Vocación

Hana Inuzuka

Apenas clareaba el día, como todas las mañanas bajaba a la cocina antes que el resto de la familia ya que, si todos dormían, ni quien se diera cuenta de que faltaba una galleta. Además, siempre podía culpar a uno de los perros, no sería la primera vez que los cachorros alcanzaban el tarro de porcelana.

Como todas las mañanas bajaba aún con el pijama de franela rosa, descalza y sin cepillarse el cabello.

Como todas las mañanas procuraba no hacer ruido y moverse cerca de las ventanas abiertas para que su aroma no la delatara con Kuromaru, ya que este seguramente llevaría la noticia su madre.

Pero a diferencia de todas las mañanas, ese día ella no fue la primera en estar de pie. Se quedó quieta al pie de la escalera en cuanto escuchó la discusión del comedor:

—Llevamos juntos cinco años.

—Lo sé Tsume, pero es que…

—Tenemos dos hijos.

—Ya habíamos hablado de esto, es mejor ahora; Kiba no recordará nada y Hana es pequeña, podrá olvidar… Tsume, lo siento, pero somos muy diferentes, mira puedo darte pensión si es lo que te preocupa…

— ¡Lárgate ahora o te juro que la razón por la que mis hijos crezcan sin padre será porque seré viuda!

La pequeña vio como el hombre al que llamaba padre se echaba la mochila al hombro y dejaba la casa, y cómo la enérgica mujer que era su madre se derrumbaba en el sillón cubriéndose el rostro con las manos tratando de acallar sus sollozos. Kuromaru miraba receloso la escena desde su sitio en la puerta de la cocina, lugar que ocupaba desde que descubrió a la niña que había olvidado totalmente el motivo por el que bajaba todas las mañanas.

Se acercó a su madre quien levantó los ojos hinchados para mirar a su hija.

—Tú no me vas a decepcionar ¿verdad?

—No madre, nunca.

Y quizás así empezó todo…

.

Faltaba poco para el examen de graduación de la academia, había estado practicando en el jardín sus habilidades con las armas, aunque había algo que le rondaba la cabeza desde hacía demasiado tiempo pero cuando quería hablar del tema, las palabras huían cobardemente de su boca. Las armas por mera mecanización programada salían despedidas de su muñeca y se impactaban en la diana con suma maestría. Tenía que decirlo antes de que fueran los exámenes…

—Tres días y es tu examen. — dijo la voz familiar de su madre a su espalda; — ¿Estás emocionada? Yo sí, y nerviosa también, ya serás una kunoichi en forma.

De nuevo la voz la abandonó, no podía decírselo, no en ese momento en que vio las rasgadas pupilas de su madre llenarse del brillo especial de orgullo. Le dio una sonrisa forzada y siguió lanzando kunais al blanco del árbol.

Llegó el día del examen y lo pudo pasar sin mayor problema, le entregaron en mano la cinta con el emblema metálico de la aldea oculta de la hoja. Había cumplido, le enseñaría la victoria obtenida a su madre y le diría el asunto que le martillaba la conciencia, los padres siempre quieren que sus hijos sean felices, entonces no debería ser problema afrontar la situación.

Abrió la puerta de su casa levantando un poco la voz para anunciar que estaba de vuelta y tenía algo importante que de qué hablar. Su pequeño hermano salió a su encuentro haciéndole una seña para que se callara, su madre salió detrás y le indicó que la siguiera hasta un cuarto de servicio en la parte posterior de la casa.

Los tres Inuzuka entraron con cuidado y en silencio.

La habitación estaba apenas alumbrada por una bombilla cubierta con una pantalla de papel para aminorar la luz, varios jergones se encontraban dispersos en el suelo, al fondo, echada y dormitando una perra que Hana recordaba como compañera ninja de algún miembro del clan, entre sus patas tres cachorros grises, aún húmedos y con los ojos cerrados buscaban a ciegas de dónde alimentarse.

—Los tres son para ti. — le susurró su madre abrazándola por la espalda; —La camada pasada no se logró por eso no te había dado a tu compañero.

Los tres salieron para dejar a los pequeños descansar, ya afuera Tsume preguntó por ese detalle tan importante que Hana quería decir. La chica apretó la placa ninja fuertemente como si esta quisiera escapar de su mano.

—Yo…— solo tenía que soltarlo, no era complicado: —Yo…

"Yo no quiero ser ninja"

Tenía edad suficiente para articular las palabras sin problemas de dicción, pero por alguna razón no querían salir de su boca. Miró directamente a los ojos de su progenitora; esperaba el anuncio expectante.

—Yo… pasé con la nota más alta el examen de graduación…

— ¡Oh! ¡Hana-chan! ¡No era para menos! ¡¿Ves Kiba-kun?! ¡Así debe de ser un Inuzuka!

Y así como buen Inuzuka se lanzó al campo de batalla de la vida ninja: recoger basura, limpiar el río, atrapar animales prófugos de gente adinerada, acompañar señoras de sociedad a hacer las compras, cuidar mascotas…

Dos años pasaron tan rápido que le parecía que tan solo hacía unos días había conseguido su banda que la acreditaba como Kunoichi.

Y a dos años su maestro consideró pertinente dar el siguiente paso en su profesión militar: el examen a Chūnin. Examen que rindió sin problemas, pero algo le decía que no era por ser ella un genio, si bien era cierto que las posibilidades eran buenas, era demasiado fácil, tanto así que la mayoría lo aprobó y recibió su asenso.

Había escuchado algo de su madre sobre la urgencia de tener más efectivos en combate ahora que la guerra daba sus últimos pasos, solo era terminar de atar cabos y validar las alianzas que se habían conseguido.

Justo ahora su equipo debía encargarse de un grupo rebelde que estaba asolando una aldea en la frontera.

No supo exactamente qué había pasado, el olor metálico de la sangre le llenada la nariz, el de la carne quemada le causaba nauseas, los restos de papel explosivo volaban con el viento junto con el humo de las bombas que habían detonado para esconderse.

Escuchaba gritos en todas partes, veía columnas de fuego adueñarse de las casas y sentía el pánico de todos tensar el ambiente.

Se había separado del equipo y aunque no encontraba a sus compañeros, ni siquiera a sus perros, solo se encargaba de sacar a quien pudiera, en medio de la confusión y mientras entraba de nuevo al pueblo para ver a quien más ayudaba uno de los ninjas rebeldes le saltó al paso.

Naturalmente que peleó, como ninja, como Inuzuka y como nunca lo había hecho en toda su vida, pero la diferencia se notaba. La tierra se había pegado a su piel por el sudor y la sangre, respiraba por la boca al tener la nariz llena de polvo. Vio un kunai volar a su cara, el brillo del metal reflejando las llamas y luego nada… todo se volvió negro.

¿Así había acabado ella? ¿Qué le dirían a su madre y su hermano?

"Hana cayó cumpliendo su deber, el clan debería estar orgulloso"

¿Orgulloso? ¿Qué hizo para que estuvieran orgullosos?

Todo, había entrenado para ninja cuando ni siquiera le gustaba la profesión, se había graduado con honores que no le emocionaron en nada, había ascendido como si de verdad le importara. Quizás por eso ahora que había terminado todo para ella no sentía que había valido la pena.

¿Cómo podía resignarse a dejar una vida que ni siquiera había vivido?

Lo había decidido, abriría los ojos y diría de una buena vez eso que se había guardado por tanto tiempo.

El blanco de la habitación reflejaba espantosamente la luz que había y le costó bastante trabajo acostumbrarse a eso, sentía sobre su brazo derecho un peso extra; su hermano estaba dormido aferrado a ella. Del otro lado su madre dormitaba, sentada en una silla, la llamó con la garganta seca, la voz apenas y pudo salir, pero esta vez no la dejaría huir como siempre.

— ¿Qué pasa Hana-chan?

De momento la joven no sabía exactamente por dónde empezar aunque había armado un discurso varias veces mientras trataba de dormir en la tienda de campaña cuando iba de misión fuera de la aldea.

—Estoy muy orgullosa de ti hija, tu maestro te salvo pero dijo que pusiste en un sitio seguro a la gente de la aldea.

Y ahí venía de nuevo, la razón por la que se había tragado las palabras.

¿Cómo se supone que se debería sentir al decepcionar a la persona que había prometido nunca defraudar?

—Yo… yo no quiero seguir siendo ninja. — soltó luchando contra el nudo en la garganta que se le había hecho y que amenazaba con cortarle la respiración creciendo exageradamente cuando los ojos de su madre mostraron sorpresa.

—Tranquila hija, estas cosas pasan siempre, pero así se hace uno de experiencia para mejorar.

—Es que nunca lo he querido ser…— no quería hacerlo, pero ya no lo podía controlar y empezó a llorar soltando entre gimoteos todo lo que se había guardado. Tsume solo guardó silencio y abrazó a Kiba que empezaba a despertar.

Hana se sintió mal, como nunca en su vida, quizás debió quedarse callada, no había muerto después de todo y solo tenía que seguir con lo de siempre, pasar a ser Tokubetsu Jōnin como su madre y casi todos los miembros del clan. Quizás debió callar.

El silencio de la habitación era demasiado tenso, incluso la chica estaba sofocando su llanto con la almohada, ocultando el rostro en ella así que no vio cuando la mujer se levantó, solo sintió una mano acariciarle el cabello.

— ¿Entonces qué quieres? —preguntó suavemente, con la paciencia que contrariaba el espíritu impetuoso de la matriarca del clan.

¿Qué quería? Había una opción que acariciaba desde pequeña.

—Veterinaria.

— ¿Y por qué no me lo dijiste desde el principio?

—Es que el clan acostumbra que todos sean ninja y yo te prometí que no te decepcionaría como hizo mi papá

— ¡Al diablo con el clan hija! ¡Y tu padre importa una mierda! ¡Olvídate de mí! ¡Es tu vida! Entre los ninjas de élite te conseguiré al mejor médico de la aldea, vamos a ocupar al fin el viejo almacén que está al lado de la casa para poner tu consultorio…

Hana volvió a llorar, aunque extrañamente no se sentía mal, de hecho se sentía más ligera y tranquila.


Comentarios y aclaraciones:

Tengo un agradecimiento especial para Natsuko y su fic "Rosa de dos aromas"; la NaruNovela que me ha dado mucha inspiración para seguir con mis fics.

¡Gracias por leer!