Suplicio
Mikoto Uchiha
Estaba sola en la habitación obscura, pero ese era el menor de los detalles, un ninja debía ver perfectamente aún en esas circunstancias o cuando menos estar conscientes de lo que había en su entorno, y ella ya se había percatado: nada. Estaba sentada en un cubículo de no más de cuatro metros cuadrados. La puerta estaba a su espalda y al menor ruido su corazón aumentaba el ritmo de sus latidos pensando que finalmente llegaría su turno, pero casi al momento recordaba su posición en la escalera del clan. Sus padres no habían tenido la fortuna de ser descendientes directos, la rama de su casa se alejó bastante de la del líder y eso la dejaba como última para la ceremonia.
El Omiai… toda su vida se preparó para eso y ahora que ya tenía la banda de la hoja en sus manos estaba en posición de presentarse en el templo Nakano junto con las otras chicas del clan.
Estaba tentada a juguetear con las mangas del kimono que llevaba, pero se abstuvo porque no podía dar muestras de titubeos, optó por solamente ajustar los protectores negros de los brazos que usaba debajo de tan elegante ropa de fiesta.
Tras un rato más, la puerta corrediza dejó entrar un poco de la tenue luz rojiza a su pequeño espacio. Se levantó hasta que se lo indicaron, se giró hasta que se lo pidieron, caminó tal y como le ordenaron.
Avanzó por el pasillo con el rostro en alto pero detrás de quien le servía de guía, en silencio, solo girando los ojos de tanto en tanto para captar detalles del sitio, solo había entrado una vez, y de eso hacía ya varios años, así que no recordaba mucho. Curioso que ahora que regresaba era solo para la ceremonia del Omiai… la presentación formal con algún varón del clan con esperanzas de casamiento en puerta.
Había visto a varios chicos, viviendo en la entrada era imposible que no notara quien entraba y salía del barrio. Así como había grandes prodigios, también había algunos que resultaban indignos de poseer el apellido del clan.
El líder, junto con un grupo de consejeros, eran quienes armaban las parejas; buscaban las virtudes de cada chica, centrándose en lo culinario y su papel como ama de casa además, por supuesto, de su rendimiento como kunoichi, especialmente mientras más alto estuviera posicionado el chico en la escalonada del clan.
El entrenamiento habitual de las kunoichi Uchiha no difería del conjunto de habilidades del ninja promedio, mantenían núcleo común con ellos ya que era necesario enviarlas a la academia como cualquier otra aspirante a shinobi. Se las instruía como verdaderas agentes de inteligencia pero enfatizaban en formarles personalidades maternales para que fueran capaces de sobreponer el bien de su descendencia ante cualquier otra situación.
Las tardes en el barrio, tras terminar las clases de la academia se resumían en lecciones de cocina, conocimiento de todos los rituales del clan, bordados, costuras, atención médica de primera instancia, protocolo y etiqueta.
Siempre calladas, siempre de acuerdo con los altos mandos y condicionadas para aceptar la voluntad de estos fuese cual fuese la orden.
Cuando la pareja se armaba, se presentaba en el Omiai y la única esperanza de la kunoichi para no casarse si el prospecto no le gustaba era que el sentimiento fuera recíproco, entonces no se hacía la boda y el par quedaba en espera de la siguiente ceremonia.
Llegó con su acompañante a la sala principal, este le abrió la puerta y le dejó entrar sola. La iluminación del sitio no era mayor. Los muros tenían estandartes con el abanico, símbolo inconfundible del clan. Sus padres estaban a la izquierda, los del novio a la derecha. Hizo una breve reverencia sin fijar la vista en ninguno de los lados, no podía ver a su posible esposo si no estaba en su sitio, se acercó y lo tomó… solo hasta entonces fue consciente de que estaba sucediendo algo que no debería…
A un lado de su familia se encontraba otra… con otra novia.
Sintió el hueco en el estómago y este se hacía mayor cuando el líder mencionó la razón de su decisión. El novio era su hijo, y las dos presentes tenían las más altas notas de desempeño en todos los aspectos, así que, siendo que estaban en calidad de iguales, había optado por dejar que su hijo escogiese.
El chico se puso de pie caminando despacio hasta donde las dos chicas aguardaban. Las miró por largo rato, como quien revisa la mercancía antes de comprarla.
— ¿Por qué me casaría con una mujer que casi no tiene sangre Uchiha? — soltó mordaz a Mikoto. Ella no bajo la mirada, solo se quedó callada tragándose el dolor de sus años de esfuerzo pisoteados.
— ¿Por qué me casaría con una mujer que tiene más talento para sonreír que para ser shinobi? — agregó a la otra que no pudo evitar desplegar la sonrisa despectiva a su competencia que acababa de ser humillada.
.
La noche estaba en calma, solo algunos perros ladrando y el ulular de una lechuza. Escuchaba claramente el chocar de las shurikens, la espada deslizarse por la carne, casi juraba que la sangre corriendo por la calle también. Pero ella estaba tranquila, ya sabía lo que venía porque, aunque no podía leer a un ninja de nivel muy superior al de ella, ella era su madre y como hijo no había sido tan difícil.
La puerta se abrió y cerró en cuanto él estuvo adentro. La luna llena era lo único que iluminaba el masacrado barrio.
— ¿Por qué no has llamado a un escuadrón? — le preguntó casi en un susurro a la mujer.
—Sabes que no hubieran venido… solo les hice el favor de no hacer tan obvia para los demás la orden de acabarnos.
—Lo sabías.
El joven se colocó detrás de su madre que permanecía sentada mirando por la ventana.
Luna llena…
En el silencio de esa noche de muerte unos pasos que apenas se escucharon sonaron sobre las baldosas de madera, la otra puerta se abrió de golpe y el líder del clan se lanzó sin preguntas ridículas contra el mayor de sus hijos. De ella apenas se movió el cabello, solo cerró los ojos para no llorar. El hijo había vencido al padre y este ahora se encontraba frente a ella buscando su mirada… se la concedió junto con algunas palabras:
—No tienes idea de todo lo que soporté para tener un buen prospecto en el Omiai, de todo lo que he pasado por ser como eres, tus palabras crueles, tus silencios hirientes…
— ¿Esta es tu venganza? — preguntó el hombre.
—Ahora entiendo porqué me escogiste… una mujer orgullosa no podría ver los pequeños detalles que hacen de una casa un hogar ¿Cierto?
Fugaku sonrió de medio lado.
—…Pude haber escogido a la más fuerte, pero elegí a la mejor
— Perdóname, por saberlo y no decirte… te amo demasiado, y no puedo soportar ver cómo te conviertes en el monstruo de la aldea.
—No te preocupes por mí… Sasuke es…
Itachi no le dejó terminar, había permanecido quieto pero al oír el nombre del más pequeño levantó la hoja de su arma y en un corte limpio acabó con la mujer, sumisa ante él como lo había sido siempre.
Fugaku apenas pudo arrastrarse un poco para abrazar el cuerpo de su esposa mustiando algunas cosas incoherentes sobre el porqué ella y no otra, antes de que el prodigio del clan terminara la escena.
Si tan solo los Uchiha fueran menos orgullosos, quizás nada de eso hubiera pasado, si no hubieran deseado más influencia en la aldea, si no hubieran preferido reprimir la ternura del amor, si no hubieran puesto por delante la máscara del honor, si hablaran con el corazón nada de eso hubiera pasado. Eso fue lo que pensó Mikoto antes de caer de espaldas al suelo… que extraño era, le pareció sentir las manos ásperas de su marido tomando dulcemente las suyas… no lo había hecho ni durante la boda… se sentía bien…
Comentarios y aclaraciones:
La verdad es que fue un poco complicado, tenía que meter la masacre del clan, otra cosa más relevante de ella no se sabe.
Por cierto, ¿alguien además de mi notó que la muerte de Mikoto y Fugaku se veía como que no hubo pelea? Es decir, el cuerpo de ella estaba acostado como si nada con Fugaku encima como abrazándola… no sé, de ahí me basé. Claro además de mi teoría de que Mikoto tonta no era, sabía que su hijo se traía algo pero no dijo nada.
En fin, de cualquier forma
¡Gracias por leer!
