El andén 9 y ¾:
- Oye Dud, estás seguro de que tenemos que atravesar esa pared – dijo Harriett mientras miraba dudosa la barrera que había entre el andén 9 y 10. Dudley se encontraba a su lado mientras comprobaba que nadie los viera, lo cual era más fácil decirlo que hacerlo, era cerca de la hora pico y había un montón de gente.
- Si, los gemelos me lo dijeron y además ellos todavía no llegaron, es temprano y como vos querías pasar desapercibida durante un poco de tiempo… llegamos temprano – dijo mientras ignoraba las miradas curiosas que la gente les dirigía. El no los culpaba llevaban una jaula con una lechuza blanca y tenían dos gatos en brazos. Pero hubiera sido peor si hubieran llevado los baúles a plena vista, por suerte los habían achicado y los llevaban en el bolsillo.
Tras unos minutos Dudley agarró la mano de Harriett y empezó a correr hacia la pared, Harriett contemplo la pared y se preparo para el impacto que nunca llegó.
- Ya podes abrir los ojos – escucho que le decía su primo con burla. Ella los abrió y contemplo la sonrisa burlona que tenía su primo a lo que ella frunció el seño. Y le dio la espalda contemplando el andén.
Este estaba casi vacío, había un par de familias que se estaban despidiendo de sus hijos que parecen de quince o dieciséis años. Los chicos los ignoraron y se subieron a un vagón a buscar un compartimiento. Encontraron uno cerca del final que les gusto, agrandan los baúles y los acomodan en las rejillas de equipaje, después sacaron a la lechuza, Hedwig, que se acomoda cerca de los baúles y esconde la cabeza bajo un ala, en cambio los gatos, Mau y Merlín, decidieron seguir a sus dueños cuando salieron del compartimiento trabaron la puerta con un hechizo de bloqueo y salieron hacia el andén, que tenía un poco más de gente.
Cuando bajan captan unas miradas extrañas, era raro encontrar a dos niños solos que bajan del tren sin ningún adulto, además su forma de vestir es muy elegante, Dudley llevaba una campera negra abierta que revela una camisa azul, pantalones y zapatos negros. En cambio Harriett lleva un vestido color celeste con detalles en plateado largo hasta la rodilla, el pelo suelto y un sombrero con rosas blancas que tapan su frente y botas negras cerca de la rodilla. Ellos no se dan cuenta de las miradas que reciben y siguen su camino.
- A qué hora dijeron que venían – dijo Harriett mientras se sentaban en uno de los bancos que había.
- Cerca de la hora de partida – Harriett bufó y Dudley escondió una sonrisa, su prima estaba enojada porque no había podido dormir un poco más.
- No dormiste bien ¿no?
- Cállate, que me despertaste temprano…
- Te desperté a las ocho de la mañana, no es una gran diferencia con respecto a los otros días.
Un gruñido le respondió y él se empezó a reír. Tras varios minutos de silencio Harriett se empezó a reír llamando la atención de las personas a su alrededor.
- ¿Qué te pasa?
- Me acuerdo que cuando recibimos las cartas creímos que era una broma y ahora henos aquí – en ese momento Dudley sonrió acordándose de las caras que ambos habían puesto al ver las cartas y se empezó a reír recordando la escena que había armado Hadrig cuando los fue a buscar.
- Cierto, pero yo todavía no conseguí mi paraguas para hacer magia – dijo en tono serio ganándose miradas de asombro de los padres que había a su alrededor, pero la seriedad no le duro mucho pues Harriett empezó a reírse y el también.
- Estos chicos de hoy en día que no tienen ningún respeto por las personas a su alrededor – dijo una señora que vestía una túnica morada, un bolso rojo y un sombrero con un…
Ni bien Harriett y Dudley vieron el sombrero se quedaron de piedra e intentaron no reírse.
Era un buitre disecado.
- Discúlpenos señora, pero nos estábamos acordando de una situación que nos paso, no era nuestra intención molestar a las personas a nuestro alrededor – la señora se los quedo mirando seriamente y siguió su camino siendo seguida por un chico regordete de cara redonda con un sapo en las manos.
-¿Dud qué hora es?
- Las diez y media.
- Cuando llegan…
Cuando faltan unos quince minutos para que el tren se vaya, la plataforma estaba llena de personas, los chicos escucharon un par de voces inconfundibles.
- Miren nada mas, nuestros hermanitos están esperándonos.
- Si tenemos que darles un premio.
- Cállense, los estuvimos esperando durante dos horas – dijo Harriett mientras los abrazaba y les daba un beso en la mejilla, a lo que los gemelos se sonrojaron.
- ¿Porque tardaron tanto? – dijo Dudley mientras los acompañaban a un compartimiento, cuando entraron los gemelos se miraron y asintieron.
- Nuestra mamá estuvo durante cinco minutos diciendo "Ginny ¿donde hay que tomar el tren?" a lo que ella respondía "en el andén 9 y ¾, mamá" hasta que se dio por vencida y atravesamos todos. Y mientras pasaba no dejaba de mirar de un lado a otro – cuando los gemelos terminaron de contar Dudley sonrió irónicamente.
- Si hubiera venido más temprano tal vez nos habríamos encontrado, Que lastima que ya conocíamos la entrada – ante esto todos sonrieron y salieron del compartimiento.
- Chicos, miren lo que mi tío me regalo – un chico con rastas se acercaba a los gemelos, en sus manos sostenía un caja.
- ¿Que es Lee? – dijo Fred mientras se acercaba al chico y lo saludaba, él le sonrió e iba a abrir la caja cuando reparo en los dos chicos que estaban acercándose con George.
- ¿Quiénes son? – dijo mientras los señalaba con un movimiento de cabeza.
- Elizabeth Evans y su primo Dudley Dursley – los chicos lo saludaron con una sonrisa que el devolvió – les presentamos a Lee Jordán nuestro mejor amigo y el mejor comentarista de Quidditch de todo el mundo.
- Es un placer… pero que hay ahí – dijo Harriett que miraba la caja con una curiosidad palpable.
Jordán sonrió y levanto la tapa, la risa de Harriett resonó por todo el vagón.
- Una tarántula gigante – ante esto Dudley se hecho un poco atrás, los gemelos sonrieron tensamente, a ellos no les gustaba mucho tampoco, pero se podía decir lo contrario con respecto a Harriett que sin miedo metió la mano en la caja y acaricio a la araña – es muy suave.
- Vas a estar en Gryffindor definitivamente – dijo Dudley.
- Por ser extremadamente valiente o estúpida – dijo ella mientras lo miraba alzando una ceja.
- Por ambas – dijo mientras sonreía.
- Cállate – ante esa pelea los gemelos y Jordán sonrieron.
- Nosotros nos vamos a despedir de nuestra familia – y los gemelos se fueron dejando a los primos y a Jordán solos.
- Lee les puedes decir a los gemelos que después del mediodía pasen por mi compartimiento, ya que les tengo que decir algo – dijo Harriett ni bien escucho como la puerta del vagón se cerraba. El asintió y Harriett sonrió cálidamente.
- Si.
- Bien – entonces ella se quito el sombrero y acomodó su pelo, sin darse cuenta d que la cicatriz quedo a la vista. Lee vio la cicatriz y quedo mudo.
- Eres… eres.
- Si, soy Harriett Potter… solo, por favor no le digas a nadie, no me gusta llamar la atención– dijo ella mientras se volvía a poner el sombrero y se iba del vagón. Dejando atrás a un chico estupefacto.
- No te preocupes, no te quiso ofender, pero ella detesta la atención– dijo Dudley mientras le sonreía al chico – ¿Como se llama?
- No le puse nombre todavía – dijo mientras miraba la caja y se estremecía un poco, la araña le daba pavor, no le quería decir que a duras penas había agarrado la caja cuando su tío le dijo que era.
- Que te parece Lychlyd (telaraña en gales) – ante esto Lee sonrió y se despidió.
- Primita, te voy a tener que enseñar a hablar con los demás, aunque no es que necesites ayuda – murmuro Dudley mientras se dirigía hacia su compartimiento. Cuando llego su prima estaba contemplando a las familias que se despedían en el andén. El se sentó y contempló no sin envidia la escena que mostraba la ventana.
Los gemelos estaban con su mama que les pedía que se esforzaran en los estudios y que no quería recibir más cartas de la escuela con respecto a las travesuras que hacían.
- … Y que no se les ocurra explotar un baño porque sino… – la señora dejo la frase sin terminar dándoles una mirada que decía el resto de la oración.
- Mamá nosotros no explotamos ningún baño – dijo Fred mientras se subía al vagón.
- Pero gracias por la idea – dijo George.
- GEORGE – la señora sacudió la cabeza como si estuviera acostumbrada y sonrió, después se giro hacia un chico pelirrojo, Ronald, y saco un pañuelo de uno de sus bolsillos y le limpio la nariz él se zafó y se apresuro a subir al vagón.
Se escucho el silbido del tren y todos los chicos empezaron a subir dando las ultimas despedidas a sus familias, cuando el tren se empezó a mover los gemelos se asomaron por una ventana y saludaban con la mano, una niña pelirroja empezó a correr cerca del tren despidiéndose con lagrimas en los ojos.
- No te preocupes Ginny te enviaremos un baño de Hogwarts – ante esta frase la niña empezó a reírse y se tropezó sin querer, como Harriett estaba cerca mando a su magia para prevenir el accidente por lo que la niña, Ginny, no se cayó. Ella miro a su alrededor y cuando vio que una chica pelinegra la saludaba y le preguntaba por señas si estaba bien, sonrió y asintió.
La niña desapareció detrás de una curva y el paisaje fue sustituido por una hilera de casa que desaparecía rápidamente.
Ambos primos se miraron y sonrieron. La escuela prometía ser intersante.
