Orgullo

Yurika

El silencio se hizo en la sala.

Cualquier movimiento o actividad quedó suspendida en el más absoluto de los impactos: Jiraiya, el legendario sannin ermitaño estaba muerto.

No se organizo caravana fúnebre para traer su cuerpo de regreso a Konoha, ni siquiera se dieron los servicios mortuorios usuales para los ninjas caídos. Todo había sucedido demasiado rápido, un mensaje llegó y fue lo único que supieron. De ello hacía al menos un día, el anuncio oficial en voz de Shizune se les había dado justo esa tarde en las oficinas y a razón particular era ese mensaje que debía ser decodificado. La importancia de conocer la información que el sannin pudo obtener del asesino sobrepasaba lo vital.

¿Pero quién lo leería? ¿A quién lo dedicaba?

Tsunade había prescindido de siquiera intentarlo, no había deseado cuando menos estar presente en el anuncio y al parecer no la tendrían cerca.

Nadie había dicho nada, ni siquiera se habían atrevido a regresar a sus actividades. Shizune leía a grandes rasgos lo que se conocía de las circunstancias para ponerlos en contexto por mera formalidad, enfatizando entonces, la urgencia de descifrar el código.

—Yo me haré cargo. — dijo Yurika levantándose de su asiento.

¿Y quién más? Ella trabajaba en esa oficina desde hacía no menos de diez años. Graduada en edad justa, transferida al departamento por recomendaciones amplias de sus maestros en el área decodificadora. La más joven en ingresar a un área tan especializada como esa, la primera mujer en nombrarse jefa de departamento. Definitivamente tenía en su currículo lo suficiente como para ponerse a la altura que requería el trabajo que Shizune llevaba.

—No, lo siento Yurika-san, será más adecuado que lo haga Shiho-san.

Parpadeó un par de veces.

Solo miró a la morena caminar hasta el desorganizado escritorio de una empleada de medio tiempo que había metido su solicitud escuetamente elaborada hacía no más de un año y cuatro meses.

—Shizune-san. — llamó poniendo la mejor de sus sonrisas —De verdad que no hay problema, yo puedo hacerlo.

Pero si había alguien que podía insistir con mejor actitud, era sin duda la asistente de la quinta maestra Hokage, pues aunque no se notara tan obviamente como en Sakura, como aprendiz de la legendaria curandera había ya formado un carácter fuerte de autoridad inapelable. Los ojos negros de la joven médico se clavaron en ella por unos segundos antes de volver a negar con la cabeza.

—Por favor Yurika-san, no te lo tomes a mal, pero realmente no podrías con el trabajo.

Y tal vez no lo quiso decir de esa forma o en ese sentido, pero difícilmente podría interpretarse de otra manera el hecho de que no valoraban su trabajo.

Sintió las miradas de varios sobre ella y el ridículo desplante que había tenido a manos de la otra kunoichi. En ese momento quería gritar, arrebatarle de las manos el papel a Shiho antes de que ella, en todo su desorden, lo convirtiera en la servilleta del almuerzo. También tenía muchas ganas de reclamarle la decisión a Shizune por la falta de confianza en un trabajo garantizado desde hacía años, mucho antes de que siquiera Shiho obtuviera su banda… Tal vez no tanto tiempo, no era tampoco tan grande de edad.

Respiró profundo, tomó su lugar junto con la nota de Iwa que habían levado por la mañana y dejó a Shizune hablar con Shiho en privado sobre los detalles.

Y las miradas sobre ella, las seguía sintiendo casi como dedos picoteándola con curiosidad, como un niño a un bicho para saber si "reacciona", pero no giraría sobre su espalda, no les daría el gusto mostrándoles que le habían herido en el orgullo.

La hora de salida llegó más pronto de lo que esperaba, fue la última en salir como era costumbre, ya que le gustaba revisar que todo estuviera en su sitio, pero cuando finalmente se percató de que no había nada fuera de lugar, tomó sus llaves, su chaqueta y se dispuso a ir a su casa.

Giró la perilla metálica y miró a la asistente de la Hokage recargada en el pasillo con varios papeles en brazos.

—Yurika-san. — la llamó seriamente —No lo tomes a mal, realmente no quería que se viera así, lo siento, pero de verdad no podrías…

Se metió las llaves a la bolsa.

—Buenas noches, Shizune-san.


Comentarios y aclaraciones:

No hay como el orgullo profesional, ¿Quien no se siente mal cuando al novato le dan el trabajo importante?

¡Gracias por leer!