Disclaimer: The Hunger Games no me pertenece.


...

Katniss

Veo a Gale a lo lejos, está muy lejos, supongo que si le gritara podría oírme, pero está tan absorto como yo en echarle un vistazo a este sitio. Hace mucho frío. Necesitamos al menos un saco de dormir a parte de armas. Veo como su mirada se dirige hacia la cornucopia. ¡Arcos! Dos arcos plateados nos están esperando. Estoy segura de que los han dejado ahí porque saben que somos buenos con ellos.

Cuando el gong suena salto de la plataforma y corro hacia los arcos. Primero necesito el arco. Y sé que Gale correrá hacia esos arcos también. La nieve me impide avanzar todo lo rápido que me gustaría pero corro más que otros tributos, apuesto que algunos es la primera vez que la pisan.

Llego a los arcos unos segundos antes que Gale. Cojo ambos y uno de ellos se lo lanzo, él lo atrapa al vuelo pero no puedo lanzarle el carcaj antes de notar a alguien a mi lado. Veo que es Finnick él me grita que me agache, me lo pide con un rugido, tan fuerte que no puedo decirle que no quiero agacharme. Cuando lo hago oigo silbar algo por encima de mí, y un gemido de dolor detrás, cuando me giro veo al tributo masculino del distrito cinco caer con un machete en la mano y un tridente en el pecho.

—Suerte que seamos aliados ¿eh?— Asiento sin saber que más decir. Gale llega a nuestro lado.

—¿Estás bien?—Asiento colocándome el carcaj al hombro.

—¿y tú?—Asiente también

—Tenemos que alejarnos de aquí—Dice Finnick tras él está Mags.— ¿Dónde está Johanna?—Murmura.

—Aquí descerebrado…—se sonríen un poco supongo que aliviados al verse ella lleva un hacha en la mano y está ensangrentada.— ¡Coged una mochila cada uno y vamos!— Johanna lanza su hacha detrás de Mags, a la tributo del nueve. Corre a desenterrar el hacha del pecho de la mujer— ¿Movéis el culo o qué?

Gale tira de mí y salimos corriendo de allí, Finnick coge a Mags a la espalda y nos dirigimos hacia el bosque. Yo cojo una mochila y Johanna otra, Gale coge dos, supongo que una por él y otra por Finnick y Mags. Corremos hasta el bosque, y cuando llegamos aún seguimos corriendo al menos una hora más hasta que nos detenemos. Nos paramos a escuchar, por si nos siguen pero solo oímos nuestras respiraciones aceleradas. Cierro los ojos durante unos minutos para controlar mi aliento, que forma nubes alrededor de mi cabeza, hace tanto frio que noto los pies engarrotados aunque haya estado corriendo. Incluso aquí en el bosque la nieve me llega a la rodilla, doy gracias por la ropa que nos han dado, podría ser peor, aunque con la temperatura que hay aquí dentro, si tuviéramos ropa normal, no aguantaríamos más de dos horas.

—Tenemos que mirar que hay en las mochilas.—Murmuro entre jadeos sin olvidarme de que estamos en un sitio que no conocemos, por lo que preparo el arco, no solo por los tributos, si no por los animales que puede haber, no seríamos los primeros tributos asesinados por un animal.

—Vigila, Catnip— Asiento mientras que Gale deja las mochilas que lleva en el suelo. Cuando abre la primera frunce el ceño.

— ¿Qué ocurre?—le susurro al ver la cara, me preocupa que lo que tenga sea algo inservible.

—Manzanas.

—¿Qué?— Johanna Finnick y yo lo decimos al unísono, y apuesto que si Mags hablara algo que se entendiera, también podría decir algo como eso.

— Que solo son manzanas…—Le pasa la mochila a Finnick, y este la revisa, incluso saca una de las frutas.

—Al menos tenemos comida…¿no?—Digo yo mirándoles, espero que en el resto de mochilas haya cosas más útiles, no desprecio la comida, pero, cuchillos y armas nos vendrían mejor. Gale abre la segunda mochila.

— Esto está mejor…—Murmura Gale.— Cuerdas, un saco de dormir, un cuchillo, unas gafas de visión nocturna, una cantimplora, un cazo y un botecito con yodo…

—¿Hay cerrillas o un encendedor?—Pregunto, con la humedad de la nieve, si no tenemos cerillas, se nos complicará encender un fuego.

—No, pero aún quedan otras dos mochilas…—Murmura y mi amigo coge la tercera mochila, tiene lo mismo que la segunda, una larga cuerda, un saco de dormir, un cuchillo, las gafas, una cantimplora y un cazo de metal.—Lo mismo…—Resopla.—nada de cerillas.— En la cuarta mochila hay solamente una cuchillo más largo y un par de guantes que parecen estar hechos de la misma tela que nuestra ropa.

—¿Cómo vamos a encender un fuego así, Gale?— Susurro agachándome junto a él ayudándole a colocar todo de nuevo

—creo que podemos ahorrarnos peso y llevar solo dos mochilas, con las…manzanas y otra con las cosas. Creo que bien colocadas entra todo en una.— Conseguimos meter todo en una sola mochila y le miro, aún no me ha contestado a la pregunta, sabe tan bien como yo que necesitamos fuego.

—No me has contestado, Gale.

—Porque no sé la respuesta, Catnip.—Me mira a los ojos.— Es mejor que no dejemos de movernos.—Mira a Finnick y a Mags—Ellos son los primeros que notaran el frío, no están acostumbrados como nosotros.

— ¿En el doce también tenéis bosques así?— Johanna mira a su alrededor— esto se parece mucho a mi casa…huele casi como a casa…

— Algo parecido.— Dice Gale, sonriéndole un poco, siguen sin gustarme sus sonrisas— aunque hay menos…pinos.

—Esto no son solo pinos, creo que están modificados, en casa no son tan grandes…—Creo que todos miramos hacia arriba, como bobos, la verdad es que los arboles media al menos cien metros, y eso los más pequeños. Son árboles enormes.

—No me sorprende mucho, nena.—¿nena? ¿Gale ha llamado nena a Johanna? ¿Desde cuándo son tan amigos?

—Será mejor que empecemos a andar de nuevo.—Murmura ella acercándose a Finnick.—¿Estás bien?—Parece preocupada de verdad, el chico ha empezado a castañear los dientes, él asiente— Si necesitas que te dé calor…—le oigo murmurar.

—Te avisaré…—Finnick hace algo que me sorprende y me aterra a partes iguales, porque besa a Johanna, y no un siempre beso en la mejilla, no, la besa en los labios, durante unos cuantos segundos, eso podría traernos problemas con los vigilantes.

—¿Qué hacéis?—Les murmuro antes de que se separen. Johanna se separa de los labios de Finnick.

—¿Tienes envidia?—me pregunta apartándose del chico del cuatro y dando un paso hacia mí.— también puedo besarte si quieres…

—No te acerques…—Murmuro, y estoy a punto de apuntarle con una flecha, aunque ella ríe, mirándome a la cara.

—Te doy miedo…

—No empieces con eso…y movámonos…—Empiezo a andar hacia el interior del bosque.

Gale me sigue cargando la mochila de las manzanas y creo que la otra mochila la coge Johanna, no me hace mucha gracia que hayamos juntado todo lo útil en una sola mochila, porque ellos podrían alejarse con ella en cualquier momento. Pero Gale me pidió que confiaran en él y es eso lo que estoy intentando a hacer. Aunque eso puede llevarnos a la muerte a ambos.

Andamos durante horas sin toparnos con nada ni con nadie salvo con pinos y con nieve, nieve y más nieve. Finnick ya no es el único que está tiritando, los cinco tiritamos casi compulsivamente, con uno de los sacos de dormir decidimos tapar a Mags, y de paso con eso que Finnick también se cubra un poco, aunque aún así él continua tiritando. Cuando oscurece, la luz de la luna se cuela entre las ramas de los inmensos arboles, y llega la suficiente para que la nieve brille, y nos permita ver sin problemas.

— Deberíamos parar a descansar…—Me alegro de que sea Gale quien lo sugiera, porque no quiero parecer débil.

—Con este frío nos congelaríamos, descerebrado.

—¿Pretendes no parar de andar en toda la noche? Si seguimos haciendo ruido al pisar la nieve, acabaran encontrándonos, lo mejor será parar a descansar.

— Tenemos sacos de dormir, eso debería servirnos, si son como los del año pasado, no tendremos problemas de frio.—Murmuro.

—¿pero y si no lo son?—Pregunta en un susurro Johanna.

—Si no lo son, nos daremos cuenta pronto…–Miro a Gale.—Estaríamos seguros en un árbol.

—Con un tronco tan gordo no sé si podremos escalarlo, y apuesto que Mags, no puede.— Intento respirar profundamente, porque me pone nerviosa tener que dormir en el suelo por ellos.

– ¿Entonces nos quedamos en el suelo…?

—Podemos probar a escalar— sugiere Finnick— Mags se agarrará a mí, puedo con ella, he escalado acantilados con más peso a la espalda.

–¿Qué tal se te da subir a los árboles?—Gale se lo pregunta a Johanna con esa sonrisa que le suele mostrar.

—¿Bromeas? Me he criado entre arboles, seguro que subo mejor que tú.

Dicho eso, Johanna se coloca el hacha entre la ropa y la mochila, a la espalda, para que no le moleste y empieza a subir por un árbol. Cuando me acerco veo que no es muy difícil porque tienen una corteza gruesa y rugosa y podemos aprovechar los salientes de la misma para subir. La primera rama en condiciones esta como a unos diez metros del suelo y es tan ancha que podrá soportar el peso de los cinco sin ningún problema. Gale me mira un segundo y sé que quiere que sea la siguiente en subir. Me susurra al oído que tenga cuidado y comienzo a subir, los meses de no pisar el bosque se nota, y me cuesta más subir de lo que sería habitual, pero lo consigo, aunque al final para llegar a la rama necesito la mano de Johanna, que me la agarra con fuerza. Aunque lo que me ha costado a mí subir no es comparado con lo que le cuesta y tarda Finnick, cuando conseguimos alcanzarle, entre Johanna y yo tiramos de Mags para quitársela de encima. La mujer creo que nos da las gracias acariciándonos a ambas la cara y diciendo algo que al menos yo no entiendo. Tiene las manos más frías que mi cara y tan azules que parecen llenas de moratones, se le están congelando literalmente. El dolor que siento en mi nariz no debe de ser nada comparado con el dolor que tiene que sentir la anciana en sus manos.

Cuando Gale sube me acerco a él, creo que ya instintivamente me recoloca la ropa para abrigarme más.

—¿Estás bien?— me susurra y acaricia mi cara, sus manos se sienten más cálidas que mi piel, siempre ha sido así, siempre ha tenido las manos más calientes.

— Salvo el frío, sí.— el asiente.

—Va a morir gente por congelación…—Susurra él. —Tenemos que resistir a eso.—Me roca la nariz, el contacto duele, el frunce el ceño—Tápate la nariz, y deshazte la trenza—Antes de que pueda decir nada lo hace él y me separa el pelo colocándomelo sobre las orejas.— Así te protege las orejas.— Asiento.

— ¿Y tú? ¿Tus orejas…?— Se las tapo con las manos.

—Tenemos que meternos en los sacos y comer un poco.—Murmura, luego mira a nuestros compañeros.— le daremos los guantes a Mags. Ella es pequeña, podría entrar en un saco con dos personas más.—Parece que Finnick le oye porque le mira.

—Mags se tapará conmigo, con nosotros.

—Perfecto…Tenemos que descansar un poco.—Murmura Gale, aunque dudo que con el frío que hace podamos descansar algo. En los arboles estamos seguros de tributos y posibles alimañas, pero, el frío…

Gale saca de la mochila que tiene Johanna el saco que no cubría a los del cuatro y los guantes, tienen que ayudar a la anciana a ponérselos, luego él y yo nos colocamos en otra rama, con el saco. Me muerdo el labio porque la situación me recuerda a lo que viví hace un año, y no es una sensación agradable. Gale me suelta el labio con el pulgar y extiende el saco, la rama es tan ancha que aunque rodemos no nos caeremos, debe de tener al menos tres metros de ancho. Me meto en el saco y Gale lo hace conmigo nos tapa hasta la cabeza, cierro los ojos al tenerle tan cerca.

—Tienes que comer…—Noto como rebusca en sus pantalones y me ofrece una manzana, no sé cuando la ha cogido.—Come…—El coge otra y le da un mordisco a la vez que me abraza y me pega contra él. Su calor es reconfortante, y hace que me dé cuenta del frio que hace. Empiezo a comer la manzana rodeándole con el brazo libre, aunque la verdad es que con las emociones no tengo hambre, pero al menos es jugosa y nos ayudará también con la sed.

—Creo que me quedaría aquí dentro del saco todos los Juegos…—Susurro, y estoy casi a punto de decir un "contigo" pero me contengo, no pueden vernos, pero sí que pueden oírnos.

—Bueno, Catnip, yo también lo haría, das calor…

—Ajam…—Murmuro y beso su cuello, permitiéndome hacerlo porque no pueden verme, me acabo la manzana y me quedo recostada sobre su pecho, cuando considero que mis manos no van a provocarle una hipotermia, levanto su ropa y las meto por dentro para rozar su piel y sentirle más cerca de mí. Noto como sonríe un poco contra mi pelo.

—Catnip…

—Duerme un poco…—Le susurro, aunque él me imita y sus manos acaban bajo mi ropa, haciéndome estremecer, tanto que clavo mis dedos en su piel y él vuelve a sonreír contra mi pelo.

Cierro los ojos para intentar dormir, para aprovechar esa sensación que me produce Gale pero en cuanto lo hago la música del himno del Capitolio resuena en el bosque. Ni siquiera conté los cañonazos del baño de sangre, por lo que no sé cuántas muertes ha habido. Gale y yo asomamos la cabeza al frío y entre los arboles vemos el sello. Luego el primero en aparecer es el hombre del que me salvo Finnick, el hombre del cinco, es seguido por el chico del seis, Cecelia y Woof del ocho, los dos del nueve, a la mujer la mato Johanna delante de mí para salvar a Mags, la mujer del diez, y Seeder del once. La muerte de Cecelia y de Seeder son las que más lamento, Cecelia por los niños que deja, pobres criaturas…Cuando vuelve a aparecer el sello Gale nos tapa de nuevo sin esperar a que acabe el himno. Cuando estamos bajo el saco me besa en los labios y vuelve a meter sus manos por debajo de mi ropa abrazándome. La sensación de bienestar se ha esfumado y con ello la relajación para dormir.

Aún así el cansancio puede conmigo, y la respiración pausada de Gale también, aunque sé que él no está dormido, pero yo acabo durmiéndome o entrando en un duermevela porque lo siguiente que recuerdo es notar como el árbol empieza a vibrar suavemente y un ruido que cada vez es más fuerte y cercano.

—¿Qué es eso?— Susurro asustada.

—No lo sé— Aún está oscuro cuando asomamos la cabeza, Gracias a la luna veo como Johanna ha salido del saco y mira en dirección al ruido.

—¿Lo identificas con algo?—Le pregunta Gale levantando la voz, saliendo del saco también.

— Me recuerda a cuando talamos los arboles, solo que multiplicado por cien.—Veo como se pone las gafas de visión nocturna.

— ¿Ves algo?

—Los arboles, se mueven.

—¿Cómo que se mueven?.—Pregunto empezando a asustarme mientras que Gale recoge el saco.

—Lo que has oído, descerebrada.

—Deberíamos bajar y correr…—Finnick tira de la manga de Johanna para que le haga caso pero ella pasa literalmente de él y en su rostro veo la sorpresa.

—No—Murmura— son…son animales…enormes…— Dice más alto.— ¡Creo que debemos subir un poco más! Y agarrarnos fuerte al árbol—En cuanto lo dice Gale tira de mí y me pone contra el tronco colgándome mi arco del hombro.

—Ya la has oído, sube…— Finnick coge a Mags y empieza a trepar, por lo que me fío y empiezo a trepar, notando como Gale me sigue después de recoger el saco.

EL ruido se hace más intenso conforme subimos, creo que alcanzamos unos diez metros más antes de que el sonido sea ensordecedor, entre el ruido ensordecedor se oyen gruñidos y bufidos como los que emite Buttercup, solo que multiplicados en fuerza. Me quedo colgada de una rama, y noto a Gale justo detrás de mí, el tiene la misma curiosidad que yo. Primero pasa uno, pero luego la sucesión es de decenas. Animales de al menos cinco o seis metros de alto. Con robustas pastas, y pelaje marrón oscuro y largo. Lo que más asusta de ellos son los cuernos, o colmillos que le sale de la boca, también de varios metros en la cara, tienen una enorme nariz o eso es lo que creo que es, que por lo que puedo ver articulan sin problemas. Esos enormes animales corren en estampida huyendo claramente de otros más pequeños, pero con pinta de más agiles y letales. Son como un gato gigante, más altos que yo, y creo que incluso que Gale, con garras y de sus bocas también salen dos enormes colmillos, que intentan clavar en la piel de los bichos gigantes. ¿Dónde nos han metido? Esas cosas podrían comerse a uno de nosotros de un solo bocado.

Uno de los enormes animales gigantes choca contra nuestro árbol y hace que se tambalee, cuando oigo el grito no me hace falta mirar para saber qué pasa. Ha pillado desprevenida a Johanna y ha caído unos metros. Y ahora cuelga de una rama, intentando subirse a ella sin éxito. Mi vista pasa de ella a Finnick y luego a Gale. He visto como trepa el chico del cuatro, no llegara a tiempo para ayudarla. No lo pienso cuando comienzo a descender dando saltos entre las ramas para llegar hasta la chica del siete.

...


Nota de autor: Gracias por leer! Empiezan a tener problemas, frío y animales "raros" y enormes!

Actualizo los miércoles y los domingos.

Besos de fuego!