Hijos

Karura

Las luces de la torre principal pudo distinguirlas a la distancia en la espesura de la noche del desierto, de seguro ya estaban todos esperándola y eso aumentaba su nerviosismo pero tenía que mantener la compostura, ni una mueca debía salir, ni una sola mirada delatora, nada, porque ella era la esposa de Kazekage y debía ser merecedora de él.

Hizo amago de todo su valor y salió tan digna como le fue posible, con su característico porte sumiso pero orgulloso; el rostro en alto con la pasividad que siempre la caracterizo. Para entrar, ella tomo su sitio al medio de dos ninjas y un tercero al frente. Cruzaron el vestíbulo de entrada y luego el pasillo que los conduciría a la sala donde los aguardaban, el que encabezaba la compañía se adelantó un poco más, ella pudo escuchar claramente su anunciación:

—Karura, esposa del honorable maestro Kazekage.

Arribó al lugar con toda la naturalidad que era capaz de fingir, se dirigió al fondo de la gran sala donde colocado en el asiento principal se encontraba el causante de su pena, pero a quien no podía negarle la petición, hizo una ligera reverencia dificultada por su embarazo. Se sentía ridícula, que se quebraría en cualquier momento, débil y rendida, sin voluntad… lo odiaba.

El Kazekage asintió para devolver el saludo y le indicó tomara su lugar en la mesa.

La discusión siguió su curso habitual, naturalmente sin permitirle a ella participar porque en realidad lo único que hacía ahí era una mención especial porque el hijo que esperaba era el "elegido". Se mordía los labios y apretaba los puños con ganas de gritar que dejaran de hablar de ella y su bebé como si no estuviera ahí, que en primer lugar no tenían ningún derecho a hacerle eso a ninguno de los dos… pero permaneció callada, bajo el yugo de su esposo que igualmente actuaría en contra de sus deseos de madre.

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Se cubrió el rostro con la almohada para ahogar un grito, clavando sus uñas en las sábanas y nuevamente rompió en llanto, dolía demasiado y podía sentir también como el bebé aún en su vientre se movía intranquilo todo el tiempo.

La habitación en la que se encontraba era mucho más amplia que la que tenía antes, incluso se había añadido un dosel a cama para aminorar el impacto de las corrientes de aire caliente. Pero nada más, ni siquiera un espejo o algo que le diera un toque más personal a aquella pieza, la habían confinado ahí por haber amenazado con quitarse la vida, de eso hacía un par semanas o quizás solo unos días, con las ventanas cubiertas no se daba cuenta de cuándo era de día y cuándo de noche, y el dolor no la dejaba seguir su ritmo regular de sueño.

La puerta se abrió despacio, por el umbral pasaron sus dos hijos, inmediatamente se limpió las lágrimas que seguían saliendo.

No se sentía con las fuerzas suficientes como para siquiera ponerse de pie por sí sola, además, su hermano en opinión profesional de médico, le había pedido que no lo hiciera y aunque no lo hubiera hecho, realmente no podía hacer más que inclinar un poco la cabeza.

La mujer y los dos niños quedaron en silencio un momento, ella les mirada por primera vez desde hacía largo tiempo: Temari había crecido mucho y Kankuro ya podía caminar solo.

— ¿Cómo los dejaron pasar? — les preguntó su madre sabiendo que nadie podía entrar a verla, salvo su esposo por ser el Kazekage, su hermano por ser el médico y el consejo para "asegurar con sus propios ojos que el futuro de la arena no había sido dañado".

—Yashamaru. — respondió la niña sin mucho ánimo.

Kankuro dio un par de pasos soltándose de la mano de su hermana y se afianzó a las sábanas de la cama estirando una mano para alcanzar a su madre, esta también se movió un poco para dejar que el niño le tomara el dedo índice que era lo que podía sostener bien.

—Has cuidado bien a Kankuro-chan. — comentó la señora mirando a su hija que no le había despegado la mirada en ningún momento desde que entraron.

—Soy su hermana mayor. — respondió Temari acercándose para sostener a Kankuro que empezaba a tambalearse.

— ¿También vas a cuidar a tu otro hermanito? — preguntó sonriendo y haciendo un gran esfuerzo por acercarse ella también.

—Sí. — dijo en automático la pequeña rubia, seguida de un balbuceo del otro niño.

No pudo evitar que se le empañaran los ojos, el bebé se movía con intensidad y se llevó las manos la vientre para tratar de calmarlo pero era demasiado para soportar, sentía que la piel se le desgarraría en cualquier momento. Soltó un quejido, más lágrimas salieron aunque podría jurar que de tanto que había llorado ya no quedaba nada, los niños se asustaron y retrocedieron un poco.

Solo fueron unos instantes.

—Perdón. — dijo ella apenas más calmada, mirándolos de nuevo con lo que juraba era ahora un rostro demacrado y desencajado por lo que había estado pasando últimamente.

—Perdón Kankuro-chan por no estar contigo. — volvió a insistir gimoteando, no por dolor físico, ya había meditado mucho la idea de lo que sucedería cuando el bebé naciera, una idea bastante tangible considerando lo débil que se encontraba y el hecho de que aún le faltada más para que fuera tiempo mínimo para entrar en labor de parto.

—Lo siento Temari-chan, te voy a dejar toda la carga a ti. — susurraba soltando un nuevo quejido.

—Pero no seas como yo. — agregó con dificultad —No llores mi niña, no te dejes manejar por un hombre. — le decía amargamente denotando lo mucho que había hecho y dejado de hacer por su esposo.

Con otro grito llamó a su hermano menor para que sacara a los niños de ahí, los dolores se volvían más intensos. El joven médico hizo lo que se le pidió cargando a los dos para agilizar la salida.

—Karura. — la llamó regresando y cerrando la puerta detrás de sí —Sé que te dije que era peligroso para ti interrumpir el embarazo, pero puedo tratar, puedo decirle al Kage que el poder de la bestia fue mucho para el bebé. — comentó suavemente como si alguien los vigilara, cosa que era realmente muy probable.

—No. — le recriminó ella recostándose tras recibir unos calmantes de parte de su hermano.

—Gaara debe de nacer…

—Gaara… — repitió el joven con un poco de fastidio al saber que ya tenía un nombre "eso"; —Es un arma, lo van a tratar como tal, se va a portar como tal, no es un hijo… es solo un capricho del Kazekage.

—Gaara va a enmendar sus errores, él los hará pagar, yo lo sé… —dijo empezando a caer inconsciente por efecto del medicamento que había suministrado el médico para tranquilizar su agonía.

—Gaara lo hará… como buen hijo…


Comentarios y aclaraciones:

El plan de este capítulo era igualmente tomar lo único que se ha dicho de Karura, que no quería al Shukaku en su hijo y que odiaba a la aldea y todo eso, pero quería enfocar el hecho de que no solo es madre de Gaara sino que también de Kankuro y Temari y de alguna manera también debió afectarlos a ellos.

¡Gracias por leer!