Ordinaria
Kyaku
Las manos le temblaban de sobremanera al igual que los labios y el cuerpo en general. Miraba atónita aún sin terminar de recapitular lo que en segundos había pasado. Abrió la boca y lo que empezó como un gemido poco a poco empezó a transformarse en una trémula risa que terminó en una inexorable carcajada apenas audible entre el escándalo de la tormenta.
Tambaleante y riéndose aún, caminó hasta la cocina buscando algunas toallas para limpiar el desastre que había hecho.
— ¿Sabes? Esto es lo más ridículo que he hecho en años. — dijo sin obtener respuesta, regresó unos momentos después incluso con un cepillo y jabón de pasta con los que empezó a hacer una abundante espuma para fregar el piso.
A medida que empezaba a verse de nuevo el color de la madera, ella se ensimismaba más, seguía absorta, meditabunda, pero sobre todo completamente confiada en que todo iba a mejorar ahora que había tomado las riendas de su destino. Miró hacia la mesa del comedor donde permanecían los restos de una cena que había preparado con especial esmero a razón de una celebración marital de logro cumplido. Rosas rojas dispuestas en un florero de cristal adornaban el lugar, y ella simplemente no pudo evitar reír de nuevo.
Recogió el servicio y nuevamente entró a la cocina para lavar la vajilla entre esporádicas risas.
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Esta era su oportunidad de sobresalir, de dejar el anonimato de su genio militar adjudicado por años al esposo que escogieron para ella sus padres, era el momento de ser parte de algo tan importante como lo que se tramaba en el corazón de la aldea Takumi.
Y esa misma opción se había vuelto una humillación pública.
Regresó a su casa apretando los dientes con fuerza.
—Llegué, amor. — escupió sin recibir respuesta y subiendo las escaleras a su dormitorio cerrando con fuerza la puerta. Casi enseguida a jalones se quitó la ropa que había escogido para el entrenamiento, el pantalón terminó muy cerca del bote de basura junto con la casaca café.
Abrió las puertas del armario y trasegó hasta el fondo sintiendo el cosquilleo de las ansias asesinas recorrerle las palmas, resoplaba con fiereza y rompiendo el gancho que sostenía la prenda elegida la dejó sobre la cama mientras tomaba un kunai de la bolsa y entraba al baño.
Se miró, sus ojos grises examinaban la delgada figura casi desnuda y lo primero en lo que se posó fue en la larga cabellera castaña recogida en una trenza. Tomó un extremo y sin pensárselo mucho, dio un corte que se llevó hasta el último mechón.
Revolvió un cajón que había cerca y empezó a mezclar frascos.
—A ver si así les parezco una mujer ordinaria. — refunfuñaba destellando el brillo de locura en su mirada.
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El día había llegado al fin, el líder de la aldea Takumi había mandado buscar al portador de las espadas de viento que no se había presentado la noche anterior al primer entrenamiento de prueba conjunta, llegando su esposa en su lugar, a la que por cierto enviaron de vuelta sin dejarle siquiera explicar el motivo de su presencia.
Los otros tres elegidos llegaron a la casa, cruzaron el jardín y abrieron la puerta sin molestarse en llamar, el líder detuvo el paso, el más corpulento soltó un bufido y el menor rió por lo bajo.
La menuda y extraña mujer permanecía sentada con las piernas cruzadas luciendo un corto vestido escarlata, largas botas de tacón, chaqueta larga y un par de guantes.
—Yo hice los reportes de misión. — les empezó a recitar.
—Yo hice el diseño original de esas espadas en base a mi tipo de chakra… ¡Y ese imbécil firmaba todo a su nombre! — estalló desenvainando el par de armas relucientes.
—Su elemento era tierra, obviamente no las iba a poder usar… y creo que ahora menos. — le dijo a los tres varones señalando con la mirada al suelo donde desde la noche anterior, tras la cena en la que él se vanaglorio como elemento clave del Shitenshōnin y justo cuando la mujer perdió el temple en un rápido movimiento la garganta le fue limpiamente cortada.
—No soy una mujer ordinaria. — les dijo recogiendo un mechón rubio de entre la mata verde que era su cabello ahora.
—Y quiero estar en el Shitenshōnin…
Comentarios y aclaraciones:
Y hablando de rarezas, una mujer que en mi opinión brilla por el bicolor de su cabello, por lo loca agresiva (ponerse al tú por tú con Temari no indica otra cosa)
Y porque es de las pocas chicas en un equipo de chicos que no es enfermera.
Kyaku/Kujaku (de los Shiitenshōnin) (Anime- Naruto 216)
¡Gracias por leer! (¡Feliz Navidad y próspero año 2011!)
