Secuela
Anko Mitarashi
Terminó su almuerzo sin mucha prisa, quería disfrutar cada bocado, dio el último sorbo a su jugo y se puso de pie ¡Cómo le gustaba comer en lugares con buena vista!
Soltó un suspiro al tiempo que estiraba los brazos hacia el cielo, queriendo deshacerse del tedio que le causaba el estar quieta tanto tiempo, lanzó el palillo con el que estaba jugueteando para clavarlo en el tronco de un árbol próximo a ella, clavándolo justo donde debía: un símbolo de la hoja perfecto tal como dictaba la costumbre de la hora del almuerzo, perfectamente conocida por amigos y enemigos; marcaba los lugares que visitaba en el momento más importante del día, el más importante si no había misiones peligrosas, claro estaba.
Colocó las manos en su nuca y caminó a paso lento por el puente mirando su reflejo en el agua que corría por debajo, un pez saltó para atrapar un bicho que descansaba sobre la superficie, tal acto hizo borrosa la imagen, ella se detuvo siguiendo al pez con la mirada, recriminándole su atrevimiento.
La aldea estaba prácticamente vacía, era uno de esos días en los que todo mundo parece ponerse de acuerdo para visitar parientes en otros sitios, quizás por las fechas de año nuevo que se aproximaba, eso además de que la Godaime mandaba a todo aquél inocente que portara la banda de la hoja a misiones extras con tal de recuperar las pérdidas por "gastos varios", mejor conocidos como "apuestas". Por esa justa razón estaba prácticamente escondiéndose fingiendo no estar enterada de que todos, sin excepción, debían cumplir con esos encargos.
Terminó de cruzar el puente, continuó caminando por la orilla de río sin despegar la mirada del agua. Aunque no estaba corriendo o saltando de un lado a otro como se suponía que estaría haciendo según su personalidad, se sentía bien, el efecto relajante del fluir del agua había adormecido su hiperactividad… de momento.
Encontró un páramo tranquilo apenas a las afueras de la aldea, uno de esos que todo novato que lo encuentra cree que es su sitio privado y secreto ignorando que la misma idea la tuvieron muchos Genin, Chūnin y algún Jōnin despistado antes qué él, y que, por extraño que sonara; al mismo tiempo, existiendo la casualidad de que los dos o tres en turno no coincidían en horarios de visita… valla humor el que tenía la vida, hacía creer que eran dueños de algo para luego dejar en claro que solo era una ilusión.
Se dejó caer sobre el pasto sin ningún tacto, extendió sus brazos y piernas, en algún momento la tranquilidad del sitio le indujo un sueño que muy a su pesar era ligero. Pasó un rato antes de que sus sentidos le alertaran sobre una segunda presencia; abrió los ojos dispuesta a encarar al incauto que perturbaba su paz, pero al hacerlo su mirada se cruzó con un par de penetrantes orbes amarillos de pupila rasgada.
Por un segundo su corazón se encogió y le pareció que incluso detuvo sus latidos al igual que los pulmones su respiración. Sus ojos pardos estaban muy abiertos clamando porque fuera solo una mala pasada de su vista…
Varios recuerdos se aglomeraron en su mente, recuerdos que por mucho que en su infancia fueran dichosos ahora no le causaban más que molestias y ¿Por qué no? Dolor.
Cuando se graduó de la academia no cabía en sí de felicidad por ser su maestro uno de los legendarios sannin, mientras la entrenaba ya se sentía como la mejor kunoichi de la aldea…cuando la marcó…
Sintió como un calor comenzó a surgir desde su cuello, uno como el causado por una pequeña braza de fogata pero que, poco a poco, comenzó a envolverla febril y punzante.
Sus pulmones recobrados del impacto quisieron recuperar el tiempo perdido contrayéndose y expandiéndose cual ardua persecución pese a que seguía tumbada en el pasto sin que su cuerpo reaccionara a la orden de levantarse para pelear.
Era imposible, completamente fuera de la realidad, los rumores dejaron de serlo cuando se confirmó la suerte del sannin, se suponía que ya podía estar tranquila, que no volvería a encontrarse esa mirada…
Algo dentro de su ser se estremecía, y ya que creía que el pasado había sido enterrado y que nunca sabría nada más de él, el maldito se removía dentro de su tumba, gritando que realmente nunca le iba a olvidar.
Dio el trago amargo con mucha dificultad mientras una gota de sudor caía con lentitud desesperante por su sien. Amarillo dorado contra azul nocturno… la punzada de su cuello ya estaba presente en todo su costado, pero ni el dolor la movía, simplemente el cuerpo no obedecía.
Pero sabía que tenía la fuerza, ella había sobrevivido al sello maldito, la única entre todos los marcados, ella tuvo el valor para dejar al sannin tan pronto se dio cuenta de quién era realmente, ella por si sola había podido controlar esa maldición sin que nadie estuviera detrás todo el tiempo, sin ningún sello que aliviara la carga.
Le pareció todo una eternidad el tiempo que mantuvo fija la mirada, detectó un ligero movimiento, solo entonces juntó todas sus fuerzas, las de su alma para armarse de valor y las de cuerpo para apartarse tomando distancia prudente.
— ¡Que buenos reflejos! — escuchó.
Levantó la cabeza, sobre un árbol se encontraba un ninja de la hoja, por la edad lo asimiló como Chūnin a lo mucho, ya estaba preparándose para las burlas por quedarse ahí paralizada, cuando él agregó: —A mi no me hubiera dado tiempo de quitarme.
La confusión llegó de golpe ¿Hablaba en serio? Se le veía más admirado que divertido así que bien podía ser cierto ¿Cuánto tiempo había pasado?
Él continuó; —No he visto nunca aun ninja moverse tan rápido, mis respetos. Por cierto, Hokage-sama quiere verla en su despacho, ahora.
Ella sin creerlo todavía sonrió con superioridad y se alejó del lugar tan rápido como pudo, saltando de rama en rama con su tan característico estilo de maniobra aérea, mientras regulaba su chakra para calmar el efecto de su sello maldito… estúpida serpiente, ya pagaría caro el ridículo susto que le metió.
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