Palabras mudas

Hinata Hyūga

No habían pasado más de tres minutos desde la última vez que vio el reloj en su mesa de noche; la hora indicada se acercaba, pero los veinte minutos faltantes se hacían cada vez más eternos. Ajustó por enésima vez la correa de su porta kunais. Las manos le temblaban levemente al igual que sus labios, el estomago se le revolvía y el corazón se le encogía cada vez más.

Ya no podía postergarlo otra vez, hizo todo lo que pudo para no tener que hacerlo, pero era perfectamente consciente de que la decisión había sido tomada y cumplir era la única opción que tenía.

Se dirigió con paso lento al Dôjô-arashi* en el centro del barrio. Los pasillos de la mansión estaban vacíos, incluso la servidumbre estaba reunida en aquél lugar, solo faltaba ella por llegar.

Dejó salir un suspiro sin destinatario especial, solo para tratar de calmar su respiración, lo último que quería es que vieran como se sentía. Bajó las escaleras sin más prisa que cuando caminaba, cruzó el vestíbulo principal, salió de la casa, pasó por el jardín de acceso, llegó hasta la avenida privada y tomó dirección al punto de su cita.

Hasta ese momento sus pensamientos se centraban en pequeños asuntos paradójicos como lo bello que era el rosal de la entrada, lo alto del ciprés del patio, el aire frío que circulaba por la aldea en aquellas fechas. Ese día se le antojaba más para salir a dar un paseo con sus amigos y conversar… en realidad solo escuchar las conversaciones que ellos mantuvieran, no es que no tuviera nada que decir, o que a causa de su hilo de voz prefiriera guardar silencio, no era eso, solo que ella había sido educada a que si no hay nada realmente importante que decir, un Hyūga no dice nada.

Ya casi llegaba, podía ver perfectamente la gran puerta de madera que se imponía ante ella, sabía que al cruzarla ya no había vuelta atrás. Se detuvo antes de cruzar el umbral, podía justo en ese momento correr de regreso, tomar algunas cosas de su habitación, salir de la aldea para nunca regresar y dejar atrás de una vez por todas la cuestión de la sucesión del clan.

La simple mención de la idea "Hinata, la traidora de Konoha" le dio más risa que miedo, no, no iba a huir, eso era de cobardes y ella no lo era, respiró profundo y entró dándole tanta firmeza a su andar como le fue posible.

Llegó justo a tiempo, tanto Sōke como Bōke le saludaron de pie haciendo una recatada reverencia, ni un solo ruido en toda la sala se escuchaba. Tomó su lugar en el Joseki* después de mostrar sus respetos al actual líder del clan, su padre. Se distrajo solo un momento no percatándose que ya debía estar en su posición dentro del Jô*, con un pequeño sobresalto junto a una mustiada disculpa se puso de pie para tomar lugar, el rubor le subió a la cara, aún no comenzaba y ya estaba quedando mal.

Tomando su posición vio directamente a los ojos de quien sería su oponente, las dos miradas blancas se cruzaron, una seria y otra afligida.

—Joi. — dijo el líder, ambas kunoichi tomaron postura de combate Jūken, un par de segundos eternos.

—Hajime. — fue la segunda indicación, ambas activaron su dōjutsu y comenzó el enfrentamiento por el liderazgo del clan…

Estaba decidida, no iba a perder otra vez con Hanabi, no iba a perder frente a su padre ni frente al clan, localizó sus puntos vitales y se enfocó en ellos teniendo la ventaja de que por ser más alta tenía más alcance, pero la pequeña le ganaba en velocidad y en ocasiones ella no lograba evadir el impacto de su hermana. Un toque, dos, tres; hígado, riñones, pulmones. Uno más, necesitaba acertar uno más para ganar… corazón…

Hanabi se movió evitando que el golpe le diera directamente, pero no pudo apartarse por completo, el daño recibido era considerable, tosió la sangre acumulada por el estrago a sus pulmones, la mancha roja cayó sobre la ropa de la mayor mientras la menor desfallecía de espaldas al suelo.

—Yoshi. — ordenó el líder.

Definitivamente ese día el tiempo conspiraba para hacerse más largo… tomó con sus dedos la mancha de su chaqueta mirándola con parsimonia como si no supiera qué era, miró a su hermana en el suelo que tenía los ojos abiertos, luchando por una bocanada de aire, la seriedad, la frialdad y el orgullo de aquellos ojos blancos ahora demostraban ¿Miedo? Lo más seguro, los Sōke apreciaban demasiado su vida, por eso usaban a los Bōke… miró con detenimiento, no, no era miedo, era… ¿Tristeza? ¿Incredulidad? Sí, eso era, de seguro nunca pensó que hubiera mejorado tanto en ese tiempo, un tartamudeo la sacó de sus pensamientos, era su hermana que la llamaba.

—Yoshi. — ordenó de nuevo el líder haciendo notorio su enfado por la duda que crecía en la hasta ahora ganadora.

—Yoshi. — indicó débilmente la vencida.

Hinata se acercó despacio, preparó su último golpe pero antes de darlo miró a su padre y pudo ver que, pese al enfado, él tenía una mueca intento de sonrisa de orgullo, tenía el Byakugan en fase activa no se podía equivocar: había logrado la aceptación de su padre. Miró al resto de los presentes: orgullo, satisfacción, aprobación, asentimiento, el clan entero la reconocía como futura líder.

Su corazón latió fuertemente, después de tanto tiempo, los sacrificios y el dolor eran recompensados, giró de nuevo para dar fin al enfrentamiento, pero toda su alegría desapareció de golpe, miró de nuevo su mano manchada, esta vez sí supo reconocer lo que era; sangre, la sangre de su hermana, de su hermana pequeña.

Desistió de su victoria, no podía creer que solo por complacer al clan estuvo por tomar la vida de su hermana, se apartó un poco y se llevó la mano casi asesina a la boca, su cuerpo tembló, volvió a recorrer el clan con la mirada, ahora había decepción, la miraban como un fracaso y deshonra para el clan.

—Yoshi. — repitió la vencida con más fuerza que la vez anterior, ella negó con la cabeza, no lo iba a hacer, no la iban a obligar. Desactivo su Dōjutsu, dio media vuelta y caminó hacia la salida en medio del más incómodo de los silencios que pudieron generar todos los Hyūga presentes.

De momento, su instinto le indicó que debía moverse, Hanabi reuniendo lo que le quedaba de fuerza se puso de pie y se lanzó de nuevo contra su hermana:

— ¡Yoshi! — esta vez gritó mientras unas lágrimas se desbordaban de los ojos perlados de la pequeña, la mayor esta vez no lucho, de cualquier forma le había hecho el daño suficiente como para que ahora no pudiera dar ni un solo golpe considerable.

No lo entendía.

¡Es que acaso era la única en todo el clan que se daba cuenta que las reglas que los regían eran un asco! ¡¿Matar a su propia hermana para suceder el liderazgo?! ¿Qué clase de monstruos se formaban tras los muros de la mansión?

Tanta suntuosidad, educación, tantas tradiciones, y perfectos modales eran solo para encubrir las almas podridas que tenían, no iba a matar a su hermana, no por algo como la aceptación de otros, ya se había superado a sí misma, había dejado de lado su complejo de debilidad, eso era lo único que necesitaba.

Hanabi siguió en su frustrado ataque, reclamando desesperadamente a su hermana mayor que se defendiera, que la atacara, que la acabara de una vez… pero ella no respondió.

Ellas nunca tuvieron una relación estrecha, su padre se había encargado de crear un muro de indiferencia entre las dos con su eterna preferencia a la menor, nunca hubo esa dulce complicidad de guardar secretos, de ser confidentes de amores, jamás se contaron lo sucedido durante un día en la academia o se consultaron para saber que vestido se veía mejor para una cita, se saludaban cuando se encontraban en la casa por cortesía, no había más.

Llamó a su hermana menor con su tan característico hilo de voz, las miradas se cruzaron una vez más:

— ¿Qué quieres demostrar? — le preguntó.

La menor se quedó atónita, la mayor por su parte la miro con su siempre dulce y afligido semblante, era la misma de siempre, los años solo habían cambiado su cuerpo y su actitud derrotista, fuera de eso la esencia era la misma. Hanabi se detuvo en seco, pero se aferró a la chaqueta de su hermana para no caer, hizo lo que ella hacia unos momentos; miró los rostros de los miembros del clan e hizo una mueca de asco-

—A ellos nada.

La mayor sonrió, había comprendido la situación, ahora si se sentía completa.


Comentarios y aclaraciones:

Para que este capítulo quede más claro hay que leer el siguiente: Relativa perfección, posiblemente sean los dos únicos que estén relacionados entre sí, de cualquier forma los dos pueden leerse y entenderse por sí mismos.

*En cuanto a aclaraciones, pues dejo esto, es la terminología que se usa en los lugares de entrenamiento de artes marciales:

Dôjô-arashi: "Dôjô tempestuoso", lugar donde se hacen desafíos.

Jô: "Área de combate"

Joseki: Lugar de saludo, de asiento y de entrada al Tatami de los grados más altos. Situado a la derecha.

Joi: Atención, preparados. También llamado Kiotsuke.

Hajime: Comenzad. También Hashime

Yoshi: Id, seguid, adelante.

Jūken: puño suave, estilo de taijutsu que utiliza la línea sucesoria del clan Hyūga (por si alguien no se acuerda)