Nota de autor: Gracias a todos aquellos que aun siguen esperando para leerme. Os lo agradezco de todo corazón. Lo he dicho en mi facebook pero por aquí lo repito, estoy teniendo unos meses que son una locura de estudios y además cada dos por tres estoy mal de salud, os vuelvo a escribir desde el hospital, e incluso aquí no puedo ni parar con los estudios en el rato que mi salud me lo permite.

De nuevo, como dije en el capitulo anterior, siento la espera, espero que este capítulo os guste. Y como siempre ya sabéis, cualquier cosa, review o privado aunque tarde un poco en contestarlos.


...

Katniss

Llegamos a la cueva del hombre y la mujer del tres, en cuanto la veo me recorre un escalofrío, como la tienen "oculta" se ve que está hecho por el hombre desde la distancia, puede que para un animal no, pero para el ojo humano esa entrada no pasa desapercibida. Creo que Johanna piensa igual que yo porque coge el hacha con ambas manos, apretando el mango con fuerza. Pero Beetee y Wiress entran a la cueva como si nada. Johanna pone los ojos en banco y les sigue, en la cueva hace calor, tanto que Beetee se quita su chaqueta de invierno y ayuda a Wiress a quitársela. Apenas se ve nada, pero Beetee enciende una especie de farol y me lo da.

—Al fondo hay agua caliente…un reguero de aguas termales…lo más hondo cubre por las rodillas, podéis lavaros.— me dice encendiendo otro farol. Johanna mira a Gale.

—Id vosotros, la cara de ella da pena, Finnick y yo intentaremos arreglar la entrada para que no parezca una casita de muñecas…— Él asiente y me mira.

—Deja el arco, vamos…— Beetee le da un trozo de tela blanca, como las gasas que usa mi madre y aunque me dice que lo deje, el se lleva el suyo hasta el reguero que desprende vapor, toco el agua, está caliente, dan ganas de meterse entera.

—Mira…—Le salpico un poco.

—Dan ganas de bañarse…—Sonríe, piensa como yo.—Podemos lavarnos al menos. Déjame ver tu cara…— Resoplo, duele bastante y ha empezado estar tirante, se está hinchando, debo de tener una pinta horrible.

—¿Cómo esta?

—No tiene muy mala pinta, creo que tiene un poco de tierra. Vas a tener que agacharte para lavarlo bien… y la chaqueta, a ver...con el calor que hace aquí dentro se secara enseguida.— El se quita la suya quedándose con una camiseta de manga larga.—¿Te la quito yo?— Niego un poco con la cabeza y me la quito, el suspira, miro hacia abajo y veo que el cuello de la camiseta también está sucio de sangre.

—Solo tengo el sujetador debajo…—Susurro.

—¿Y…?—Susurra él.

—¿Crees que…?

—Tenemos que lavar eso lo mejor posible y lavarte, si quieres apago el farol.—Levanta un poco la ceja, es ridículo lo que dice con todas las veces que me ha visto desnuda, y lo sé pero el resto de Panem no lo sabe.—No mirare más de lo debido…— Resoplo por eso y me quito la camiseta. Él deja de mirarme a la cara, carraspeo y vuelve a levantar los ojos.

—Limpia la herida, por favor…con cuidado…

—No es la primera que te curo, Catnip. Solo es un raspón un poco más profundo, por patosa…

—¿Patosa? Intentaba cargarme a ese oso gigante…aquí todo, es enorme…

—Así tenemos más comida con una sola flecha…—Susurra él.

—No digas tonterías…prefería matar tres ardillas pequeñas que una grande si nos libramos de osos gigantes y gatos del tamaño de una persona.

—Te libraras pronto…—Susurra mientras que empieza a limpiarme la herida con la gasa, escuece pero no digo nada, aprieto los dientes y dejo que siga. Mirándole como puedo con la cabeza un poco inclinada hacia arriba. Me encanta su cara de concentración, como si la tarea fuera lo más importante del mundo. Cuando acaba con la herida recoge un poco de agua del reguero con la mano y se pone a limpiarme el cuello, supongo que la sangre seca que hay en él. Me estremezco y toda mi piel se eriza por su contacto. Creo que se da cuenta porque su mano deja de lavarme y me acaricia con los dedos, luego baja por mi clavícula y sobre el pecho, me estremezco mucho más y los pezones se me erizan, el sonríe al verlo, pero le tengo que detener la mano cuando su dedo índice pasa entre mis pechos.

—Gale…—Susurro

—¿Hmmmm?— Murmura inclinándose sobre mí y sé lo que va a hacer y no debería pero…yo también lo quiero, aun así me coge el cuello con cuidado, para que no me aparte y me besa, no un suave beso en los labios, si no un beso de los suyos, de esos que me aturden y me excitan, reclamando mi lengua y recorriendo mi boca. Cuando le devuelvo el beso abandona mi cuello y acaricia mis brazos y luego mi espalda obligándome a pegar mi cuerpo contra el suyo. Jadeo contra su boca y rodeo su cuello con los brazos, pegándole aún más a mí. Jadeo contra su boca, separándome para tomar aire solo un segundo y esta vez le beso yo. Solo nos separamos cuando oímos un carraspeo detrás.

—¿Interrumpo?—pregunta Johanna, a veces tengo ganas de dispararle una flecha, Gale la mira gruñendo suavemente, algo que solo puedo oír yo.

—Pues un poco, encanto—Protesta él separándose y sentándose en el suelo.—¿Qué ocurre?

—Beetee y la Majara, no han comido nada desde que llegamos.

—Dales los trozos de liebre que queda y manzanas— Le contesta Gale volviendo a mirarme y centrándose en limpiar mi cuello.

—Y nosotros, ¿qué?

—Están las ardillas, cazaremos más—me mira un segundo a los ojos— Y las cocinaremos en el bosque, lejos para que no nos encuentren.

—Bien…—Resopla— Acabad, Finnick y yo también queremos lavarnos un poco—Nos guiña un ojo y se va.

—Mierda…—Susurro—Nos ha visto…

—¿Y qué?— Me susurra y me da un beso en la mejilla— Ella no me importa…—Susurra a mi oído. Y tiene razón, fuera está el verdadero peligro, no aquí, lo de fuera amenaza más nuestras vidas.

—¿Sabes cómo…?— Susurro, espero que no tenga que seguir la pregunta para que me entienda.

— Lo importante no es saber cómo, si no quién…—dice el volviendo a mojar su mano y limpiando la sangre que aún queda en mi cuerpo. Le miro sin entenderle mucho, pero me da miedo seguir preguntando así que asiento sin más.

Cuando Gale acaba con la sangre me aseo por mí misma con el agua caliente, me lo pienso un poco, y espero que censuren la escena cuando me quito también los pantalones. Tengo que pensar que no es la primera vez que lo hago, que en la otra Arena ya lo hice. Me meto en el agua, esta tan caliente que es reconfortante después del frío que hemos pasado. No hace falta que le diga que se meta en el agua, se quita los pantalones y se mete. Creo que le gusta tanto como a mí. Me gustaría tumbarme en el riachuelo, a su lado besándole, con el agua caliente corriendo a nuestro alrededor. Olvidarnos de todo. No puedo evitar morderme el labio imaginándolo, porque verle solo en ropa interior hace que algo hormiguee dentro de mí. Pero dejo de pensar en tonterías y me lavo lo mejor que puedo sin jabón. Luego lavamos entre los dos mi ropa, no se quita del todo la sangre, sobretodo de la camiseta que es blanca, pero mejor eso que nada. Para regresar con el resto Gale me deja su camiseta interior.

—Ya era hora—Protesta Johanna levantándose— ¿Lo habéis pasado bien?—Sonríe irónicamente.

—Muchísimo—Contesta Gale con la misma ironía.

—Perfecto, ahora nos toca a nosotros…—coge a Finnick de la mano y tira de él. Yo extiendo mi ropa en el suelo y me siento frente Beetee, que está examinando una especie de hilo grueso de metal. Gale se sienta junto, noto su mirada clavada en mi cara. Le miro y él aparta un mechón de mi pelo de mi frente.

—Siento lo de antes…—Susurra y me besa la frente.

—Lo echaba de menos…—Me apoyo en su hombro y él me da una manzana de la mochila que tenemos al lado.

—Por el bebé…—Dice más alto. Tengo ganas de suspirar pero no lo hago.

—Gracias—Le doy un mordisco y le acerco a la manzana a la boca.—Come tu también…—Muerde un trozo rodeándome con un brazo, aquí dentro hace calor y aunque así me da un poco más calor, no me importa.

—¿Sabes que puedo coger una entera verdad?

—Me gusta compartirla contigo, como siempre…—Gale sonríe un poco y niega con la cabeza.

—¿Qué?

—Nada Catnip—Me besa en la frente—come…— Sigo comiendo pero no pasan ni diez segundos cuando oímos el tintineo tan característico del paracaídas.

—¡Un regalo!—Grito, y tiene que ser algo que necesitemos para salir porque todos estamos bien. Gale no me permite salir fuera porque estoy solo con su camiseta interior. Sale y en dos segundos vuelve a estar dentro de nuevo. El recipiente que trae es grande. Cuando lo abre, se le borra la sonrisa de la boca.

—Pan…—Susurra—Creo que quieren que comamos bien…—Dice rápidamente.

—¿Pan?—Asiente y me enseña uno de los bollos que trae, son bollos de queso.—Son de Peeta…

—Para que te acuerdes de él…

—¿Un regalo?—Johanna aparece con el pelo húmedo y en sujetador (al menos lo lleva), a la cintura lleva una pequeña cadenita, con el sinsajo colgando.

—Pan del doce…Mi novio es panadero…—Murmuro e intento fingir una sonrisa—¡Coged! ¡Comed!—Intento decirlo con alegría y les acerco el recipiente de pan. Muerta de miedo, porque no sé si Peeta quiere decirme que deje de besar a Gale o es una amenaza de Snow directamente. Johanna coge uno de los bollos, lo inspecciona y luego le da un mordisco.

—Tienes suerte, esto está riquísimo…— Sonrío un poco.

—Lo están, son mis favoritos…—Murmuro y me pongo a comer uno de los bollos aunque verlos me haya cerrado el estomago.

— creo que tu novio, no quiere que te resfríes, así nos da tiempo a que se seque la ropa que hemos lavado—Asiento sentándome de nuevo contra la pared de la cueva. Gale coge otro de los bollos uno que parece llevar nueces y se sienta a mi lado.

—¿Estás bien?—Susurra dándole un bocado— Esto está mejor con el queso de Lady…—Susurra, supongo que para que recuerde nuestros momentos en el bosque.

—Sí…echo de menos el sabor de esos quesos…—Susurro también— con el pan de Peeta…—Gale levanta una ceja.—¿Quién crees que ha sido?, ¿Peeta verdad?— espero que me entienda.

—Claro…no va a ser el viejo ese…—Murmura mirándome a los ojos y creo que se refiere a Snow aunque no esté segura.—Venga, comamos…pronto anochecerá… ¿Crees que esas ardillas aguantaran hasta mañana?

—No lo sé, aquí hace calor…quizás fuera…

—Podemos enterrarlas en la nieve…—Murmura.

—No vas a alejarte solo tanto…

—Puedo llevarme a Finnick o a Johanna…

—No sé si fiarme…—Sonríe un poco.

—yo si me fío, me la llevare a ella, es más débil que yo, puedo con ella, ¿conforme?—Me encojo de hombros.

—Podía vestirse…—miro la cadena.

—Ya da igual Catnip…—Me besa en la mejilla y da otro mordisco a su bollo. Cuando se acaba el bollo, me da otro beso cerca de la comisura de los labios y mira a Johanna.

—Hey, Mason, vístete y acompáñame a enterrar las ardillas en la nieve, aquí se pondrán malas…—Johanna mira un segundo a Finnick que asiente con la cabeza—Necesito tu hacha, eres rápida…

—¿No tienes miedo de que te corte la cabeza?—me estremezco al oír eso.

—Te atravesaría con una flecha antes, bonita…—Le contesta él, parece que están bromeando. La chica del siete se viste y Gale antes de coger las ardillas me da un beso en la frente. Luego se marcha.

Sé que tardaran un poco en llegar a la falda de la montaña y regresar, y está oscureciendo eso les da cierta ventaja de no ser vistos, al menos por los tributos, con los animales salvajes es otra historia. Me quedo mirando como Wiress se balancea mientras que Beetee le obliga a comer algo del pan que me ha caído. Espero que se mejore cuando salgamos de aquí, era un poco rarita, pero me caía bien y era inteligente. Aparto la mirada y miro a Finnick que está jugueteando con su tridente de pie, haciendo malabares con él.

Cuando oímos el cañonazo ambos nos miramos a los ojos, me levanto como una bala y agarro mi arco y el carcaj. Finnick y yo salimos corriendo. No me corto en llamar a Gale y él no se corta en nombrar a Johanna. Si algo les ha hecho daño, si algo o alguien le ha hecho daño a Gale ya no me importa. Ya es de noche y hay nubes en el cielo por lo que no se ve apenas nada. Sigo llamando Gale con la voz quebrada hasta que oigo unos pasos, pasos de dos personas.

—Hey…!No gritéis!— Es Gale, y está vivo parece estar bien, me abrazo a él con fuerza intentando reprimir el llanto.—Tranquila, estamos bien…—veo por encima del hombro que Finnick abraza a Johanna también y luego la besa.

—Creía que…—Le doy un beso en los labios, en ese momento. Aparece el sello del capitolio en el cielo iluminándolo todo, por debajo de las espesas nubes. Luego aparece la chica del seis, el compañero de Johanna, ella jadea un poco.

—Era un cabrón, pero era de mi distrito…—Susurra, luego aparece la mujer del once,

—Quedamos nueve…—Murmura Gale y me coge de la mano— Solo nueve…—Dice más alto y en ese momento un rayo atraviesa el cielo y empieza a llover con fuerza.

—¡Volvamos dentro!—Grita Finnick— ¡tenemos que descansar!

...


Besos de fuego!