Vanidad
Fūka
Contorneo de nuevo con el lápiz sus labios queriendo resaltarlos un poco más. Se miró al espejo y decidió que el color rosado no era el adecuado, apenas se distinguía del natural tono de sus labios. Pasó una de las toallas desmaquilladoras y tomó otro juego de colores, violeta fue el elegido, de ahí pasó al magenta, recorrió escalas marrones y frustrada terminó incluso aplicándose un azul y luego un verde.
Frunció el ceño con su ahora perfectamente delineada ceja y se levantó de la silla del tocador dejando de lado los curiosos frascos que contenían todo tipo de lociones y cremas, desde humectantes hasta aclaradoras, pasando por remedios caseros multifuncionales hasta laboriosos productos de la farmacéutica especializada.
Su cama estaba sepultada de atuendos y bolsas de compras que pasaba de un lado a otro. Su cartera se había visto seriamente dañada, pero realmente consideraba que había valido la pena al final. Luego de casi dos horas solo cubierta por una toalla de baño finalmente pasaba a vestirse. Se despojó de la toalla mirando con poco recato el cuerpo que tras el entrenamiento de años había conseguido. Se probó en total seis conjuntos sin que alguno le gustara para la ocasión, hasta que llegó el ganador.
Inhaló profundo, y tomó lugar de nuevo frente al espejo, ya con ropa podía darse mejor una idea de cómo se vería el maquillaje.
Dobonnet, decía la tapa del labial.
Por un momento no supo si le gustaba o no, era rojo, y el rojo lo había descartado casi enseguida por lo terriblemente gruesos que se veían sus labios, pero extrañamente el tono apagado le resultaba bastante atractivo. Sonrió para sí misma y pasó a buscar el juego de sombras indicado.
Se puso el collar con dije de vidrio float, aluminio y esmalte rojo, una curiosidad que no había salido de una joyería de alta sociedad, sino más bien del puesto callejero del pueblo donde hizo su última misión. Un curioso artículo de alambre de alpaca martillado, hecho justo como lo había pedido, exclusivamente para ella.
Sacó de un cajón un juego de cuatro peines diferentes y empezó la ardua labor de conseguir que se viera con las puntas levantadas sin que precisamente se notara que "un remolino que pasó" por su cabeza. No le gustaba la forma natural de su cabello que, a diferencia de muchos hombres que conocía, caía sin gracia presa de la gravedad.
Uñas esmaltadas. Un par de gotas de loción de jazmín. La última mirada coqueta al espejo y salió.
Sus tacones de manera increíble no sonaban en el silencioso pasillo del edificio, caminaba sigilosa como siempre, ni un solo ruido al bajar las escaleras ni siquiera para lidiar con la odiosa puerta que se quedaba trabada siempre.
El sol de media tarde en la bulliciosa capital del País del Fuego le saludó con descaro, obligándola a levantar la mano para atajarse un poco, pero nada que el simple hecho de caminar del lado oeste, usando las sombras de los edificios, no pudiera arreglar.
Las carretas de carga y las de transporte llenaban el lugar, la gente que iba y venía apresurada se movía en una mancha que desde arriba resultaba curiosa en la mezcla de colores. Algunos que la conocían por su peculiar profesión fuera de Konoha en el mismo País del Fuego, le miraban solo por unos segundos: "Misión de seducción" pensaban algunos mirando de arriba abajo a la mujer que sin mayor problema contoneaba la cadera al andar.
"Tendrá cita con su novio" pensaban otros.
Y unos más, a riesgo de terminar como alfileteros humanos, destazados o seriamente fracturados de todos los huesos, lanzaron comentarios al aire y algunos silbidos, pero nada que lograra que ella detuviera su paso siquiera para demostrar su enfado.
El camino no era tan largo e igualmente siempre tenía la opción de ir sobre los tejados para escapar de la masa humana, pero no tenía ninguna prisa y no perdía nada llevando un paso tranquilo, esta vez su vida no dependía de ir contra reloj.
Con la muchedumbre clásica de un lugar tan concurrido, la distancia que a las cuatro de la mañana podía tomarle diez minutos, se había vuelto de veinticinco, y eso considerando que no estaba atrapada en alguna carreta de viaje.
Finalmente llegó…
Cruzó la puerta de cristal y tomó una canasta que estaba cerca sin estar segura por dónde empezaría, se guió entre los pasillos de aseo e higiene personal.
—Estos días son los que menos me gustan. — comentó para sí misma tomando una pasta dental.
En la caja había formadas unas seis personas antes que ella, que hojeaba distraídamente una revista mientras sostenía sin problema las compras que a otra persona le hubiera requerido el trabajado de las dos manos, o en todo caso un descanso en el suelo.
— ¿Mucho trabajo? — preguntó un joven que se formó detrás de ella.
—No en realidad.
—Entonces hay fiesta ¿Eh?
—Tampoco.
— ¿Alguien a quien quiera impresionar?
— ¿Me tengo que arreglar solo cuando quiero impresionar a alguien?
No hubo más intento de socialización por parte de él que no despegaba la mirada de la parte posterior de la mujer que, en realidad, era lo único que podía distinguir. La fila avanzó, ella pagó, dejó que le embolsaran todo y salió del lugar.
Ya era de noche, si bien la diferencia de personas no cambiaba mucho de cuando había salido, el calor adormecedor se había vuelto una agradable brisa.
Haciendo gala de sus habilidades lidió con las cerraduras de las dos puertas sin soltar sus bolsas y finalmente dejó su carga sobre la barra de la cocina. Acomodó todo con minuciosa calma y una vez listo abrió el refrigerador, sacó un par de cosas y procedió a acondicionar su cena en el pequeño comedor.
Dio un largo suspiro cuando estaba de vuelta en su habitación y no pudo evitar encontrar su reflejo al otro lado, sin duda se veía demasiado bien.
Pasó una toalla desmaquilladora por su rostro, guardó el collar en su caja, el vestido en el armario, se recogió el cabello en una trenza y se metió a la cama poniendo alarma a las cuatro menos cuarto porque tenía entrenamiento…
Repasó mentalmente la agenda del día. Solo le restaba pensar ¿Qué se pondría a la mañana siguiente?
Comentarios y aclaraciones:
¿Qué les pareció? Al menos yo si lo he hecho, arreglarme por el mero gusto de ser. Deberían hacerlo un día, es divertido ver cuanta gente les pregunta sin "van a salir con alguien"
Fūka es una chica que sale en el Shippūden 55, y le da de hecho "su segundo beso" a Naruto.
¡Gracias por leer!
