Odio
Koharu Utatane
Sus pasos hacían eco en el desértico lugar, los pasillos estaban vacíos, no había muchos trabajando en el edificio y así le gustaba más, no era partidaria de estar escuchando vocecillas y risas tontas expandiéndose en temas poco importantes, tan absurdas eran las conversaciones que sostenían algunos de los ninjas que de tenerlos ahí solo haciendo eso, a reducir el personal, prefería lo segundo.
Llego con tiempo de ventaja al salón donde se realizaría la reunión así que a sabiendas de que era la primera entró sin llamar.
La ventana estaba abierta por lo que podía ver perfectamente el atardecer que caía pesadamente sobre la aldea de la hoja; su aldea. Los tejados de dispares colores reflejaban los rayos cálidos hacia los muros igualmente de distintos tonos jugando con la visual y creando un extraño efecto cuando se le miraba desde una posición alta donde las sombras no podían ocultar nada.
No salió hacia el balcón, no había necesidad de hacerlo, desde su posición captaba esos detalles perfectamente y aún con los ojos entrecerrados como siempre, nada escapaba de su visión, porque así debía de ser ella como consejera, consiente de todo los movimientos por mínimos que fueran, por insignificantes que parecieran, cada detalle debía pasar por su meticulosa inspección.
Su compañero entró a la sala a los pocos minutos. Como era costumbre desde hacía ya varios años solo inclinaron la cabeza a modo de saludo. Los dos ancianos tomaron sus sitios habiendo cerrado la ventana y dejando el lugar a penas alumbrado por una bombilla. Nada se escribía durante sus reuniones así que no había problema alguno con la tétrica iluminación. Al poco rato unos golpes en la puerta los sacaron de estado meditativo, una joven médico de cabello negro anunciaba con cierta emoción la llegada de la Godaime.
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Nunca iba a comprender la razón por la que a la gente le costaba tanto seguir unas sencillas instrucciones. En esos momentos atravesaban una crisis y le parecía increíble que se sobrepusieran sentimentalismos absurdos a lo que realmente importaba.
El que no arriesga no gana. Así de sencillo, así de fácil.
Los combates ninja eran confrontaciones confusas en lluvias de genjutsu, ninjutsu y como último recurso taijutsu que rara vez se extendía a días enteros, el chakra tenía un límite y casi nunca se obtenían resultados decisivos quedando los oponentes agotados; no había caso alguno de mantener un combate si no era para defender la aldea, cuando quien ha dado el primer paso agote sus elementos, y era lo que la quinta no quería entender: el Jinchūriki del zorro de las nueva colas debía permanecer dentro de la aldea y solo responder como defensa.
Konoha estaba a la cabeza de las aldeas ninja y no por faroleo, sino porque sus filas de ninjas efectivos, independientemente de sus niveles, estaba por encima de muchas otras naciones y para equilibrar debilidades se formaban los equipos. De nada le servía tener a todos sabiendo de todo para que al final no tuvieran nada interesante que ofrecer en combate. Había piezas suficientes como para movilizar equipos y acabar con las primeras líneas de atacantes.
Ya estaba cansada, ninguna de las dos cedería a su palabra: el factor humano del pequeño rubio o el factor shinobi por inmadura que fuera su capacidad militar.
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Las ruinas de las casas crujían a sus pies mientras miraba pasivamente lo que quedaba de la aldea oculta de la hoja. Vio a los shinobi movilizarse de un lado a otro, a los heridos que eran atendidos, a los que lloraban a sus muertos y los que miraban tranquilamente lo que ella hubiera preferido guardar para más adelante. El poder del Jinchūriki se había revelado innecesariamente contra un enemigo que con algunas escuadras ninja bien armadas se hubiera podido vencer. No pudo evitar el sentir una opresión en su viejo pecho; los tejados de dispares colores estaban destrozados al igual que muros ahora cubiertos de escombro, ya no más reflejos de luz del atardecer, ya no más juegos de colores sin combinar.
¿Y dónde estaba la fuerza militar de la que Konoha estaba tan orgullosa?
Saltando de un lado a otro sin saber exactamente qué hacer, tantos ninjas entrenados para nada, solo se trataba de una cuestión de organización que fueron incapaces de hacer por su cuenta con la quinta inconsciente, el ermitaño caído en combate, y el ninja copia ausente… era tan… frustrante.
Quisieron vencerlo uno a uno en lugar de cooperar todos en combate común. La situación era desesperada, lo que empeoraba la efectividad de la filas dejando solo a unos cuantos queriendo organizar un grupo de hombres aturdidos. Si tan solo hubieran dejado de lado la naturaleza humana y su sinfín de dilemas existenciales para solo contemplar la fuerza militar, un par de bajas habrían sido suficientes para detener esta locura de batalla con tantas muertes sin sentido.
Y aún ahora escuchaba los murmullos: fue culpa del consejo.
La odiaban, muchos secretos se habían filtrado, la maraña de movimientos ocultos se había venido abajo con el paso lento de los acontecimientos. Aunque no era novedad, ya sabía que no estaba en alta estima para casi todos los shinobi que portaran banda de la hoja. Porque ella era la maldita vieja, la bruja sin corazón, la mala de la historia y sinceramente no le molestaba ni reconocerlo siquiera, estaba orgullosa de haber servido a su aldea aún siendo una senil kunoichi.
El Jinchūriki había vencido, pero solo a un enemigo y los que vendrían ya conocían el juego, se habían quedado sin cartas.
Lo que en cierta forma le causaba gracia, era que aunque hubiera quedado aplazada en el proceder de la actual situación, aunque no se hizo lo que pidió y al final de cuentas se usó la trillada estrategia del héroe épico… ella simplemente seguía siendo odiada.
Comentarios y aclaraciones:
Y he aquí mi inconformidad con la batalla contra "Super Pain"
Si se hubieran organizado desde el principio en lugar de dejar que Pain rondara por no sé cuánto tiempo la aldea, algo como lo que hicieron Kakashi y los Akimichi pero mejor (ya que eso fue mera improvisación) si le hubieran dejado menos patética la situación de todos mirando a Naruto partirse la cara (y otras cosas), solo les faltó sacar su bote de palomitas (Y luego dejan a Hinata ir sola cuando al fin se anima)
Digo, no todos son tan geniales ni tienen un bijū adentro pero tanto presumen que un ninja debe saber trabajar en equipo y de nada les sirvió.
Paro cualquier opinión es respetable y si me la hacen saber en un review salto de alegría.
¡Muchas gracias por leer!
