Inexplicable
Shizune
La mañana clara que anuncia un nuevo día es siempre para aquél que no reniega de su suerte, un momento perfecto para mirar a su alrededor y darse cuenta de que el gran secreto de la vida consiste en producir la propia dicha sin necesidad de esperarla de otros.
El mundo ninja funcionaba más o menos igual para ella, y no era que viviera sumida en un mundo romántico ajena a lo que acontecía día a día, no era que desconociera las tristes verdades que encerraban las bandas de la hoja, ni tampoco que mirara las falsas sonrisas de sus compañeros y que en alguna ocasión llegó a usar sin que nadie lo notara.
Resultaba difícil explicar la razón por la que alguien a quien se le habían dado tantos tragos amargos encontrara la razón más insustancial para sonreír, para que resultase agradable el trabajo de papelería.
Era completamente inexplicable que siendo ella quien tenía en sus manos todos y cada uno de los tristes reportes que se asignaban y recibían, pudiera salir a tomar un pequeño descanso en la terraza de cara al sol, tranquila y relajada…
Una sonrisa… una contracción de músculos faciales que cualquiera podía repetir sin mayor problema, pero solo algunos eran capaces de transmitir toda la complejidad del origen sentimental de la mueca.
Una mirada… el posicionamiento fijo de los orbes que comúnmente se empeñaban en analizar cautelosamente cada movimiento, en dejar libre algún dōjutsu, y hasta transmitir toda el aura asesina que un ninja era capaz, pero siempre dejaba de lado la apertura del alma que por considerarse una debilidad, las personas como ella quedaban de lado cuando de combatir se trataba.
Un roce… el contacto de pieles que si se es un ninja es estrictamente para aplicar alguna técnica pero que ella había redescubierto el valor de hacerlo solo para dar apoyo, ánimo y sobre todo entregar el corazón.
Cada día que se levantaba tras apenas haber dormido un par de horas, cada día rogarle a su maestra saliera de su propio círculo destructivo, hacer de todo un poco, enfrentar el tedio diario que imponían las reglas y códigos, el protocolo, dejar un poco de ella en cada asunto a atender, una huella en la vida de quien pudiera conocerla.
¿Por qué?
Solo aquél que se alejaba de otros por miedo a ser herido no vivía realmente, porque nadie debería estar solo y ella conociendo las penas que acarreaba el camino del ninja lo sabía muy bien. No por querer evitar el sufrimiento, no por la gastada utopía de hacer felices a las masas, solo por lograr hacer más llevadero el camino de la vida.
Increíble que una kunoichi entrenada tanto para la batalla como para reparar los estragos de ella, se mantuviera tranquila en todo momento, que pudiera ser fiera en un segundo y un dulce ángel al otro. Que fuera posible que una sola alma cargue con sus propias penas y las de otros, aún tenga espacio para un poco más.
Y precisamente por ser totalmente increíble, era más inconcebible el hecho de que nadie notara su gran habilidad, no para fingir, porque eso no lo sabía hacer, tampoco para olvidar porque nadie podría suprimir cada detalle perturbador del que ella era consiente… una habilidad que cualquiera podría desarrollar, de no ser porque se le consideraba tan poca cosa como para considerarse técnica shinobi: afrontar, asimilar y superar.
Ella sabía que sufriendo no lograría detener al criminal que devastaba alguna aldea de granjeros, que llorando por el asesinato de una familia no se atrapará al culpable ni tampoco cerrando la puerta el hedor de la muerte este se alejaría.
El trabajo de asistente es del que muchos huían despavoridos porque conocían los horrores que en forma de papel llegaban al escritorio, porque entonces sabrían exactamente cuántos compañeros de batalla no verían un nuevo día y de qué forma habían caído, porque un kunai certeramente clavado era tan solo la forma más elemental de cortarle la existencia a alguien.
Y aunque es bien sabido que la maestra Hokage asignaba las misiones, era el asistente quien debía entregar el papel en manos de aquél que se envía conscientemente, o a un atropello al orgullo ninja por lo ridículo o a su propio sepulcro en algún lugar olvidado.
Pero aunque ver los rostros cansados de la vida llegaba a afligirla, tenía que reponerse pronto para no entrar en el ciclo depresivo que envolvía a todo aquél que se aventurara a formar parte de la fuerza militar.
Paz en el alma, más que poder o invencibles técnicas, paz es lo que necesitaba cualquiera que tuviera sangre en las venas y ella lo sabía, la buscaba en cada oración que remplazaba un recuerdo amargo, en cada sonrisa sincera que equilibraba la balanza de su humor y hasta en las flores que algún anónimo dejaba en su escritorio cada mañana.
Quizás eso sería lo que le incomodaba un poco, no saber quién era el galante caballero de aquél detalle.
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Extraño, absurdo, ridículo e insólito, eso le pareció al entrometido cuerpo falso que hurgó su mente para encontrar al Jinchūriki… sin sentido… eso debía ser… ningún mortal podría estar con tanta calma a un instante de su inevitable muerte… imposible…
Tomó su alma, de algo serviría, pero la duda seguía ¿Qué era esa sensación que la rodeaba? ¿Qué era esa inusual tranquilidad?
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Todo silencio, todo calmo, sabía lo que había ocurrido, sabía que había perdido, no pudo evitar esbozar una sonrisa triste, no por sí misma, sino porque simplemente le hubiera gustado que los demás aprendieran eso que ella tan bien sabía. No había razón para llorar aunque la despedida había sido repentina, aunque el dolor amenazara con destrozar los ánimos, no se puede matar a una persona que tiene refugio en el corazón de alguien más, como su tío, sus padres, sus amigos perdidos a causa de quienes no pudieron ver esa luz brillando desde el interior de cada uno.
Ella había amado y se sabía amada, no como objeto de deseo de algunos hombres o compañera de cama, se sabía amada como amiga y confidente, colega de profesión en el hospital y maestra para los más jóvenes.
Si tan solo pudieran entender… pero no podía explicarlo, y no porque su cuerpo yaciera inerte sobre la tierra, sino porque la paz era algo que tenía que encontrar cada uno, siguiendo su propio camino.
Comentarios y aclaraciones:
Si ya leyeron los capítulos del manga sabrán entonces que de este fic "Lazos" ya no sirve
Pero en fin, sé que había dicho que iba a hacer réquiem más que para Tayuya, pero Shizune lo ameritaba.
¡Gracias por leer!
