Egoísmo
Chiyo
Escuchó el despertador sonar, no le hizo mayor caso y al cabo de un minuto que fue lo que tardó la manecilla para avanzar, el pequeño aparato del mal se detuvo a dos centímetros de caer de la mesa de noche entre su estrepitosa vibración. El sol apenas salía pero tardó realmente poco para que toda la habitación se calentara haciendo casi imposible que permaneciera con las sábanas pegadas al cuerpo por más tiempo. Se levantó desidiosamente, estirándose y soltando un gran bostezo para casi enseguida dejarse caer de espaldas de nuevo en la cama.
Tres días.
Hacía tres días que su hijo y su nuera habían salido en misión, tendrían que estar llegando a más tardar esa noche, lo que era una pena porque cuando ellos regresaran, su pequeño pelirrojo se iría y entonces, a saber cuándo le dejarían verlo de nuevo. Con eso de que ella, como miembro élite de Suna, permanecía de un lado para otro, el tiempo con su nieto se hacía cada vez más breve… también era culpa de su nuera, decía que lo malcriaba y por eso no se lo dejaba tan seguido como le gustaría.
Bufó molesta. Lo increíble era que las malditas siempre resultaban ser las suegras, lo único que tenía que agradecerle a esa mujer era un nieto bonito, y ni siquiera era por alguna aportación genética significativa, a lo mucho, lo que en realidad apreciaba era que no se parecía a ella.
Sin vestirse y solo anudando su cabello que empezaba teñirse de gris en una trenza mal hecha, fue directo a la cocina para preparar el desayuno… abrió los ojos de sobremanera estirando el contorno de estos que ya marcaban líneas de expresión:
— ¿Pero qué…?
El piso de la pequeña cocina se encontraba lleno de cereal, leche, huevos crudos que esparcían su gelatinoso contenido entre restos de cascarón, algo de harina y… ¿Fideos?
—Sasori…— agregó encontrando a su nieto sobre una silla cerca de la barra con un cuchillo en mano cortando habilidosamente, demasiado habilidoso para sus seis años, un melón. Los cuadros de la fruta terminaban en un tazón a su lado.
—Se rompió la alacena. — dijo señalando a su izquierda donde una madera partida a la mitad equilibraba de manera casi ilógica algunos frascos de conservas.
—No alcanzaba los cuchillos y me subí…— explicó sin interrumpir su labor —Limpiaré abuela, lo prometo.
Y el enfado que nunca existió no pudo ni siquiera contemplarse, desapareciendo inmediatamente en cuanto los ojos del niño la miraron con el casi inexpresivo rostro que tanto lo caracterizaba y con una frase que derritió su corazón más rápido que el sol de Suna a medio día en verano;
—Yo solo quería preparar algo porque hoy regresan papá y mamá.
Ella avanzó haciendo sonar los cereales bajo sus pies y le abrazó.
—Quisiera que vivieras conmigo para siempre. — le susurró.
Ya por la tarde, los dos comían algunas galletas que habían preparado, cerca del estanque interior, un lugar fresco y con bonita vista de toda la aldea. Sasori se acomodó a su lado dejando que ella le rodeara con los brazos.
—Abuela. — empezó a hablar el pequeño —No me quiero ir… Yo quiero estar contigo…
En ese momento podía decirle que sus papás lo querían y era con ellos con quienes debería estar, pero las palabras no salían de su boca. Ella bajó la mirada entrecerrando los ojos, su hermano pasaba más tiempo realizando misiones que en la casa donde se supone vivía, su único hijo la había abandonado yéndose justo a la zona más alejada de la casa que lo vio crecer, y su nuera… su nuera no estorbaba, pero tampoco hacía nada útil. Frunció el ceño, no, ella no merecía pasar la vida sola, no después de todo lo que había hecho por proteger a su familia guerra tras guerra. Lo único que le quedaba era ese niño y si lo veía una vez al mes era demasiado.
La conciencia le exigía hablar para decirle que todo estaría bien aunque no se vieran todos los días. Estaba moralmente obligada incluso a decirle que por cuestiones de trabajo, sus padres y él se mudarían más al norte, en la frontera con el País de los Pájaros, según le había comentado su hijo la noche en que se marcharon.
Abrió la boca.
—Sasori-kun… Si tú quieres te puedes quedar.
— ¡¿De verdad?!
Por unos segundos los ojos del niño mostraron un brillo apropiado para su inocente edad.
— ¡Le diré a mamá y papá cuando lleguen!
En ese preciso momento alguien llamaba a la puerta, el pelirrojo corrió a abrir y su abuela caminó detrás de él sin tantos bríos.
—Si tan solo te dejaran más tiempo conmigo. — susurró llegando hasta el vestíbulo donde aguardaba un ninja de la oficina del maestro Kazekage.
—Chiyo-basama. — saludó cortésmente haciendo una reverencia que la aludida respondió con poco ánimo para reconocer que ya se había ganado el título de venerable anciana.
—Lamento ser el portador de tan malas noticias, se nos ha informado que la misión liderada por su hijo, en la que también participaba su nuera, ha resultado parcialmente fallida.
Ella resopló, sonriendo de medio lado, sus súplicas habían sido escuchadas.
—Supongo que reorganizarán el plan y se prolongará unos días ¿No es así?
—Al menos una semana en lo que se sincroniza de nuevo al equipo, se puede sacar adelante la misión, ya se ha asignado al nuevo líder, será Baki-san…
—Espera… ¿Nuevo líder?
—Chiyo-basama… su hijo y su nuera, junto con otros dos Jōnin fueron asesinados por un ninja de Konoha, se ha determinado que…
Un zumbido en su oído apagó la voz del mensajero, sintió que su corazón prácticamente se detenía dejando helada la sangre que circulaba lentamente en su cuerpo.
¿Cómo pudo? ¡¿Cómo pudo pensar tantas estupideces?!
Sus rodillas ya no la soportaron y cayó sobre ellas dejando escapar un chillido tan poderoso que el ninja frente a ella se hizo para atrás. Sasori igualmente se asustó, pero a diferencia del otro, él buscó refugio en el regazo de la anciana que seguía profiriendo alaridos.
—No fue tu culpa abuela. — dijo.
Ella le miró con los ojos desorbitados, estaba tan convencido, tan seguro…
— ¡Te dije que me esperaras! — gritó desde la puerta un ninja ya entrado en años refiriéndose al ya cohibido mensajero. El hombre mayor se acercó a la mujer y al asustado niño que pese a todo, comprendía la situación.
—Hermana… No había mucho que hacer, el colmillo blanco de Konoha…
—Colmillo blanco de Konoha…— repitió Sasori en un susurro aún abrazado al faldón de su abuela. Ella le pasó una mano por el cabello rojizo, ahora tenían todo el tiempo del mundo.
—No te preocupes Sasori-kun, yo misma mataré al colmillo blanco de Konoha. — aseguró.
Se incorporó lentamente, esperaba que quizás en algún momento todo fuera cosa de Ebizō y sus bromas de mal gusto, que al final le confesara que no era cierto y solo estaban retrasados haciendo el reporte. No podía ser cierto…
Su mano temblorosa fue alcanzada por la pequeña del niño.
—Yo quiero estar contigo…— repitió caminando a su lado. Ella aún con la mueca desfigurada, solo acertó a levantarlo y llevarlo en brazos dejando qué se acomodara.
—Ahora estaremos juntos por mucho tiempo…
Al fin y al cabo Sasori era solo de ella…
Contrajo el cuerpo en un espasmo que no pudo controlar. ¿No estaba siendo demasiado egoísta?
Dejó al pequeño en su cama y ella fue a su habitación, la misma donde en la mañana había deseado fervientemente solo un poco más de tiempo con su nieto. Solo un poco más…
Soltó un grito tratando de acallarlo con la almohada, había conseguido a Sasori, aunque a un precio muy alto.
Se soltó a llorar ¿Cómo pudo desearle eso a su propio hijo?
Abrazó con fuerza el almohadón viéndose interrumpida por el chirrido de la puerta. La luz del pasillo que dejaba encendida por si el pequeño quería salir al baño, delineaba la silueta de su nieto en ropa de dormir.
—Abuela…
— ¿Qué sucede Sasori-kun? — preguntó tratando de sonar lo más tranquila posible.
— ¿Puedo dormir contigo? No quiero que el colmillo blanco de Konoha venga por mí…
Ella endureció el semblante.
—Él no te tocará, lo mataré antes de que pueda acercarse a Suna.
— ¿Lo prometes?
—Te lo juro.
Dejó la almohada y lo recibió en su cama. Él siempre parecía estar tranquilo, tan inmutable, tanto que a veces se le olvidaba la corta edad que tenía. Lo abrazó con fuerza.
Sí, quizás si era egoísta, pero la suerte estaba echada y solo le restaba cumplir su palabra y cuidar del pequeño pelirrojo que dormía entre sus brazos.
Comentarios y aclaraciones:
¿Chibi Sasori compensa la tardanza?
No es que satanice a Sakumo, pero alguien que te mata a tus padres no creo que lo figures como al viejo Nicolás al que esperas con ilusión…
¡Gracias por leer!
Nota a días del daño:
Considerémoslo como un AU, porque justo después de publicarlo me recordaron que Sasori no supo que sus padres fueron asesinados sino hasta mucho después.
Que mala fan soy, pero bueno, es fic no? Lo siento… no me pasa otra vez… espero.
