El cumpleaños de Harriett:

La luz del sol entro a raudales por la ventana abierta y cayó en el rostro dormido de una niña que resoplo en sueños y se giro todavía dormida hacia el confort que le proporcionaba la oscuridad del resto de la cama. La puerta de la habitación se abrió despacio y dejo pasar a una figura baja y media regordeta que se aproximo hacia la niña, agarro un almohadón que estaba en el piso y lo levanto y lo hiso caer sobre el rostro de la chica.

- ¡Arriba dormilona! Vamos, que ya salió el sol… - el chico la sacude y le da un par de almohadonasos de los cuales la chica no se inmuta. Resoplando, se dirige hacia la ventana y corre las cortinas de modo que la luz inundó la estancia. La chica se removió y empezó a abrir los ojos.

- Que mierda queres… tengo sueño – dijo mientras intentaba volver a dormirse pero le fue imposible porque un chorro de agua helada le dio en el rostro – ¿Qué te pasa? Estás loco.

- No, solo quería despertarte y como ya lo hiciste me retiro – el chico se fue dejando a una chica mascullando sobre primos psicópatas y muertes prematuras.

Ella se levanto y se dirigió al baño, varios minutos después salió y se vistió con un vestido azul con detalles negro, se dirigió hacia el tocador y empezó a peinarse, cuando termino se contemplo en el espejo y sonrió. Unos ojos verdes esmeralda le devolvían la mirada, el cabello negro ébano estaba recogido en una coleta y le llegaba hasta mitad de la espalda y el flequillo tapaba su frente y parte de su ojo izquierdo. Se fue de la habitación y se dirigió hacia las escaleras, no tenía ganas de bajar por el ascensor, mientras bajaba y saludaba a los cuadros pensaba en como habían cambiado las cosas en un par de semanas. Cuando llego al comedor se sentó cerca de su primo y enseguida el desayuno apareció ante ella.

- Veo que te levantaste de bastante buen humor – dice con sarcasmo Dudley mientras ella toma su desayuno, una mirada de muerte y un bufido es su respuesta, el ríe y sigue leyendo el diario – Vamos a ir de compras, en especial para vos y después tenemos que ir a una reunión con Gonkan.

Harriett lo mira y suspira, su primo la ha estado molestando con salir de compras y divertirse un poco antes de empezar el colegio pero ella no quería ir y puso las escusas de que había que adecentar la casa, comprar a los elfos, comprar muebles y otras cosas que hagan falta y hasta ahora ha funcionado pero hoy no puede decir que no, se le acabaron las escusas.

- Esta bien… pero ¿Por qué tan pronto?

- ¿No es tu cumpleaños hoy boba? – cuando Dudley dice eso Harriett se da cuenta de que asi es, y sonríe.

- Ya tengo 11 años – y su sonrisa parece iluminar el día. En ese momento aparecen cinco elfos domésticos que traen un una bandeja con un pastel, lo colocan sobre la mesa y encienden las velas.

- Gracias chicos – dice Harriett y sopla las velas. Los elfos empiezan a felicitarla con sus voces chillonas y alegres pero a ella no le importa, les sonríe y agradece. Los elfos cortan el pastel y se retiran después de llevarse los platos del desayuno vacios.

- Bueno, vas a comer o lo vas a dejar ahí? – en ese momento parte del pastel se eleva y se estrella contra la cara de Dudley al que no le hace ninguna gracia. Después de que él se limpiara ambos chicos salen hacia la calle y se dirigen hacia unas tiendas de ropa que Harriett había estado esquivando, era una chica, si, pero no le gustaba que las vendedoras estuvieran arriba suyo desesperadas por vender algo. La primera tienda donde entran es de ropa normal (día a día, callejera, etc.) Una chica con el pelo teñido con diferentes colores los mira desde el mostrador cuando ingresan y después los ignora y vuelve a leer su revista.

- Voy a ver remeras y pantalones – dice ella y desaparece entre un montón de ropa, Dudley se dedica a comprar ropa para él y algunas gorras y camperas con capucha para su prima que pone en la pila de ella a los cual ella bufa y se prueba. Después fue a los probadores y empezó a medirse, algunas ropas le quedaban bien y otras eran muy chicas, suspiro, necesitaba empezar a hacer ejercicio. Cuando salió vio que Harriett se encontraba conversando con la chica que atendía, había muchas bolsas a su alrededor y la empleada la miraba como si fuera un extraterrestre.

- Disculpe – la chica lo miro mientras arqueaba una ceja – ya termine de probarme la ropa y esta es la que me llevo… ¿Y sabes donde venden zapatos de buena calidad?.

- Hay una tienda de calzado a tres calle, tiene buenas marcas aunque el precio es algo alto – dice mientras guarda la ropa y hace las cuentas, cuando termina suspira y mira a los chicos que parecen ser menores de edad.

- Tenemos suficiente dinero para comprar todo señorita – dice Harriett intuyendo lo que pensaba la chica por la mirada que les dio.

- Serian 2000 libras – Harriett miro a su primo que no tardo ni un segundo en tener la cantidad requerida y pagarle a la estupefacta chica. Cuando salieron decidieron pedir un taxi así les seria más fácil, pues entre los dos llevaban veinte bolsas. Cuando frenaron al taxi y le dijeron la dirección el taxista los miro malhumorado.

- Eso es a tres cuadras, bájense mocosos – dijo, mejor dicho gruño. Dudley en ese momento se enfado pero Harriett intervino.

- Discúlpenos señor pero tenemos que hacer muchas compras y me preguntaba si usted nos podría llevar a todas las tiendas que tengamos que ir, obviamente nos tendría que esperar… nuestros padres no podían acompañarnos y por eso estamos haciendo las compras solos – el taxista la miro como si se tratara de una broma, pero la promesa de tener dinero de una forma sencilla pudo con él.

- Ya los llevo – y el auto avanzo por las calles.

Durante el resto de la mañana se la pasaron entre tienda y tienda, el taxista los ayudo en varias ocasiones, pensando la propina que le darían y hacia el mediodía los chicos pidieron ir a Grimmauld Place.

- Es un sitio de mala suerte, antes era una calle fantástica, muchas personas ricas vivían aquí… pero ya no – dijo el taxista cuando llegaron y los chicos empezaron a bajar las bolsas, le pagaron y él se fue sin despedirse.

- Que maleducado ¿Por qué le pediste que nos llevara?

- No me apetecía bajarme y buscar otro taxi, además nos recomendó una buena tienda de electrodomésticos – dijo ella mientras subían las escaleras de la casa y entraban.

- Toby, Taby – con dos "plop" los dos elfos aparecieron.

- Que desea el amo Dudley – dijeron mientras se inclinaban.

- Acabamos de volver de compras y las bolsas están en el jardín delantero, podrían llevarlas a nuestras habitaciones – y los elfos desaparecieron después de que les indicaran que hacer.

- No me gusta que se inclinen, pero no hay forma… vivieron con esa familia demasiado tiempo y no están acostumbrados a ser bien tratados – dijo Harri mientras iba a la sala y se ponía a conversar con Walburga que le daba clases de etiqueta, modales y le contaba historias sobre el mundo mágico.

- Amos, el almuerzo esta listo – dijo una joven elfa que había llegado hacia unos días.

- Muchas gracias Daisy ¿te están tratando bien? – la elfita la miro con asombro, era la primera vez que le preguntaban eso y sus ojos se llenaron de lagrimas, mientras asentía sintió como unos brazos la rodeaban. Era su ama que le estaba abrazando, ningún mago hacia eso, tratarlos como iguales.

- Me alegro que estés bien, cualquier cosa puedes venir a hablarme, no me voy a molestar… y si consideras que debes castigarte por favor habla conmigo primero ¿sí? – la elfita asistió y desaprecio con un ligero "plop".

- Eres demasiado blanda niña – dijo Walburga que había contemplado la escena con asco – es un ser que está por debajo de nosotros, tiene que servirnos y nosotros debemos tratarlos como se merecen, no son dignos de nuestro tiempo… - iba a seguir pero sintió como parte del cuadro estaba rasgado y esta desgarradura aumentaba progresivamente.

- ¿Decías? – la vos calmada de Harriett le dio escalofríos, cuando la miro sus ojos verdes risueños estaban llenos de ira contenida que ardía y crecía cada vez más – ahora no dices nada, te he dicho miles de veces que puedo reducirte a cenizas pero no has tenido ningún miedo a eso, en cambio me empujas cada vez más ¿quieres que te diga porque Dudley siempre me evita cuando estoy enojada?

Las palabras de Harriett habían avisado a Walburga que si volvía a hacer algún otro cometario despectivo le iría muy mal. Satisfecha con haber logrado otra victoria sobre Walburga, Harri se retiro hacia el comedor dejando atrás a muchos cuadros que la miraban con respeto y temor.

Almorzaron entre risas y cuando terminaron cada cual se fue por su lado. Dudley se fue hacia la biblioteca para leer y practicar algunos hechizos, Harriett en cambio se fue junto con tres elfos hacia las habitaciones que había que terminar de arreglar, algunas de ellas eran del quinto y sexto piso, junto con la terraza, el invernadero, el sótano y unas habitaciones secretas que habían descubierto por accidente.

- Duna tú te encargas de limpiar las ventanas, los muebles y te encargaras de que los objetos de valor estén en la habitación que corresponden junto con los objetos oscuros… Ice te encargaras de limpiar las paredes y el piso; y Ruby te encargaras de adecentar las habitaciones para su uso y me ayudaras a decorar… alguna tiene alguna duda – las tres elfitas sacudieron la cabeza y empezaron a hacer lo pedido, ella entonces se dirigió hacia el ático y se dispuso a arreglar muebles, los dividió en dos grupos, los que se quedarían en la casa o en las demás propiedades y los que se irían a Gringotts para guardarlos en una cámara.

- ¡Harriett! – Dudley la llamaba desde hacía unos minutos pero ella estaba tan absorta que no lo escucho - ¡Acá estas!

Ella pego un salto y se giro mientras intentaba calmarse.

- Me asustaste tonto… ¿Qué pasa?

- Vamos al callejón, quiero comprar unas cosas y si mal no recuerdo aun queres investigar esa tienda de chucherías… además quiero comprar una escoba para practicar – mientras decía todo esto Harri suspiro y sonrió, su primo no cambiaria, termino con un aparador que decidió que iría a Gringotts y se giro.

- Vamos ahora o mañana – ni bien dijo esto Dudley la agarró de la mano y empezó a guiarla hacia el ascensor, pero cuando ella vio hacia donde iban clavo los pies en el suelo y se detuvo.

- Mejor vamos por las escaleras – dijo mientras intentaba zafarse de la mano de su primo, él la miro y sacudió la cabeza.

- ¿Porque le tenes miedo al ascensor?

- Porque es oscuro y está sucio…

- Ah y yo que creía que tenias miedo – cuando él dijo eso ella se envalentono y entro, el ascensor no le gustaba porque daba la sensación de ser una celda, su primo entro y dijo hacia que piso querían ir.

Se bajaron en las habitaciones donde se cambiaron, ella se puso un vestido verde botella con detalles en dorado que era largo hasta la rodilla, unos zapatos negros con un poco de tacón y un bolsito de piel de dragón que tenía un encantamiento de expansión indetectable. Cuando salió se encontró con su primo que iba a tocar la puerta, el iba vestido con una camisa azul, un pantalón negro y zapatillas negras.

- ¿No vas a llevar sombrero? – el sombrero lo decía porque las anteriores veces que habían ido la gente no los dejaba hacer nada solo porque querían conocer a la niña-que-vivió. Con un movimiento de mano el sombrero estuvo en su cabeza en segundos, era de color verde con unas rosas blancas y cintas negras en un costado. Bajaron hacia la sala y fueron hacia la chimenea, pero antes de salir tomaron unas túnicas elegantes de color azul marino y verde bosque, se las pusieron y entraron en la chimenea después de agarrar un puñado de polvo.

- Diagon – y las llamas esmeraldas los devoraron. Los chicos cerraron los ojos mientras giraban y se transportaban. Cuando llegaron ambos aterrizaron de pie, como si nada hubiera pasado, pero había sido su magia la que los había ayudado, se sacudieron las túnicas, ella la guardo en su bolso pero Dudley se la dejo puesta.

- Buenos días Tom – el mesero los saludo con un ademan mientras seguía conversando con un tipo de cabello oscuro y túnica roja. Salieron hacia el patio y golpearon los ladrillos.

Ese día parecía que todos habían decidido ir de compras pues estaba lleno de gente que iba y venía cargada de paquetes, ambos se miraron y se encogieron de hombros y se zambulleron en el callejón, su primera parada fue la tienda de quidditch en la que tuvieron que empujar a unos chicos que no dejaban de mirar la Nimbus 2000 y que por lo tanto no dejaban pasar a la gente. Cuando entraron, Dudley se dirigió hacia el vendedor y pidió ver los diferentes modelos de escoba con sus características, en cambio Harriett se puso a mirar la tienda, había muchas escobas en vitrinas, fotos de los equipos de quidditch, los uniformes, también había pelotas de diferentes tamaños, unas eran de color bordo son una extraña forma, las otras eran negras o marrones que estaban atadas con cadenas y que no paraban de moverse junto a ellas había unos bates como los de beisbol pero que eran más cortos y macizos y las otras pelotas eran de color dorado, había un par más de color plateado, eran muy lindas y parecían delicadas.

- Le gustaría comprar algo señorita – ella se sobresalto y se giro, era un vendedor que la miraba como si fuera un insecto.

- Estaba viendo la tienda, usted podría… - en ese momento un resplandor dorado paso entre los dos – ¿eso que fue?

- ¿Qué cosa? – el vendedor la miraba extrañado

- Ese resplandor dorado que paso recién… - en ese momento pareció un chico que venía muy apurado, en sus manos llevaba una caja que estaba abierta.

- Se me escapo una snitch – el chico parecía muy preocupado, el vendedor que le estaba hablando se giro y le dedico una mirada de muerte al chico, este se encogió y empezó a balbucear sobre pilas altas y cosas que se caen.

Pero Harriett no les prestaba atención, ella estaba mirando a la snitch que parecía burlarse de los vendedores, giraba alrededor de ellos y estos no se daban cuenta, ella por puro instinto y también impaciencia se acerco y estiro el brazo, su mano se cerró sobre esa bolita dorada con alas, ella la había atrapado frente a las narices de los vendedores que miraron sin comprender al puño hasta que se fijaron en las alas doradas que se agitaban.

- ¿Co-Como lo hiciste?

- Ella estaba entre ustedes dos y no se daban cuenta asi que antes de que se fuera la agarre… tenga – ella dejo la snitch en la caja y se fue con su primo que seguía mirando las escobas.

- No me decido, todas son muy buenas… algunas son más veloces, otras tienen mejor movilidad aérea…

Mientras Dudley seguía mencionando las características de las escobas ella se fue a hablar con un vendedor y le indico que escoba quería.

- ¿Dos! – el vendedor la miraba boquiabierto.

- Si, es la mejor escoba… por lo tanto quiero dos, junto con dos equipos de mantenimiento de gran calidad y quiero que tengan todos los encantamientos de seguridad habidos y por haber… como son nuestras primeras escobas no quiero correr riesgos – en ese momento los tres vendedores se habían acercado y la miraban incrédulos.

- Esta bien… pero en serio quiere esa escoba… es muy cara.

- Podemos permitírnoslas ¿Cuánto seria? – cuando ella saco la chequera de su bolso no les quedo duda de que era alguien con dinero.

- Por las dos escobas serian 3000 galeones, los dos equipos serian 200 y los encantamientos 60 galeones.

- Bien – ella puso la cantidad y les tendió el cheque, cuando ellos vieron la firma se atragantaron – les conviene que nadie sepa que estuve aquí ¿sí?

- Esta bien, pero…

- Ah, casi me olvido… quiero comprar dos snitch una dorada y una plateada.

Le alcanzaron las dos snitch y ella las pago.

- Dudley ¿nos vamos?

- Pero si todavía no decidí… - el miro las bolsas y sonrió – Ya decidiste… - abrió la bolsa que ella le tendía y la miro incrédulo – es… es una NIM…

- ¡Shhhhh! – le tapo la boca antes de que gritara el nombre de la escoba - ¿Quieres que se enteren todos y que no podamos salir?

El sacudió la cabeza, le tendió la bolsa para que la guardara en el bolso y salieron a la calle, se mezclaron entre la gente y decidieron verse en un par de horas en la heladería. Dudley se fue hacia la librería para comprar más libros y después iría a comprar alguna cosa que le llamara la atención.

Harriett se dirigió hacia una tienda que estaba al final del callejón, allí vendían diferentes artilugios mágicos que le llamaban la atención. Entro y al no ver a nadie empezó a recorrer la tienda. En un momento se giro y se encontró con una señora de cabello canoso y un poco desdentada.

- Que se te ofrece linda – parecía un poco perdida y loca pero Harriett sentía que la magia de la señora era fuerte y saludable, parcia ser que la cara era una fachada.

- Me llamo la atención su tienda y entre para curiosear y si es posible comprar – la señora sonrió y abandono la máscara de perdida que llevaba, la tomo de los hombros y le empezó a mostrar los objetos. La tienda estaba cubierta de estanterías, muebles y objetos llenos de polvo y telarañas pero ciertamente muchos objetos eran muy curiosos, el final termino comprando una mochila expandida, un collar con un escudo para protegerse de posibles ataques a la espalda, una bola de cristal que mostraba todas las constelaciones, unos libros que hablaban sobre criaturas mitológicas que ya no existían, un par de libros que enseñaban a hablar sirenio y el idioma universal de la gente del agua, un cuaderno que por más que escribías las hojas no se terminaban, una goma mágica que hacia invisible lo que se escribiera excepto que otra persona conociera el contra hechizo. También se llevo una cajita de rape que era una biblioteca gigantesca con sus respectivos libros, la familia la había vendido y no se había molestado en revisarla, unos pergaminos mágicos que se comunicaban entre ellos y una capa de piel de basilisco que se encontraba camuflada entre otras capas.

- Bien, por la capa te voy a pedir 1000 galeones, todo lo demás te saldrá 450 galeones, 76 sickles y 34 kunts – dijo la señora mientras la miraba y ponía todo en la mochila expandida.

- Bueno… su tienda me ha encantado señora, puede que regrese otro día – Harriett no se sorprendió por el precio, ciertamente era un poco caro pero podía pagarlo hiso el cheque y se lo entrego.

- ¡Harriett Potter? – la viejita estaba lívida, había atendido a la niña-que-vivió, pero para cuando quiso preguntarle a la chica esta ya se había ido. Suspirando guardo el cheque y se fue a la trastienda mientras tarareaba una vieja canción de victoria.

Cuando Harri se encontró en la calle llena de gente suspiro, no quería ir diciendo por todas partes quien era, tendría que hablar con Gonkan, al ver que faltaba una hora todavía para encontrarse con su primo se encamino hacia la tienda de bromas pero cuando iba a abrir la puerta esta se abrió precipitadamente y salieron dos chicos pelirrojos que al no verla se chocaron con ella y cayeron al suelo desparramando sus compras.

- Auch… creo que deberían ver si hay alguien antes de abrir una puerta y chocarse – dijo Harriett mientras se sentaba y los miraba divertida, uno de los chicos la ayudo a pararse y el otro le acercó los lentes, cuando se los puso se empezó a reír.

- George ¿tú le has dicho algo? – dijo el gemelo que le había alcanzado los lentes mientras miraba al otro que juntaba sus compras.

- No, Fred ¿y tú?

- Es que, lo siento… creí que se me habían roto los lentes y estaba viendo doble – ella se arrodillo y les ayudo a juntar.

- Discúlpenme, yo debería haberme corrido para dejarles pasar… soy Harriett ¿y ustedes son?

- Es un gusto conocerte…

- Somos los gemelos…

- Fred y…

- George Weasley...

Harriett se asombro, ella nunca podría hablar asi con alguien.

- Es un placer caballeros, pero creo que me habéis hecho una broma… tú no eres Fred, tu eres George – le dijo mientras lo señalaba, podían ser iguales pero su magia era diferente – y tu eres Fred.

- ¿Cómo lo has adivinado? – dijeron ambos.

- Magia – dijo ella encogiéndose de hombros, "en realidad cuando me levantaron se llamaron por el contrario, tienen que ser mas cuidadosos" en ese momento un viento le levanto el sombrero y este salió volando, con el descuido la frente de ella quedó al descubierto y los gemelos contemplaron la cicatriz que ella tenía, Harriett no se percato de ello y con un movimiento de muñeca el sombrero voló de regreso a su cabeza.

- Si pero usted señorita… - empezó George.

- Nos ha engañado…

- Quien diría que conoceríamos…

- A la salvadora del mundo mágico…

- Cuando ella quisiera entrar…

- A una tienda de bromas – terminó Fred, cuando el termino de decir esto Harri los contemplo asustada, suspirando se rindió y le miro.

- ¿Le diran a alguien?

- No.

- Bueno, me pueden decir Harri, Lizzi, Eliza, Beth o Evans pero mi nombre o apellido no… entendido – dijo mientras manipulaba su magia para que unos pinchazos les recorrieran el brazo a cada uno, los gemelos sonrieron y le pasaron un brazo sobre cada hombro.

- Entendido Lizzi…

- Pero a cambio debes…

- Enseñarnos como hiciste ese hechizo…

- Sin varita – las sonrisas de los gemelos decían problemas a todas luces pero Harri se trago el miedo que le dieron y sonrío.

- Qué… ¿Esto? – Dijo mientras el pinchazo volvía a molestarlos – puedo manipular al magia a mi alrededor desde chiquita, ustedes pueden aprender pues su magia todavía no ha madurado y me está diciendo que quiere salir… además es una buena forma de hacer travesuras sin que se enteren los demás.

Los gemelos se miraron y sonrieron.

- Quien diría que la salvadora seria traviesa…

- Poco saben de mi, la mayoría de lo que dicen los libros de mi es falso… ¿No le dirán a nadie?

- No… es una promesa y

- Los gemelos no rompen promesas – termino George.

- Vale, entonces ¿me acompañan a la tienda antes de que me reúna con mi primo?

- Sera un placer escoltarla – dijo Fred mientras le ofrecía el brazo que ella tomo mientras reía.

- Es muy gentil caballero al aceptar acompañarme – los tres se dirigieron hacia la tienda entre risas, cuando entraron se encontraron con varios chicos que recorrían la tienda buscando artículos de bromas. Los gemelos le mostraron todos los artículos que había en la tienda pero lo que más le fascinaron a Harri eran los fuegos artificiales mágicos, las bombas fétidas y otros tantos artículos para bromas y travesuras. Para cuando salieron ya faltaban unos minutos para que Harri se reuniera con Dudley. Los gemelos se iban a despedir pero ella los detuvo.

- ¿Quieren venir conmigo? Los invito a un helado – los gemelos se miraron y se encogieron de hombros.

- Le avisamos a nuestra madre y nos encontraremos en…

- No, los acompaño… ¿no es problema que vaya con ustedes? – le corto Harriett mientras les sonreía.

- No, ven – dijo George mientras le agarraba la mano y la llevaba hasta una tienda de túnicas de segunda mano, donde había una señora un poco regordeta de cabello pelirrojo junto a un chico pelirrojo que se estaba midiendo una túnica que le iba muy grande. Los gemelos entraron y fueron hacia su madre.

- Mamá ella es Elizabeth Evans – dijo Fred mientras empujaba a Harriett hacia las señora pelirroja. Esta al darse cuenta de la mentira le sonrió cálidamente a la señora.

- Es un placer conocerla señora, mis padres son muggles y se tuvieron que ir por cuestiones laborales, entonces nos cruzamos con sus hijos que se ofrecieron a acompañarme a comprar las cosas del colegio asi no me perdía – los gemelos contemplaron a la niña que contaba esa historia, parecía casi tímida, insegura; era un buena actriz.

- No hay problema linda, mis chicos se encargaran de acompañarte… vengan cuando hayan terminado chicos y si no estoy vayan a casa… entendido – los gemelos se despidieron de su madre y mientras esta les daba recomendaciones Harriett se quedo con el chico que se estaba probando las túnicas.

- ¿Eres muggle?

- Si… ¿Tu eres su hermano?

- Si… ¿porque no te trajo un profesor?

- Mis padres decidieron traerme pero les surgió algo a último momento y se fueron ni bien salimos del banco… soy Elizabeth y tú?

- Ronald… ¿A qué casa vas a ir?

- ¿Casa? – en ese momento los gemelos aparecieron y se la llevaron a rastras, cuando se encontraron en la heladería entraron y eligieron una mesa apartada.

- ¿Porque me sacaron?

- Nos queríamos ir rápido y conociendo a Ron…

- La conversación iba para un buen rato…

- Bueno… ¿Qué helado quieren?

- ¿Eh?

- Me ayudaron y es una forma de sacarles información sobre Hogwarts, además es lo que hacen los amigos ¿no? – los gemelos la miraron y sonrieron.

- Bueno, en ese caso… - los pelirrojos pidieron un helado de chocolate con nuez y caramelo, para Fred, y un helado de frutilla y chocolate blanco para George. Harriett en cambio estuvo un rato decidiendo que elegir hasta que se decidió por un helado de chocolate con caramelo y malvadiscos.

Mientras esperaban los helados ellos charlaban sobre Hogwarts, las clases, los profesores, los pasadizos, los fantasmas, las cocinas y otras tantas cosas. Justo cuando llegaron los helados llegó Dudley que durante unos minutos contemplo con desconfianza a los gemelos y después parecía que eran amigos de toda la vida. Cuando ya era hora de que los gemelos se fueran y de que los primos fueran al banco, Harriett les dio unos collares con dos dijes de zorros a lo que los gemelos se negaron pero cuando Harriett le dijo que era un regalo y que no se iba a retractar, ambos aceptaron y se los pusieron.

Se despidieron con la promesa de verse otro día y cada cual se fue por su lado. Cuando llegaron al banco se fueron hacia las salas familiares y se sentaron a esperar a Gonkan.

- ¿Qué tenían esos collares?

- Esos collares los compre en una tienda de antigüedades, tienen un hechizo protector y los protegerá de posibles ataques – dijo Harri mientras miraba a su primo, él la miro y elevo una ceja.

- Que más…

- Impedirá que su mente quede vulnerable ante un ataque de legerenmacia, tiene un hechizo rastreador, es un traslador de emergencia y tiene un hechizo que ayuda a pasar desapercibido en situaciones que la persona considere estar en peligro – ella no pregunto cómo sabia el que mentía, era sabido que las magias cambiaban cuando uno mentía y ellos sabían sentirla.

-¿Porque les diste ese collar? – Dudley contemplo asombrado el collar con un dije de tigre que su prima le dio y se lo puso, su magia sentía a la magia del collar y lo aceptaba.

- ¿Alguna vez has tenido el presentimiento de que si no lo haces en ese momento este carecerá de valor?

- Si, me cayeron bien… buena elección- en ese momento llego Gonkan que los hiso pasar.

- Buenos días, hoy los llame para ver sus propiedades, las inversiones, las cámaras que tienen a cargo, los objetos de valor y las decisiones que pueden tomar ahora que son menores – los chicos lo miraron y asintieron.

- ¿Cómo es eso de las propiedades?

- Las propiedades si bien ustedes no las pueden pisar, los elfos domésticos si pueden, dependiendo del tamaño de la propiedad tiene que haber un numero de elfos, se les ordena que vayan y adecenten las propiedades y permanezcan en ese lugar hasta que ustedes puedan entrar y entonces decidirán que hacer – Harriett asintió y se puso a pensar que si ella tenía cinco elfos a cargo para la casa Black y apenas alcanzaban ¿Cuántos más necesitaría para las otras casas?

- Bueno, podemos empezar con mi familia – dijo Dudley- asi es más rápido, porque ella tiene dos familias a cargo.

Termino diciendo mientras señalaba con burla a Harriett que solo le saco la lengua y le giro el rostro ocultando una sonrisa. Gonkan miro a los jovencitos y sonrío para sus adentros. Dudley tomo la lista de propiedades le tendía y se sentó a leerlas junto con Harriett

Propiedades de la familia De la Torre:

Casa en Barcelona

Casa en Manchester

Casa en Paris

Casa en Roma

Casa en Florencia

Casa en California

Mansión en España

Mansión en Irlanda (indetectable)

Cuando ambos primos terminaron de leer el pergamino se miraron y suspiraron con frustración, decididamente eran muchas propiedades.

- Bien, la familia De la Torre tiene treinta elfos domésticos a cargo que están divididos por todas las propiedades… en ese aspecto no debe preocuparse. En cuanto a las cámaras no hay nada, de hecho usted es heredero por casamiento de otras familias, esto claramente se mostrara cuando cumpla 14 años, en el test de herencia, pero mientras tanto recibirá en la cámara a la que tiene acceso el 5% del total de las cámaras e inversiones de esas familias, por lo que no debe preocuparse por el dinero… - dijo mientras revisaba unos papeles y se los mostraba.

Bóvedas de la familia De la Torre:

Bóveda 45, 67, 698, 567, 800.

Bóveda 78 para gastos escolares y generales.

Bóveda 357 de alta seguridad.

Joyas valuadas en 10000000 G (galeones)

Armas valuadas en 200000 G

Libros valuados en 450000 G

Otros objetos 500000 G

Ante esto Dudley sonrío y se arrellano en el sillón.

- En cuanto a los objetos de valor, la mayoría se encuentra en las cámaras en España… pero hay varios libros a los que puede tener acceso y otras joyas familiares, un día podemos programar una reunión en la sucursal española y usted podría ver las cámaras y sacar lo que crea conveniente – el duende reviso otros papeles y continuo diciendo – en cuanto al asiento en el Wizengamot, está bajo la mano del ministerio hasta que usted decida colocar un representante para que hable por usted y su familia… le recomiendo que no le de ese asiento a nadie excepto que sea de su entera confianza.

- Bien, podría mostrarme el estado de las inversiones y seguir con ella – el duende le tendió un par de pergaminos y él se los puso a leer mientras Gonkan hablaba con Harriett.

- Bien, según las cuentas Potter usted cuenta con cinco elfos Potter, están en las propiedades más antiguas pero no son suficientes elfos le recomiendo tener entre tres o cinco elfos por propiedad excepto en los departamentos que tiene… - mientras tanto Harriett miraba el pergamino que le había dado.

Propiedades de la familia Potter:

Mansión en Gales

Mansión en Suiza

Mansión en Francia

Casa en Paris

Mansión en Italia

Casa en Florencia

Casa en Rumania

Casa en Grecia

Casa en Brasil

Casa en Hawái

Casa en Londres

Casa en el Valle de Godric

Departamento en el Callejón Diagon

Departamento en New York

Departamento en Hogsmeade

Castillo Potter (ilocalizable)

Granja Potter (ilocalizable)

Otras propiedades (ver en los archivos de las bóvedas)

- Solo cinco, pero eso es muy poco para tantas propiedades y si son muy viejos no deben hacer mucho… perdón, prosiga.

- Si, por las joyas, muebles, libros y otros elementos de valor que hay en sus cámaras solo podrá sacar algunos, no todos, hasta que usted tenga catorce años, entonces tendrá completo acceso a ellos… también a esa edad podrá leer su testamento, pero podría leerse antes si usted cuenta con la aprobación del ministro.

Bóvedas de la familia Potter:

Bóvedas 23, 45, 46, 58, 613, 651, 737 (no puede acceder hasta sus 14 años)

Bóveda 687 para mantenimiento y escuela

Bóvedas 107, 41 de alta seguridad

Joyas valuadas en 50000000 G

Armas valuadas en 980000 G

Libros valuados en 4500000 G

Otros objetos 32000000 G

Mientras Harriett leía todo lo que tenia Gonkan le tendió un par de pergaminos que tenían sus inversiones, transcurridos unos minutos Gonkan le ofreció un té de canela que ella acepto, después de dárselo se apartó mientras ella se disponía a ver la cantidad de dinero que tenía en cada cámara. Cuando ella leyó la cantidad que tenía en la primera cámara de los Potter escupió el té y se atragantó, mientras intentaba respirar y tranquilizarse escucho que su primo se reía y lo fulmino con la mirada. Ajeno a todo esto Dudley siguió viendo sus papeles y le hablo a Gonkan mientras le tendía los pergaminos.

- Disculpa, pero podría invertir en negocios inmobiliarios, en fundaciones solidarias, y en las cadenas de televisión… también en la industria de la comida, la medicina y la vestimenta. Es todo, más adelante veré si quiero invertir en algo más – cuando el términos de darle las indicaciones Harriett se sentó, estaba un poco más calmada pero seguía con ganas de matar a su primo. Esta vez sabiendo lo que le esperaba leyó cada número y cuando le devolvió los papeles al duende su rostro estaba un poco pálido.

- Esos números… son muy reales ¿no?

- Si… la familia Potter es muy rica, nadie sabe hasta dónde asciende su fortuna. La familia Black es otra cosa, es aun más rica que los Potter y es considerada una de las cinco familias más ricas de Inglaterra y se encuentra entre las quince familias más ricas de Europa – después de decirle esto a Harriett, se puso a acomodar los papeles en sus carpetas correspondientes mientras intentaba ignorar los balbuceos sin sentido que la chica daba.

- Bien… mi prima me comento que está cansada de que cada vez que firme algo con el apellido Potter todos la miren con ojos de depredador y quería cambiar su firma – Dudley recibió un golpe en el brazo y él le sonrío angelicalmente a la chica.

- Bueno, cambiar la firma es fácil… elija su nueva firma – dijo mientras hacía aparecer unos pergaminos y una pluma.

- Yo quería solo cambiar la firma con la que firmo los cheques de compras, no todas las firmas que tengo – el duende hiso desaparecer la pila de pergaminos hasta que solo quedo uno que ella relleno, Gonkan lo guardo y les indico que cada semana les llegaría una carta con los resúmenes de cuenta y que tendrían que reunirse cada mes meses para hablar de otros temas.

- Bien, yo quería proponerle a mi primo que se haga cargo de mis inversiones – Dudley la miro incrédulo - ¿Qué? Tenes un buen ojo para invertir.

Después de discutir unos minutos se llegó a un acuerdo, Dudley se haría cargo de las inversiones y el manejo del dinero junto con Gonkan y ella se encargaría de las casas de las tres familias, Harriett acepto, aunque a regañadientes.

Cuando salieron del banco los recibió una gran multitud que se empujaba, gritaba e iba de un lado a otro. Era tarde pero igual nadie se iba, entonces decidieron irse hacia el mundo muggle. Caminaron un poco hasta llegar a un cine y entraron, un par de horas después ambos salían a las carcajadas, miraron varias tiendas y se detuvieron en un local de comida italiana y entraron. Comieron pasta y se deleitaron con la música que tocaron los dueños del local, prometieron volver y se retiraron, unas cuadras más adelante se metieron en un callejón y llamaron al autobús noctambulo. Dijeron la dirección y llegaron en cuestión de segundos.

La casa estaba en silencio y a oscuras pero cuando llegaron a la sala las luces se prendieron de golpe mientras varias voces chillaban:

- ¡Feliz cumpleaños ama Harriett! - eran los elfos domésticos que sostenían un pastel de chocolate y frutillas con once velas de color dorado.

- ¡Feliz cumpleaños Harriett! - dijeron varios cuadros, aunque la mayoría asintió o gruño algo sobre "escándalos y niños irrespetuosos" mientras escondían sus sonrisas.

- Gracias a todos – dijo Harriett mientras se acercaba a los elfos y los abrazaba a lo que los elfos empezaron a llorar de alegría, después saludo a cada cuadro. Todos se sentaron en los sillones de la sala, incluso los elfos, y comieron el pastel.

- Chicos hoy en el banco me dijeron que necesitare elfos para las otras propiedades – en ese momento los elfos la miraron con sus ojos llenos de lagrimas – no… no es que no esté satisfecha con vuestro trabajo, es solo que ustedes son los elfos de esta casa y las otras casas no tienen ningún elfo…

- La amita es tan buena… la amita jamás se enoja con nosotros… Ruby ayudara a la amita a conseguir más elfos – dijo la elfita mientras sus ojos azules contemplaban con admiración a Harriett, ella la miro con dulzura y la abrazó.

- Ice también ayudara

- Daysi conoce a tres elfos que no tienen amo…

- Toby puede ayudar…

- Taby también va a ayudar…

- Duna hablara con otros elfos para ayudar…

En ese instante con un "plop" apareció Kreacher que miro a los demás elfos con desaprobación y murmuro:

- Kreacher sabe de algunos elfos que no tienen amo… Kreacher les hablara – y desapareció enseguida. Harriett sonrió, el viejo elfo la quería a su manera.

- Bien… gracias chicos, avísenme cuando ellos vengan a hablarme o donde se encuentran asi voy y los conozco – los elfos asintieron y desaparecieron con varios estallidos ruidosos.

Harriett y Dudley siguieron hablando sobre lo que Gonkan les había dicho algunos cuadros les daban indicaciones otros en cambio fingían dormir mientras escuchaban como los chicos intentaban llevar los apellidos de sus familias hacia su antigua gloria, eran solo unos críos de once años y eran, en ocasiones, más maduros que los adultos.