.

- Fue por curiosidad, siempre te veo en el jardín y acariciando a… Mau – la señora se detuvo durante un momento y sonrió al decir el nombre – Es un nombre muy bonito el que elegiste para él.

- Gracias – la casa era extraña, cálida pero había en el aire una sensación vibrante que la llamaba. Si bien parecía limpia, la casa parecía como si nunca hubiera tenido una limpieza a fondo. La señora Figg le pregunto varias cosas y la invito a venir a su casa cuando quisiera pero que tocara la puerta antes de entrar. Mientras Harriett se iba la escucho murmurar sobre - muggles tontos, viejos que se creían muchas cosas y niñas encantadoras - , pensando que la vecina estaba mal se fue corriendo a su casa. Al llegar allí Dudley la estaba esperando sonriendo, rápidamente se fueron al sótano y allí Dudley le soltó.

- Voy a ir a la escuela… - y desde ahí no paro de decirle lo que usaría, quienes irían y otras cosas mas pero Harriett no lo escuchaba ella estaba triste porque no iba a poder ir, seguramente sus tíos pondrían algún impedimento – entonces les preguntí si ibas a ir y ellos dijeron que si…

- ¿Cómo? – dijo ella mientras levantaba la cabeza de un golpe.

- Si, que vas a venir conmigo a la escuela… no es genial, iremos juntos – desde ese momento los niños estuvieron muy contentos, cuando fueron a comprar los útiles Dudley se fijo que sus cosas eran mejores que las de su prima cuando iba a decir algo ella sacudió la cabeza y le sonrió. Dudley se enfadó, su prima era una persona muy buena y no merecía tener cosas baratas o en mal estado.

- Mamá quiero que esta mochila sea el regalo de cumpleaños de Harriett – dijo mientras sostenía una mochila celeste con una princesa de cabello rubio. Petunia lo miro boquiabierta, la mochila era hermosa, intento hacerle ver que a Harriett no le gustaría el color o la princesa, no quería comprarle nada a ese fenómeno pero no le quedó de otra Dudley parecía muy dispuesto a armar un alboroto para que le compraran la mochila a Harriett.

- Dud a mi no me importa llevar la mochila que tía Petunia me compró – dijo mientras se acercaba a su primo, no quería que después se la agarraran con ella, como había pasado otras veces – me gusta la mochila que elegiste pero no me gusta llamar la atención… además la mochila que eligió tía Petunia es práctica y…

- Pero a vos te gusta esta mochila y esta vamos a llevar… ¿o no mamá? – Dudley en ese momento ya estaba haciendo puchero y las lágrimas brillaban en sus ojos. Petunia para que su bebé no llorara agarro la mochila celeste y la puso con el resto de las cosas que compro.

- No te preocupes mi amor… tu prima tendrá esa mochila – y mientras abrazaba a Dudley vio como Harriett articulaba un "lo siento" y bajaba la cabeza. Ella sonrió satisfecha, el fenómeno estaba aprendiendo.

- ¿Mamá con Harriett podemos ir a ver lo demás útiles y después nos reunimos con vos en la sección de dulces? – mientras Dudley decía esto Harry se alarmó, su primo no iba a descansar hasta que ella tuviera unos útiles dignos de una princesa, como él le decía a ella y a ella eso no le gustaba, le gustaba pasar desapercibida.

- Esta bien, pero no hagan líos – mientras decía esto miraba fijamente a Harriett. Dudley salió corriendo hacia la librería pero ella se quedo atrás, se volteó y se acercó a Petunia que la miraba con desprecio.

- Lo siento tía, voy a intentar que él no intente que compres otras cosas… no quiero ser una molestia… - iba a seguir hablando cuando Petunia se agachó y la miro fríamente mientras le agarraba un brazo y presionaba con fuerza, Harriett se trago un gemido de dolor, eso dejaría un feo moretón seguro..

- No quiero que MI hijo se enfade o este triste, deja que el elija lo que llevaras pero tendrás que hacer mas tareas de la casa y preparar el desayuno y almuerzo para ustedes… entendido – Harriett asintió, por un momento había creído que Petunia la golpearía – vete fenómeno, que quiero ir a comprar la comida.

- Tía me preguntaba si más adelante podría ayudarte a comprar y asi cuando yo aprenda tu no tendrías que hacer las compras y las haría yo – Harriett sabía que era peligroso preguntarle eso a su tía pero mientras su tía estuviera de buen humor eso significaría que la ignorarían y ella prefería eso.

- Ya veremos… vete – y mientras decía esto sonreía falsamente, la fenómeno ya estaba aprendiendo su lugar… qué bueno que había sido recibirla, ahora disfrutaba de varias horas libres que utilizaba para estar con personas que eran importantes y para charlar con los vecinos. Mientras ella pensaba esto Harriett sonreía.

- Harriett… ya encontré los útiles para mi ahora faltan los tuyos – Dudley había aparecido de la nada y la está arrastrando por los pasillos para llegar a la librería. Suspiro su primo a veces no entendía que a ella le gustaba pasar desapercibida y que se sentía incomoda por como él le hablaba a veces como si ella fuera alguien importante.

- Mira – Harriett contempló estupefacta los útiles que su primo había elegido, una cartuchera celeste con brillantes, unos cuadernos con imágenes de princesas, unicornios y uno con un gatito blanco y ojos celestes, los lápices eran de buena calidad, también se había encargado de que ella tuviera cartulinas, hojas, pinturas y otras tantas cosas. Cuando iba a decirle que no podía aceptar todo eso Dudley la miro con alegría y al no querer que él se pusiera triste le sonrió.

- Son muy lindas Dud, pero todo convina con la mochila que me compraste – en ese momento Dudley se sonrojo.

- Esa era la idea… - ambos se miraron y rieron, cuando se reunieron con Petunia esta miro las cosas que habían comprado y asintió todo fuera porque su bebé estuviera contento. Harry ayudó a llevar las cosas al auto y se sentó en silencio, la escuela parecía divertida pero eso no quitaba que iba a tener que hacer más cosas en la casa. Mientras ayudaba a su tía a acomodar las compras Harriett no podía dejar de pensar en la escuela, seguramente Dud intentaría que ella estuviera todo el día con él, no era algo que le molestara pero a él le gustaba llamar la atención y a ella le gustaba pasar desapercibida.

- Tía, que crees que le gustaría almorzar a Dudley el primer día – mientras decía esto Petunia la miro y sonrió.

- Lo que sea pero mi bebé tiene que estar bien alimentado, pobre de él si llega a comer el almuerzo de la escuela… seguramente se morirá de hambre asi que hazle doble porción de cada cosa que hagas – y seguía enumerando las cosas que Harriett tendría que hacer. Cuando Vernon llego se encontró con una cena suculenta que ella había hecho. Cuando todos terminaron Harriett lavó y guardó los platos y cubiertos. Bajo al sótano después de que Petunia considerara que todo estaba hecho, eran las diez de la noche. Suspirando Harriett acomodo las cosas que le habían comprado en un armario medio destruido y se sentó en su cama.

A las once su primo bajo a sótano con cuidado, sus padres estaban durmiendo. Se sentaron en el suelo ante diferentes objetos.

- Vas a volver a intentarlo – ante el asentimiento de la niña el sonrió, amaba ver como ella movía los objetos.

Primero Harri probó con una pluma, luego le siguió un ovillo de lana, los siguientes objetos fueron libro y sin quererlo una caja se levantó y se mantuvo en el aire durante varios minutos y fue depositada con cuidado en el suelo.

- ¿Intentaste cambiarle el color a las cosas?

- Si pero es difícil, por ahora quiero controlar esto – en ese momento Harry bostezó, eran pasadas las doce de la noche – ¿averiguaste algo con respecto a esto? – su primo negó y ella le sonrió con cansancio y bostezo.

- Hasta mañana princesa Harriett – ella rió cuando el inclinó la cabeza.

- Buenas noches Sir Dudley – e inclinó la cabeza. Riendo Dud subió las escaleras. Cuando la puerta se cerró Harry miro los objetos que estaban tirados en el suelo y automáticamente estos se acomodaron en sus lugares. Dudley no debía saberlo, ella ya podía hacer varias cosas sin forzarse pero ese secreto permanecería en ella, por temor a lo que su primo podía pensar de ella, porque él era el único que la trataba bien en esa casa. Ella al fin y al cabo era un fenómeno, una anormal, un monstruo, una bestia… pero aun asi era una niña en busca de amor. Se acostó y enseguida se durmió.

Muy lejos de allí en una habitación iluminada por antorchas había una mesa redonda, en una de las sillas se encontraba un nombre y en la silla que precedía la mesa se encontraban unas extrañas runas que formaban un nombre indescifrable.

A los ocho años Harriett era una niña de cabellera negro ébano largo hasta la cintura tenia flequillo para ocultar una extraña cicatriz con forma de rayo en la frente producto de un accidente de coche donde fue la única sobreviviente, según sus tíos, sus ojos verdes parecían más pequeños detrás de los lentes de montura redonda que usaba, era pequeña para su edad pero a ella no le importaba, era una niña alegre siempre tenía una sonrisa en la cara, según las personas que la conocían era un amor en persona.

Pero nada de eso importaba en la casa donde ella vivía, pues cada día ella estaba muy ocupada, se levantaba a las seis, se aseaba y cambiaba, subía las escaleras buscaba el diario, la leche y el correo, en la cocina empezaba a preparar el desayuno mientras abría las cortinas y ventanas de la sala, regaba las plantas, se fijaba que era lo que faltaba y hacia una lista. A las ocho sus tíos y primo ya estaban levantados, desayunaban y ella limpiaba lo usado. Su tío se iba a trabajar, su tía se preparaba para llevar a los chicos a la escuela y su primo aprovechaba para ayudarla a preparar el almuerzo de ambos, después entre los dos acomodaban la cocina y para cuando Petunia bajaba la escalera ya todo estaba listo. Iban a la escuela en auto, cuando llegaban Dudley se iba con sus "amigos" y Harriett desaparecía en la biblioteca, le gustaba leer y por esa razón era molestada. Los maestros la querían porque era respetuosa, hacia los trabajos y era silenciosa, todos le habían tomado cariño. La bibliotecaria le había regalado varios libros de cuentos infantiles y novelas para niños los cuales la niña devoró en días, los maestros siempre le daban algún dulce a escondidas el cual ella agradecía con una sonrisa tímida y un gran sonrojo en sus mejillas. Ella era una de las primeras de la clase junto con su primo, almorzaban en la escuela y luego seguían con las clases.

A las tres y media salían y su tía los estaba esperando. Cuando llegaban a la casa Dudley hacia la tarea mientras Harriett limpiaba la casa y arreglaba las plantas cuando su tía salía para dejar a Dudley en club de futbol, mientras su bebé estaba en el club y el monstruo en la casa ella aprovechaba para comprar algunas cosas. Harriett terminaba rápido todas las tareas con ayuda de esa "magia", como le había puesto Dudley, gracias a eso las tareas que tendría que terminar en esas dos horas las hacía en treinta minutos, los platos se lavaban solos, las camas y piezas se ordenaban en segundos, el polvo desaparecía, las plantas se regaban solas y Harriett en esos minutos descansaba. Cuando todo estaba terminado se iba al segundo cuarto de su primo en el cual tenía todos sus juguetes que ya no usaba pero conservaba, algunos estaban rotos otros no los quería pero igual los dejaba allí, con una caja en los brazos ella eligió algunos juguetes que flotaban hasta la caja, cuando estaba llena la cerró y con una fibra puso "juguetes para donar" y dejo la caja en la habitación de su primo asi su tía pensaría que Dudley ya no querría esos juguetes y los donaría a alguna institución o a la iglesia.

Cuando ya había terminado son los juguetes bajaba al sótano allí en una mesa que había reparado hacia la tarea, luego practicaba se había acostumbrado a arreglar muebles o juguetes en segundos. Los que más le costaban eran los electrodomésticos llevaba varios días intentando repararlos pero aún no podía, dispuesta a no darse por vencida ella leía libros sobre electrodomésticos, electricidad, y otras cosas que le llamaban la atención en la biblioteca de la escuela. Ese día ella estaba mirando la lavadora y deseando que se arreglara mientras pensaba en todo lo que había leído estaba tan concentrada que no reparó en que la lavadora estaba como nueva en segundos. Cuando se dio cuenta sonrió, la levanto en el aire y la llevo a un rincón que estaba despejado y donde había un enchufe y una canaleta que salía a la calle, así sus tíos no se darían cuenta de lo que pasaba. La enchufó y se dio cuenta de que funcionaba a la perfección, con una sonrisa puso su ropa a lavar.

Mientras esperaba a que la ropa estuviera lista se sentó en su cama y contemplo su "habitación", seguía habiendo cajas y muebles rotos u olvidados, pero era habitable, la luz entraba por las pequeñas ventanas que había cerca del techo, antes estaban cubiertas con cartón pero ella los había sacado para que la luz entrara y el aire fuera más respirable, aparte también ella tenía diferentes lámparas pues la luz del techo estaba rota y sus tíos no la pensaban arreglar, de hecho la última vez que habían bajado ella solo contaba con un par de años de edad, pero era mejor que no entraran pues entonces se iría a vivir a la alacena y ese lugar era muy chico y estaba lleno de arañas, ella no les tenía miedo pero tampoco las amaba.

La lavadora dejó de funcionar justo cuando su tía llegó, estaba apurada Vernon le había avisado que un cliente muy importante iría a cenar.

- Rápido niña… hoy viene un cliente y todo tiene que estar perfecto… veo que limpiaste todo y lo dejaste inmaculado… cenaras rápido, de hecho ahora mismo cenaras y luego bajaras y te quedas en silencio si no quieres que te vaya mal – mientras decía esto acomodaba las cosas que había comprado, le dio un par de sándwiches y un vaso de agua ella comió rápido y dejo el vaso en la mesa.

- Deja tía yo termino de ordenar asi tú tienes más tiempo… en la pagina 174 hay una receta que aún no has hecho – su tía se apresuró a mirar la receta y buscar los ingredientes mientras Harriett terminaba de guardar las cosas. Cuando termino le deseó buenas noches a su tía y bajó las escaleras, su primo la estaba esperando sentado en una silla media destartalada y luciendo muy afligido.

- ¿Qué pasa?

- Hoy… hoy hice explotar varios vidrios en la práctica de futbol… había varios niños que se burlaban de ti y… yo… yo me enoje y los vidrios explotaron – cuando dijo esto los ojos le brillaban.

- ¿Y eso es bueno o malo? – dijo ella mientras se mordía el labio y lo miraba.

- Es… es… GENIAL! – el grito que pegó su primo la sobresaltó y enseguida se vio envuelta en un abrazo apretado. Su primo la soltó y empezó a saltar por todo el lugar.

- Mañana a la tarde vení a practicar conmigo…

- Si, lo que digas – Dudley no cavia en sí de la emoción.

- ¿Didy, mi amor donde estas?– los gritos de tía Petunia se escuchaban por toda la casa.

- Es mejor que vaya antes de que baje… -Dudley se encogió ante el apodo de su madre, la quería pero a veces lo exasperaba con su comportamiento.

- Esta bien… mañana a la tarde.

- Señor, si señor – riendo Dudley salió del sótano.