Máscara

Karin

Al fin terminaba un día más, un día de tantos donde debía cuidar de hacer lo mismo de siempre: molestar al dientes de tiburón y al grandote, gritar un poco, sus aires de grandeza, todo en orden. Pero resultaba realmente cansado, y no lo decía por su garganta que pedía agua y descanso. Se quitó los lentes arrojándolos sin tacto sobre la mesa de noche, siguió su trayecto sin pausas hasta el cuarto de baño al que entró asegurándose de que la puerta cerrara dando un fuerte golpe ¿Por qué justo ahora después de tanto tiempo tenían que volver esos recuerdos?

Se miró al espejo, ahora que estaba sola podía sacarse la máscara. Como una costumbre llenó la tina mientras se despojaba de sus ropas. Desabotonaba con parsimoniosa calma su blusa, con la mirada perdida en algún punto del baño que poco a poco se llenaba de vapor, se la quitó con cuidado, mientras se sacaba una manga la palma de su mano inevitablemente recorrió su brazo sintiendo los bordes de cada una de las cicatrices que la atestaban.

Su mirada seguía ausente, un suspiro se escapó, con el pulgar comenzó a recorrer una a una… sonaba ridículo, pero recordaba quien se las había hecho… y no todas eran por estar necesitados de chakra… con el sentimiento de ira que la invadió, acertó a clavar su puño en una de las baldosas del baño rompiéndola.

—Estúpida…estúpida, estúpida, estúpida…— se recriminó varias veces por eso, por no haber podido hacer nada, por haberse quedado quieta sin luchar, sin ser capaz siquiera de mantenerse digna.

Su mente voló, no podía evitarlo, algo como eso jamás se olvidaba sin importar lo que llegara después; las imágenes que hacía mucho no recordaba, aquellas que se había empeñado en encerrar bajo llave en el archivo muerto de su mente y hoy conspiraban para atormentarla… besos sin amor, caricias vacías, solo actos para calmar la sed de otros, una muñeca para descargar tensiones y frustraciones.

No pudo aguantarse más, se llevó las manos a la cara, y por primera vez en muchos años rompió a llorar como una niña desolada, se abrazó a sí misma, cerró fuerte los ojos mientras luchaba contra su traidora memoria, se sentía sucia aunque ya habían pasado años.

Podía sentir perfectamente las manos rugosas recorrerle cada parte del cuerpo, cada tramo de piel, comenzaba en los muslos y subiendo hasta la cadera, la tomaban de la cintura, el vientre, la espalda, su pecho… la saliva pegajosa recorriéndola toda, cada aliento diferente que resoplaba en su cara con los ariscos gimoteos, cada brusco movimiento, cada mordida en el hombro, la sangre que se deslizaba poco a poco por su piel y era recogida por la lengua de su acompañante como un morboso placer, los cuerpos diferentes que aprisionaban su, entonces, pequeño cuerpo, el calor sofocante, las manos en su cuello limitando su respiración como fetiche excitante… las veces que deseaba que alguno de ellos pusiera más fuerza de la normal y terminara con su vida, las veces que despertó sola tratando de creer que todo había sido un mal solo sueño, las misma veces que la sangre en la cama que le hacía consciente de su deplorable realidad.

Siguió desbordando su llanto como el agua que salía de la bañera, ese día, tanto tiempo después, uno de esos amantes sin rostro había surgido de la nada, la había mirado de pies a cabeza, se había atrevido a mencionar los inmundos instantes que habían pasado juntos, la había llamado "zorra", "su zorra" y todo sin necesidad de decir una palabra, esa mirada lo decía todo, esa inspección lasciva…

¿Cómo define a una zorra? ¿Cómo una mujer se gana el título? ¿Con que derecho puede llamársele así?

Tantas veces lo había oído para ella que poco a poco perdió el significado, hasta ser una palabra más a la que reaccionaba con violencia ya sin que le doliera realmente.

Había pasado tiempo y ella había elegido olvidar, dejar que el tiempo se llevara sus penas… que los gritos a sus compañeros sofocaran el llanto de su corazón, que su mal temperamento ocultara a la niña herida, las dos personalidades que sacaba a relucir se encargaran de mantener sometido su agotamiento por tratar de mantener todo en orden.

Pero ese día casi se iba por la borda, por esos malditos recuerdos, por esas noches que se quedaron marcadas en su piel.

Poco a poco su llanto se calmó, la desolación cedió el paso al furor, nadie debía saberlo nunca, nadie podía saber lo mucho que dolía saber que sus sentimientos morirían sepultados en un mar de máscaras.

¿Veían una zorra? Lo sería. Una que usara todas las armas que tenía para recuperar la dignidad que le habían robado.

Levantó la mirada buscando su porta kunais, sacó uno y vio su reflejo en él, sus ojos hinchados por el llanto y sin embargo, afilados por la decisión. Todo estaba en orden, todo estaba saliendo de acuerdo al plan; su papel en el equipo marchaba como debía, solo necesitaba alejar todas esas sombras de su pasado que podían tirarle todo… una nueva cuenta de cicatrices… ahora solo habría marcas de batalla.

La sangre se mezcló con el agua que ya hacía rato desbordaba la bañera, un color rosado cubrió el piso. El kunai se deslizaba por las marcas superiores, se llevaba la piel, se llevaba la cicatriz, se llevaba la marca del pasado, el mismo que sus compañeros no debían conocer. La versión que tenían ellos distaba mucho de lo que en verdad ocurrió, después de todo, solo habían oído lo que cualquier hombre diría ella, que era una zorra, pero no importaba ya que eso era mejor, no quería la lástima de nadie.

Todo iba a estar bien. Sentía el chakra de sus compañeros, ninguno estaba cerca, dos entrenando, uno en calma… podía sentir el esfuerzo del moreno, podía verlo en su mente, el príncipe que toda mujer desearía, los cabellos rebeldes meciéndose por el moviendo de su cuerpo forjado al calor de la batalla, su mirada negra y profunda como el abismo de su corazón.

Sonrió, solo era cuestión de tiempo, debía ser paciente, el kunai se detuvo y la sangre fluía, el rojo de la cabellera se comenzó a fundir con el del líquido espeso que brotaba… no había sido tan difícil, podía aguantar un tiempo más con la máscara, como una perfecta kunoichi.


Comentarios y aclaraciones:

No sé, todas esas cicatrices en sus brazos, y los gritos medio orgásmicos que da cuando la muerden, como que eso pervirtió un poco mi mente, no podían ser solo por batallas en las que cede su chakra.

¡Gracias por leer!