Silencio

Temari

Se mordió los labios en un intento por contenerse. El nudo en su garganta le impedía articular palabra alguna o cuando menos respirar con propiedad, pero no iba a llorar, ella nunca lo hacía. Continuó su camino, más que corriendo, deslizándose por el desierto, podía sentir perfectamente el latir desesperado de su corazón, la angustia crecía poco a poco, aceleró el paso levantando una ligera cortina de arena tras de sí. Aún no perfeccionaba la técnica para no hacer eso, pero en esos momentos le importaba nada aquél detalle.

Al fin llegó, pero no había nada, él no estaba.

Casi entrando en desesperación cerró los ojos para aguantar las lágrimas que desde hacía un rato se empeñaban en salir. En ese momento más que ningún otro necesitaba mantener la cabeza fría, sentimientos fuera, respiró profundo ¿En dónde podría estar?

Quería concentrarse pero estaba demasiado alterada como para pensar las cosas con calma.

En un impulso sin control salió de nuevo a la carrera, a medida que su angustia crecía trataba de convencerse de que lo que había escuchado era solo una confusión por no haber presenciado la conversación desde el principio, no podía ser cierto, su padre no sería capaz.

Se estaba alejando más de la aldea, seguro que la sancionarían por no haber pedido permiso, pero si tan solo lo encontraba habría valido la pena.

Sus lazos de amistad con él eran inexistentes, los de sangre pasaban por alto ¿Por qué se preocupaba?

Porque al menos esa era la verdad que tenía que mostrar a la aldea, al consejo y sobre todo a su padre mismo, porque un ninja no muestra sentimientos. Era bajo esta premisa que siempre daba la misma máscara ante todos: frialdad, soberbia, egoísmo, así debía ser si quería sobresalir en un mundo dominado por hombres.

Se preocupaba en secreto, se preocupaba porque si no lo hacía ella ¿Quién? Su padre en definitiva no, su madre había muerto y los otros dos estaban demasiado sugestionados por el código como para darse cuenta que la esencia de la unión de su equipo debería tratarse de lazos de sangre más que por miedo a que el menor los asesinara.

De cualquier forma debía seguir guardando silencio, en especial por lo que escuchó en la última conversación de su padre con el consejo, debía seguir como espectadora aunque le oprimieran el corazón los resultados sobre él, no podía ayudarlo directamente, en primera instancia porque no se puede ayudar a alguien que no quiere ser ayudado, en segunda, si algo salía mal el otro se quedaría solo, y de buenas a primeras ella siempre había sido su apoyo, sabía que la quería si bien preferiría morir bajo tortura que reconocerlo.

Las dunas disminuían de tamaño haciendo notorio el hecho de que el desierto terminaba, había perdido la noción del tiempo, bajó la velocidad para iniciar su nueva búsqueda en aquél sitio, tras un largo rato se puso en alerta; su corazón saltó de gusto y miedo, era él, su chakra era inconfundible. Se acercó empeñándose con todo su ser en que no la descubierta, la poca vegetación le dificultaba la tarea, pero se las ingenio para pasar desapercibida y acercarse lo suficiente.

Abrió los ojos con la expresión entre consternación y dolor, no pudo aguantar más las lágrimas, porque entonces era verdad, su padre había enviado un asesino a su propio hijo, y no cualquier ninja, era aquél que se suponía le quería y protegía, iba en serio, pero al menos él siempre se había podido cuidar solo, desgraciadamente a eso había sido orillado. Cuando se recorría el camino ninja, especialmente en su condición, ser fuerte era la única opción.

Se quedó quieta, no intervendría a menos que no hubiera más remedio.

Maldijo una y otra vez, una técnica suicida era todo lo que le quedaba a su tío, sintió un impulso por salir de su escondite y lanzarse en contra del traidor, pero su hermano estaba confiado, quizás sí sabía cómo evitarlo… no hacía nada… no aguantó más, salió a la carrera de nuevo, tenía que sacarlo de ahí… demasiado tarde, una explosión, arena, polvo, rocas.

Apenas se cubrió a tiempo con el abanico, cuando la polvareda termino buscó ansiosa con la mirada, pero no quedaba nada, se dejó caer de rodillas al suelo ¿Por qué no salió antes? Se llevó las manos a la boca tratando de acallar su sollozo.

Un sonido le hizo levantar la guardia; arena, eso era, levantó la mirada y en cuanto se dio cuenta de lo que se trataba se oculto tras un montículo formado por la explosión, una especie de capullo se había encargado de protegerlo, estaba intacto, una sonrisa de alivio se dibujo en su rostro pero se desvaneció apenas percibió el semblante del chico y lo que sucedió a continuación…

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Ya era de madrugada, hacía horas que su hermano se había retirado, pero ella continuaba ahí sentada, abrazando sus piernas con la cabeza recargada en las rodillas.

Amor. Eso se había tatuado en la frente, se daba una idea de la razón, pero seguía sin creer que todo eso hubiese llegado a tanto y ella se había quedado solo como espectadora.

Soltó un suspiro, de cualquier forma ¿Qué se suponía que debía haber hecho? ¿Acercarse, abrazarlo y decirle que ella si lo quería? Sonaba fácil, pero esa clase de demostraciones estaban terminantemente prohibidas, y ni hablar de la reacción de él, lo más seguro es que en primer lugar no le hubiera permitido un acercamiento, y en vista de las circunstancias no le habría creído, se le hubiera figurado que sería lo mismo que con su tío.

¿Qué podía hacer? de momento nada, la aldea, su padre y el código la ataban.

Resultaba curioso que la única razón por la que había decidido formarse como kunoichi era proteger a sus hermanos, pero su método de protección solo empeoraba la situación, si se hubiese quedado como aldeana ordinaria y dedicarse a atender la casa hubiera tenido la posibilidad de que cada tarde cuando el entrenamiento de ellos terminara, ella los estuviera esperando, podría abrazarlos sin represalias, podía decirle al menor que no estaba solo, que siempre la tendría a ella.

De solo pensarse como buena ama de casa soltó una risa seca, esa no era ella, ni podría serlo nunca, su máscara social no era del todo falsa, era fuerte y si había sacado adelante una familia hecha pedazos desde el anonimato con sus intervenciones secretas, quizás aún podía hacer algo por el pequeño, no se rendiría.

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Miraba por la ventana las dunas, esas preciosas formaciones naturales que eran el mayor atractivo de su hogar… el tiempo se había encargado de sepultar bajo arena muchas de las cosas de su infancia. Desde la oficina del Kazekage se podían ver perfectamente los tejados y el desierto extendiéndose hacia el horizonte, tan ensoñada estaba con el paisaje, tan adormilada en la silla que no se percató cuando él se acercó.

Con un sobresalto tras su saludo le dedicó una de sus muy exclusivas sonrisas, no pudo evitar dirigir la mirada a su tatuaje, el ideograma era el mismo que le vio marcarse hacía años, pero estaba segura de que ya tenía un significado diferente al de aquella ocasión, él se percató del punto de atención de los ojos de su hermana.

— ¿Alguna vez te he dicho por qué me lo hice?

Ella sonrió de nuevo, negó con la cabeza fingiendo ignorancia, su hermano menor comenzó a relatarle lo sucedido con su tío y lo mucho que se guardó durante su infancia, de momento, cuando terminó de decirle porqué ese ideograma en específico le dijo: —Gracias

Ella se quedó sin comprender y su confusión se reflejó en su rostro, cosa poco usual en ella porque nunca dejaba traslucir lo que sentía.

—Sé que siempre estuviste detrás mío, me disculpo por todo lo que te hice a pasar, en esos días no me importaba ninguno de ustedes dos, los lazos de sangre no tenían importancia y llegue a convencerme de que no te acercabas porque me temías como todos, que estabas en mi equipo por órdenes, pero ahora que lo pienso, gracias a todo lo que tuve que pasar, he cambiado y aprecio todo lo que hiciste. No eres como otras mujeres, tu afecto no se da con besos y abrazos, se da con seguridad, esa que desde siempre has procurado darnos y solo hasta ahora lo entiendo, porque eres fuerte, porque has sido el pilar de esta familia... no voy a decir que estoy orgulloso de ti, eso no importa, no necesitas mi aprobación ni la de nadie, solo quiero saber… si tú lo estás de mi…

Se había quedado exactamente en la misma posición desde que él comenzó a hablar, sí que había cambiado, hacía tan solo unos años siquiera imaginar esa conversación resultaba completamente imposible hasta en el más absurdo de sus sueños. Sonrió por tercera vez en el día, solo que en esa ocasión fue seguida por un gesto característico suyo, levantó el mentón, cruzó las piernas, las manos enlazadas sobre las rodillas.

—Soy la hermana del quinto Kazekage; instaurador de una nueva era para Suna, soy la hermana del ninja más poderoso de la arena, soy Temari, kunoichi de Suna, y veo con orgullo que la familia que por años he cuidado se ha salvado de desmoronarse.


Comentarios y aclaraciones:

Este capítulo costó mucho trabajo para que quedara como quería, escribe-borra-escribe-borra, pero al fin lo logré, espero también les guste tanto como a mí.

¡Gracias por leer!