Dicha

Kin Tsuchi

Subió las escaleras del edificio a toda prisa con su recién obtenido tesoro entre las manos, su corazón bombeaba sangre tan rápido que casi podía sentir el flujo moverse entre sus venas. Cruzó el umbral de su departamento y de un estrepitoso golpe cerró la puerta para luego recargarse sobre ella, apretó la placa de metal contra su pecho, completamente extasiada por lo que acababa de oír…

Aquella mañana, apenas el sol despuntaba sobre el cielo comenzó a reaccionar, decidió quedarse solo unos momentos más recostada, tratando de encajar la realidad después de perderse toda la noche en el etéreo mundo de los sueños. Ya podía visualizar la habitación en la que se encontraba y en la que por años había estado, la misma que todas las mañanas le recordaba que era un ninja; un escritorio con un pequeño estante lleno de libros a la derecha, una silla con la ropa limpia, las prendas sucias marginadas en un rincón preparadas para partir a la lavandería, el guardarropa, un cofre lleno de armas. No había cuadros ni fotografías, jarrones o algún mísero objeto que indicara algo sobre la dueña de aquella habitación. La puerta cerrada tenía fijado un citatorio con tantos senbon que por más que quisiera, esa hoja no podría huir.

Intentó abrir los ojos, ya había perdido mucho tiempo, saltó de la cama, tomó una toalla del armario junto con la muda del día y corrió al cuarto de baño para tomar una ducha fría que le quitara el aletargado rastro de la cama.

Ya estaba perfectamente clara la mañana y al igual que otros shinobi se dirigió a la plazuela frente a la torre del Kage. Ella llego unos minutos antes de la hora acordada, lo suficiente para no tener que esperar demasiado, al frente ya estaban arremolinados varios disputándose el mejor lujar, prefirió quedarse poco más al medio, no tenía intenciones de pelearse por tan poca cosa como un pedazo de suelo.

Justo a la hora indicada, por el balcón de la torre, la silueta del líder serpiente junto con los cuatro del sonido se hizo presente. El silencio se concibió sin necesidad de que aquél lo pidiera. Ella levantó bien la cara, no quería perder detalle alguno, si había reunido a todos sin duda se trataba de algo importante. Recorrió a los cinco, los guardaespaldas detrás de su señor, uno de ellos llamó su atención, la única chica, la guardiana de la puerta norte; algún día ella también estaría ahí, mirando a los novatos desde arriba, cuando lograra demostrar que era la mejor kunoichi.

Las palabras del líder comenzaron a salir de su boca en un bajo y rasposo serpenteo, a medida que el discurso avanzaba ella estaba más y más prendida, cada vocablo la llenaba de ganas de tomar sus armas y salir al combate en ese momento.

—Tenemos ante nosotros la oportunidad de tomar la sangre, el miedo y la lágrimas de unos ninjas que no reconocen la grandeza de nuestra gente como iguales a ellos…

Cierto, todos aquellos que no la veían como igual, y los que más de una vez dudaron de su habilidades debían caer bajo sus senbon.

— ¿Cuál es nuestro plan? Les diré: Hacer la guerra desde fuera y desde las entrañas de sus filas, con toda nuestra potencia y con todo el ímpetu que nuestras almas nos puedan dar; nuestra fuerza nunca será superada por el lamentable catálogo de shinobis de la hoja…

La chica sentía como una llama ardía en su pecho, nunca se había sentido así, ni siquiera en las batallas que había librado, sintió la enorme necesidad de vitorear a aquél que le había dado la inigualable oportunidad de formarse a pulso un destino como mujer independiente, sin las ataduras moralistas, desde que lo conoció comprendió sus ideales, debía ser fuerte para poder imponerse a otros, gracias a él conocía la verdadera esencia del combate, la había adiestrado en las artes mas excelsas, estaba lista, quería gritarlo, quería que la considerara como un soldado dispuesta a todo.

—… ¿Cuál es nuestra ambición? Una palabra: Victoria, a toda costa, sembrando el terror; por largo y duro que pueda ser el camino; porque, sin victoria, no hay supervivencia. Y que quede claro: no habrá clemencia para todo aquello que esa aldea ha defendido como correcto, ni para el impulso de futuras generaciones, no debe quedar nada…

Apenas terminada, una explosión voces en un único grito de guerra se hizo presente, todos estaban ya bajo el hechizo de la serpiente. El líder miró complacido a sus súbditos para luego adentrarse en la torre.

La kunoichi seguía con el fulgor del discurso en el pecho, ya se dirigía a su entrenamiento, dispuesta a dejar cada gota de sudor en el lugar cuando una mano sobre su hombro la detuvo haciéndola girar sobre sus talones, vio a la chica que hacía unos momentos acompañaba al líder en el balcón, le indico que la siguiera y así lo hizo.

Llegaron hasta el despacho principal, entró sola. Tras el escritorio se encontraba el kage, sonriéndole con esa malicia tan característica, este le señalo una silla al frente suyo, ella negó, prefería estar de pie.

Al borde de la mesa se encontraba una banda con la marca del sonido, la observó con detenimiento, él solo se las entregaba a quienes consideraba dignos de llamarse ninjas, y ella deseaba la suya desde hacía mucho, ya había hecho varias misiones, todas exitosas, pero aún el privilegio le era negado. No supo cuanto tiempo se quedó prendada de aquella placa, de lo único que fue consciente, fue que le dijo que era suya.

Tardó unos momentos en reaccionar, en asimilar cada palabra, miraba los ojos de su líder y la banda alternadamente, sin atreverse siquiera a acercarse por miedo a que solo fuera una mala pasada de su oído, lo que era realmente absurdo considerando que el oído el arma secreta de la aldea. Él no lo repitió, ella levantó una mano, la dirigió a la cinta, estaba temblando y sudaba frío, el estomago se le oprimía, sintió un temblor recorrerle la espalda. La sostuvo en sus manos, seguía dudando, finalmente era suya.

—Tu equipo se encargará de infiltración, asistirán a las pruebas de exámenes Chūnin que organiza la hoja, tiene un objetivo particular, pero de eso hablamos luego, te reúnes con ellos en dos horas aquí mismo.

Tragó saliva, de entre todos los ninjas de la aldea la había escogido a ella específicamente, estaba a un paso más cerca de alcanzar su meta, sus sueños de gloria parecían más reales, en definitiva se había dado a notar, todo el esfuerzo, todo el sufrimiento era reconocido.

Asintió levemente, salió queriendo mostrarse tranquila, como si siempre hubiera sabido que eso tenía que pasar, pero apenas estuvo fuera de la torre, emprendió la carrera de regreso a su departamento, debía prepararse.


Comentarios y aclaraciones:

Nótese la diferencia con Tayuya, Kin en verdad llegó a creer en Orochimaru y hasta se dio el lujo de tener sueños y aspiraciones.

Esta confianza la llevó a mal fin.

¡Gracias por leer!