Disclaimer: The Hunger Games no me pertenece.
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Gale
El olor del carbón húmedo mezclado con moho siempre me ha dado nauseas. Siempre. En las visitas escolares cuando era pequeño lo pasaba fatal, aunque me gustaba venir porque así pasaba un rato con mi padre. Pero cuando murió aquí, en esta misma mina, todo se volvió muy diferente y pasó a ser una tortura anual que aguantaba con los dientes y los puños apretados. Tanto que acababa con la mandíbula hecha polvo y las uñas clavadas en las palmas de la mano. Pero aguantaba, no como Katniss, que siempre acababa vomitando o incluso sin aparecer. Aunque ella sabía que la reprimenda y el castigo por no acudir sería duro.
Y ahora estoy aquí. Entre decenas de compañeros esperando a que ellos se pongan el mono de trabajo, yo suelo ser más eficaz y venir con él puesto de casa, total, al final acabo igual de sucio.
Parece que entrar en el agujero cambia los ánimos a cualquiera. Bristel siempre está gastando bromas fuera de aquí, riendo y contando chistes malos. Aquí las únicas bromas que hace son para meter el dedo en la llaga de mis sentimientos por Katniss. Suele llamarla "mi chica" aunque sabe perfectamente que no lo es, que es la chica de Peeta, porque todo Panem y todo el distrito vio como se acostaban en la Arena dentro de un saco de dormir que no sirvió para mucho, solo para ocultar sus cuerpos, aunque los movimientos de la maldita tela y los gemidos dejaron claro lo que estaban haciendo.
— Hoy se iba el panadero ¿no?— Me pregunta cuando acaba de subirse la cremallera del mono de trabajo. Allá vamos, a ver qué perlas me suelta hoy.
— Sí, la Gira de la Victoria.
— Seguro que tu chica está desconsolada, podrías echarle una mano, o dos, ya sabes…— Hace un movimiento obsceno con sus caderas haciendo que ponga los ojos en blanco.
— No es mi chica— Creo que esas cuatro palabras son las que más llevo repitiendo en estos seis meses que llevo en la mina. Una vez que pasa la cosecha de tus dieciocho años, si eres hombre y no eres comerciante es casi obligatorio entrar a trabajar aquí. No pagan bien, y el horario es una mierda. Pero es mucho mejor que no llevar nada a casa, con el dinero y la caza puedo evitar que Rory empiece a pedir teselas.— Y ella estará perfectamente. Es fuerte.
— Pues delante de las cámaras ha llorado a moco tendido.— Murmura Thom, otro de los compañeros de mina, un par de años mayor que yo. La verdad es que no he querido ver esas imágenes. Aunque en algún momento me tocará verlas porque las repetirán a lo largo de los próximos días varias veces en la televisión.
— Katniss no es de las que lloran—Murmuro mirándole seriamente.— Seguro que estaba exagerándolo un poco.
— ¿Por eso de que son la parejita del país?— Apostilla de nuevo Bristel, me encojo de hombros intentando que no se me note la ira que empiezo a sentir, estoy harto de que todos me lo recuerden.— esa chica los tuvo bien puestos.— le miro sin entender mucho.
—¿Perdona?
— Claro. Tuvo el valor para no hacer lo que nuestro queridísimo Capitolio había preparado para ella. Hizo lo que quiso y sobrevivió a ello. Si tuviéramos valor, podríamos hacer algo parecido.
— No te sigo…—Murmura Thom, solo quedamos los tres en el sucio vestuario, los demás ya han ido hacia el ascensor.
—Se podría montar gorda…¿sabes? Por ejemplo, ¿qué pasaría si nos negáramos a picar carbón como tu chica se negó a cazar a los tributos de aquí y a esa niñita?— Bristel lo susurra como si fuera un secreto y en realidad debería serlo, solo ese comentario podría costarle la vida.
— Qué nos moriríamos de hambre.
— Y el Capitolio no podría exportar carbón al cinco con lo cual no habría energía. Y si en el once deciden dejar de recolectar o en el cuatro dejar de pescar. El Presidente tendría que ceder.
—Quizás podríamos dejar de ser esclavos— Susurro yo mirando a Bristel, puede ser un caradura bromista, pero tiene la cabeza bien puesta y no se conforma con lo que tiene.
— Eso es…—Me da una palmadita en la espalda.— La vida podría cambiar. Tu chica lo ha demostrado. Quizás incluso dejaríamos de mandar niños a la Cosecha.
— Estas loco, eso nunca va a pasar— Thom parece molesto.
— ¿Pero y si pasara?¿Y si Katniss ha dado el pequeño salto al vacío para que empecemos a hacerlo todos? El Capitolio depende de los Distritos. Incluso de nosotros. No puede exterminarnos a todos.
— Puede, lo hizo con el trece.— Contrapone Thom, que incluso parece estar asustado.
— Lo del trece empieza a tener poco sentido, cada vez más, solo enseñan el mismo edificio una y otra vez, apuesto hasta que es la maldita misma imagen.— Bristel se coloca el casco, mirándole.— Pero se podría intentar. Imagina el futuro del crío que tu mujer está esperando. Sin la amenaza de la Cosecha cuando cumpla los doce años. Sin las teselas porque todo el mundo es semejante y nadie tiene porque pasar hambre.
— Creo que a eso se le llama Utopía— Thom también se pone su casco.
— Yo lo llamaría posibilidad.— Miro a Bristel.— ¿Crees que la gente lo apoyaría? Es lógico tener miedo.
— Seguro que tu chica lo tuvo, pero lo hizo. Solo necesitamos un poco de valor.
— Bueno a Katniss lo que le sobra es valor, pero no sé si al resto de gente del distrito…— Miro disimuladamente a Thom—…les sobra. El miedo se nota, sobre todo entre los de la Veta. Y los comerciantes viven bien.
— Pero no pueden impedir que sus hijos vayan a la Cosecha año tras año por muy bien que vivan. ¿tú apoyarías la causa?
— Con los ojos cerrados— murmuro mientras que nos encaminamos al ascensor.— Podríamos correr la voz.
— Somos simples mineros — Murmura Thom— somos prescindibles, si no sacan energía del carbón harán trabajar el doble al siete para sacar madera para ello, lo ideal es que ellos estuvieran tan locos como vosotros ¿no?
— Quizas lo estén, quizás ellos hayan empezado. Yo sin duda después de lo que Katniss hizo por la niñita, si fuera del once haría algo, por ejemplo.
— Pero porque tú estás loco— Thom abre las puertas del ascensor, el corazón siempre se me encoge cuando subo en este cacharro que chirria según descendemos.
— El mundo es para los valientes y para los locos…— Murmuro tirando de la palanca que nos lleva a nuestro puesto de trabajo.
Unas cuantas horas después y kilos de carbón arrancados de la roca salimos de nuestro puesto para regresar a casa. Bristel no comenta nada nuevo sobre dejar de picar carbón, pero es algo que lleva todo el día dando vueltas en mi cabeza. Puede que Katniss mostrara al país algo que ni ella misma sabe.
Me muerdo el labio al pensar en ella y en lo que han dicho sobre sus lágrimas en la estación. Si que parecía abatida en el bosque cuando la vi esta mañana, así que quizás tengan razón y sus lágrimas fueran de verdad. Que llorara porque no va a verle en semanas. Que esté enamorada y no tenga nada que hacer. Aunque también pienso que aquel primer día, cuando vino a verme dejó que la besara y la tocara, me maldigo porque no puedo evitar que mi respiración se acelere al pensar en ese momento mientras que retiro el polvo del carbón de mi cuerpo bajo el pequeño chorro de agua fría del vestuario de la mina, agradezco el frío del agua y el frío en general porque podría tener un serio problema por culpa de esos recuerdos.
Cuando salgo de la mina ya ha oscurecido, pero no quiero volver a casa, es casi obligatorio tener la televisión encendida estos días con las retransmisiones sobre la Gira. Y hoy aparecerá ella besándole, y ahora mismo no me apetece ver eso, no quiero enfrentarme a ello, por lo que decido ir al bosque, aprovechando que las nubes de nieve se han ido y brilla una potente luna llena. Atravieso la valla por donde siempre y me acerco hacia donde Katniss y yo guardamos nuestros arcos. El de ella está ahí, por lo que ya estará de regreso en casa, mejor porque está empezando a helar, lo menos que quiero es que caiga enferma.
Recojo el mío por si me encontrara un animal nocturno, no solo comida, si no algún perro salvaje, y voy a comprobar nuestras trampas. En ellas no hay nada, algo que suponía, Katniss lo habrá recogido todo. Suspiro cuando compruebo la última y decido regresar, es absurdo estar aquí, aunque antes de hacerlo decido recoger unos pocos escaramujos para el alcalde. No los paga tan bien como las fresas, pero cuando no es temporada de fresa también me acepta estas frutitas, además, ahora que están cayendo las primeras nevada es cuando mejor están. Agradezco llevar siempre conmigo una bolsa de tela, aunque los dedos se me quedan fríos rápidamente, tanto que ni los siento, por lo que no debo de coger más de medio kilo. Poco me dará.
Aún así cuando entro dentro del distrito de nuevo voy hacia la casa del alcalde. Me repeino un poco y pico a la puerta trasera. Mientras que espero a que me abran la puerta intento calentarme las manos con el aliento y frotándolas. Cuando la puerta se abre intento mostrar mi mejor sonrisa aunque esté muriéndome de frío.
—¿Gale?
—No, un Agente de la paz, vengo a detenerte, Madge— ironizo frotándome las manos para calentarlas.
— ¿qué quieres? Es tarde…— ella se ajusta la chaqueta de punto que lleva sobre uno de sus caros vestidos.
— Escaramujos, se que a tu padre le gusta que tu madre los coma en almíbar, he cogido unos pocos.
— Tienen vitamina C, por eso quiere que los coma…— me explica, está empezando a tiritar tanto como yo.
— ¿Le puedes llamar? Hace frío, me gustaría ir a casa…
— Sigue en el Edificio de Justicia, tenía una reunión importante o algo así. Y mi madre está enferma, dormida…ehm…Puedes entrar y esperarle…— La miro de arriba abajo un par de segundos. Decido aceptar porque cuanto más tarde en llegar a casa, mas tardaré en ver las imágenes.
— Un rato, tampoco quiero que mi familia se preocupe.
— Como quieras…así puedes entrar en calor…
— Eso suena muy bien…— Sonrío porque el frío empieza a calarme hasta los huesos.
Deja que entre y nos dirigimos a la cocina. No es la primera vez que entro en su casa, vimos gran parte de los Juegos aquí, juntos, pero aun así no puedo evitar quedarme alucinado cada vez que pongo un pie en el suelo de mármol. Tiene una casa enorme. Mi casa de la Veta podría entrar en uno de sus pasillos, con su pequeña cocina, el comedor, sus dos habitaciones y el aseo. En la cocina de la casa del alcalde huele a carbón y leña quemándose y a bizcocho recién hecho.
— ¿Quieres un té?
— Si, gracias…—dejo la bolsita con los frutos encima de la mesa y me siento en una de las sillas mientras que miro como Madge prepara la tetera, tiene unos movimientos finos y femeninos. Aparto la mirada porque no puedo creer que esté pensando en la feminidad de la hija de alcalde. He de reconocer que durante los juegos se acerco tantas veces a mí, que ya puedo considerarla mi amiga, ella parecía pasarlo mal por Katniss, y aunque mi amiga no lo sabe, esta chica la aprecia. Cuando acaba con la tetera y la pone al fuego se sienta en otra de las sillas.
— ¿Cómo estás?
— Ahora mejor, aquí hace calor…
— No me refiero al frío…— La miro a los ojos y no puedo evitar entrecerrarlos.
— Entonces no sé a qué te refieres, bonita.— ella suspira.
— Katniss—Clava sus ojos en los míos.
— Katniss está bien— espeto.
—¿y tú como estas con eso?— se inclina un poco sobre la mesa y se pasa la lengua por los labios con suavidad, repeinándose un poco los bucles dorados.
— Estoy bien, si ella lo está.
— No lo parece Gale— Susurra apoyándose en su mano— estás aquí en mi casa, a las ocho de la tarde, en vez de estar en casa o con ella…
— Quería venderle eso a tu padre— me excuso.
— Aunque no lo creas no soy tonta…— Susurra y vuelve a repeinarse, como si estuviera nerviosa —Durante los juegos estuve contigo apoyándote, si necesitas ayuda de nuevo…
— ¿Qué clase de ayuda me darías, Madge?— Murmuro, pasando mi mirada de sus ojos a sus labios, no es la primera vez que me fijo en ellos, son carnosos y sonrosados, bonitos. Como Madge entera, porque no voy a ser cínico, Madge es una preciosidad de chica, con los rasgos típicos de la zona de comerciantes. Rubia de ojos verdes, con un cuerpo bien formado, delgado pero no exageradamente como algunas de las chicas de la veta que me han acompañado a la escombrera. Su nariz es pequeña y recta acorde con el ovalo de su cara. Lo que se dice una monada de chica, me ha ayudado perfectamente a olvidar durante un rato a veces.
—La que necesites, Gale…— Susurra mirándome a los labios también, dándome pie a hacer el siguiente movimiento.
Me levanto de la silla y obligo a que ella se levante también, parece sorprendida cuando lo hago, pero creo que su sorpresa se queda atrás cuando acerco mi cara a la suya, ella cierra los ojos, cuando lo hace, acorto del todo la distancia y la beso. Primero un beso lento, sin ser brusco, aunque cuando ella deja escapar un suspiro y sus manos aprietan mis brazos profundizo el beso. Acaricio sus labios con mi lengua y se los separo con ella, no tengo que obligarla a que continúe el beso, y me besa, imitándome. El beso se vuelve apasionado cuando chocamos contra la mesa, la cojo de la cintura y obligo a que se siente en ella ahora me alegro de que lleve ese vestido, porque así sentada y colocándome entre sus piernas puedo acariciarlas. Son aterciopeladas, suaves y cálidas, y las caricias nos encienden a ambos, ya que ella me rodea el cuello con sus brazos y se pega más a mí, incluso sus piernas rodean mi cintura.
Madge es buena por naturaleza. Ella gime contra mis labios cuando acaricio el interior de sus muslos y la obligo a separar un poco más las piernas, acercándola al borde de la mesa de su cocina, así puedo acariciarla mejor. Puedo deslizar mi mano aun más bajo su falda, rozar su ropa interior sobre la calidez de su intimidad.
—Gale…— Su voz me devuelve a la realidad. Estoy besando a Madge pensando en Katniss. Eso no está bien. O no debería estar bien. Apoyo mi frente contra la suya y ambos jadeamos, respirando nuestros alientos que se mezclan aceleradamente.
—No puedo…— Susurro contra su cara y ella asiente con los ojos cerrados sin dejar de jadear, sin apartarse y sin dejar de rodearme con los brazos y las piernas.
— No es la solución, ¿no?— Susurra con los ojos cerrados.
—No…no es la solución, ya no sirve…y eres su amiga…— Asiente sin despegar su frente de la mía.
— Habla con ella…— Separa un poco su cara de la mía y me mira a los ojos— Habla con ella, pero…yo siempre voy a estar aquí…¿vale?—Asiento.
— Tienes que soltarme, rubia…— noto como sus mejillas se enrojecen un poco más de lo que están por la excitación y aparta sus piernas y sus brazos de mí.
—Ya…esta…— Aún así se queda sobre la mesa. Con las piernas separadas y la falda del vestido remangada, dejándome ver un poco sus bragas. Es la primera vez que veo a Madge de forma tan erótica.
— Debería irme… mi familia…—Madge asiente.— te regalo los escaramujos ¿vale…?— la miro un segundo y beso sus labios con un beso rápido y salgo de la cocina. Me siento raro. No es la primera chica que uso para olvidar a Katniss,(ni la primera vez que la uso a ella) llevo intentándolo con chicas desde hacer años. Pero nadie es como ella, y me maldigo por eso.
Cuando abro la puerta trasera oigo silbar la tetera pero ya no me detengo. Salgo a la fría noche y me voy a mi casa, con las manos vacías, los labios hinchados, levemente excitado y maldiciéndome. Cuando llego a casa las nubes han regresado y empieza a nevar de nuevo, sacudo las botas de la nieve que ya hay acumulada en el suelo. Cuando entro en la cocina, ella está allí, con una taza de té delante de ella y una bolsa de tela ensangrentada en la encimera.
—Hey Catnip…— A mi madre ya no la saludo, ha pasado a un segundo plano.
— Hey Gale…
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Nota de autor: Nueva sorpresa, también hay POV de Gale, espero que os parezca también entretenido. Algo se está cocinando en las mentes de los mineros...
Muchas gracias a todos por los reviews. ¿qué os ha parecido este capitulo?
Besos de fuego!
