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"Pensamiento"
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El Callejón Diagon parte 2 : De compras
Cuando salieron del banco Hadrig dijo que no sentía bien, de hecho los chicos contemplaron que su piel se había vuelto de un curioso color verduzco, y que estaría en el Caldero Chorreante esperándolos para volver, y les pidió que no se fueran al callejón Knockturn. Los chicos contemplaron como se iba hacia el bar y decidieron ir primero a la tienda de baúles.
- Que se les ofrece – dijo un hombre bastante joven viendo entrar a los dos chicos, la niña de cabello negro le pidió una guía para ver los baúles y el chico lo miro.
- Veníamos a buscar dos baúles para la escuela – dijo Dudley mientras la chica miraba los diferentes tipos de baúl. El ya les estaba señalando los baúles estándar cuando la niña lo interrumpió.
- Pero que no sea un baúl común, queremos que nuestros baúles sean de material resistente como piel de dragón y madera de roble y que tengan varios compartimientos – ante esto él saco un pergamino y una pluma azul para escribir el pedido – que el primer compartimiento haya lugar para los materiales de la escuela, en el segundo un armario para la ropa y los zapatos u otros accesorios. El tercer compartimiento sea una biblioteca o en todo caso un estudio ¿puede poner muebles? – el vendedor asintió, la niña pedía algo caro pero parecía que lo podían pagar – bueno que el mío tenga tres sillones, una mesa y un escritorio, si es posible me gustaría que los muebles sean de madera de pino… ¿y el tuyo?
- Yo quiero un estudio y que tenga dos sillones, un escritorio y que sean de la misma madera que ella – dijo el chico mientras ojeaba unos pergaminos que indicaban las diferentes protecciones que se podían poner en el baúl. El vendedor mientras tanto anotaba todo lo que los chicos decían.
- Bien… que el cuarto compartimiento sea un departamento totalmente amueblado con tres dormitorios grandes, una cocina, un comedor, sala de estar, baño y estudio – el chico también asistió pero se frenó y pregunto:
- ¿Los aparatos tecnológicos funcionan en lugares mágicos? – el asistente pensó durante unos minutos y después miro a los chicos y asintió.
- Si, cuesta mucho dinero porque se van a alimentar de la magia del ambiente o de las personas a su alrededor y la mayoría de las veces terminan sobrecargados y ocurren accidentes, pero con unas runas es posible, claro que tendrían que reponerlos cada un par de años, pero si se puede – los chicos se miraron y asintieron.
- Ya veremos si le ponemos electrodomesticos ¿Conoce a alguien que haga eso? – dijo la chica.
- Si, yo lo hago. Tendrían que traer los aparatos y yo se los haría, pero no sé el tiempo que me llevaría– dijo el vendedor mientras los miraba, la chica le sonrió y el chico se quedo pensando.
- Que el quinto compartimiento sea una sala de entrenamiento…
- ¿Para duelos o con aparatos muggle? – el vendedor pregunto medio en broma pero se sorprendió, cuando la chica afirmo con un movimiento de cabeza.
- Si, no vendría mal… y el último compartimiento que este libre ya veremos que hacemos… ¿en cuanto tiempo estaría listo todo? - el asistente calculo todo lo que tendría que hacer y les dijo que en un par de horas ya estarían hechos.
- ¿Cuánto saldría?
- 100 galeones… ¿qué protecciones le van a poner? – en ese momento Dudley se puso a hablar.
- Que solo nosotros lo podamos abrir, que se encojan y vuelvan a su tamaño normal al poner nuestra varita, que sea indestructible, que parezcan baúles normales y que no los podamos perder… y que tenga un encantamiento de peso pluma.
- ¿Eso cuanto saldría?
- Serian 40 galeones – los chicos pagaron todo y se despidieron con la promesa de volver en un par de horas.
Fueron hacia la tienda de túnicas de Madam Malkin al entrar pidieron las túnicas de Hogwarts y los hicieron parar en los escabeles, mientras los median y cortaban los chicos preguntaban por túnicas para llevar normalmente. Al final se llevaron cuatro túnicas para el colegio, tres túnicas comunes de color verde, azul y bordo para Harriett y celeste, roja y azul para Dudley, también compraron guantes, gorros y bufandas para el invierno, y un par de guantes de piel de dragón para cuando trabajaran con ingredientes en pociones y encargaron un armario completo, la chica que los atendía prácticamente brillaba del entusiasmo y les dijo que podían volver en una hora para recoger todo, ellos pagaron por adelantado y se despidieron.
En la papelería compraron varios rollos de pergamino, plumas de diferentes colores. Les llamó la atención algunas plumas que tenían diferentes características unas si las mordías tenían el sabor de tu dulce favorito, otras eran de tinta inagotables, compraron algunas vuela pluma que les podría servir para tomar apuntes y compraron tinta negra, de color y una tinta especial que cambiaba de color, además compraron varios cuadernillos y un par de agendas con horario para acordarse de las tareas, cuando terminaron pagaron todo y salieron, recorrieron un poco el callejón hasta que se hiso la hora y fueron hacia la tienda de baúles donde el vendedor ya los esperaba.
Recorrieron todos los compartimientos, el primer compartimiento tenía varias divisiones, unas para el pergamino y allí había un estante para la tinta (esta no se iba a caer u romper), un lugar para los libros y para los elementos de pociones había un compartimiento donde los instrumentos no se arruinaran con los golpes. El segundo compartimiento era muy grande, tenía la posibilidad de sacar unas perchas para colgar la ropa y que esta no se arruinara, junto con un pequeño cajón que tenía cerca de cincuenta lugares para los zapatos.
En el tercero había que bajar una escalera para llegar a una habitación de 40m de largo y 20m de ancho con muchas estanterías, un par de escritorios, un sillón y una chimenea, a un costado casi pasando desapercibida había una puerta, Harriett miro al vendedor que se rio y le indico que la abriera. La puerta daba al departamento que era bastante grande y bonito. La sala era grande y tenía varios sillones junto con una chimenea, la cocina era una mezcla entre nuevo por los electrodomésticos que pronto tendría y por los muebles que había, en el medio había un isla con butacas de madera tallada muy cómodas, las habitaciones tenían su propio armario y baño junto con una biblioteca más pequeña que según lo que había dicho el vendedor estaba conectada con la biblioteca mas grande, el estudio era bastante rustico y cómodo con muebles de madera de pino y sillones de cuero negro. El quinto compartimiento estaba dividido en dos, una sala era para duelos y practicar hechizos y la otra era para hacer ejercicios muggles y el sexto compartimiento tenía cerca de 50m de largo, 40m de ancho y tres metros de altura.
- Este compartimiento al igual que los demás puede expandirse más, pero no lo considere necesario. Si aplican su varita en esta runa y dicen cuanto quieren que se expanda el compartimiento se agranda tanto como ustedes dijeron – dijo mientras les mostraba, ambos chicos asintieron y salieron del baúl.
- ¿Porque las paredes están en blanco junto con los sillones y otras tantas cosas? – dijo Harriett, el vendedor le sonrió y explico que era para elegir el color que quisieran.
- Ahora necesito que se pinchen un dedo y lo coloquen sobre esta runa – dijo mientras señalaba una runa que estaba en medio del baúl – esa runa significa "abrir".
Harriett y Dudley se pincharon un dedo y dejaron caer una gota sobre la runa que brillo durante unos segundos.
- Una pregunta ¿puede ponerle ruedas y una manija? – Jacob, el vendedor, sonrió y se las puso. Ambos chicos se despidieron después de dar las gracias y prometer que aparecerían en otro momento para que él trabajara en los electrodomésticos.
Después de salir de la tienda de baúles se dirigieron hacia la tienda de calderos, ahí compraron dos calderos de peltre cada uno. Luego fueron hacia botica donde compraron dos estuches cada uno de ingredientes básicos para pociones, cuando estaban a punto de irse Harriett se volvió hacia el vendedor.
- Disculpe señor – el vendedor de la botica se dio vuelta malhumorado y miro a la niña que se encontraba detrás del mostrador.
- ¿¡Qué!? –gruño, pero la chica le sonrió.
- Quería saber si usted tiene semillas de algunas plantas, voy a empezar un pequeño invernadero y no sé dónde encontrar las semillas.
- ¿Qué semillas quieres? – dijo mientras se iba hacia el fondo de la tienda.
- ¿Qué me recomienda? – el sonrió y le dio varias bolsitas con semillas, después le dio varias masetas y varios elementos de jardinería junto con un par de libros que trataban sobre plantas.
- Son 50 galeones y trece sickles – la chica pagó y se despidió con una sonrisa. El meneo la cabeza y siguió atendiendo.
Cuando salieron de la botica se fueron a retirar la ropa que habían encargado y la guardaron en el armario, después de salir de esa tienda fueron hacia Ollivander, la tienda de varitas. Era una tienda descuidada tanto de afuera como por dentro. Cuando entraron sonó una campanilla y a los minutos apareció un señor de cabello blanco y ojos saltones lúgubres.
- Ahhh… señorita Potter me preguntaba cuando la iba a ver, tiene los ojos de su madre – Harriett se quedo de piedra ella no sabía nada de su madre y le tomo por sorpresa que alguien se lo dijera – parece que fue ayer que ella vino por su varita, veintiséis centímetros de largo, elástica, de sauce. Una preciosa varita para encantamientos.
El señor Ollivander se acerco a Harriett, sus ojos brillaban mas como si fueran el reflejo de la luna sobre la superficie del agua.
- Tu padre, en cambio prefirió una varita de caoba. Veintiocho centímetros y medio. Flexible. Un poquito más poderosa, excelente para transformaciones. Bueno en realidad tu padre no la prefirió sino que la varita prefiere al mago.
El señor Ollivander se acerco aun más, sus ojos ahora brillaban con alegría y a la vez remordimiento, una mano arrugada aparto el flequillo de la frente de Harri y contempló la cicatriz.
- Aquí es donde – el alargo un huesudo dedo y rozo la cicatriz - siento decir que yo vendí la varita que produjo eso – le arregló el pelo y sonrió misteriosamente – treinta y cuatro centímetros y un cuarto. Una varita poderosa, muy poderosa, lástima que estuviera en las manos equivocadas… bueno nunca se sabe lo que una varita va a hacer con el mundo.
- No entiendo de que habla señor – dijo Harriett amablemente, el anciano era sabio, raro pero sabio al fin y al cabo.
- No te han dicho porque eres famosa mi niña – el señor Ollivander parecía descolocado, se acercó al mostrador y miro a los dos niños que lo contemplaban con la confusión en sus rostros – siéntense – y con un ademán de varita dos sillas se materializaron.
- Me duele ser el que te diga esto pero… te lo diré de todas formas… hace mucho tiempo , varias décadas, surgió un mago oscuro al que llamaron Lord Voldemort, ese por supuesto no es su verdadero nombre pero es un anagrama del verdadero… él junto con un grupo de magos fieles a su causa, que se hacían llamar mortífagos, torturaron y mataron a decenas de magos y muggles solo en nombre de la purificación; según ellos solo tendrían que ser sangres puras, no mestizos o hijos de muggles, por esa razón se infiltraron en muchas partes mientras sus actos asustaban a todos pues nadie estaba a salvo, no se confiaba en nadie, eran días oscuros… pero hubo un grupo de personas que al mando de Albus Dumbledore se levanto para combatirlo, durante años frenaron sus avances, pues era sabido que al único mago que Voldemort temía era a Dumbledore… pero un día apareció en el Valle de Godric donde una pareja junto con su bebé se había refugiado de él mediante el hechizo Fidelio, pero su guardián los traciano y Voldemort atacó el 31 de octubre de 1980… James Potter murió protegiendo a su mujer e hija pero cayó, a tu madre la mato frente a ti… pero cuando te intento matar con la maldición asesina misteriosamente sobreviviste y el desapareció. Todo lo que quedo fue su túnica y una bebé llorando con una cicatriz en forma de rayo en su frente… desde entonces, mi niña, eres conocida como Harriett Potter la-niña-que-vivió. Pero desapareciste y tu tutor dijo que estabas a salvo y nadie dijo nada pero muchos te esperan en Hogwarts.
- Asi que es por eso que soy conocida… por hacer eso… ese monstruo mato a mi familia… por mi bien tuve que soportar maltratos, injusticias y otras tantas cosas más, sin ofender Dud, de mi propia familia… criada de la mejor forma… viejo idiota… - mientras ella murmuraba y despotricaba por toda la tienda y Dudley intentaba tranquilizarla, de pronto ella se detuvo de golpe - ¿Quién es mi tutor?
- Albus Dumbledore, por supuesto…
- ¡VIEJO IDIOTA! – la magia salió del cuerpo de Harriett, Ollivander sintió como la magia salió, era cálida, el vio como ella apretaba las manos e intentaba relajarse, estupefacto contemplo como su tienda se limpiaba, ordenaba y acomodaba con esa magia, cuando ella volvió a abrir los ojos la tienda parecía como si recién hubiera sido abierta, la madera de cedro del piso relucía, las estanterías estaban con pilas ordenadas de cajas con varitas, las telarañas ya no estaban y las luces estaban reparadas dándole a la tienta el antiguo esplendor. Asombrado contemplo a la niña que se encontraba más tranquila – lo siento… suelo hacer eso pero me concentro en la respiracion y nada malo pasa por mas enfadada que este…
- Podríamos empezar a ver por varitas señor – dijo Dudley mientras veía como su prima se sentaba en la silla reparada y contemplaba el vacio.
- Si, con qué mano agarra la varita…
- Soy ambidiestro, aunque uso la derecha – mientras decía eso Dudley estiro el brazo y automáticamente una cinta lo empezó a medir, Ollivander mientras tanto caminaba por las estanterías y se maravillaba por cómo podía encontrar varitas que creía perdidas, cuando la cinta estaba midiendo la distancia entre la nariz y el labio superior el apareció con varias cajas en los brazos.
- Pruebe esta – durante quince minutos Dudley probó las varitas que le daban pero ninguna le correspondía, Ollivander parecía muy entusiasmado casi saltaba de la emoción – espera… ¿porque no?
Y le entregó una varita era de madera oscura.
- Madera de Ébano, rígida, veintisiete centímetros, y el centro es pelo de unicornio macho – al agitarla Dudley sintió como su propia magia se fundía con la varita y esta lo aceptaba y salieron unas chispas doradas que tomaron la forma de un dragón – interesante… esta varita lleva mucho tiempo aquí, me atrevo a decir que esta aquí desde hace dos o tres siglos… es una varita poderosa y leal, siga a su corazón y será alguien muy conocido no solo por su magia sino por sus acciones. Serán 8 galeones.
Dudley pidió dos porta varitas de color negro con varios hechizos que evitarían que se la robaran y para que fuera invisible y no la notaran, todo le salió diez galeones. Cuando le llego el turno a Harriett, estuvieron media hora agitando varita tras varita pero ninguna le aceptaba hasta que Ollivander le trajo una varita que parecía especial.
- Un cliente muy difícil… bueno, porque no… al igual de inusual que usted esta varita también es rara… acebo y pluma de fénix, veintiocho centímetros, bonita y flexible… una combinación muy inusual – cuando Harriett agito la varita un calor la recorrió reconfortándola, de la punta salieron unas chistas roja y doradas que iluminaron toda la tienda y se mantuvieron danzando durante unos segundos.
- Curioso… muy curioso – dijo Ollivander mientras contemplaba a la niña y a la varita, únicas las dos. Ella encargo dos porta varitas.
- ¿Que es curioso señor?
- Recuerdo cada varita que he vendido señorita Potter. Cada una de las varitas. Y resulta que la cola de fénix de la cual salió la pluma que llevas en tu varita dio otra pluma, solo una más. Y realmente es muy curioso que estuvieras destinada a esta varita cuando fue su hermana la que te causo la cicatriz.
Harriett se empezó a sentir intranquila.
- Es realmente curioso como ocurren las cosas. La varita escoge al mago, recuérdalo… creo que debemos esperar grandes cosas de ti, pues el-que-no-debe-ser-nombrado hiso grandes cosas, terribles, si… pero grandiosas – el señor Ollivander los acompaño a la puerta de la tienda y se despidió diciendo – Cum felicitas sit tibi, fili, quia periculosa est et egressus pugna victores ad quæcumque perrexeris *
Después de ese extraño momento en la tienda de varitas los dos chicos salieron hacia la librería para buscar los libros que necesitaban, media hora después salieron después de comprar los libros reglamentarios y algunos más que les llamaron la atención, cuando pasaban por el emporio de la lechuza a Harriett le llamo la atención una lechuza blanca y se la compro, a Dudley le gusto un gato negro que era mitad kneazle, una especie de gato mágico que era muy leal e inteligente, el gato ni bien Dudley entro se empezó a frotar contra él, al final Dudley lo compro y buscaron lo necesario para ambos animales y salieron para el caldero chorreante donde Hadrig los esperaba desde hacía casi cuatro horas.
- Al fin llegan chicos… que estuvieron haciendo todo este tiempo – dijo Hadrig mientras les palmeaba la espalda y los lanzaba al suelo.
- Sentimos habernos retrasado, es que con las varitas y los libros uno tarda – mintió Harriett, no tenia porque decirle todo lo que hacía a un desconocido. Los chicos pidieron para cenar y mientras comían Hadrig les contaba cosas sobre Hogwarts, cuando terminaron Hadrig vio que solo llevaban a sus mascotas y se dio cuenta que no tenían los baúles.
- Chicos ¿y sus baúles? – a lo cual los chicos respondieron señalando sus bolsillos.
- Le pedimos que los encogieran en la última tienda así era más fácil de llevar… ¿vamos a volver en autobús?
- Chicos se van a tener que volver solos, yo me tengo que volver a Hogwarts… ah casi me olvido, acá tienen sus pasajes, en el andén 9 y ¾ el 1 de septiembre antes de las 11…
- Pero no hay un andén así en la estación, ya fuimos varias veces…
- Si, lo está… ya lo descubrirán – y se despidió, cuando intentaron preguntarle el habia desaparecido.
- Bueno, comprobamos que no es una broma… volvemos? – dijo Dudley intentando que su prima no se diera cuenta de que estaba asustado, pero ella lo noto porque le dio un par de palmadas en la espalda.
- Volvamos… si ocurre cualquier cosa podemos volver aquí y pedimos una habitación… vamos – y levanto la varita, se aparto unos pasos y el autobús diurno apareció.
- Hola chicos – dijo Stiff después de reconocerlos.
- Hola Stiff… vamos a Privet Drive 4 ¿paras por ahí cerca? – dijo Harriett después de pagar y sentarse. Stiff asintió y enseguida el autobús se puso en marcha.
Harriett se perdió en sus pensamientos, no quería volver… tenía un mal presentimiento pero no tuvo tiempo de pensar porque enseguida llegaron a la casa.
-Hasta otra chicos…
- Chau Stiff – se disponían a entrar cuando un silbido les previno. Era Menfis que les quería decir algo.
- No entres, ellos no están… se fueron después de ustedes… piensan hacerles daño, recojan todo y váyanse rápido… desaparezcan – Harriett le tradujo todo a Dudley que enseguida entro y empezó a recoger sus cosas y las puso en el departamento que tenía en el baúl, Harriett mientras tanto recogió lo poco que le importaba y lo esperaba al final de las escaleras.
- Menfis ven, te voy a llevar conmigo – agarró a la serpiente y la puso en uno de los cuartos del departamento, cuando Dudley bajo se dirigieron hacia la calle cuando vieron como Mau les maullaba desde detrás de un arbusto.
- Vamos Mau, vamos a ir a otra parte – recogió al gato y no pudo evitar darse cuenta que era parecido al gato mitad Kneazle que tenia Dudley. Levantaron las varitas y como aun faltaban unos minutos para las seis se apareció otra vez el autobús diurno.
- Rápido Stiff, no hay tiempo… mis padres se enteraron de que soy un mago y me tuve que ir… llévanos al Caldero Chorreante – dijo Dudley mientras se tiraba contra un asiento, Stiff lo miraba incrédulo y angustiado, Harriett le pagó y le explicó que habían recibido el aviso de un amigo y que habían decidido volver a Londres donde estaban más seguros. Llegaron al caldero en unos pocos minutos donde Dudley no dejo de mirar al vacio. Cuando bajaron y entraron Tom los recibió.
- Tom por favor… mis tíos no están y queríamos quedarnos aquí unos días – Tom les dio la habitación 7 y ellos subieron, Dudley se durmió enseguida pero Harri se quedo pensando en lo que pasaría a la mañana siguiente. Por alguna extraña razón sintió que en la mañana aún habría otras sorpresas.
*Que la suerte este contigo, mi niña, porque la batalla a la cual te diriges es peligrosa pero saldrás victoriosa. (La frase esta en latín)
