Lazos

Rin

Una gota de sudor nació de su frente, bajó por su nariz para finalmente caer y perderse en algún lugar. Las manos las tenía torturando la banda de la aldea en medio de un sin fin de vueltas nerviosas, tenía la cabeza inclinada, centrada en esta actividad, sin embargo, no podía evitar sentir la tres miradas fijas sobre ella.

Ya llevaba rato así, pero por más que le daba vueltas al asunto seguía resistiéndose a creer que estuviera frente a los ancianos del consejo y Yondaime Hokage, que prácticamente estaban pidiéndole la cosa más aberrante que en su vida había escuchado. Con la uña de su pulgar comenzó a recorrer el símbolo de la hoja grabado en la placa de la banda, inició suave solo como para seguir el recorrido, pero poco a poco la fuerza le fue ganado, pareciendo que quería carcomer el metal, ella solo escuchaba el ritmo de su corazón latiendo tan fuerte que quizás los demás podían oírlo también en aquella silenciosa habitación, llegó el momento en que eso se volvió tan desesperante como los tres pares de ojos sobre ella.

— ¡Basta ya! — el grito la sacó de su mundo y la obligó a levantar la mirada. Nunca, desde que fue su pupila le había levantado la voz de esa forma, miró al hombre totalmente consternada, él recobro su postura serena; —Entiéndelo, sé que su muerte aún te duele, a mí también me pesa, después de todo era mi alumno, pero podríamos aumentar la fuerza militar de la aldea si nos dices cómo lo hiciste, piénsalo bien, sin en lugar de dejar morir legados los ubicamos en nuevos portadores, muchos clanes no se extinguirían dejando al olvido sus kekkei genkai, no se trata de sentimentalismos, sino de avances.

La kunoichi giró la cabeza hacia la ventana ¿Cómo eran capaces de transformar un lazo de amistad en un arma corriente? ¿Cómo podían quitarle lo bello a un sacrificio?

No debió hacerlo, sabía que era una locura desde que su amigo moribundo se lo pidió, pero le gano el sentimiento, y ahora el secreto de los tres quería ser escudriñado por personas que jamás entenderían el verdadero significado de eso.

Su maestro tenía razón, era demasiado apasionada con sus emociones, algo imperdonable en un ninja, debía pensar antes que nada en el bien de la aldea, en los beneficios que traería un avance médico de esa magnitud, aunque las habilidades desarrolladas en la formación de médicos de la hoja era ya legendaria, militarmente podrían posicionarse a la cabeza y acabar con todos sus enemigos de una buena vez, quizás entonces habría una nueva época de paz…

Abrió los labios pero las palabras no salían, en su garganta se debatían en duelo a muerte el "sí" que enviaba su mente y el "no" que remitía su corazón, el conflicto causó un nudo que en lugar de liberar al vencedor, soltó unos sollozos. Yondaime Hokage habló en tono cansado:

—Vete a casa, hablamos luego.

No se lo repitieron dos veces, salió corriendo directo a la salida y a toda prisa abandonó el edificio, sin rumbo, solo quería alejarse. Tomó por escondite el bosque de la muerte, al que nadie se acercaba más que durante los exámenes de ascenso de rango, estaba sobre la rama de un árbol abrazada si misma mordiéndose el labio inferior para no llorar, estuvo a punto de traicionar la confianza de uno y la memoria de otro. Cerró los ojos recargando la cabeza sobre sus rodillas mientras algunas lágrimas fugitivas mojaban su rostro.

En algún momento se quedó dormida, pero se despertó en cuanto sintió un chakra de magnitud exagerada, que venía de la aldea, corrió de regreso y sin necesidad de acercarse demasiado pudo ver a una enorme bestia color rojo fuego destrozando lo que podía, sintió perfectamente las corrientes de energía de los shinobi de la aldea tratando inútilmente de defender su hogar, pero la diferencia era demasiada.

Ninjas heridos eran sacados del campo de batalla por los médicos que los atendían tan rápido como les era posible, los que aún estaban en buen estado se dividieron en dos grupos: el que debía evacuar a los habitantes y el que era oficialmente el frente de batalla, en el segundo estaba un Jōnin de mirada bicolor, que apenas distinguió a su compañera por entre la multitud se apresuró a llegar a su lado.

Mientras tanto, Yondaime Hokage pasaba corriendo, llevaba un pequeño bulto en brazos, dio una última mirada a la zona de la aldea que aún estaba en pie y se puso en marcha directo hacia donde estaba la amenaza envuelta en llamas, ya no había vuelta atrás…

La kunoichi castaña y su compañero enmascarado junto con muchos otros esquivaban las llamaradas que con toda la intención de matarles el zorro enviaba en su contra a la vez que usaban sus mejores técnicas con la esperanza de debilitar a aquella bestia. En algún momento la chica consiguió un ataque efectivo, pero su celebración duró lo que le tomó al Bijū girarse y lanzarle una llamarada con una de sus colas, el movimiento fue en realidad muy rápido pero a ella le pareció una eternidad, un momento desesperantemente largo en el que se quedó pasmada, la expresión más común en el rostro de cualquiera en su posición sería el miedo denso, lo tuvo al principio pero un pensamiento vino a su mente, un brillo se marcó en sus ojos, al parecer ya no la harían hablar… ninguno de los otros siquiera fue capaz de reaccionar de no ser por el grito que profirió ella al ser alcanzada…

Yondaime llegó, captó la atención del zorro al momento, ambos se alejaron de la aldea y comenzaron su combate aparte.

El grupo de los sobrevivientes se acercaron a la kunoichi que yacía en los brazos de su compañero de equipo, un cuerpo sin la vida ni el entusiasmo tan propio de la chica…

El alba despuntaba ya, todo había terminado, los restos de quienes no pudieron ver una vez más el sol eran llevados para rendirles el tributo merecido, al menos los que pudieron ser encontrados. El ninja, oficialmente único sobreviviente del equipo del relámpago amarillo de Konoha, seguía sumido en sus pensamientos, inmóvil, tanto así que fue uno de los que estuvieron en su grupo de batalla fue el que tomó de sus brazos a quien fuera su compañera y se la llevó, dejándolo solo.

Tras unos momentos, cuando no había nadie más que él, se puso de pie y miró hacia un montón de escombros.

—Puedes irte ya. — dijo.

Una sombra emergió del lugar que miraba, notó el siempre menudo cuerpo, el cabello y los ojos castaños, las marcas en las mejillas; la misma de siempre, movió la cabeza de un lado a otro, nunca iba a entender a esa mujer, no podía rogarle para que se quedara, había jurado protegerla y lo haría, incluso de la misma aldea, lo que fuera para que su alma no terminara de quebrarse.

Ella se acercó y puso su mano sobre el hombro del ninja.

—Es lo mejor, a ti no te preguntarán porque no lo sabes, el secreto de ese sharingan se viene conmigo. — le dijo. Acto seguido emprendió la carrera fuera de la aldea que le había dado tanto, pero que pensaba cobrárselo a un precio que no podía pagar; los lazos de amistad, lealtad y dignidad.


Comentarios y aclaraciones:

Aclaro que no tengo nada en contra de Yondaime solo pienso que era tan excelente ninja, tan buen Hokage, siempre comprometido con la aldea que haría cualquier cosa para protegerla, y no me refiero a sellar a tremendo demonio dentro de su propio hijo, sino al hecho de que quería que Rin le enseñara cómo fue posible que un kekkei genkai, específicamente el sharingan de Obito, fuera bien recibido en el cuerpo de individuo que no es portador original, entiéndase Kakashi (la explicación del porqué no se puede es eso de la compatibilidad, como en los casos médicos reales) y pues cada que un Uchiha o Hyuga muriera, sus ojos pudieran ser trasplantados a alguien más. (Este argumento me lo prestó Inner Angel de su fic "Luz en negativo" que es altamente recomendable)

¡Gracias por leer!