Disclaimer: Sunfire and Big Hero 6 no me pertenecen son propiedad de Disney/Marvel.
Capítulo 2
No hay trato
En la habitual zona de mala muerte, Sunfire se encontraba comprando comida en un carro de vista antihigiénica, era el lugar al que solía ir, la comida no estaba tan mal y jamás se había enfermado, eso bastaba para él. Antes de dirigirse de vuelta al almacén fue a los muelles con la esperanza de encontrar al trio de mafiosos, pero no había rastro de ellos, se sentó por un momento para contemplar el mar, pero a pesar de que la vista era hermosa el olor la volvía repulsiva, al bajar la mirada comprendió de donde procedía ese putrefacto olor. La cabeza de un joven frotaba cerca de donde él estaba, daba pequeños choques con la base del muelle al pasar de las olas, una de ellas le dio vuelta dejando ver el rostro de cuencas vacías, no solo le habían arrancado los ojos, le habían cortado la lengua y le faltaban varios dientes frontales. Sunfire se levantó de un salto de la impresión, ahora entendía a que se refería el mafioso con que "se emocionaban" con el trabajo, dio unos cuantos pasos asía atrás incrédulo de que fuera el joven que había llevado la noche anterior, el graznido de una gaviota lo saco de su pensamiento, esta se estaba alimentando con el pedazo de un dedo humano, el ave lo tomo con el pico y se alejó volando, ese acto hizo que por poco Sunfire vomitara, un escalofrió le recorrió la espalda…¿Qué pensarían hacer con el niño que él tenía en el almacén?, estaba comenzando a dudar si podría terminar con el trabajo.
La puerta del almacén se abrió por fin, Hiro estaba cansado de esperar sin contar que ahora si tenía un hambre real.
-Hasta que apareciste, por un segundo pensé que me habías abandonado.-
-No te quejes.- le dijo lanzándole el paquete de comida.
Hiro lo abrió y vio con un poco de repulsión unos fideos udon recosidos mezclados con lo que parecían verduras.
-¿De verdad esperas que coma esto?-
-Eres un niño bastante mimado, tus padres te criaron mal.-respondió Sunfire mientras se sentaba en el piso del otro extremo de la habitación.
-No tengo padres, ellos murieron cuando yo era un bebé.- Hiro observaba la consistencia de los fideos, de verdad eran algo extraño.-me criaron mi tía y mi…-bajo la mirada y se quedó callado por un momento, luego prosiguió.- ya no importa.- comenzó a comer los fideos con una expresión de asco.- ahhh, realmente saben muy raro…-Hiro sintió algo dentro de su sudadera, no se había percatado del chocolate que tenía. Lo sostuvo en sus manos y se decidió hacer un trato-¿A ti te gusta el chocolate?-
-Si… claro.- contesto sin poner mucha atención.
-Tengo un increíble chocolate mixto de almendra y nuez, yo no puedo comerlo porque en ocasiones vienen con un poco de mani y soy alérgico, tu consigues mejor comida y yo te doy el chocolate, ¿Qué tal?- propuso Hiro.
-Claro, seguro.- Acepto Sunfire.-Pero termínate eso de una vez.-
-¿Tu no vas a comer?- Pregunto Hiro.
-Sí, pero no me quitare el casco por ahora.-
-Identidad secreta…no quieres que te identifique, lo entiendo.- Hiro le arrojo el chocolate, el cual Sunfire atrapo con una mano, siguió comiendo, había algo en el sabor que le recordaba a alguien, más específicamente a Honey Lemon, era un químico tal vez, no…algo como un medicamento, los ojos le comenzaron a pesar, le costaba trabajo enfocar la vista, "si…eso era" fue el último pensamiento que tuvo antes de caer en un sueño profundo.
Sunfire se levando, quito la comida de la cama y acomodo al chico en ella, asegurándose que el somnífero hubiera hecho su trabajo. Al fin, luego de varias horas podía quitarse el casco, respiro una enorme bocanada de aire. Se recargo en la pared mirando a aquel niño y comenzó a comer el chocolate. La textura suave y el crocante de los frutos secos, el sabor amargo pero calido, por unos segundos se sintió en otro lugar, los recuerdos que tanto buscaba dentro de su cabeza lo abrumaron de la nada. Él estaba ahí caminado con rapidez, entraba a una cafetería, ese lugar él lo había visto antes, pero ¿dónde?, una mujer castaña lo saludaba con alegría y él preguntaba ¿Ya llegaron?, seguido por una respuesta afirmativa y un "toma uno", él volvía a preguntar otra cosa "¿él está arriba?, nuevamente una respuesta afirmativa, subió por las escaleras mientras comía el chocolate "Ya llegue" grito, una enorme felicidad se apodero de él al escuchar gritar a un pequeño niño "ONI-CHAN", luego…nada, el chocolate se había terminado. Volvía estar en aquel viejo almacén, ¿Por qué este chocolate despertó estos recuerdos?...él ya había comido antes chocolate y ninguno le dio este resultado. Miro de nuevo al niño que ocupaba su cama, otra cosa rondaba por su mente ahora, ¿para qué lo quería el "Gran jefe"?.
El segundo día estaba comenzado, pero dentro de un almacén sin ventanas uno no podía distinguirlo. Sunfire se percató de que su huésped se estaba despertando, se puso su casco nuevamente. Hiro se incorporó llevándose las manos a la cabeza.
-¿Me drogaste?, demonios…-dijo Hiro con bastante dolor.
-¿Resaca?-dijo Sunfire con tono de burla.
-No es necesario que lo hagas, no tratare de escapar.-
-¿Qué no quieres regresar a tu casa?- pregunto Sunfire con curiosidad.
-No es eso…la verdad es que estaba cansado de la situación en ella, todos me sobre protegen demasiado, es como si trataran de llenar el vacío de…ya no importa.- El rostro de Hiro se ensombreció.
-Dices eso muy seguido.-Sunfire le arrojo una caja de comida china, de mejor calidad que la de la noche anterior y luego una bolsa de osos de goma.-gracias por el chocolate.
-¿osos de goma?,¿Por qué?- Voltio a verlo con cierta melancolía.
-No lo sé, tienes cara de que te gustan las cosas dulces y bobas.- Sunfire se había dado cuenta de algo, que había comprado el dichoso dulce pensando en el niño casi de forma automática, como si ya supiera que eran sus favoritas.- ¿no te gustan?-
-No es eso…de hecho son mis favoritas, mi...mi he-hermano no le gustaba que las comiera, pero en ciertas ocasiones me las daba como recompensa.-una lagrima rodo por la mejilla de Hiro, la cual limpio con rapidez.
-Suena a que él es el culpable de que estés mimado.- Contesto Sunfire.
-¡Él no hizo eso!.-grito Hiro.-¡Él es una increíble persona, mi modelo a seguir, es el mejor hermano que existe y cuando vuelva…- Hiro se detuvo de golpe. Apretaba las gomitas fuertemente contra su pecho, como si tratara de no sentir el vacío que lo inundaba.
-¿Él se fue y te dejo? Vaya!, que buen hermano tienes.- dijo con sarcasmo
-Él e-está m-muerto…-por fin lo había dicho, tras días de no poder pronunciar esas palabras.- Él se ha ido.- a Hiro le costaba trabajo respirar, ese vacío tan aterrador, ese sentimiento de abatimiento al que por día había tratado de ignorar lo envolvía y lo llenaba de pensamientos como "morir ahora no estaría tan mal, continuar sin él sería una tontería". Pero algo lo saco de su laguna mental, Sunfire se había sentado alado de él y lo miraba fijamente.
-Tienes el día de hoy para sentirte todo lo miserable que quieras, llora, grita…sácalo todo, yo no te tengo lastima, no te voy a interrumpir como en tu casa.-
Ese día Hiro no paro de llorar, Ni siquiera pidió comer, no tenía apetito alguno. Sunfire se quedó fuera del almacén, porque más allá de estar harto de sus gritos, había algo en ellos que lo entristecían, una extraña necesidad de ir y calmarlo, decirle que todo estaría bien, de abrazarlo hasta que se durmiera, justo como aquel niño de sus memorias que ahora regresaban nuevamente, ¿Por qué lloraba? Alguien lo había lastimado pero no recordaba quien, ese sentimiento de rabia, de querer vengarse, deseaba estar de nuevo con aquel niño, pero se sentía tan culpable al niciquiera recordar su nombre y que relación tenía con él. Hiro termino quedándose dormido después de varias horas. Así paso el segundo día.
El fuego, la gente corriendo y su hermano desapareciendo dentro de un gran edificio en llamas. Hiro gritaba y lanzaba patas al aire, una terrible pesadilla recurrente que no lo deja en paz.
-Hey!..Oye, Niño despierta, solo es una pesadilla!- decía Sunfire mientras trataba de despertarlo. Hiro se despertó y de forma automática como lo solía hacer cuando esta situación pasaba con su hermano, abraso a Sunfire fuertemente.
-Tadashi…no me dejes, por favor.- Repetía en sollozos leves.
-Siento decírtelo pero yo no soy tu hermano…¿recuerdas dónde estás?-
Hiro lo abrazo con más fuerza, había algo en Sunfire que le recordaba a Tadashi, su estatura, su complexión, hasta el tono de su voz era parecido, aunque con el casco no podría saberlo al cien por ciento. Pero era verdad, él no era su hermano, Tadashi había muerto.
-Lo lamento.- dijo Hiro separándose de Sunfire, este a su vez se percató que de su muñeca izquierda parpadeaba una luz de un extraño brazalete.
-¿Qué es esa cosa?- pregunto Sunfire
-No es nada, solo algo que mis amigos inventaron para mí, mide mi ritmo cardiaco, temperatura corporal y recoge datos de mi sudoración, si hay algún problema mi "enfermero personal" vendrá a socorrerme este donde este.-
-¿Tiene un GPS integrado?-pregunto Sufire levantándose de golpe.
-Si…claro, sino como me encontraría?-
-¿Quieres decir que en todo este tiempo alguien ha sabido nuestra ubicación?-
Hiro no sabía que contestar, no era su culpa que lo vigilaran todo el tiempo, además el dispositivo no daba su ubicación mientras la información no saliera de cierto rango, debió de ser la pesadilla la que detono todo.
El celular de Sunfire rompió el silencio.
-Estamos listos…perdón por hacerte esperar, ya puedes traerlo al punto de encuentro.-
Sunfire no perdería más su tiempo y no se arriesgaría con lo del GPS, en menos de cinco minutos y a toda velocidad se encontraba en el muelle, esta vez lo espera el mismo Yama y el trio de mafiosos habitual.
-Aquí está el niño, ¿dónde está mi dinero?- Yama le lanzo un gran maletín.
-Solo fueron dos días, ¿estás de acuerdo con la cantidad?-
Sunfire le echó un vistazo, y afirmo con la cabeza. Estaba a punto de irse cuando recordó lo que había encontrado en el muelle. Se detuvo por un instante y miro hacia atrás.
-Crees que ya había olvidado lo sucedido.-dijo Yama.
-Pues…para ser sincero si, vamos, es solo un juego de niños.- dijo tratando de suavizar las cosas. Yama le mostraba su mano derecha de la cual faltaba su dedo meñique.
-Pues por un juego de niños me vi envuelto en una redada, perdí toda mi noche en la comisaria y no pude realizar un importante trabajo, esto fue el resultado.- (los yakuzas dan su meñique en señal de lealtad, en especial si no lograron completar una misión)- si yo perdí mi meñique tu perderás tu brazo…¡ESPADA, AHORA!- uno de los mafiosos se acercó dándole por el mango la espada desenfundada. Tomo a Hiro por la muñeca de su brazo izquierdo notando inmediatamente el brazalete que portaba.
-Hey, ten cuidado con eso!- Dijo Hiro. Yama simplemente se lo quito tirándolo al piso y haciéndolo pedazos de un solo pisotón.- Yama, Yama…No debiste de haber hecho eso…- A Yama no le gusto el reclamo y se disponía a terminar con su venganza, Sunfire daba pasos veloces asía ellos apuntando su arma dispuesto a detenerlo, cuando un enorme robot rojo carmesí aterrizo justo detrás de Hiro.
-El gran rojo está aquí…corran!.- grito uno de los mafiosos. Todos salieron disparados como cucarachas ante la luz, excepto por Sunfire.
-Hola grandote…llega justo a tiempo, un poco más y abría tenido que inventarme un brazo robótico.- dijo Hiro dirigiéndose al robot, este le dio una pequeña maleta en la cual se encontraba un traje morado que Hiro comenzó a ponerse.
-¿Tu…eres el chico que dirige al equipo?- Ahora el robot le pasaba un casco morado, Hiro lo tomo y camino hasta estar frente a frente de Sunfire.
-Así es, soy yo…y me gustaría que guardaras el secreto, o me tendré que ver en la necesidad de…tu sabes, llamar a los demás.- lanzándole una sonrisa traviesa.
-hahaha….seguro, no le diré a nadie mientras tú no me menciones, ¿es un trato?- Dijo mientras le extendía su mano.
-Claro.- sellaron el trato con una apretón de manos.-Es hora de irnos, vamos Baymax.- El chico subió a la espalda del robot y se alejó volando.
Por su parte Sunfire monto en su motocicleta y se detuvo por un momento para contemplar la partida de Hiro, tenía el presentimiento de que lo volvería a ver de nuevo.
