Arrepentimiento
Si le preguntaban a Dick, diría que Jason estaba interesado en Bruce más de lo que le gustaba admitir. Casi todos los días el cachorro venía a su jaula para quejarse de lo que el gato negro le hacía o de lo que le llevaba. Que si era una rata, que si en otra ocasión le llevo una madeja de hilo, que si le llevo serenata de maullidos a las tres de la mañana. Se quejaba pero Dick podía ver el destello de felicidad en esos bigotes.
Cada que Bruce iba a casa de Jason, Roy le ponía su chamarra de cuero. No deseaba que el bruto gato lastimara a su bebé. Al menos, las corretizas habían disminuido.
Por lo menos ya no rompían los floreros o las cortinas de la sala.
Por su lado, Joker seguía rascándose las pulgas que se le subían cuando Bruce se las traía, ya que ese gato arrabalero se la pasaba peleándose por los lotes baldíos donde las ratas se paseaban. Y aprovechaba a escucharle lo tan cansado que ya estaba de perseguir a Jason hasta por debajo de las piernas de su amo pelirrojo que la mayoría de las veces olía a tocino y sudor.
-Bruce – Llamo Alfred y el mencionado gato paro sus negras orejas, listo para acatar la orden que su amo le diera – Tendrás que quedarte en casa de Roy esta semana. Tengo un trabajo que hacer en Londres y no puedo llevarte. Sé que soportas los viajes largos pero ya conoces a mi hermano, detesta a los gatos. Sólo tiene espacio para sus asquerosos perros.
Alfred odiaba dejar a su minino solo. Odiaba separarse de él y Bruce lo sabía. Sintiendo la pena de su amo, Bruce se subió sobre su regazo y le dio pequeños toques con su patita esponjada y suave, consolando de la única forma que podía hacer.
Alfred le abrazo.
-Estarás bien, Bruce. Roy cuidara bien de ti.
Bruce ronroneo, parándose en sus dos patas traseras para darle lamidas pequeñas a la boca de su amo. Odiaba cuando se entristecía.
Por un largo rato Bruce se quedó con Alfred sin pensar en Jason o de lo que significaba quedarse en la misma casa que su nuevo compañero de lujuria.
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-Y debe de tomar su baño caliente, señor Harper – Siguió diciendo Alfred, apenas dejando a Roy apuntar todas las recomendaciones con las que Bruce venia – La comida debe de servírsele cuatro veces al día…
-Oh por eso esta tan gordo – Dijo sin pensar y Alfred le miro mal – Lo siento, pero es que admítelo, viejo… Bruce se ve muy grande para Jason… ¡Lo aplastara! – Bruce se pasó la pata por el rostro y se miró… arrugo su ceño. Ya no le gustaba tanto ese humano. Él no estaba gordo.
-Deberá de darle un masaje durante la ducha…
Bruce dejo que su amo siguiera atropellando a Roy con sus costumbres de gato rico. Al menos no debía de cortarle las uñas. Esas nunca lo ocupaban, siempre se encargaba de limarlas bien en los lomos de los otros animales que iban a invadir su territorio. Lo bueno es que Alfred jamás pensó en limárselas. Tampoco los colmillos… esos recibían un cuidado dental sólo cuando se rompían por las peleas.
El veterinario de Bruce nunca había visto a un gato con tantas cicatrices y cirugías en su vida.
Bruce se metió en la esquina que Jason tenia para jugar. Con una hamaca entre la lavadora y el burro de planchar. Debajo de la tela estaba un ratón de goma en el que los humanos le metían ricas mentas para que salieran cuando se jugara. Y claro… el poste alto que todo gato amaba.
Bruce se dio cuenta que eso no estaba mal.
Pero Jason no estaba a la vista… así que siguió hurgando en las telas tiradas. Olían al cachorro. Seguro que las usaba para dormir.
Descaradamente Bruce se echó sobre ellas y se restregó, impregnándolas. Jason debía de acostumbrarse. De ahora en adelante las cosas de Jason pasaban a ser suyas y si el cachorro quería compartirlas, más le valía conocer su lugar.
-¡¿Qué haces aquí?! – Maulló Jason. Enfadado por verlo en su cama. Sin importarle que no tuviera su chamarra encima y perdiendo el instinto de conservación, Jason enfilo hacia Bruce – Roy no dijo nada de que vendrías.
-Cachorro las citas quedaron atrás – Bruce sintió el momento perfecto de ese desconcierto – Ahora viviré aquí. Así que ven – Bruce levanto su pata e invito a Jason a recostarse debajo de él – Durmamos. Es temprano.
-Eso oí – Bruce pelo un ojo, interesado en la información que Jason tenia – Dick menciono que te vio cerca de la casa de Bane. El buldog que extrañamente se metió en el jardín de tu humano la semana pasada y destrozo las orquídeas – Bruce arrugo su nariz - ¿Venganza?
-Deben de aprender que no soporto que se metan conmigo.
Jason se limpió la cara con su pata remojada. Acicalándose, sin ser consciente de que provocaba a Bruce con el olor que desprendía, con sus movimientos que incitaban al celo. En un cachorro era normal la desfachatez pero eran situaciones que se cobraban.
-Normal que no entiendas – Pico Bruce – Nunca has tenido nada tuyo – Jason saco las garras – De no ser por mi, tendrías a los gatos de la otra cuadra jugando con esto – Señalo los varios juguetes de su pelirrojo cachorro – Todo un gato doméstico.
-Cállate – Silbo – No sabes de lo que hablas.
-Eres una vergüenza felina – Siguió en la misma – Tan domesticado. Usas chamarra, casco. Que ridiculez – Jason afilo las garras. Bruce no sabía nada de él. No tenía derecho a hablarle así. De seguro Bruce no sabía lo que era esperar a que alguien te adoptara – Un rojillo…
Jason estallo. Se le fue encima a Bruce.
Instinto era instinto y Jason nunca tuvo que soportar algún felino en su territorio por lo que quiso echar a Bruce de su cama. Y Bruce le encajo los colmillos sin ternura cuando Jason le soltó un zarpazo en la cara. Ambos se erizaron y pese a que Bruce era más grande e intimidante, Jason se prenso y ambos gatos rodaron por la alfombra.
Las patadas, las mordidas… la sinfonía de sangre que ambos gatos desprendían les hacían impulsarse a seguir hiriéndose.
-¡Jay! – Grito Roy – Basta – Siguió e intento soparlos pero ambos gatos estaban en su riña. Los maullidos sonaban terribles. No le daban espacio a Roy para coger a Bruce o a su niñito.
Bruce se puso sobre Jason y le mordió el cuello. El gatito se quejó amargamente y se quedó quieto. Bruce le había ganado pero aun sus uñas estaban bien enterradas en los flancos negros. La sangre salpicaba sus bigotes. Bruce logro romper el collar de Jason y este sintió que en ese acto Bruce le arrancaba un pedazo de carne.
-Suéltame – Maulló Jason.
Bruce se restregó. Sin dejar ir la presión.
Jason se rindió.
Y la helada agua a presión que atravesó una de las ventanas, les cayó encima. Bruce odiaba el agua fría, así que inmediato Bruce salto. Tratando de refugiarse, sacudiendo su pelaje y bufando contra el idiota que se había atrevido.
Jason jadeo agotado por la pelea y se quedó tendido. Sofocado por la presión del líquido y de la pelea. Titiritaba por el esfuerzo, laxo.
Roy entro corriendo. Preocupado por su lindo minino que parecía un muerto.
-Jay – Dijo Roy, apenas moviendo un poco a su lindo gatito que seguía respirando con trabajo. Bruce entonces miro lo que había hecho. Jason no era un gato grande, era un cachorro, y lo había sometido como haría con cualquier enemigo – Jay
Bruce se acercó.
Roy intento hacerlo a un lado, empujándolo con precaución. No fuera que el loco gato se le fuera encima. Lo cual no paso. Bruce insistió en regresar al lado de Jay, ronroneando, arrepentido por lo que había hecho.
La sangre seguía manando y Bruce supo que no se lo perdonaría.
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Notas de la autora
gracias por leer y por comentar.
