Identidad

Yugito Nii

Desde el momento en que supo que dentro de su cuerpo de encontraba sellada una de las nueve bestias con colas supo que no iba a ser fácil salir adelante.

Cuando caminaba por las calles y la miraban como la más grande aberración, la odiaban por solo haber nacido, a la vez que le tenían miedo, como si fuera a atacarlos en cualquier momento. Si se acercaban, era con la misma desconfianza que a un perro callejero, entonces supo entonces que estaba sola.

La primera vez que se enamoró, la primera vez que suspiró y se atrevió a dejarse llevar con ensoñaciones, poemas y flores, el primer tierno amor que surge por un compañero de clase, la primera… y última vez que se declaró. El rechazo total y humillante, ahí supo que en definitiva, nunca sería como las demás.

El día de su graduación de la academia, cuando recibió la banda y el título de la mejor de la clase, la envidia y el recelo en los ojos de sus compañeros, la frialdad de su maestro… le quedó claro que hiciera lo que hiciera, nunca les iba a dar gusto.

Su primera misión como ninja de la aldea de la nube, encomendada por el propio Raikage como "prueba de su fortaleza", debía completarla sola por situaciones no especificadas y que al momento no le importaba porque creyó que era su oportunidad. Apenas llegó al punto acordado una emboscada la esperaba, la misión que le habían asignado en realidad era la de carnada para tentar terreno enemigo, para que el verdadero equipo shinobi que había sido enviado detrás suyo tuviera paso libre.

Justo en el instante en que la desesperación de ir perdiendo la batalla se volvió demasiado fuerte para soportarla, ocurrió… sabía que en su interior se encontraba el Nibi, lo tenía presente a cada momento de su vida, pero solo hasta ese momento pudo verlo frente a sus ojos, el felino se mostró mucho más imponente de lo que le hubiera gustado, pero algo hizo conecte entre ambos, no la atacó, no la amenazó, solo le ofreció lo que mejor sabía dar: venganza…

La oferta era tentadora ¿Por qué permanecía leal a la gente que no la apreciaba? ¿Por qué moriría así; sin probar la gloria de la victoria alguna vez en su vida? ¿Por qué el éxito de la misión se lo dejaría a los tipos cobardes que la enviaron por delante? ¿Por qué ella y no el hermano del Raikage que compartía naturaleza con ella?

Las llamas azules envolvieron su cuerpo y el Bijū de dos colas emergía glorioso para consumir todo lo que alcanzara, ella no se resistió, quizás por eso el felino le dejo consiente, para que viera el fruto de su poder.

Todo parecía tan irreal, nunca había hecho algo para merecer el trato que le daban, nunca se había rebajado a darles la una mínima razón para llamarla bestia, vio cada uno de los rostros de aquellos que caían bajo bolas de fuego explosivas, los que quedaban prensados de las zarpas de Nibi, ahora sí podían llamarla como se les diera en gana, el miedo estaba justificado, el odio tenía una razón de ser…

Fue en esa primera transformación que se dio cuenta de la verdadera carga que tenía que llevar como Jinchūriki. Cuando todos hubieron desfallecido ella le ordenó detenerse, sin embargo, fue ignorada, la sed de venganza no había disminuido, al contrario, había aumentado la necesidad de caos y destrucción, muy al contrario de lo que el Bijū había argumentado, no se sentía mejor…

Trató de detenerle, gritó, suplicó y hasta lloró, la aldea en la que habían entrado estaba siento totalmente masacrada, no había distinción entre ninjas y civiles, hubo un momento en que ya había perdido la esperanza, y por extraño que pareciera, también había perdido el miedo… que en si era el significado de la palabra desesperación.

¿Ves Yugito Nii? El poder tiene la increíble capacidad de darte el respeto, de hacer que levanten la mirada ante tu sola presencia… ¿La sientes? Esa deliciosa sensación de ser más que los demás, de tener la última palabra sobre si vive o muere cualquier patético ser que se cruce en tu camino, de aquél pobre diablo que ose retarte, eso es lo que somos, para eso existimos, para recordarle al mundo que la muerte es inevitable, que los fuertes tenemos derecho sobre los débiles.

Le seguía escuchando, cada palabra, pero a diferencia del ofrecimiento inicial ya no había nada de valor en lo que escuchaba, se sentía usada y un cosquilleo en alguna parte de su alma la incomodaba de sobremanera… el primer castigo del culpable era que su conciencia juzgaba y no lo absolvía nunca.

Desistió en sus intentos por contenerle, lo meditó un momento: "los fuertes tenemos derecho sobre los débiles" eso había dicho, pues le tomaría nuevamente la palabra… respiró profundo, tenía que calmar la ansiedad suya primero para que, debido a su conexión con el Bijū, le calmara después… puso su mente en blanco, no tenía que haber nada que la bestia usara en su contra para sacarla de sus casillas. Relajó sus músculos, limitó el flujo de chakra de su cuerpo, por inercia también comenzaron a restringirse los del felino y mientras este hacía esfuerzos frustrados por recobrar el control, ella poco a poco le encerró.

Todo estaba en silencio, seguía con los ojos cerrados sofocando los alaridos que retumbaban en su mente… poco a poco los abrió nuevamente, la destrucción a su alrededor no tenía reparo alguno, las vidas que había tomado no podrían ser reemplazadas jamás, miró al cielo, estaba ligeramente nublado por el humo del fuego, pero ya se despejaría.

Desde el momento en que comprendió que podía controlar a su bestia de dos colas… supo que no era víctima de nadie, por el simple hecho de que ella ya no se veía así.

Cuando marchó de regreso a la aldea y se encontró con un sobreviviente del equipo que atacó, lo ayudó a regresar, él la miraba como una bestia feroz… entonces supo que no debía buscarse a sí misma en otros, porque los demás solo ven lo que apenas tenían frente a la nariz.

La primera vez que cruzó la puerta de la aldea como shinobi volviendo de misión, sin heridas, sin agotamiento, muy al contrario de aquel pobre que traía a su espalda… supo que, en definitiva, no tenía caso ser igual que todos.

En ese día de muerte, que muchos hubieran preferido evitar, que muchos hubieran preferido olvidar… le quedó claro que su camino ninja era especial, no solo debía velar por su propia suerte, sino que también la de los demás dependía de ella.

Su primera misión, se enfrentó al propio Raikage no por haberla usado, sino por haberla subestimado, por no creerla capaz de ser tan buena como cualquiera.

Porque no era solo una Jinchūriki, ni tampoco un Bijū, no exigía trato especial, pero tampoco se merecía la denigración que le habían estado ofreciendo, lo que quería era simplemente que se le viera como Yugito Nii, ninja de la aldea de la nube, y no como Nibi, el Bijū de la destrucción.


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