Pastel

Chitsu Akimichi

Siguiendo el trayecto de regreso a su casa, bamboleando su cuerpo de un lado a otro entre las estrechas calles que conducían a su hogar, se encontraba la rolliza mujer del clan Akimichi. Su rostro se adornaba con una sonrisa de satisfacción sin igual, resaltada solo por el sonrojo de sus pómulos redondos. Desde que se había unido al grupo de protección civil y primeros auxilios, fundado en los primeros días de funciones de la quinta maestra Hokage, se sentía mucho mejor preparada para recibir alguna amenaza como la última que casi costaba la caída de la aldea.

Ya había aprendido a colocar correctamente vendajes, tratar heridas leves y quemaduras, improvisar férulas, tratar alergias y dar reanimación cardiopulmonar. Le habían enseñado también la correcta forma de usar un extintor y armar un puesto de atención médica. La organización de planes de evacuación había sido correcta desde su concepción años atrás y he de ahí que la aldea estuviera relativamente intacta así que no enfatizaban más esa parte.

Pero quedarse en el refugio sin hacer nada, recibir a su hijo herido y no saber qué hacer además de acompañarlo al hospital, o tener a su esposo llegando de una misión apenas consiente y sin mayor reparo profesional que solo dejarle dormir tres días seguidos, no estaban ya en su lista de propósitos.

Se sentía orgullosa pese a no ser médico ninja del calibre de la propia Tsunade, se sentía bien poder seguir aprendiendo, solo eso, más a su edad.

Dando los giros adecuados en las calles adecuadas finalmente llegó a su domicilio, cruzó la puerta sintiendo la sombría aura de que algo estaba mal, se encaminó a la habitación de su hijo encontrándole recostado en la cama con la vista perdida en algún punto indefinido del cielo que se vislumbraba desde la ventana abierta.

—Chōji-kun. — le llamó acercándose un poco alarmada dejando de lado al momento su ya bien formado maletín para abrirlo y sacar los implementos necesarios para una revisión de emergencia, acercó su oído al rostro redondo del chico para verificar su respiración.

— ¿Te sientes bien, hijo? — preguntó, notando que la inhalación y exhalación era normal y colocando su mano en la frente para tomarle la temperatura encontrándola igualmente sin anomalías, incluso bastante fresco.

Casi enseguida le tomó la mano para corroborar el pulso en la muñeca presionando suavemente bajo el dedo pulgar con los dedos índice, medio y anular. Ya había sacado su reloj con segundero, y permaneció ahí durante un minuto no dejando hablar a su hijo que cada que quería decir algo solo era acallado. Según el número de pulsaciones no podía haber hemorragia interna ni deshidratación, descartaba también el estado de choque por la insistencia del muchacho para hablar. Pero por el simple hecho de haber regresado de una misión y no asaltar la cocina, ya no era normal la situación.

— ¿Qué pasó?

—La misión se complicó. — respondió el joven sin ánimo.

— ¡¿Estás herido?! — la exaltación de la mujer no se hizo esperar.

—Estoy bien mamá, no te preocupes. — masculló el muchacho con la voz apagada y girándose un poco para acostarse de lado. Ella se asustó y con cuidado empezó a retirarle la ropa y vendajes para revisar que las heridas no fueran externas. Pero al no encontrar más que un par de raspones a los que sin demora aplicó tintura de benzalconio y los siempre efectivos apósitos adhesivos se apresuró a determinar presión arterial, todo bien.

Sacó el su pequeño manual.

— ¿Qué tipo de ninja era? ¿En qué se especializaba? — empezó a interrogar tomándole la mano para verificar que no hubiera coloraciones extrañas, pero nada más allá de la pecas de siempre.

— ¿Pasaste al hospital antes de venir?

—Estoy bien, en serio… solo que Asuma-sensei…

Hubo un momento de silencio expectante.

—Asuma-sensei murió en la misión. Solo quiero descansar un poco…

Y con eso el chico volvía a perderse en la nada, la señora se puso de pie y recogió todo lo que había sacado. Salió cerrando la puerta con cuidado y bajó las escaleras con su paso lento de siempre, aferrándose al barandal de madera, siempre le había dado algo de miedo subir o bajar los escalones sin afianzarse de algo.

Asuma había muerto, ese era el riesgo de todo ninja y no podía hacerse nada al respecto, en todo caso, si no se estaba dispuesto bien se podría declinar o relegarse a trabajo de oficina, pero si la situación lo requería igualmente abría que salir a dar la cara por la villa.

Y ella no podía hacer nada al respecto…

.

Ya era de noche, sin duda estarían organizando el funeral y lo demás que se supone seguiría a eso, ya estarían informados los Jōnin y quizás algunos Chūnin y Genin, incluso él ya había sacado el traje que usaría. No se molestó en encender la luz y entre las penumbras de su cuarto volvió a sentarse en la cama.

Las bisagras de la puerta sonaron un poco y levantó la mirada encontrando la silueta de su madre cruzando la puerta, llevando en manos un refractario de cristal con un humeante pastel de chocolate. La mujer se sentó a su lado en la cama con el pastel en las piernas.

—Por más que me enseñen a ser médico simplemente no pueden decirme qué hacer cuando mi hijo tiene algo que no está en un libro, no te puedo dar una pastilla o un jarabe para eso que sientes, tampoco muchas cosas que diga podrían ayudar, solo puedo estar contigo y recordarte que…

—Las penas con pan son menos. — completó Chōji tragándose el nudo que tenía en la garganta y esclareciendo el lema no oficial del clan.

—Y el chocolate ayuda a la depresión. — agregó ella dándole en una cuchara el primer bocado suave y esponjoso que solo ella podía lograr, el sabor que volvía dulces los momentos difíciles en los que volvía de la academia llorando porque lo llamaban "gordo", en que regresaba de entrenar con su padre sin haber logrado avanzar mucho, en que simplemente no había nada mejor que hacer.

Ella le pellizcó la mejilla cuando él dejó escapar un sonido de total aprobación. No, podía alejar todo el mal de su familia, pero podía ayudar a seguir adelante.


Comentarios y aclaraciones:

Ok, no es la décima maravilla del fandom, pero la señora redondita me dio la idea de golpe (es que no veo el anime solo aquellos fragmentos de personajes específicos que me interesan y este lo vi ayer porque por ahí me mencionaron a la señora -capítulo 82 del Shippūden-)

¡Gracias por leer!