Relativa perfección

Hanabi Hyūga

No le costó ningún trabajo levantarse por la mañana, tenía varias cosas que hacer, así que se reportó como ausente por asuntos de clan en la oficina de la Godaime.

Por fin se habían terminado las postergaciones absurdas de algo que de todas formas tenía que suceder. Faltaban veinte minutos para la hora acordada, una última mirada al espejo, la banda ninja en su lugar, el cabello ordenado, la ropa impecable, armas afiladas y correctamente colocadas en su lugar, se disponía a girar el pomo de la puerta y salir caminando cuando un pensamiento le cruzó la mente; ella era una kunoichi, las puertas solo servían para cerrar el paso de aire. Se dirigió a la ventana y la abrió de par en par. El cielo estaba despejado y el frío de la temporada inundó sus pulmones dándole un frescor agradable.

Se dirigió saltando de árbol en árbol al Dôjô-arashi del barrio. Como si quisiera presumir su gran agilidad, tomaba impulso con fuerza para caer con gracia y suavidad producto de su entrenamiento favorecido por la ligereza de su complexión.

No le tomó mucho tiempo llegar, tocó tierra antes del portón, entró sin prisa pero tampoco con demasiada calma; con la frente en alto, moviendo su cadera a un ritmo más que adecuado para una señorita con clase. Ciertamente, no tenía los mismos atributos que su hermana, pero lo que tenía lo sabía manejar perfectamente.

Llegó antes que la mayoría, pero los presentes le saludaron de pie, ni un solo ruido en toda la sala, las conversaciones se llevaban a cabo con la mirada solo acompañadas de ligeros asentimientos o negaciones con la cabeza, nada más.

"El Byakugan además de dar esferas de visión a trescientos sesenta grados y vistas telescópicas es un modo de comunicación infalible entre miembros del clan Hyūga"

La joven rió para sus adentros por su comentario. Se acercó hasta su padre, sin atreverse a romper el silencio le dio sus respetos y tomó su lugar en el Joseki, se sentó a esperar a que diera la hora en punto. Minutos antes de que el plazo se cumpliera, apareció por el umbral su hermana, se veía determinada. La siguió con la mirada en toda la ceremonia que había de hacerse solo para saludar al líder, tomó su lugar junto a ella, pero al parecer no la había visto. Su padre dio la indicación para que entraran al Jô y así lo hizo pero vio que su hermana en cambio no, soltó un soplido de fastidio ¿En dónde estaba la mente de Hinata todo el tiempo? Porque era obvio que ahí no.

Al fin estuvieron frente a frente, vio directamente a los ojos de quien sería su oponente, las dos miradas blancas se cruzaron, una seria y otra afligida.

—Joi. — dijo el líder, ambas kunoichi tomaron postura de combate Jūken, un par de segundos pasaron.

—Hajime. —fue la segunda indicación, ambas activaron su dōjutsu y comenzó el enfrentamiento por el liderazgo del clan…

Realmente no entendía por qué su padre había insistido en realizar aquél desafío si desde hacía años había quedado más que claro que la menor era muy superior a la mayor, pero en fin, eran los deseos de su padre y sinceramente no perdía nada, solo tenía que hacer exactamente lo mismo que en aquella ocasión, años atrás…

Maldijo para sus adentros mientras esquivaba un golpe a su pulmón izquierdo ¿Desde cuándo Hinata era capaz de algo así? Debía reconocer que había mejorado bastante desde la última vez, eso y que tuviera mayor alcance por sus brazos largos no ayudaban mucho, se confió, no debió dejarla acertar el primer golpe, tenía que moverse pero ya la había dañado demasiado, el dolor de los riñones atrofiados iba en aumento, los pulmones estaban empezando a formar coágulos y por consiguiente perdió el control de la respiración, tenía que evitar el último a toda costa.

Apenas evitó el golpe al corazón, solo rozó la pared izquierda, pero el corazón se trataba de un punto delicado, no pudo más, el mismo golpe la hizo toser sangre, la mancha roja cayó sobre la ropa de la mayor mientras ella se desfallecía de espaldas al suelo…

—Yoshi. — ordenó el líder…

¿Yoshi? ¿A su padre no le importaba lo que le pasara? ¿El mismo hombre que la había marcado como su favorita desde siempre la dejaba morir? No, eso no tenía sentido, ella era más fuerte, más ágil, más digna ¡El mismo lo había dicho! ¡Lo dijo! ¡Se lo repitió hasta el cansancio! ¡Ella debía estar tirada en el suelo con la vida pendiendo de un hilo no al revés! ¡No Hanabi Hyūga! ¡No ella!

¿Qué hacía? La estaba mirando con ¿Lástima?... nadie siente lástima por Hanabi Hyūga, ni siquiera otro Hyūga.

—Hinata. — la llamó con la voz quebrada aunque trató fallidamente de hacerla sonar firme, otra vez estaba pensando en otras cosas ajenas al tiempo y espacio que la ocupaban.

—Yoshi. — ordenó de nuevo el líder haciendo notorio su enfado por la duda que crecía en la hasta ahora ganadora.

—Yoshi. — repitió débilmente la vencida, ya había perdido, ahora solo quería morir como un shinobi.

La mayor se acercó despacio preparando su último golpe, Hanabi se sintió tranquila, después de todo su hermana si tenía las agallas de ninja, pero la otra se detuvo antes de darlo, la vio mirar a su padre luego al resto de los presentes, vio como se dibujaba en su rostro una sonrisa de satisfacción, el clan entero la reconocía como futura líder, incluso ella que estaba a punto de morir por su mano, solo estaba esperando el golpe final pero la mayor nuevamente se ensimismó mirando la mancha de sangre tomada de su chaqueta y ahora en su mano, eso era ya desesperante ¿Es que Hinata no podía actuar de tajo?

Vio a su hermana apartarse con un gesto de horror en la cara, había desistido de su tan anhelada victoria ¿Lástima de nuevo? ¿Qué no le bastaba con ganarle, quería humillarla dándole lástima? Eso sí que no.

—Yoshi. — repitió ella con más fuerza que la vez anterior, la otra negó con la cabeza, desactivo su Dōjutsu, dio media vuelta y caminó hacia la salida.

No lo podía creer ¿Por qué le hacía eso? Las lágrimas comenzaron a desbordarse de sus ojos, jamás había llorado y ahora lo hacía, no podía quedar así, no solo había perdido el combate, había perdido lo que ella creía cariño por parte de su padre, su oportunidad de sucederle, de ser la kunoichi mas distinguida del clan y de la aldea, ya no era útil, quedaba solo como una muñeca de la mansión Hyūga, una moneda de cambio para dar en matrimonio si el clan necesitaba algo, por eso se entrenó a morir. En cuanto vio la debilidad de su hermana mayor supo que ella tenía una pequeña oportunidad de un futuro más allá de un matrimonio sin amor e hijos prodigio, pero ahora eso sueños de grandeza y relativa libertad se esfumaban con Hinata solo porque su hermana era demasiado débil como para matarla.

Hizo reunió las fuerzas que le quedaban se puso de pie y se lanzó de nuevo contra su hermana.

— ¡Yoshi! — esta vez gritó mientras más lágrimas salían de sus ojos perlados, no soportaría ser la muñeca del clan, no podía serlo, tenía que ganar o morir, no había más pero la otra no luchaba, quizás porque sabía que le había hecho el daño suficiente como para que ahora no pudiera dar ni un solo golpe considerable, se sentía más que débil, inútil, tonta, llorando y peleando peor que un novato de la academia, no lo entendía ¿Por qué no peleaba?

Hanabi siguió en su frustrado ataque al borde de la histeria reclamando a su hermana mayor que se defendiera, que la atacara, que la acabara de una vez… Hinata no respondía. Ellas dos nunca tuvieron una relación estrecha, así que no comprendía porque no la mataba de una buena vez, su padre siempre la prefirió a ella, a Hanabi, a su primogénita siempre la humillaba, la trataba peor que a un criado, se supone que debía odiarla por ser la favorita, por haberla vencido en aquella ocasión, que la matara de una vez y terminaba todo esto de la sucesión.

Escuchó como la llamaba con su tan característico hilo de voz, las miradas se cruzaron una vez más.

— ¿Qué quieres demostrar?— le preguntó, la menor se quedó atónita ¿Qué no era obvio? Quería dejar en claro a todo el clan que ella era mejor, miró a su hermana con el desconcierto aún en su cara, increíble, Hinata estaba con su siempre meloso dulce y afligido semblante, era la misma de siempre, la misma niña tierna que tanto la irritaba cuando se sonrojaba por nada, cuando tartamudeaba como tonta, cuando juntaba sus dos dedos y los chocaba entre sí cual subnormal internado, los años solo habían cambiado su cuerpo la esencia era la misma. Hanabi se detuvo en seco, realmente no entendía por qué ella era así, porque le hacía eso, se aferró a la chaqueta de su hermana para no caer pero lo pensó unos momentos, desistió de su victoria justo después de ver las expresiones de los miembros de clan, quizás la respuesta estaba ahí, hizo lo que Hinata momentos antes, las miradas blancas estaban sobre ellas, pero no viéndolas como shinobi en un combate, más bien como el espectáculo de dos bestias en una lucha a muerte, hizo una mueca de asco, comprendió entonces el punto de su hermana, complacer el clan rebajándose a enfrentarlas entre ellas ¿Qué quería demostrar?

—A ellos nada. — la mayor sonrió, y la menor había comprendido la situación, quizás no tenían una gran historia juntas, pero eran hermanas.


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